jueves, 21 de mayo de 2015

“El arte de ser papá”




Cómo ser padre:
1) Cuidar de tus hijos.
2) Cuidar de tu mujer.
3) Cuidar de tus hijos y tu mujer, al mismo tiempo.
4) Ser feliz cuidando de tus hijos y tu mujer.

Tres y cuarto de la madrugada escuché a mi hija que lloraba a través del Baby – Call. Dos segundos después, el ruido terminó. Era Pau que se apuraba a tocar el botón de off del aparato para que yo no despierte, no se daba cuenta que todas las noches simulaba con los ojos cerrados estar en un sueño profundo, dejó un beso en mi espalda y caminó hacia la habitación de Oli. Todas las noches lo mismo, salvo los fines de semana que era yo el que me levantaba.

Cerca de las cuatro y media, Pau siempre se escabullía entre las sábanas, bostezaba un par de veces y me abrazaba por detrás. Inmediatamente me daba vuelta y dejaba que su cara se hunda en mi cuello mientras la llevaba hacia mí y dormir los dos juntos. Lo habré dicho mil veces, si ella no dormía, yo no dormía.

A las seis sonaba mi despertador, era yo el que se apuraba a apagarlo y caminaba a pasos torpes hacia el baño para pegarme una ducha rápida y despabilarme. Luego me vestía de camisa y pantalón, y buscaba a mi beba que ya estaba con los ojos abiertos, esperándome.

—Buen día, Loquita. —Y le dejaba miles de besos sonoros en su mejilla mientras ella se ocupaba de enganchar mi nariz. Le cambiaba rápido los pañales y me iba a desayunar con ella.

Antes de irme, la acomodaba en mi cama, cerca de su madre. Dejaba algunos besos en la boca de cada una y partía hacia el empleo.

En tan sólo quince minutos ya me encontraba en el banco, saludaba a mi viejo que lo primero que hacía era preguntarme como estaban Oli y Pau. Tomaba algunos papeles y me dirigía a mi box para comenzar mi trabajo. No sin antes besar las mejillas de mis compañeras y palmearle las espaldas a mis compañeros.

—¿Necesitas ayuda? —Sole me sorprendió cuando estaba concentrado en terminar una tabla de Excel, pestañeé rápido y la miré.

—No, gracias… —Pero no se fue, se quedó ahí paradita vigilándome. — Pensándolo bien… ¿Me harías el favor de sacarme dos copias de cada hoja? —Y de un manoteo agarré una pila, bastante considerada, de hojas que ni siquiera sabía lo que decían.

—Obvio, te hago lo que quieras. —¿Fue en doble sentido?

—Está hasta las manos con vos la pendeja. —Porque sí, Sole era una chica de apenas diecinueve años que recién empezaba su carrera de contadora en la UBA. Francisco me hizo burla de atrás.

—Lástima que todavía no notó el portarretratos de dos metros que tengo en mi escritorio con una foto de mi mujer y mi hija. —Todos allí sabían que ni loco ni mamado le iba a fallar a Pau.

—¡Ay, Pepe! ¡No sabes lo que me pasó! —Llegó Sole después de cinco minutos agarrándose la cabeza.

—Si no me decís, no voy a saber. —Y me saqué los lentes que usaba para descansar la vista frente a la computadora y mirarla.

—Se me atascaron las hojas en la fotocopiadora y no puedo sacarlas. —Ya me lo esperaba, era demasiado torpe.

—A ver… —Y dejé los lentes sobre el teclado, me levanté y caminamos hacia la otra sala. Busqué la tapa del aparato y visualicé los mecanismos ¡como si supiera lo que estaba tocando! —Acá está la hoja, voy a ver si la puedo sacar.

—A ver… — Y se agachó a mi altura para quedar cerca de mi boca.

—¿Por qué mejor no me traes un cafecito, dale? —Y suspiré cuando la vi alejarse. Otros cinco minutos pasaron para que Sole vuelva con vaso descartable, yo seguía presionando los botones para hacerla arrancar. —Gracias. — Pero la bebida no llegó a destino, antes de sostenerla con mis manos ella hizo ademán de acercarse más de lo permitido. Digamos que al evitarla, el café se volcó sobre la fotocopiadora. Explotó. —¡Una inútil es, viejo! ¿Por qué mierda la contrataste? —Esperé hasta la hora del almuerzo para quejarme.

—Es la hija de un amigo. Vos no te preocupes, dale algunas tareas boludas y listo.

—¿Tareas boludas? Le pedí que me saque fotocopias y rompió la fotocopiadora. Le pedí que me traiga un mísero café y lo volcó. ¿Te pensas que voy a pedirle que audite el banco?

—Bueno, che… hay que tenerle paciencia.

—Pero no se le puede tener paciencia a una pendeja que no lleva ni diez materias aprobadas. —E interrumpí el almuerzo para contestar el celular. Mi novia me llamaba sólo para saludarme aunque yo me encargué de que la charla sea más extensa.

Cuando llegué a casa, luego de tres horas de facultad, me encuentro con mi hermana sosteniendo a mi hija y a mi novia revolviendo su cartera.

—Gordito… íbamos a salir con Lu. ¿Queres quedarte con la nena o preferís que me la lleve y descansas un ratito?

—No, dejámela. Vos difrutá y cuídate. —La besé un rato hasta que Luciana nos interrumpió con un “¡Soltando, soltando!”

—¡Para! ¡Soy padre! —Me hacía burla Agustín cuando le abrí la puerta con Oli en brazos.

—¿Qué haces, boludo? Me hubieses dicho que venías y compraba algo para comer.

—Nah, no te preocupes. ¡Hola, prechocha del tío! —Y me sacó a la beba de los brazos.

