miércoles, 15 de abril de 2015

“Gonza y vos”


“Nena: Pau dice que vas a ser nena, yo soy Gonza y creo que voy a ser tu tío. Pensé que los tíos eran siempre viejos pero yo soy un nene chiquito todavía.


Cómo ser un buen tío:
1) Si sos viejo las respuestas vienen solas.
2) Si sos chiquito preguntale a alguien de confianza.


Hace muchos días que con mamá y Pau vivimos en la casa de Pepe. ¡Está re buena esa casa! Tiene escalera, tres baños y hasta una pileta. En casa no teníamos todo esto. Me gusta mirar los dibujitos en la tele y a veces juego con los perros, Luciana dice que la hembra está embarazada y por eso está tan gorda. Le pregunté si me podía quedar con algún perrito y ella me dijo que el más lindo iba a ser para mí.

Con mamá y Pau volvimos a casa, a la de verdad, para juntar nuestras cosas. Papá no estaba, hace mucho que no lo veo y lo extraño un poco. Mami me dice que lo voy a venir a visitar cuando yo quiera pero que la ley pide que me quede con ella. Nos llevamos toda nuestra ropa y mis juguetes.

Los papás de Pepe dijeron que nos podíamos quedar en el cuarto de huéspedes. Hay una cama grande así que duermo con mamá. Igual ella dice que es por poco tiempo porque va a conseguir un trabajo que le paguen mejor que el que tiene ahora y vamos a construir una casa para vivir nosotros dos.

—¡Ey! ¿Qué pasa campeón? —Abrí la puerta del cuarto de Pepe y me quedé ahí parado esperando a que me vea.

—Nada. — En realidad no me animaba a hablar.

—¿Querés que juguemos al futbol? —Me señaló la pelota que tenía en las manos. Negué. —¿Querés que te lleve a Mc Donalds? —Volví a negar y esta vez hice puchero para llorar. —¡Epa! ¿Qué tenes? — Me agarró a upa y nos sentamos en la cama.

—Pau dijo que en unos días es mi cumple.

—Sí, ¡cumplís cinco años ya! Estas re grande. ¿Queres que te regale algo? —Negué. —¿Y que queres?

—A mi papá. —Entonces me largué a llorar muy fuerte y Pepe me abrazó para que me calme. —¡Quiero a mi papá! ¡Quiero a mi papá!

Unos días después, todos mis compañeros de jardín vinieron a mi nueva casa para festejar mis cinco años. Trajeron un castillo inflable y la mayor parte del tiempo la pasamos ahí. Había muchos chisitos, palitos y papas fritas para comer, gaseosas y vasos de plástico. Lu nos hizo jugar a la búsqueda del tesoro, nos había dado una lista de cosas que teníamos que buscar en todo el patio, el ganador, que fue Santi, se llevó una bolsa de chupetines pero lo obligamos a que comparta con nosotros. Mamá me alzó a upa para pinchar la piñata. Antes de que la fiesta terminara nos juntamos todos alrededor de la mesa y apagaron las luces, mi hermana llegó con una torta y una vela celeste con el número cinco. Apagué la vela cuando mis amigos me cantaron el feliz cumpleaños.

Cuando prendieron las luces de vuelta, Pepe, que no había estado en mi cumple, entró por la puerta seguido de mi papá. Pau lo miró mal y se fue. Yo corrí a abrazarlo, estaba feliz de volver a ver a papá.

—¿Que pasa, Gon? —A la noche, cuando todos dormían, salí de la pieza que compartía con mamá y fui a la de Pepe. Él estaba sentado en su cama mientras Pau dormía.

—¿Se enojó conmigo? —Pregunté un poco triste. Había escuchado unos gritos de ella.

—No… conmigo.

—¿Por qué?

—No importa, ¿la pasaste bien hoy? —Asentí y me senté sobre las piernas de Pepe que descansaban a lo largo de la cama. El acariciaba la mejilla de Pau.

—Papá me regaló un auto a control remoto.

—¡Qué bueno! ¿La torta estaba rica?

—Sí. La hizo Pau.

—Cocina rico tu hermana. —Hice que sí con la cabeza.

—¿Por qué Pau no quiere a papá?

—Sí que lo quiere. Lo que pasa es que está enojada con él porque se portó mal.

—Mamá dice que voy a ser tío. —Me gusta cambiar de tema.

—Ajam. —Bostezó, creo que lo estaba aburriendo.

—Yo pensé que los tíos eran todos viejos. —Se rio de mí.

—¿Por qué?

—Mis tíos son re viejos. Tienen arrugas y les faltan los dientes. A mí el otro día se me cayó un diente pero mamá dice que me va a volver a crecer. —¿O era que me estaba volviendo viejo?

—Vos vas a ser tío porque sos hermano de Pau, no tiene nada que ver la edad. Lu también va a ser tía.

—¿Lu es hermana de Pau? —Recién me entero.

—No, es mi hermana. Y como yo soy el papá del bebé de Pau, entonces Lu es tía.

—Ahh. Pero yo no soy el hermano de Pau.

—Bueh, sos el medio hermano pero para el caso es lo mismo. ¿Vos querés ser tío? —Elevé los hombros.

—No sé. ¿Qué hacen los tíos?

—Nada. Cuidan a sus sobrinos.

—¿Qué es un sobrino? —No entendía todas estas palabras.

—Cuando uno es tío, es tío del sobrino. O sea que para vos, el bebé va a ser tu sobrino. ¿Entendés? —Negué. —No importa, sos tío y punto.

—¿Y mamá qué es?

—Es un poco difícil… porque tu mamá no es pariente de Pau.

—Pero es mi mamá y yo soy el tío. —Suspiró.

—Pero tu papá es el papá de Pau, en cambio tu mamá no. Ella vendría a ser como una abuela de corazón, mi mamá sería la abuela de sangre.

—¿Y la mamá de Pau es la abuela?

—Sí, la cuida desde el cielo.

—¿Por qué murió la mamá de Pau?

—Porque todas las personas se mueren alguna vez, algunos más jóvenes y otros más viejos.

—Yo no quiero que la mía muera. Ya le hice prometer que por lo menos viva cien años. ¿Es mucho tiempo eso?

—Puf, un montón. ¿Qué otras dudas tenes? —Y me quedé un ratito pensando.

—¿Cuándo voy a ser papá yo?

—Cuando tengas novia.

—Pero yo ya tengo novia, es Camila.

—¡Mira vos! No te tenía así.

—Entonces, ¿voy a ser papá? —Abrí los ojos.

—No… Falta todavía. Los novios tienen que hacer cosas para ser padres.

—¿Plantarle la semillita? Eso me dijo Pau el otro día.

—Claro.

—¿Y cómo se hace para plantarle la semillita? ¿En dónde se le planta? —Se rascó la cabeza.

—¡Que charleta que estas! Ya lo vas a descubrir cuando seas grande. Y ojito con querer plantarle alguna semillita a Cami.

—Bueno… —Miré la panza de Pau por un tiempo. —¿Cuánto falta para que salga?

—Tres meses.

—¿Eso es mucho o poco?

—Es mucho pero pasa volando. Todavía tiene que crecer un poco más.

—Se va a volver re gorda Pau.

—Sí. Pero conociéndola a tu hermana después empieza a hacer gimnasia.

—¿Y por donde va a salir? —Se rio de mi pregunta. Siempre lo hace.

—Por la cola.

—¿Los bebés nacen en el baño?

—No, en el hospital. Hay un doctor que se ocupa de que el bebé salga.

—¿Un doctor le va a mirar la cola a Pau? —Puso su cabeza de costado.

—Digamos… que si… pero va a estar ocupado en el bebé, no va a estar pendiente de la cola… sino le corto el cuello.

—¿Por qué las chicas son las que tienen al bebé?

—Porque los hombres no nacimos para esto.

—¿Y para que nacimos? —Pepe siempre respondía a todas mis dudas.

—Para cuidarlas.

—¿Vos la cuidas a Pau?

—Obvio, ¿y sabes por qué la cuido? —Negué. —Porque ella es mi vida y si le llega a pasar algo, me muero. Por eso tenes que cuidar a las personas que amas. —Asentí, él siempre me daba consejos. Mis ojos se quedaron quietos en la panza de Pau, sentí algo raro cuando mi pie la tocó sin querer.

—¿Qué fue eso?

—¿Qué cosa?

—Sentí algo acá.

—Es la nena, sabe que estamos hablando de ellas entonces se mueve.

—¡Guau! ¿Escucha desde ahí?

—Sí… ¿le queres decir algo? —Negué. No me animaba.

—¿Le puedo dar un beso? —Y me agaché un poco para dejar un besito sobre la panza y seguir sintiendo cómo se movía.


Presentee, que tengan una linda noche. @patty_lovepyp

martes, 14 de abril de 2015

"Feliz cumple papito"


“Hijita: ¡Qué lindo es sentir como te movés dentro de mí! El doctor nos dijo que ya medis 25 centímetros ¡Qué grande estás! Estamos a mitad de camino… falta tan poquito para vernos. Hoy es el cumpleaños de Papi, así que vamos a darle una sorpresita. Te ama con toda su alma, Mami.”


¿Cómo pasarla bien en el cumpleaños de tu novio?
1) Repítele incontables veces “feliz cumple”.
2) Prepárale una sorpresa.
3) Haz el amor con él.

—Feliz cumple, papito… —Se lo dije por tercera vez en esta mañana, también se lo dije dos veces luego de las doce de la noche.

—Gracias preciosa. —Me gané miles de besos. —Gracias preciosa dos. —Bajó a la panza y depositó unos cuantos allá. Como respuesta hubo un par de pataditas. Eran cerca de las siete de la mañana de un lunes y todavía seguíamos acostados en su cama. A mi se me empezaba a complicar a la hora de dormir, la panza que crecía ya no dejaba posicionarme boca abajo.

—Viste como te responde siempre que le hablas.

—Obvio, soy el padre. Me ama.

—¡Ay, perdón! Futuro papi. —Y sonrío porque le encantaba que le digan así. —¿No tendrías que cambiarte vos? —Porque todavía seguía con su musculosa blanca y su bóxer.

—No… no. —Se aferró más a mi cuerpo. —Me tomo el día libre.

—¡Pepe! —Sí, lo reté. —No te podes aprovechar de tu viejo. —Bufó.

—Sos re amarga. —Y ya sacaba el embrollo de sábanas para vestirse. —Yo quería pasar el día con ustedes. —En el colegio donde trabajo se realizaba un paro docente, yo pensaba descansar todo el día.

—Cagate, por cumplir un lunes… después te preparo una sorpresita. —Lo decía sólo por consolarlo. Se volvió a recostar, ahora con la camisa celeste y su pantalón gris sobre el cuerpo.

—Te amo. —Fue inevitable seguir besándonos por unos cinco minutos más. —Bueno, me voy… loquita, deja descansar a tu mami. —Golpeó la pancita y me colocó una frazada más porque le dije que iba a tener frío sin él. Mayo era para dormir abrazados.

A las doce del mediodía volví a despertarme, nuestra hija le hizo caso al padre y casi ni se movió, tanteé mi celular por debajo de la almohada y descubrí que tenía cuatro mensajes de Pepe con “las extraño y las amo” imposible no estar enamorada de este hombre. Obvio que le contesté un “nosotras también te amamos”.

Bajé las escaleras con mi pijama que dejaba al descubierto la panza de veinte semanas, le di un beso a Gonza que miraba dibujitos. Ahora vivía en una casa con cable de televisión. Mary era la encargada de cocinar unos fideos con salsa para nosotros tres. Los padres de Pepe trabajaban y Lu estudiaba hasta las tres.

Le pedí a Gonza que me ayudara a preparar la torta preferida de Pepe. Fuimos hasta el almacén y compramos harina, huevos, leche, manteca y lo más importante, una tableta de chocolate amargo. Ya en la cocina mi hermano me pidió hacer uso de la batidora eléctrica, se la di con la condición de que no meta los dedos mientras está en funcionamiento.

Mezclamos la harina, agua fría, un poco de manteca, tres huevos, derretí el chocolate a baño maría y lo juntamos también. Luego del horno dejamos que se enfríe y la decoramos. Le prometí a Gonza que para su cumple le iba a hacer una igual.

A eso de las cuatro de la tarde entraba con Lu a un salón de belleza, la panza de cinco meses impedía ciertos movimientos por eso saqué un turno para la depiladora. Mi amiga sólo quería un corte de cabello.

—¿Vos estás segura que se puede? —Hojeábamos unas revistas mientras esperábamos.

—Primero busqué en internet y decía que se podía pero que consulte con el obstetra para que vea el estado en el que estoy.

—¿Y fuiste a la clínica?

—Sí, el viernes me tocaba la ecografía y como Pepe no pudo venir… —Tenía que trabajar. —… aproveché, viste. Eduardo me dijo que está todo bien y que es absolutamente normal tener sexo durante el embarazo. —Sí, hablábamos de sexo en un salón de belleza sentadas al lado de una viejita que esperaba su coloración de cabello.

—No se, a mí me da cosa, Pau. Mira si le hace mal a la nena. —Me acarició la panza.