—Del tío, las bolas. —Nunca voy a dejar de ser el hermano celoso.

—Justo de eso te quería hablar. —Ya se sentaba en la mesa y yo me dirigía a poner la pava para el mate. —Tu hermana me cagó.

—¿Qué hizo, Lu?

—Le contó a Lorena que estábamos saliendo. ¡Sabes el escándalo que me hizo!

—¿Perdón? ¿Vos estabas con las dos al mismo tiempo? —Estaba a punto de tirarle la yerba por la cabeza. Una mano de mi hija golpeó una de sus mejillas. De tal palo, tal astilla.

—Pensé que sabías… si, Pau fue la de la idea.

—¿QUÉ?

—Che, me parece que se cagó. —Me tendió a la beba sólo para cambiar de tema.

—¿La pasaste bien hoy? — Le pregunté cuando ingresó a la habitación sacándose las zapatillas y tirando la cartera por algún rincón. Oli ya dormía en su cuna luego de la mamadera que le calenté.

—Sí… charlamos, de todo un poco. —Me sonrió y se tiró panza abajo a la cama. —¿Y a vos, cómo te fue en tu día de padre e hija?

—Bien, bien. Ya soy un experto en canciones de cuna, jugamos un rato, nos bañamos… me enteré también de los consejos que le das a tus amigas, sobretodo a tus cuñadas. —Largó una carcajada.

—Vino Agustín. —Dedujo. —¡Ay, no te preocupes, Pepe! ¡Dejalos que se arreglen ellos!

—Bueno, pero vení… —Y la levanté para que quede sobre mí y apretar mis labios contra los suyos. —¿Sabías que soy muy feliz?

—Sí, obvio. Me lo decís todas las noches. —Ella ya estaba canchera.

—Entonces podríamos hacer lo que hace muchas noches que no hacemos. —Buscaba desabrocharle el pantalón. Ellá soltó una risa sobre mi oreja.

—¡Me vas a matar! Van treinta y nueve días. —Me lo dijo despacito.

—¡Me estás jodiendo que por un día no podemos hacerlo!

—Bueno, che. Vos me embarazaste. ¡Ahora bancatela!

—Me la banco, sí. Pero sólo porque te cuido.


Porque las quiero, porque las amo, porque soy feliz al lado de ustedes. Por esto y por mucho más es que las cuido a vos y a mi Loquita.
 



Buenas buenas volvi, disfrutenlo y comente, si hay 10 con sus nombres de tw subo otro mañana, besooos @patty_lovepyp

martes, 19 de mayo de 2015

"El arte de ser mamá"





Cómo ser mamá:
1) Despertarse a la noche para cuidar de tus hijos.
2) Mantener el hogar y cuidar de tus hijos.
3) Ser mujer y cuidar de tus hijos.
4) Ser amiga y cuidar de tus hijos.
5) Ser esposa y cuidar de tus hijos.


Abrí los ojos por el ruido ensordecedor que atravesaba el Baby-Call. Me apuré a apagarlo y mire el despertador. Tres y cuarto de la madrugada. Giré para la izquierda y dejé un beso en la espalda de aquel hombre que amaba tanto.

Caminé con los ojos cerrados hacia la habitación situada frente a la nuestra. Sonreí cuando Oli calmó su llanto con tan sólo verme. Era una Loquita, como decía su padre.

Le cambié los pañales y el pijama porque se había ensuciado un poquito. Fui con ella hasta el living y me acomodé en el sillón sentada como indio, me baje la tirita del camisón y reí cuando mi hijm     .a atajó apurada el pezón. Hice malabares para alcanzar el control remoto, puse un canal de dibujitos a volumen mínimo. No quería que Pepe se despierte, tenía que trabajar y estudiar, había días en los que llegaba demasiado cansado. Me compenetré en la pantalla por unos veinte minutos mientras palmeaba la cola de mi hija, cada tanto la miraba y sonreía al verla cerrando y abriendo sus ojitos, somnolienta. Volví a acostarla en su cuna rosa princesa y me quedé otro ratito esperando por si se despertaba.

A las cuatro y media me escabullí entre las sábanas, bostecé un par de veces, y me abracé a la espalda de mi novio para encontrar otra vez el sueño.

A las siete y media volví a despertarme con Oli a mi lado. Ella se despertaba para despedirse de su padre y él la acostaba en la cama grande para que, cuando abra los ojos, me la encuentre lista para ser alimentada de nuevo.

Desayuné con mi hija en brazos mientras charlábamos. No, Oli todavía no habla pero sus balbuceos me matan. Era lindo ver sus gestos mientras le contaba lo que íbamos a hacer en el día, ella me entendía.

—Vos contame, Lu. Yo te escucho. —Mi amiga y cuñada me vino a visitar en el momento de baño de mi hija. Decidí matar dos pájaros de un tiro y que ella me hable mientras jugaba con Oli en el agua.

—Nada… me pidió de salir, viste. —Hablaba de Agustín, obvio. —Le dije que no.

—¿Por qué? Si ya está todo bien entre él y Pepe. —Y con una mano sostenía la cabecita de la beba mientras la otra se ocupaba de fregarle el cuerpito.

 —¡Sí! Pero el tarado todavía no dejó a Lorena. Yo no pienso ser la segunda de nadie. ¡Y menos si la primera es ese gato! ¿O no? —Pero se lo preguntaba a su sobrina que estaba atenta mirándola.

—Tenes razón. ¿Pero vos le dijiste que corte con ella?

—Yo le dije que no iba a ser la segunda, quiero pensar que entendió a qué me refería. —Me reí.

—Sé que me voy a arrepentir de lo que te voy a decir… —Retiré a Oli de la bañaderita rosa y la sequé con su toalla del mismo color. —Pero… estaría bueno ver a Lorena cornuda ¿O no? Te re jodio la vida la pendeja esa, ahora que se la banque.