—No, ya leí un libro que decía que el sexo le hace mucho mejor, que ayuda en el parto y hasta le hace bien a la pareja. —Estaba muy instruida en el tema.

Luego de veinte minutos de depilación, del corte de flequillo de Lu, de que todas las viejas chismosas me pregunten de cuánto estoy, que sexo es, si el padre se hizo cargo –si supieran lo que es Pepe, les pasa el trapo a varios padres- y no se cuantas cosas más, fuimos a tomar un helado por antojo mío. Charlamos un rato de su vida, de cómo le estaba yendo en la facultad –estudiaba organización de eventos-, me contó que en las materias va bien salvo la mala compañía que había allí. Lorena no dejaba de agrandarse y siempre buscaba la forma de recordarle que Agustín era su novio. Yegua como ninguna.

A las ocho de la noche estaba duchándome, sentí las cortinas correrse y sonreí porque sabía quien se acercaba. Recorrió mi panza con sus manos grandes y dejó un par de besos en mi cuello, le gustaba sentir mi piel mojada por el agua.

Salí del baño y me sequé el pelo, coloqué sobre mi cuerpo un vestido violeta más grande de los que usaba antes por temas obvios, él se puso una camisa azul y un jean. Se dirigió al living y prendió la tele para esperar a que yo termine de maquillarme, peinarme y echarme perfume, sólo un poco porque el olor me hacía mal.

Un restaurante de Puerto Madero fue el elegido para que pasemos su cumpleaños solo nosotros tres. Según Pepe le dábamos paz y lo ayudábamos a olvidarse de todos los problemas del trabajo y la facultad.

Una rica cena, un brindis por sus veinticinco años, un baile lento, un flancito con dulce de leche de postre y muchos besos dieron por terminada la velada. Cerca de las doce de la noche ya estábamos ingresando a su hogar.

—Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas Papito, que los cumplas feliz. —Se lo susurraba cerca del oído, aprovechaba que estaba sentada sobre él. Pidió sus tres deseos “seguir siendo feliz, amar cada día más a Pau y que mi hija crezca sana” y sopló las velitas de su torta de chocolate amargo. Una porción grande bastaba para los dos, lo otro volvió a la heladera.

Entre besos cruzamos el living, subimos las escaleras y entramos a su cuarto. Ya sentados en la cama desabroché botón por botón de su camisa y apoyé varias veces mis labios en su pecho. Él bajó el cierre de mi vestido y lo dejo caer al suelo. Acarició mi panza y luego me acarició a mí, a Paula. Un poco desesperada le desabroché el pantalón y lo saqué junto a su bóxer.

—Para, Pau… —Me susurraba, no queríamos despertar a nadie. —Mira si hacemos mal.

—No. —Bese la comisura de sus labios porque sabía que lo volvía loco. —Ya averigüé.

—¿En dónde averiguaste? —No eran celos, era que no entendía cómo podía ser tan caradura. Me reí con vergüenza.

—No importa eso. ¿Queres o no? —Yo me ocupaba de pasar mi nariz por su cara para que sea un sí rotundo.

—Dale, pero despacito por si las moscas.

Y como extrañaba dormir abrazados luego de una noche de amor.


Hola como andan, aca reportandome, le pase la nove a la lista vieja que tenia, si alguna esta y ya no quiere me avisa, y sino esta y la quiere tambien, besooos :) @patty_lovepyp

miércoles, 8 de abril de 2015

“Mis nenas”

“Bebé: El otro día Mami me despertó a las tres de la mañana para que apoye mi mano en su pancita. Que lindo que te empieces a mover, ¿serás un jugador de futbol o una bailarina clásica? No importa, vos pensá tranqui que todavía falta un tiempito. Te ama, Papi”




Instrucciones para sentir celos:
1) Tener una persona por la que morís de amor.
2) Si alguien se le acerca y a vos te hierve la sangre indica que el bichito de los celos te picó.
3) No temas, demuestra tu amor.

—¿El bebé está ahí? —Gonza señaló la panza de Pau

—Sí. —Contestó y como reflejo la acarició.

—¿Por qué?

—Porque así se forman los bebés. —Esa la respondí yo. Estábamos los tres merendando una chocolatada.

—¿Cómo hizo para meterse ahí? —Estaba a punto de cumplir cinco años y todo lo tenía que cuestionar.

—Pepe me puso una semillita. —Y me reí por el doble sentido. —¿Estás contento de que vas a ser tío?

—No. —Se fue a jugar a la pelota sólo. Le picó el bichito de los celos y es entendible, su hermana tenía otra persona para cuidar.

Abril traía a la par demasiados trabajos prácticos y exámenes. La facultad nos agobiaba, sobre todo a ella y sus dieciséis semanas. La panza ya estaba creciendo y el bebé se comenzaba a mover, al parecer iba en contra del mundo porque solo pateaba de noche. Pau no podía dormir y yo no dormía si ella no lo hacía. Mary ya inició el divorcio con Miguel, por ahora ella y Gonza viven en nuestra casa.

—¡Sos un idiota, Pedro!

—No me grites…

—No le grites.

—¡Pero cómo va a hacer eso! —Luciana invadió mi habitación en el momento de la siesta con mi novia y nuestra panza.

—Yo no hice nada. Deja dormir… —Y me acurruqué en el cuello de Pau, ella arreglaba el lío de frazadas.

Conozco a Agustín desde que tengo uso de razón, es hijo del amigo de mi viejo. Nos criamos juntos. Digamos que el hecho de que mi hermana haya llorado una semana entera por él, me volvió loco. Sí, lo que están pensando. Le di una trompada.

—¡Tiene todo el ojo morado!

—¡¿Lo golpeaste al final?!

—Él se chocó con mi mano… ¡Bueno! ¿Qué querías? No iba a dejar que estés llorando como una tarada por él.

—¡Por él me decís! Vos eras el que no me dejaba verlo y por tu culpa pasó todo lo que pasó. —Pau ya se agarraba la cabeza, desde que se embarazó que no soporta nuestros gritos, antes se reía de nosotros.

—¡Ahora yo tengo la culpa! ¡Era mi amigo!

—¡Y vos estas por tener un pibe de la mía! —Se fue dando un portazo.

—Tiene razón, Pepe… —Y ella me hacía masajes en la espalda. La situación me superó. — ¿qué te jode que Lu salga con Agus?

—Es mi hermanita, Pau… no da. —Y soltó una risita. Yo GIRÉ la cabeza para verla.

—¿Estás celoso? —Ahora lanzaba carcajadas. —¡Estas celoso! Le voy a contar a Lu.