—Es verdad. —Ahora me seguía hasta la habitación para vestirla. —Total, en todo caso la culpa sería de Agus. — Sonrió con malicia. —¡Ay! Muero por verle la cara de cornuda. ¡Después te paso una foto!

A Luciana la despedí en una esquina, ella se iba a estudiar y yo empujaba el cochecito de la beba –ese que había elegido Gonza- rumbo al almacén. Había que comprar comida y pañales. ¡Qué combinación! Sonreía a cada persona que hacía un comentario empalagoso con respecto a mi hija mientras miraba los tomates, compraba algo de carne y algún jugo de manzana. El preferido de Pepe. En octubre, empezaba a hacer calor otra vez y todavía no sabía si protegerla o no a Oli de los rayos de sol, por eso buscaba la sombra para caminar. Fede, el hijo del verdulero, se ofreció a llevarme las bolsas hasta mi casa. Un amor, obvio que le agradecí y le dejé algo de propina, aunque él se haya negado tres veces lo obligué a que acepte.

Intentaba preparar las milanesas con un solo brazo, en el otro tenía a la nena que lloraba si la dejaba dos segundos en la cuna.

—¿Qué haces acá? —Le di un beso y él le dio uno a su hija. —¿No fuiste a la facu? —Pepe me sorprendió a las dos de la tarde.

—Me siento mal. —Apoyé mis labios en su frente.

—Tenes fiebre. ¿Querés irte a la cama? —Asintió y dejó otro beso a la beba.

Me ocupé de hacer dormir a la gorda, cosa que costó un poco, estaba muy inquieta ese día, busqué un antifebril e ingresé a nuestra habitación.

—Toma, esto te va a hacer bien. —Le di la pastilla y un vaso de agua. —Sacate la ropa, Pepe, estás hirviendo. Ahora vuelvo. —Regresé con un recipiente, agua fría y un paño.

—El calzoncillo me lo dejé por si las moscas. —Reímos, el sentido del humor no lo había perdido.

—A ver… —Escurría el paño y lo apoyaba en su frente.

—Esto lo hacía mi vieja cuando era chiquito.

—Si… los remedios caseros son mejores que cualquier aspirina.

—Y vos sos mejor mamá que la mía. —Hice un que hambre con la boca.

—Me parece que estás más vivo que tu hija. Vos quédate así… yo me voy a bañar.

—¿Me vas a dejar así, todo pachucho?

—¡Chito, la boca! Los enfermos no se pueden quejar.

Una ducha rápida, una depilación de piernas rápida, una pasada de cremas por el cuerpo rápido. Salí del baño envuelta en toallas y me asusté al no ver a Pepe en la cama. Me vestí, rápido, entorné la puerta y lo vi sentado en el sofá con nuestra hija en las piernas.

—¿Se te pasó la fiebre? —Caminé descalza por el pasillo que conducía al living. Él giró la cabeza para verme.

—No… necesitaba mimos. Y como vos me dejaste pagando, le pedí a la Loquita que me los haga. ¿O no que Mami no me quiso hacer mimitos? —Apoyó su mejilla contra la de ella y me miraron los dos.

—Sos un tonto. —Me reí y le mordí el cachete a Oli. Llevó a la beba al cuarto y yo me recosté sobre el sillón para perderme en la película, cuando volvió se tiró de golpe arriba mio.

—¿Me haces mimos? — Y lo acomodé en mi pecho para peinarle sus pelos negros y seguir compenetrándome en la pantalla chica.

—¿Qué pasa? —Porque notaba que su nariz viajaba por el largo de mi cuerpo.

—Me gusta el olor de tu piel. —Volví a mirar hacia la tele.

—¡Pepe! ¡Para un poco! —Me reí porque ya estaba levantando mi remera y tocando mis pechos, esos que estaban doblemente hinchados por el embarazo.

—Dejame… estas muy linda. —Y su boca ya recorría mi cuello. Yo no podía contener la risa.

—¡Pepe! —Golpeaba un poquito su espalda para que reaccione.

—Mmm. —No había caso.

—Yo sé que queres pero no podemos. —Ahí cayó a la tierra.

—¿Por qué?

—La cuarentena, gordo. Recién llevamos veintitrés días.

—¿Qué es eso? —Todavía estoy descifrando si su cara es de no entender o de asco.

—Después del embarazo, por cuarenta días no podemos tener sexo.

—¡PAULAA… falte al parcial de Microeconomía para que me digas esto! —Largué una carcajada.
 


Tenia pensado no volver a subir porque no comentan y si lo hice fue solo porque me lo pidio @06_Laury  asi que agradezcanle a ella jaja que lo disfruten, nos leemos. @patty_lovepyp

martes, 28 de abril de 2015

“Olivia”



Cómo cuidarme:
1) Tomar leche de mamá.
2) Cambiarme los pañales.
3) Hacerme dormir.
4) Tener mimos de papá.

Hola Papis:

Ustedes me estuvieron hablando durante todo este tiempito, ahora quiero hablar yo un ratito.

Yo sé que todavía no me salen las palabras pero un día escuché que se puede hablar con la mirada y eso es lo que voy a hacer.

A penas nací, me pusieron arriba de vos, Mami. Sentí los latidos de tu corazón cómo lo hacía cuando estaba en tu panza, pero esta vez latiendo a

mil ¿estabas nerviosa? También sentí el beso que dejó Papi en mi cabeza. ¿Por qué lloraban?