¡Celoso me dice! Obvio que estoy celoso, es mi hermanita. Como dije, abril venía con todo. Pau y Lu decidieron salir a mirar vidrieras, la primera quería comprarse algo de ropa para cuando la panza crezca y los botones de sus pantalones no le abrochen. La segunda quería averiguar precios de cunas, cochecitos, sillas y todo lo que sea creado para su sobrino o sobrina.

—¿Trajiste los apuntes de Impuestos II? —Gaby se acercó a mi casa, íbamos a estudiar juntos para el parcial que tenemos en dos días.

—Sí… ¿vos te quedaste con un libro mío, no? — Nos instalamos en mi habitación para estar lejos de los ruidos de Gonza. Últimamente estaba muy gritón. Y como para no estarlo, sus padres a punto de divorciarse, su hermana embarazada, alguien más chiquito que él a punto de nacer…

—Ya te lo estoy devolviendo. —Me encaminé a la pila de libros, fotocopias y cuadernillos que descansaban en el escritorio.

—No hay problema si te lo querés quedar unos días más.

—Nah, ya tengo lo que necesitaba. A parte te lo doy ahora por las dudas que se pierda.

—Y sí, entre todo este lío… —Hizo un recorrido con la mirada. —¡Tanta ropa de tu hermana hay acá?

—¿Eh? ¡Ah no! Es de mi novia. Bueno, ¿empezamos?

Dos horas, dos horas, dos horas es lo que perdimos en esos benditos apuntes. ¡Dios! Qué dolor de cabeza… Mary nos alcanzó una bandeja con jugos y sándwiches, una grosa, nos tomamos un tiempito para descansar la mente y tomarnos la merienda. Pasé al baño y Gaby quiso acomodar el desorden que hicimos en la cama, llena de apuntes por doquier.

—Pepe… no sabes las cosas que… —Sí, tenía que entrar Pau. —¿Quién sos vos?

—Hola, gordita. —Yo que la saludaba desde atrás. Se dio vuelta y me miró estupefacta.

—¿Quién es está?

—Soy Gaby. —Contestó.

—¡A vos no te pregunté! Pensé que Gaby, era un compañero. —Remarcó la última letra porque claro, la mini falda que tenía Gabriela no era para hombre.

Dos minutos me tomó despedir a Gaby y subir a zancadas las escaleras para encontrarme a mi novia revoleando toda la ropa nueva adentro del ropero.

—¡Ey, para! ¿Qué te pasa? —Le sostuve las manos porque ya suponía que uno de esos manotazos iba a parar a mi cara.

—¿Por qué no me dijiste que era mujer? ¿Cuántas veces fuiste a la casa de ella? —Y me lo decía con angustia.

—No es mujer, es mi amiga. —Quise hacerle notar una diferencia muy clara. — Y sí fui un par de veces a la casa, las veces que yo te dije. ¿Qué te pasa? Nunca te pusiste así.

—Estoy celosa. —Se largó con todo en mi hombro. —Encima estaba arriba de tu cama ¿qué querés que piense?

—Nunca te pusiste así de celosa, nunca te jodió que yo tenga amigas.

—Nunca me vi tan gorda delante de otra. —Un par de besos cambiaban todo.

Luego de tomar una ducha rápida entre tres –nosotros dos y la panza, aclaremos- Nos dirigimos a la clínica para que Eduardo, el obstetra de Pau, nos haga una nueva ecografía.

—Tiene un hijo y la mujer embarazada, Pepe.

—¡Qué me importa! Te está relojeando toda. —La discusión, en vos baja, era por un hombre que miraba de más a mi novia mientras la suya con una panza casi a punto de parir se apantallaba en una silla negra y otro nene corría de su mamá hasta su papá y viceversa.

—¿Chaves? —Nos levantamos. —¿Cómo va la pancita?

—Bien, creciendo… —Dijo con una sonrisa.

—Una preguntita… —Y tanto Pau como el obstetra y la enfermera posaron su vista en mí. Tragué saliva. —¿Ya se puede saber el sexo?

—A los cuatro meses se está definiendo, hay que ver si se deja ver.

“Hija: Sí, hija. Hoy descubrimos que sos una nena. El doctor nos dijo que medís catorce centímetros y pesas doscientos gramos. ¡Qué lindas muequitas que nos regalaste! Ahora me voy a tener que poner las pilas. Tengo muchas nenas para cuidar. Te ama, tu Papi.”



Hola volvi, les pido perdon *de rodillas* soy muy colgada y posta me olvide de la novela estan en todo su derecho si quieren odiarme jajajaja haganme acordar de vez en cuando, disfruten del capitulo, y comenten asi tienen otro mañana @patty_lovepyp

domingo, 22 de marzo de 2015

Golpe de Suerte

“Bebé: ¿Así te dice Mami, no? Es que todavía no sabemos que sos. Te cuento que acá fuera todo está un poquito dado vuelta, mejor quédate dentro de la pancita así los cuido bien. La tía Lu ya te compró un montón de ropa y el tío Gonza nos pregunta todo el tiempo por vos. Te ama, Papi.”




¿Querés tener un golpe de suerte y no morir en el intento? Acá te doy la solución:

1) Búscate una pareja y ámala con locura.
2) Quiérela más que a tu vida.
3) Cuídala más que a tu vida.
4) En este momento recibirás tu premio.

Las doce semanas del embarazo de Pau traía muchas expectativas. La panza ya se hacía notar, tan sólo un poco, pero lo suficiente para su figura. Se nos hacía un poco complicado vernos, trabajábamos a la mañana y ella a la noche quería quedarse a dormir con su hermano. Se había vuelto muy miedosa últimamente y sentía que algo malo iba a pasar. Siempre buscábamos la forma de estar conectados, a través de Internet o por celular. Fueron incontables la cantidad de veces que me quedé con el teléfono en la oreja esperando a que ella se duerma o cantándole una canción a Gonza y su sobrino/a que descansaba en la panza. Las clases volvían a empezar, me anoté en tres de las seis materias que me faltan y Pau se anotó en otras tres por recomendación mía, no quería que se esfuerce demasiado mientras su embarazo estaba en pie.

Ya a mediados de marzo nos vimos obligados a realizar un almuerzo familiar para contar la buena nueva. Mi novia me discutía de que era mejor que le contemos a cada familia por separado, sentía temor por la reacción de su padre… o la de Gonza. Con Mary se llevaba bárbaro. Yo le pedí que por favor no tema, que yo la iba a cuidar pase lo que pase. No mentí.

Pau ingresaba a mi casa con una remera negra y larga que ocultaba su pancita, así se vistió por muchos días. Me miró con un poco de terror en sus ojos y apoyé mis labios en los suyos para que se calme. Atrás le siguieron Gonza que se me colgó de las piernas para luego correr hacia Lu, Mary un poco tímida y confusa y Miguel… bueno, ya sabemos todos como estaba y sino, imagínenselo. De todas formas puse mi mejor sonrisa mientras la madre de mi futuro hijo no dejaba de apretarme la mano con fuerza.