Una señora vestida de verde me llevó a una sala donde me pesó y me midió. Después vino un señor vestido de blanco que me tocó las manos y los

pies. Me pusieron pañales, me vistieron de rosa y después de un ratito me entregaron a Papá que estaba ahi esperándome para volver con Mami.
Vi que abriste los brazos para agarrarme Mami y dejarme unos besos en el cachete, Papi se entretuvo con mi pierna. ¿Sabían que siento la misma

sensación que cuando besabas la panza de Mami?

¡Tenía tantas ganas de conocerlos!

La señora que me trajo te estuvo dando unas instrucciones para darme la teta, ¡menos mal! Estoy segura de que vos no sabías ni cómo hacerlo.

Cuando se fue, al fin, me caía mal, empezaron a hablar de mí. ¡Cuántos halagos! Vos, Papi, decías que era igual que Mami. Entonces soy re linda

porque ella es hermosa.

Le dejaste un lugarcito a Papi en la cama y te sentaste, con un poquito de su ayuda, entre sus piernas. Bajaste tu camisón y me acomodaste en tu

pecho para que pueda tomar la leche. ¡Aprendiste rápido! Que lindo era verlos cómo me miraban.

—Al final… ¿Qué hacemos? ¿Nos quedamos con el nombre que habíamos pensado?

—Sí… ¿Vos qué decís, hermosa? —Me preguntabas vos, Papi, mientras me acariciabas. Yo no te contesté, estaba muy concentrada

alimentándome.

—Entonces le queda Olivia… Olivia Alfonso. Oli. —Siempre te va a gustar pronunciar mi nombre.

—Igual, yo le voy a seguir diciendo Loquita. —Y vos sos un loco, Papá.

Después de tomar la teta me dormí un ratito, cuando desperté lloré un poco porque había mucho ruido en la sala. Papi vino en seguida a

agarrarme y dejar unos cuantos besitos, pasé a los brazos de mi abuela mientras escuchaba que todos me decían que era linda y chiquita ¡Obvio,

si salí a vos, Mami! La tía Lu pegó un grito finito cuando me sostuvo y sentí unos pinches en mi cabeza ¿quién era ese chico? Nunca había

escuchado esa voz… ¿Agustín? Por último mi tío Gonza. Entérense que es mi preferido. Se reía de mis muecas ¡y yo que solo lo hacía para

agradarles un poco más!

Una semana después Papi abría la puerta de nuestro hogar. ¡Ya no aguantaba más estar en el hospital! A penas entramos un “¡Bienvenidos!” nos

aturdió. ¡Pero que molesta es nuestra familia! Yo quería pasar más tiempo con ustedes. Y encima vos, Mami, que les agradeces. ¿Por qué? Si

cuando veníamos en el auto dijiste que lo único que querías era dormir. ¡Hasta habíamos planeado una siesta entre tres! Para demostrar que no

me gustó nada esto de la reunión familiar me puse a llorar, pero bueno, como ustedes no tienen mucha experiencia en esto de los hijos, dejaron

que mi abuela de corazón me calme. Como quería que ustedes se den cuenta, lloré un poquito más fuerte y pasé a los brazos de mi abuelo y así

sucesivamente hasta que por fin caí en tus brazos, Papi. En ese momento, aprendieron que a los únicos que necesito para vivir son ustedes dos.

¿Ven como puedo hablar de muchas formas?

Cuando terminaron de comer y luego de un café decidieron irse y quedamos nosotros tres.

—Pepe… Me parece que hay que cambiarla. —¡Hasta que te diste cuenta, Mami!

—Creo que es momento de confesar que no sé cambiar pañales. —¡Hombre tenías que ser, Papi!

—Yo tampoco. —¡Te estaba defendiendo, Ma! Pero que lindo escuchar sus risas cómplices. —Igual, no creo que sea tan difícil. —¡Es una papa! Les

prometo que no lloro. —A ver como es esto… —Y me apoyaste con cuidado en el cambiador. Papi te siguió con un pañal nuevo.

—¿Cómo se le quita esto? —¡Tengo un botón, Pa! —Ah, ya sé… —Me sacaste el vestido tan despacio… te juro que no me voy a romper, Papi.

—Fijate dónde están los abrojos del pañal.

—¡Que asco! ¿Por qué verde la caca? —Bueno, Pa, perdón.

—Ni idea, pero creo que es normal. ¿La limpio con esto?

—Supongo… —Sí, Mami, límpiame con eso. —Mi vieja me dijo que hay que ponerle esta cremita para que no se le paspe. —¡Grande la Abu!

—Con el dedo ¿no? Bueno… vamos con el pañal… ¡Listo!

—¿Y sí le ponemos un pijama? —¡No, tengo calor!

—Me parece que hace calor… la dejamos así y si refresca la vestimos. —¡Soy una grosa! —¿Vamos a tomar la leche, Oli?

Un tiempito después ya estabas sentada en la cama conmigo a upa, tomando la teta. Papi llegó de improvisto y besó mi mejilla, levanté un poquito

la mano para tocarlo también. Después te dio un beso en el cuello y otro en la boca. No digan que no, yo los vi.

—¿Cansada?

—Mucho. —Y bostezaste para que vea que era verdad.

—¿Algún dolor?

—Sí, pero ya va a pasar…

—¿Tranquila?

—Rara… —Rieron.

—Yo también estoy raro… es todo nuevo esto. ¿Feliz?

—Obvio.

—¿Enamorada?

—¿Te queda alguna duda?

—Quiero que sepas que… si antes te amaba, lo que siento ahora superó todo, Pau. Te vi ahí… soportando todos los dolores en el parto. No sé

como lo hiciste.

—Lo hice sólo porque vos estabas dándome fuerzas, amor.

Acuérdense de esto, siempre pero siempre, me va a encantar verlos besarse. ¡Que lindos Papis que tengo! ¡Y que buenos también! Gracias por

dejar que duerma la siesta en el medio, gracias por decirme tantas cosas lindas y gracias por haberme esperado tanto tiempo. Espero no

defraudarlos.