Canelones era la comida que había elegido mi mamá para ésta ocasión, mi papá y mi hermana ayudaron en su elaboración. El almuerzo fue un poco incómodo, hubo muchos momentos de silencio. Ninguna de las dos familias sabía por qué compartíamos una misma mesa. Gonza era el único que participaba de tal ceremonia, le hacía chistes a Lu solo por el placer de escucharla reír, su risa era muy graciosa. Pero más allá de eso, ninguno habló. Tuve que presionarla a Pau para que coma algo, no había tocado ni los cubiertos.

—Este… con Pau organizamos esto porque le queríamos dar una noticia. — Y ella volvió a mirarme con ese temor… se veía tan chiquita. —Sí, Pau. —Mucho tiempo no podíamos seguir ocultándolo.

—Eh, bueno… —Hizo una vista panorámica del comedor. — Voy a ser mamá. —Y su cara hizo puchero en la última palabra.

Una ola de abrazos y felicitaciones fueron a parar a nuestros cuerpos y oídos. Luciana lloraba a la par de Pau y Gonza no entendía dónde estaba el bebé. Mi viejo me dio una palmada en la espalda cual machos para luego advertirme que la cuide, como si yo no supiera. Mary y mamá se encargaron de levantarle la remera y descubrir a la pequeña personita que habitaba allí. Unos aplausos se escucharon de fondo y todos nos dimos vuelta hacia el lugar del que provenía.

—¡Bravo! ¡Te felicito, che! —Y me dio asco la ironía que utilizaba. —Puta como tu madre. — Pau volvió su vista hacia mí. — Y vos… un pelotudo que se cree el cuentito de que el hijo es suyo. — No, con mi hijo no se mete nadie.

—¡Qué decís enfermo! —Me acerqué violentamente, si tenía que matarlo para que mi novia y mi hijo sean felices era capas de hacerlo.

—¡No, PePe! —Y un golpe de parte de Miguel fue a para al estómago de Pau.

Todo se volvió un caos esa tarde, mi papá sacó a puños limpios a ese tipo de la casa. Gonza lloraba porque su hermana estaba en el piso y Mary intentaba que mire para otro lado. Levante a Pau y la llevé a mi habitación.

—El bebé… Pepe. —Volvía a apretarme con fuerza la mano y las lágrimas caían como tormenta.

—¿Te duele? —Negó desesperada. —¿Qué pasa con el bebé?... tranqui… — Le acariciaba la pancita, esa que ya sobresalía.

—El bebé es tuyo, Pepe.

—Ya sé… ya sé, mi amor.

Esa noche Mary se acomodó en el cuarto de Lu, no pensaba regresar a su casa. Gonza y Pau en mi habitación, yo me conformé con el piso mientras acariciaba a mi hijo/a y los pelos castaños de mi cuñado.

A la mañana siguiente Lu trajo el desayuno para tomar con su amiga en la habitación, yo las dejé y con Gonza bajamos al comedor, tenían mucho de qué hablar. Mi mamá me propuso que la acompañe a la clínica, que visite un ginecólogo para que la revise. El golpe nos había impactado a todos.

Luego de horas, minutos y segundos convenciendo a Pau de que era lo mejor para todos y sobre todo para el bebé, me vi en una clínica con mi novia y demás mujeres embarazadas. Ella se sintió un poco incómoda y yo la calmaba con mis caricias, nunca le gustaron los hospitales.

Una ginecóloga nos atendió, y doy gracias a Dios de que sea mujer porque no iba a permitir que otro hombre la toque. Le contamos el pequeño conflicto y luego de tomarle unos datos me hizo salir, en realidad fue Pau porque le daba vergüenza, para que la pueda revisar. Diez minutos después, salió con una orden para hacerse una ecografía. Me vi obligado a correr hacia el bar de la esquina para comprar una botella de agua.

Un hombre con algunas canas en su cabellera nos saludó con un “hola papás” -¡qué loco era llamarme papá!- le pidió que se recueste sobre la camilla y ella misma se levantó la remera. Puso cara rara cuando el doctor le echó el gel frío sobre su vientre.

—¿Primera ecografía? —Preguntó mientras conectaba el monitor.

—Sí. —Contestamos al unísono y nerviosos. Colocó el aparato sobre la panza de Pau. Estiró su mano y yo me aferré a ella.

—Entonces les presento a una personita muy especial… —Y ambos sonreímos.

“Bebé: Hoy te vimos por primera vez, medís 7 centímetros y conocimos tu cabecita, tus manitos y tus piecitos. El doctor nos dijo que ya te van a empezar a crecer las uñas. También escuchamos los latidos de tu corazón. Mami se puso a llorar y yo no paré de darle besos. ¿Sabes de qué me di cuenta? De que tengo mucha suerte. Papi.”



Hola volvi pero con una duda, no se si hay mucha gente que lee la nove, o si les gusta porque sino voy a dejar de subirla porque es al pedo si no se que les parece, espero que me digan que les parece asi decido si continuo subiendo o no, disfruten lo que queda del finde, buenas noches. Patty_lovepyp

jueves, 19 de marzo de 2015

“El gran libro de los nombres”

“Bebé: con Papi pasamos horas y horas al día imaginando tu carita, él piensa que vas a heredar mi boca y yo su nariz. Espero que podamos elegir tu nombre antes de que nazcas. Tu Mami.”





Instrucciones para terminar mal un día de San Valentín:
1) Enamorarse de una persona que no te de bolilla.
2) Ir a una fiesta
3) Encontrarse a la persona que te gusta besando a otra.
4) Llorar hasta el cansancio.


Las ocho semanas se estaban a punto de cumplir, la panza aún no se notaba pero los cambios emocionales iban a flor de piel. Dolores de cabeza y de vientre se hacían presentes cada día. La cintura se había ensanchado un poco y los pechos me crecían semana tras semana.

Gonza estaba cada vez más mimoso conmigo, no le gustaba que me quede todos los días en la casa de mi novio y pedía dormir juntos. Descubrí que a la noche le subía fiebre y me pedía que no lo deje. Por eso intentaba pasar más tiempo con mi hermano –de parte de padre- , le gustaba pasear en el caballo de la calesita y veía como estaba más concentrado en saludarme cuando daba las vueltas en vez de agarrar la sortija.

—Pero va a estar bueno, Pau —Era catorce de febrero, día de los enamorados, estaba recostada en la cama de mi amiga que me insistía en ir a una fiesta esta misma noche y yo lo único que deseaba era dormir. El embarazo me cansaba mucho. —¿Es por Pepe? Le digo que te deje ir.