¡Ah! Y perdón Papi por el golpecito que te di en la nariz, es que todavía no controlo bien mis movimientos.

Los ama.

Olivia, Olivia Alfonso, Oli. (Y tu loquita).

sábado, 25 de abril de 2015

“Bienvenida Loquita”

“Hola, mi amor: Te cuento que naciste el 23 de Agosto, te adelantaste cinco días de la fecha pautada, pesaste tres kilos novescientos gramos y mediste cincuenta y dos centímetros. ¡Sos enorme! No te asustes, Papi y yo estamos un poquito babosos con vos pero es porque te esperamos un montón. Te ama, Mami.”



Acá te mando unos tips para la dilatación en el proceso de parto:
1) Contracciones suaves cada 10 ó 15 minutos, con duración de 20 segundos. Dilatación de 1 ó 2 centímetros.
2) Contracciones cada 5 minutos, con duración entre 30 y 40 segundos, dilatación de casi 5 cm.
3) Contracciones cada 3 ó 4 minutos, con duración de 40 a 45 segundos, dilatación de unos 6 cm.
4) Contracciones cada 2 ó 3 minutos, con duración de 45 a 50 segundos, dilatación de 8 cm.
5) Contracciones cada 1 ó 2 minutos, con duración de aproximadamente 1 minuto, dilatación de casi 10 cm.

Abrí los ojos y suspiré. Sí, fue una contracción. Giré mi rostro y vi el lado izquierdo de la cama vacío, giré para el otro lado, el reloj marcaba las nueve en punto. Pepe ya se había ido a trabajar hace buen rato.

Con un poco de fuerza intenté sentarme en la cama, inhalé y exhalé repetidas veces. Volví a cerrar los ojos y quedé dormida. Veinte minutos después desperté con otra contracción y un poco transpirada. Me toqué la panza y le pedí a mi hija que espere un poquito.

Otra contracción llegó quince minutos después y junto a ella algo que fluía entre mis piernas. Me destapé y como pude miré por arriba de mi panza, un líquido marrón se escurría en el colchón. Rompí bolsa.

Me tapé la boca con la mano por la sorpresa. Un par de lágrimas recorrieron mi cara, busqué la forma de tranquilizarme. Palmeé la mesita de luz para agarrar el celular y no lo encontré. Recordé que lo había dejado en la mesa ratona la noche anterior cuando hablé con mi hermano. Largué unos insultos y respiré hondo.

Me corrí hacia el otro lado de la cama para no tocar la mancha y me recosté intentando apaciguar los dolores. Necesitaba recuperar un poco de fuerzas para caminar hasta el living.

Otra contracción se hacía presente. Llorando me levanté y comencé a caminar sosteniéndome de las paredes. Un paso por minuto, me dolía mucho la parte inferior y no sentía las piernas.

Logré sentarme en el sillón y estiré un brazo para agarrar el teléfono. Con dedos torpes presioné las teclas para buscar el nombre de Pepe.

—Hola.

—¿Pepe? —Y trataba de aparentar calmada. —¿Trabajas?

—Sí, gorda. Dentro de un rato salgo y voy a la facu. ¿Te llevo algo?

—No… —Inhalé y exhalé. —Vení para casa.

—¿Te pasa algo?

—Rompí bolsa. —Y aunque no lo tenga en frente sé que abrió los ojos y le temblaron las piernas.

—Bueno… que… quédate tranqui. Estoy saliendo… te amo hermosa.

Media hora después Pepe entraba al departamento con un poco de sudor en la frente, no vino corriendo sino que transpiraba de los nervios, me vio recostada sobre el sillón, transpirada también.

—¿Cada cuánto tenes las contracciones? —Y recién ahí me dio un beso.

—Quince minutos.

—Falta todavía… —Asentí, habíamos leído algunos tips de partos en internet. —Busco las cosas y vamos a la clínica.

Agarró el bolso que preparamos una semana antes con ropa de la nena y una muda para mí. Me levantó a upa y como pudo cerró la puerta. El viaje en auto fue más largo de lo que creí, nos tocaron todos semáforos en rojo y Pepe frenaba con cada grito que daba, producto de las contracciones.

Ya en la clínica me llevaron en sillas de ruedas a una habitación, me pidieron que espere a que tenga diez centímetros de dilatación, que tan solo tenía tres y que el trabajo podría durar horas. Total el dolor me lo bancaba yo.

—Ya llamé. —Mi novio entraba y se sentaba al lado mio. —Me atendió Mary. —Ella se iba a encargar de avisar a su familia.

—Esta bien. —Suspiré. —¿Qué pasa? —Porque se reía y no le encontraba la gracia.

—Nada… ¿te diste cuenta? Vamos a ser papás. —Y sonreí después de una contracción.

—Hace nueve meses me di cuenta.

—¿Duele mucho? No me contestes mejor. —Simplemente lo amo, era el único que me podía hacer reír en momentos como éste.

—Estás muy lindo ¿sabés? —Porque aunque esté en pleno trabajo de parto no podía dejar de babosearme con su camisa azul arremangada y su pantalón de vestir negro. Como respuesta recibí muchos besos. —¿Y que te amo sabés? —Más besos. —¿Y que… ¡Ay!

—No, no. Mejor no hables más.

No saben lo que es toda una tarde con contracciones cada vez más seguidas, Luciana llegó gritando de la emoción que iba a ser tía al fín y Gonza se asustaba cada vez que mis gritos se hacían presentes. Pepe se habrá tomado tres o cuatro cafés, supongo que a la noche no iba a dormir.

—Llegó el doctor… —Y sonreí porque reconocí a Pepe a través de toda esa ropa y el barbijo que lo tapaba hasta la nariz. Dejó un beso en mi frente. —¿La paciente ya está lista? —Me trasladaron a una sala de partos y estaba acostada con las piernas abiertas de par en par.

—Que lindo doctor que me tocó. —Yo le seguía el juego.

—Bueno, a ver mamí. A la cuenta de tres empezás a pujar. —Un doctor, de verdad, se posicionó entre mis piernas. Pepe me agarró la mano y yo junté fuerzas mientras una enfermera quitaba las gotas de sudor de mi frente y un poco de las de mi pareja, él también padecía mi sufrimiento.

Luego de cuatro pujos, por fín llegó el famoso llanto de bebé. Caí rendida en la camilla. Mi mano pasó por la frente y la cabeza de Pepe se acomodó en mi cuello, el también quedó exhausto.

—Al fin… —Suspiré aliviada. Me acomodaron a la beba sobre el pecho. —Hola hermosa. Mira, Pepe. —Él ya tenía sus ojos clavados en la nena hacía buen rato.

—Hola loquita… —Se atrevió a dejar un par de besos en su cabecita luego de bajarse el barbijo. —Bienvenida… gracias. —Eso último me lo dijo a mí. Un beso selló el momento.

Buenas buenas capitulo mañanero, disfrutenlo, espero sus comentarios, nos leemos pronto..
PDTA: con el próximo capitulo se mueren de amor, si hay mas de 10 comentarios con su nombre de tw subo otro mañana mismo he dicho @patty_lovepyp :)

miércoles, 22 de abril de 2015

“Un poco más”


“Hija: Perdón por todos los gritos que tuviste que escuchar de mi boca. Quiero que sepas que sos lo mejor que me está pasando en la vida, por suerte está Papi que nos va a calmar cada vez que necesitemos un ratito de paz. Falta sólo un poco más para que nos conozcamos. Te ama, Mami.”



Instrucciones para encontrar tranquilidad:
1) Debes estar muy cansada, malhumorada y enojada.
2) Peléate con cada persona que se te cruce en tu camino.
3) Revolea todo lo que encuentres.
4) Busca a alguien para llorar.
5) El estado de tranquilidad llegará luego de haber saturado tu límite.

Las treinta y seis semanas de embarazo llegaban con muchos gritos de mi parte. Realmente me cansaba la panza y los dolores aumentaban cada vez más.

Ya hubo muchos días que la convivencia con Pepe se tornaba insoportable, ya no aguantaba mis quejas y muchas veces terminó durmiendo en el sillón.

Luciana venía dos veces por semana para charlar conmigo, el médico me recomendó reposo total y hace días que no veía la luz del sol. Menos mal que teníamos balcón y de vez en cuando me sentaba allí para respirar aire fresco. La cosa es que yo iba en contra del mundo, no soportaba que nadie me hable y fue por eso que le pedí por favor se retiré. Había estado una hora taladrándome la cabeza con sus problemas de la facultad y su no relación con Agustín; y yo no estaba en condiciones para escuchar quejas que no fueran mías.

Gonza también se había llevado un grito mío el día que vino a visitarnos y no dejaba de preguntarme acerca de la panza, el bebé, el departamento, los juguetes, los dibujitos y la comida. Pepe lo calmó cuando se largó a llorar por mis gritos pero nadie se animaba a calmarme.

Las noches eran insoportables. La panza ya estaba enorme y a punto de estallar. No había posición alguna para que pueda dormir y pasaba horas en vela sentada sobre la cama viendo como mi novio roncaba a cuatro manos. Las ojeras se hacían presentes sumando hinchazones en mis pies, dolores en los huesos y fiebre.

—¿Por qué llegaste tarde? —Le preguntaba seria pero sin mirarlo. Estaba concentrada comiendo una milanesa con arroz.

—Hola ¿no? —Apoyó su boca en mi mejilla porque hace días que no nos besábamos, luego se agachó para dejar un par de besos en la panza.

—Son las nueve de la noche. Vos salís de trabajar a las doce y de estudiar a las cuatro. —Levanté la vista, se tomaba todo el tiempo del mundo a contestar. Dejó su saco en el sillón y se dirigió a la cocina para abrir la heladera, se sirvió un vaso de jugo y tomó un sorbo.

—Fui a mi casa y después pasé por la de Agustín. —Hace unos días habían vuelto a ser los mejores amigos como lo eran antes. No sé ni para qué le pregunté si no me interesaba. Me levanté de la silla con un poco de esfuerzo y camine hacia la habitación. —¿Me querés decir que te pasa? —Me había seguido.

—Nada, quiero ver si puedo dormir algo.

—Pau, ¿podemos hablar un rato? Desde que nos mudamos que peleamos. ¿Qué te pasa?

—Pasa que estoy embarazada, Pepe, por si no te diste cuenta. ¿Queres tener vos esta panza? Te la regalo.

—Pero calmate un poco, Pau.  Escucho tus gritos día y noche, se torna insoportable.

—Bueno, discúlpame. —apoyé mi cabeza contra el respaldo y me cubrí las piernas con la sábana. Recién ahí largué un puchero y un par de lágrimas que escurrí con mi dedo índice. —No puedo más, Pepe. —Se sacó los zapatos negros y se metió en la cama conmigo. Me quiso abrazar de costado pero yo lo corrí.

—¡Ey! Pau quiero estar un día bien con vos. Todo el tiempo peleando, si no es por una cosa, es por la otra. Estemos bien, La.

—¿Te pensas que es fácil para mí? ¡Mira cómo estoy! ¡Mirame! Estoy gorda, me siento fea. No me veo las piernas, no puedo caminar. Me salieron un montón de estrías, de celulitis, de granitos. No puedo respirar bien. No puedo dormir. No estoy cómoda, Pepe. No la estoy pasando bien. —Y él ya me estaba acariciando el pelo.