—No es por eso. ¿Podes dejar de pintarte las uñas? —El olor a esmalte ya me estaba mareando.

—¡Ay, bueno! Anoche me llamó Agus. —Se preguntarán qué paso con laheramanadePepe y el amigodePepe. Bueno, digamos que Pepe siempre se las ingenia para enterarse de todo. Ahora Agustín tiene prohibido pisar su casa y Lu prohibido verlo. Sí, parece una locura, pero mi novio era demasiado sobreprotector.

Resulta que Luciana –rebelde como siempre- junto con mi ayuda, se las ingeniaba para llamarlo pero Agustín, cobarde como es él, se negaba a atenderla.

—Che, Lu… —Su hermano que no golpeaba la puerta y Luciana que le tiraba ositos de peluches para recordarle los modales. —Hola… amor. ¡Feliz día de los enamorados! —Se tiró sobre mí, despacito, para darme unos piquitos. — Te amo.

—Yo también te amo. —Se acostó a mi lado y me dediqué a acariciar el brazo que cruzaba mi cuerpo.

—Pepito… —Pepe odiaba que su hermana lo nombre así. —Pepito lindo…

—¿Qué querés, Luciana? —Sabía que le iba a pedir algo.

—¿Te molesta si Pau me acompaña a una fiesta esta noche? —Cruzaba las manos, cerraba los ojos y ponía puchero.

—¡Ya te dije que no quiero ir! —Yo que era caprichosa y me sentía mal.

—Anda si queres, Pochi. Yo no tengo problema. —Él y su vos tan calmada.

—Pero yo quería quedarme a dormir con vos… —Me di vuelta para mirarlo triste.

—Bueno, entonces quedate conmigo. —Me volvió a abrazar y besó mi oreja.

—¡Ay, Pau! Dale… van a estar todas las de la facultad y no me llevo con ninguna. ¿Queres que la pase mal en este día? ¿Eh, queres eso?

—Bueno… voy… —Ganó por cansancio.

Luego de que todo su cuerpo caiga sobre el mío para agradecerme y que Pepe casi la ahorque porque yo no podía hacer fuerza –aunque ella ni enterada de la situación-, decidimos que ya era hora de celebrar nuestro día. Nos despedimos de Lu y partimos hacia un lugar tranquilo.

—Gracias por dejar que venga con nosotros. —Habíamos ido a mi casa para retirar a Gonza. Se estaba aburriendo como nunca y Pepe quiso que sea partícipe de nuestro día.

—¡Es mi cuñado, che! Tengo que hacer buena letra. — El Rosedal fue el lugar elegido para nuestra salida –de a cuatro, contando la panza-, había demasiadas parejas pero todas concentradas en besos, flores, bombones y su amor. Gonza jugaba alejado de nosotros, pero no tanto, dándole de comer a los patos. Descansábamos bajo la sombra de un árbol con vista hacia el lago.

—No sé que le pasa… está muy pegajoso conmigo últimamente. —Me recostaba sobre su cuerpo y dejaba que sus manos me acaricien la cintura.

—¿Muchos quilombos en tu casa?

—Los mismos de siempre…

—Y bueno… es chico pero no tonto. Ya se debe estar cansando de todo eso. —Y él siempre me va a entender. Gonza nació a los pocos meses de iniciada nuestra relación, conoce su vida y obra.

—Puede ser… ¡a propósito! —Levanté un poco la cabeza para encontrarme con la suya que ya me miraba desde hacer rato. —¿Cuándo vamos a anunciar a nuestro bebito? —Levantó un hombro. — A partir del mes que viene me va a empezar a crecer la panza y ya me estoy viendo un poco gorda. —Me acomodé de rodillas frente a él y levanté la remera para que vea, sólo largó una risita.

—No es el bebé… es por los tres panchos que te comiste hace un ratito. —Con su dedo índice tocó mi mejilla, yo enarqué una ceja.

—Fue un antojo. —Me excuse.

—Estás hermosa… — Y se acercó un poco para besarme y disfrutar mi boca. —Si te parece bien, el mes que viene contamos todo. —Asentí.

—¡Mira lo que compré! —Comencé a revolver mi bolso y Pepe se reía por lo desesperada que estaba. — ¡Cha chan, cha chan!

—¡No, Pau no! — Se tapaba la cara porque no quería saber nada.

—¡Si, gordito! Ay que ir eligiendo un par… todavía no sabemos si es un nene o una nena, si son dos o tres, si son dos nenas o dos nenes o uno y uno. O dos y una…

—Espero que sea uno solito porque si no voy a dormir en la cucha del perro. —Le pegué con el libro y aprovechó para sacármelo de las manos. — “50.000 nombres para tu bebe” ¿Cincuenta mil?

—Alguno nos tiene que gustar. —Deduje. Y pispié a Gonza que estaba concentradísimo en correr con las aves. —Vamos a ver… Aarona, Aashta, Abelarda, Abelía, Abi, Abigail, Abril, Ada…

—¿Vas a leer uno por uno?

—Sí. —Levanté la vista y contesté muy segura.

—¿Podes cambiar de sexo por lo menos? Mira si es nene

—Ok… de nene, Aarón, Abdalá, Abdiel…

—¿Y si cambias de letra?

—¡No te conformas con nada! —Y di vuelta unas cuantas hojas. —¿Encarnación? ¿Edzel?

—¡Dame a mí! ¡¿Olenca?! ¿Eso es un nombre? ¡Walberto! ¡Yhoalibeth! — Él los nombraba sólo para hacerme reír, y lo lograba.

A eso de las siete de la tarde Pepe nos dejó en mi casa y partió para la suya. Una discusión entre Mary y mi viejo estaba siendo presente en ese momento acerca del estado en el que se encontraba el segundo. Conecté la cámara a la netbook y dejé que Gonza mire las fotos que habíamos sacado esa misma tarde, intentando que no preste atención a los gritos de sus padres.

Cerca de las once de la noche, Luciana con su vestido strapless rosa y yo con el mío rojo con tiras, entrabamos al boliche. La fiesta era de una compañera de la facultad de mi amiga con la que no se llevaba muy bien.

—¡Todos de pareja! —Ella con su zapato con taco de diez centímetros agujereando el piso.

—¡Y yo sin Pepe! Parecemos lesbianas…

—No… no mirá lo que es la yegua.

—¿Esa es tu compañera? —Una rubia con vestido dorado.

—Lorena, ¡y yo con mi vestidito rosa chicle! Vamos a casa.