—Pau, escúchame…

—No, ese es el problema. No quiero escuchar a nadie más. Quiero que me escuchen a mí —Me señalé entre lágrimas. — No tengo ganas de que me cuenten sus problemas, no quiero saber nada acerca de mi viejo, ni de mi hermano, ni de Lu, ni de vos. Quiero estar bien yo y que me cuiden a mí.

—Bueno, perdoname… yo pensé que estabas feliz con el embarazo y…

—Es que estoy feliz pero estoy cansada. No sé porque dicen que el embarazo es una etapa hermosa, yo ya no le encuentro lo hermoso a esto. ¡Mira cómo estoy! Destruida. Te juro que me duele todo, me siento mal. Intento dormir y a penas consigo el sueño siento patadas en el medio de las costillas o en la columna ¿sabés lo que es eso? Siento contracciones y pienso que estoy por parir pero a los dos segundos se normaliza todo. Quiero que nazca ya y tener un poco de tranquilidad.

—Vení… —Abrió un poco sus piernas para que yo me siente en ese hueco y pueda apoyar mi cabeza en su pecho. Dejó un beso en mi cabeza y me acarició el brazo derecho que descansaba sobre la panza. —Perdoname por no escucharte todo este tiempo. —Asentí con la cabeza, ya no me quedaba voz. — No sabía que estabas tan mal. —Ahora besaba mi mejilla. —Te amo ¿sí? —Volví a asentir.

—Tengo miedo. —Hablé con la voz un poco temblorosa.

—¿A qué?

—A todo… al parto, al bebé, a esta vida, a que me dejes…

—Nunca te voy a dejar, sos lo mejor que me pasó en la vida y por más que nos peleemos, el amor siempre va a estar. Y con respecto a lo otro… yo también tengo miedo pero supongo que es normal. ¿Estamos juntos en esto?

—Sí. —Y giré mi cabeza para besarlo un rato, lo extrañaba.

—Solo un poco más… un poco más… un poco más… —Y entre sus palabras y mimos, caí al fin en un sueño profundo.



Chicas no voy a tener wifi por un mes y medio mas o menos ahora me agarro de pedo y como veran me cuesta un monton asi que agradeceria que comenten se vienen capitulos muy lindos, sino la voy a dejar de subir porque es al pedo si no la leen, que tengan un lindo dia @patty_lovepyp








jueves, 16 de abril de 2015

“Hogar, dulce hogar”

“Hermosa: Bienvenida a tu nuevo hogar. Cada vez falta más poco para conocerte y con Papi ya tenemos pensado tu nombre. El doctor nos dijo que medís 43 centímetros ¡Guau! ¡Que grande estás! También que pesas un kilo y medio y que estas muy sana. Sos la luz de mi vida. Te ama, Mami.”



Julio se hacía presente junto al frío y las vacaciones A los siete meses de embarazo, con Pepe decidimos que ya era hora de buscar un hogar para formar nuestra propia familia. En su casa ya no entrabamos. Su habitación era chica como para poner una cama matrimonial y no teníamos lugar para la nena. A parte teníamos ganas de estar un tiempo nosotros dos (o tres) sin que la puerta se abra por interrupciones de Lu que exigía mi amistad, Gonza que quería jugar al futbol con su cuñado, Mary buscando ropa sucia para lavar o los padres de Pepe preguntando por la panza, nuestra salud y los estudios. Queríamos paz.

Por eso, apenas terminaron los exámenes más la llegada de las vacaciones de invierno en conjunto con mi licencia de embarazo fueron el momento perfecto para encontrar nuestro nido de amor.

Comenzamos haciendo clics en avisos de internet con alquileres de departamentos y ventas de casas pero al notar como mi amiga y cuñada no paraba de darnos consejos de cómo debía ser, que medidas debía tener cada ambiente, si debía ser luminoso o no y muchos otros detalles, decidimos apagar todas las computadoras y buscar en inmobiliarias.

Después de cinco o seis visitas frustradas encontramos el departamento perfecto. Se ubicaba en Palermo, en un edificio muy lindo. Cerca de la avenida y a unas cuadras de la línea de subte. Living y comedor, cocina apartada y tres habitaciones porque pensábamos, en algún futuro, tener más hijos.

Ya a finales de julio nos vimos con camiones de mudanza que llevaban muebles (algunos nuevos y otros regalados por mis suegros) y cajas con vajilla y ropa de ambos.

Pepe, su padre, y unos primos de él se articularon para subir los muebles. Lu y yo nos distraíamos ordenando la ropa, mi novio no quería que yo haga esfuerzo y mi amiga no pensaba trabajar si yo no lo hacía.

“—Decí algo. —Papi con su cámara en mano y yo sentada en lo que era ya nuestro comedor.

—¿Estás grabando? —“Sí, dale” —Hola, hijita hermosa. —Y tire unos besitos.

—Contale a la nena que estás comiendo. —Y enfocaba el platito que reposaba en la mesa.

—Te estoy alimentando con un flancito con dulce de leche.

—No sabes lo que come tu Mami. —Comentó en tono gracioso cuando GIRÓ la cámara para enfocar su rostro.

—¡Son antojos! —Empujé su pierna y me reí. Caminé hasta nuestra habitación y me tiré en la cama. Papi me (o nos) siguió y se recostó también. Ahora ponía la cámara en alto para grabarnos a la vez.

—Con Mami te queremos conocer ¿No?

—Obvio, igual acá fuera hace frio. Así que no te apures a nacer. —Yo te seguía tirando besos.