—¡Ay, no te deprimas! Dale vamos a saludarla…

—No, Pau… — Tarde, ya la estaba arrastrando por entre medio de la gente. —Hola, Lore… ¡Ayyyyyy!

—¡Agustín! —Lore… Agustín… ¡Nah!

—¡Degenerado! —Una cachetada fue a parar a la mejilla de Agustín.

—Para Lu… —Entraba corriendo a su casa después de pagarle al taxi que había escuchado toda una sarta de malas palabras hacia el amigo de Pepe.

—¿Qué pasó? —Y él que salía de la cocina en bóxer blanco y con un vaso de agua. —¿Qué pasó? —Me repitió.

—Tu amigo es un tarado. —Contesté. —Amiga… —Abrí su habitación y la encontré llorando hasta el cansancio.


Holaaa segundo capitulo espero sus comentarios y si alguien quieren que le pase la nove me avisa :) patty_lovepyp

miércoles, 18 de marzo de 2015

Tu primer regalo


“Bebé: ¡Qué alegría que llegues a nuestra vida! Sos un terremoto de felicidad. Anoche soñé que te tenía en mis brazos mientras Papi nos cantaba. Tu Mami”

Pepe abrió los ojos lentamente, el sonido del despertador se hacía presente y la luz que entraba por la ventana invadía la habitación. De haber sido otra la situación, ya estaría pidiendo cinco minutos más para despertarse dos horas más tarde y darse cuenta que faltó al trabajo. Pero no, ahora todo cambiaba. Apagó el despertador, agradezcamos que no lo haya revoleado, estirándose un poco a través de mi figura. Me había quedado a dormir en su casa, en su habitación, en su cama de una plaza.

Llevó su mano por debajo de las sábanas y la dejó en mi panza. Dos test de embarazo y un análisis de sangre dejaban en evidencia que una personita de casi cuatro semanas de vida habitaba en mi cuerpo. Posó sus labios en mi cuello y plantó un beso allí. Al momento en que salió de la cama me encargue de despatarrarme y ocupar todo su ancho. Pepe caminó con pasos chuecos hasta el baño para higienizarse, volvió a su habitación, se vistió con su pantalón pinzado y una camisa a rayas. Se agachó y dejó un beso en mi frente.

—Hay que levantarse, gordita… —Si no fuera por el nuevo miembro ya me abría arrastrado por toda la casa, él amaba despertarse con mi mal humor. —Me tengo que ir a trabajar. —Y acomodó su cara entre mi cuello y mi cabeza porque no quería separarse de mí. Dejó por unos segundos que su aire choque con mi piel y retiró la sábana, depositó unos cuantos besos en mi vientre. —¿Hay alguien ahí? ¿Les decimos a mami que desayune conmigo así papi no es el único boludo despierto?

—Me haces cosquillas con tu barba… —Refregué mis manos en los ojos que no querían abrirse y bostecé. Pepe se sentó en el pequeño lugarcito que le dejaba.

—¡Buen día, mamita! —Y no lo dijo por el embarazo.

—Hola amor. —Fue todo lo que pude contestar. Acaricie su cabeza y Pepe se acercó para atacar con dulzura mi boca por un ratito. Pasó un brazo por debajo de mis piernas y otro por mi espalda. Así a upa bajamos las escaleras riendo y me sentó en una banqueta alta de la cocina.

—Veo que están de buen humor. —Ana, la madre de Pepe revolvía su café con leche. Le sonreí, los únicos que sabían la noticia éramos nosotros dos.

—¿Y papá? —No lo veía por ningún lado.

—Ya salió hace rato, dijo que no te va a esperar más. —Y Luciana, su hermana y mi amiga, soltó una risita con los ojos cerrados por el sueño.

—¡Bueh! Ni que fueran las doce de la noche. —Se mordió el labio.

—Tiene razón gordo —Y que lo llame de esa forma provocó que me de un besito. —Tenés que ser un poco más considerado con tu viejo que te dio el laburo. —Ana y Luciana asentían porque estaban de acuerdo.

—Disculpame, estoy desayunando a esta hora porque alguien —y lo pronunció fuerte. —no se quería despertar.

—Disculpame, sos vos el que tiene que trabajar yo tenía todo el derecho del mundo a seguir durmiendo.

—Disculpame, hace más de cuatro años que sos mi novia, en cualquier momento podemos tener una familia y vos sos la que me tiene que acompañar en el desayuno. —Me guiñó el ojo y sonreí porque ese momento iba a llegar más pronto de lo que pensaban los demás. Igual le di un beso porque amaba que él quiera pasar momentos conmigo.

Pepe tenía veinticuatro años, sólo le quedaban seis materias para recibirse de contador público y hace tres meses que trabajaba como auditor del banco del que su padre era dueño. Planeaba seguir trabajando allí hasta tener el título en la mano o en su defecto en un marco colgado en su habitación, luego se independizaría de su familia. Yo era una flamante futura madre de veintidós años, igual que Luciana, pero no es menor el hecho de que me quedaban dos años para recibirme de profesora de Matemática –los números eran la pasión de ambos-, aunque con el embarazo tenía en cuenta que el tiempo de estudio se iba a alargar. Trabajaba como preceptora en el mismo colegio que me gradué y ya me habían prometido un puesto.

—¡Ahora voy, Lu! —Hace media hora que mi pareja había partido y le prometí a mi amiga del alma un día completo con ella. Completo hasta que vuelva Pepe. Entré al baño, metí la cabeza dentro del inodoro y todo el desayuno se despidió de mi estómago. Las nauseas y los vómitos fueron protagonistas durante todo el primer mes. Yo misma me sostenías el pelo y una lágrima caía por cada arcada. Quería que mi novio esté dándome palabras de aliento en ese momento. Me lavé la cara y la boca y esperé unos minutos a que el rojo de las mejillas se esfume.

Lu era mi amiga desde primaria y concurrimos juntas a lo largo de todo el trayecto escolar porque fui la encargada de ganarme una beca en el colegio privado al que sus padres la cambiaron para comenzar la secundaria. Juntas le cambiábamos los autitos por las barbies a su hermano cuando éramos chiquitas. Juntas nos dedicamos a criticar a las novias de su hermano cuando éramos adolescentes. Juntas miramos las novelas de la tarde y nos lloramos todo cuando los protagonistas eligen mal. Juntas compartimos la habitación del HOTEL EN Bariloche y juntas compramos una pulserita de la amistad para cada una. Por todo esto y mucho más Lu no tuvo ningún problema en aceptar mi relación con Pepe, y es que ella había influido demasiado para que se haga realidad.

—¡Necesito urgente una sesión de psico-amigas! —Se tiró en su cama logrando rebotar y suspiró enamorada.

—¿Qué pasó? —Me instalaba en la silla giratoria de la pc y apoyaba los pies en el colchón, las sábanas se encontraban en el piso.

—Agustín pasó. —Nos miramos porque había problemas.

Agustín era el mejor amigo de Pepe. Lu mi mejor amiga. Pepeel hermano de Lu. Yo novia de Pepe. El resultado de la conclusión sería Agustín novio de Lu. Pero no, hermano celoso a la vista.

—¿Hizo algo?

—¡Que no hizo! El sábado vino a almorzar y de paso jugar a la play con Pepe. Yo estaba acá en la pieza ni me lo quería cruzar… pero me lo crucé. Entro de prepo, cerró la puerta y se me puso acá. —Y señaló una corta distancia con su mano y su cara. Abrí la boca por la sorpresa. — Me empezó a chamuyar y me invitó al cine, hoy a la noche.

—¿Vas a ir me imagino? —Soltó una risa irónica.

—Me encantaría pero el boludo de tu novio se llega a enterar y me lo castra. —Le tire con un almohadón.

—No le digas así a tu hermano. —Siempre lo voy defender con uñas y dientes. — Dale anda, yo te cubro con Pepe.

Luego de una mañana y un almuerzo con mi mejor amiga decidí que ya era hora de marchar pero antes me obligó a prometerle que nada iba a fallar esta noche en su gran cita –como si tuviera la bola de cristal- le dije que mañana iba a volver para escuchar todos los hechos sucedidos. Camine las diez cuadras que me separaban de mi casa bajo los treinta y dos grados centígrados que marcaba el televisor de los Alfonso, estábamos a mediados de enero y el calor se hacía notar más que nunca, antes de llegar paré en un kiosko de revistas y compré la que más me llamó la atención, “Ser mamá” figuraba en la portada. Le di una patadita a la puerta después de girar dos veces la llave porque esa era la forma de destrabarla. Saludé a Mary, mi madrastra, que estaba pasando un trapo en el piso, le comenté que tal vez no comía esta noche en casa y me iba con Pepe. Ahí fue cuando se metió Miguel, mi padre, esa persona con la que no tenía ni el más mínimo contacto ni diálogo de afecto, para gritar a los cuatro vientos que era una desvergonzada y que no me importaba la familia e irse al sillón a pasos tambaleantes, consecuencia de la lata de cerveza que llevaba en su mano izquierda.

Me metí en la ducha y quise quedarme bajo el agua tibia hasta el año entrante (y eso que recién comenzaba el dos mil quince), mi familia era completamente diferente a la de Pepe y a la de Lu –que sea cual sea el caso, era una sola familia pero nunca sabía a quién darle prioridad-. Me acaricié la panza y rogué que esa cosita que había allí dentro venga con un kilo de pan bajo el brazo.

En la habitación encontré a Gonza –mi medio hermano de cuatro años- dibujando sobre su cama, me acosté en la mía y me dediqué a mirarlo. Era tan lindo, pelo castaño y ojos marrones, cara de travieso y todo un galán a la vez.

—¿Venís de Pepe? —Ellos tenían una relación perfecta. Pepe se lo compraba con golosinas, helados y hamburguesas de Mc Donalds. Moví la cabeza de arriba hacia abajo.

—A la noche voy a ir de nuevo.

—Llevale esto. —Y me tendió un dibujito que hizo con los crayones que le regalé.

—Seguro que le va a encantar.

Me quedé un tiempo más en casa hasta que las veintiún horas marcaban el reloj, llegó un mensaje de mi amiga avisándome que el plan comenzaba ahora. Llamé a mi novio para que me pase a buscar así Lu podía salir tranquila de su casa evitando el cuestionario.
En menos de quince minutos Pepe estaba tocando bocina, salí con un saquito porque a la noche refrescaba y de la mano de Gonza que quería entregarle personalmente su obra de arte. Mi novio le agradeció y mi hermano le hizo prometer que algún día iban a ir a la plaza, luego se dignó a entrar y dejarnos solos.

Una sesión de besos de cinco minutos fue la que demostró todo lo que nos extrañamos, desde que estaba en “estado” la lejanía era más difícil de acarrear. Nos trasladamos hacia la costanera y cenamos dos choripanes cada uno, permanecimos sentados mirando al rio, la luna y acariciando mi panza por un buen tiempo.

Salí de sus brazos y corrí hacia el auto, volví un poco agitada y me comí un reto de mi novio por las condiciones en las que estaba. Todo se mejoró cuando le mostré la revista que había escondido en la cartera.

—Primer mes: el huevo llega al útero y se inicia su implantación en la cavidad uterina. El embrión irá tomando el aspecto de un disco. Se forma el tubo neuronal y comienza a apreciarse una extremidad abultada: la cabeza. ¡Ay, se le está formando la cabecita! —Giré la cabeza porque estaba de espaldas apoyada a él y me sonrió al borde de las lágrimas.

—En el cuerpo de la madre se manifiestan sensaciones de tensión mamaria, pinchazos uterinos, vahídos, cansancio y necesidad de dormir en cualquier sitio y momento. Se afinará su olfato. ¡Mira ya todo lo que te banque! —Y me gané un beso cuando lo miré mal. —Te tengo una sorpresa.

Me entregó una bolsa de tienda de ropa cuando ya estábamos instalados en los asientos del auto. Comencé con los llantos y los mocos cuando encontré un gorrito más chiquito que la palma de mi mano, una prenda de vestir que reí por lo hermosa que era y un babero que causaba ternura.

—Tenía que ser el primero en regalarte algo —Me limpió algunas lagrimas. —Me corresponde, soy el padre. —Y el pecho se le infló de orgullo.

Guardé la ropa y junto con la revista pararon en el asiento trasero. Hice algunos malabares para que mi cuerpo quede entre Pepe y el volante.

—Tu regalo está hace un mes acá adentro ¿sabes? —Y después de chocar una vez más sus labios, pegué mi cara en su cuello y me dormí sintiendo sus caricias.



Primer capitulo, espero que les guste, si quieren la nove me la piden en @patty_lovepyp pero se las paso desde otra cuenta, gracias por leer :)

“Bebé: ¡Bienvenido/a! Tus Papis.”

1) Colocar el test de embarazo bajo un chorrito de orina.
2) Esperar aproximadamente 3 minutos.
3) Una rayita es negativo, dos es positivo.


—¿Y?

—Positivo.

—¿Positivo?

—Positivo. —Le aseguré.

Cuerpo con cuerpo. Frente con frente. Pupilas con pupilas. Nariz con nariz. Boca con boca. Lágrimas con sonrisas. Amor y un nuevo ser.





Un dia se me antojo volver jajaja si quieren que se las pase avisen, besos @patty_lovepyp  :)