—Eso, no te apures que no quiero que te me enfermes… mira loquita. —Porque así te llamaba a vos. —Te voy a mostrar dónde estás. —Me dio la cámara para que lo grabe. —Se sentó sobre la cama y levantó mi sweater violeta junto con mi remera blanca. —Acá, en esta pansa estás vos. Y como vos sos una loquita y sabes perfectamente que estamos hablando de vos ahora estás pateando. —Y besó la panza en donde se suponía –según la última ecografía- que estaba tu cabeza.”

Luego de días y días de tanto traqueteo por fin pudimos descansar. Por eso nos tumbamos en el sillón gris con nuestros pijamas, la ventana abierta para que entre ese vientito de invierno y una frazada que nos cubra (éramos masoquistas) mirábamos una película de comedia mientras disfrutábamos de la soledad.

—¿De que te reís? —Porque sentí su risita sobre mi piel, yo le daba la espalda mientras él me abrazaba.

—La nena no deja de moverse.

—A mí me lo vas a decir. Yo la tengo dentro. —Me dejó un beso en la cabeza.

—¿Qué se siente tener un bebé? —Y cómo extrañaba que se ponga tan meloso.

—Raro… es lindo pero fueron como muchos cambios de golpe. Nunca pensé vomitar dos meses enteros, ni aumentar once kilos. Ni comer como cerda. —Nos reímos un poquito.

—Estás hermosa. Quiero que nazca ya.

—Sí… yo también. Pero más que nada porque pesa mucho esta panza. Me duele toda la espalda. —Y como acto reflejo su mano fue a parar a mi espalda para masajearme y acariciarme. Era todo un caballero. —¿Ya te amigaste con Agus?

—No.

—¿Y no lo pensas hacer?

—La jodió a mi hermana, Pau. —Eso significaba un “ni loco”.

—Vos fuiste el que empezaste todo este embrollo con tus celos.

—Pero yo no la hice llorar. Y a mi hermana nadie la hace llorar.

—Sí que la hiciste llorar. —Le cerré la boca. —Cuando prohibiste que se vean. ¿Te creíste Hitler como para prohibirle a Lu ver a la persona que ama?

—Bueh, ¡qué ama! Agustín la conquistó con sus aires de chamuyo barato.

—Sí, bien que antes también usabas los mismos chamuyos. —Recordé viejas épocas en las que Pepe era el galán de la escuela y yo una simple adolescente de quince años suspirando en silencio por él.

—Eso fue hasta que nos pusimos de novios.

—Bueno ¿Y por qué no crees que Agustín se enamoró de tu hermana? —Suspiró enojado.

—Basta, Pau. No quiero pelear ahora. ¿Podemos tener un día en paz ahora que podemos? —Me di vuelta y me acurruqué un poco en su cuello, el me tapó aún más con la frazada. —¿Podemos dejar de hablar de la vida de los demás cuando tenemos a una que está por nacer?

— Sí, podemos. —Y agarré su nariz con mi boca. —Pero antes déjame ir al baño. —Y soltó su risa, durante todo el séptimo mes de embarazo me daban ganas de hacer pis en cada ocasión, hora y lugar.

“Hijita: Ya tenemos tu cuarto casi listo. Papi y la Abu Ana la pintaron, es blanca con mariposas rosas y lilas. Hay un montón de peluches y ya tenemos un armario lleno de ropita linda, algunas regaladas por la Tía Lu, otras tejidas por tu Abu de corazón, Mary, y otras que compramos con Papi. El tío Gonza me ayudó a elegirte un cochecito para los días que salgamos a pasear. También compramos una sillita para el auto para cuando Papi quiera llevarnos a algún lugar. Lo único que nos falta es que nos traigan la cuna rosa que elegimos, dijeron que en esta semana llegaba así que la esperamos ansiosos. Te ama, Mami."

miércoles, 15 de abril de 2015

“Gonza y vos”


“Nena: Pau dice que vas a ser nena, yo soy Gonza y creo que voy a ser tu tío. Pensé que los tíos eran siempre viejos pero yo soy un nene chiquito todavía.


Cómo ser un buen tío:
1) Si sos viejo las respuestas vienen solas.
2) Si sos chiquito preguntale a alguien de confianza.


Hace muchos días que con mamá y Pau vivimos en la casa de Pepe. ¡Está re buena esa casa! Tiene escalera, tres baños y hasta una pileta. En casa no teníamos todo esto. Me gusta mirar los dibujitos en la tele y a veces juego con los perros, Luciana dice que la hembra está embarazada y por eso está tan gorda. Le pregunté si me podía quedar con algún perrito y ella me dijo que el más lindo iba a ser para mí.

Con mamá y Pau volvimos a casa, a la de verdad, para juntar nuestras cosas. Papá no estaba, hace mucho que no lo veo y lo extraño un poco. Mami me dice que lo voy a venir a visitar cuando yo quiera pero que la ley pide que me quede con ella. Nos llevamos toda nuestra ropa y mis juguetes.

Los papás de Pepe dijeron que nos podíamos quedar en el cuarto de huéspedes. Hay una cama grande así que duermo con mamá. Igual ella dice que es por poco tiempo porque va a conseguir un trabajo que le paguen mejor que el que tiene ahora y vamos a construir una casa para vivir nosotros dos.

—¡Ey! ¿Qué pasa campeón? —Abrí la puerta del cuarto de Pepe y me quedé ahí parado esperando a que me vea.

—Nada. — En realidad no me animaba a hablar.

—¿Querés que juguemos al futbol? —Me señaló la pelota que tenía en las manos. Negué. —¿Querés que te lleve a Mc Donalds? —Volví a negar y esta vez hice puchero para llorar. —¡Epa! ¿Qué tenes? — Me agarró a upa y nos sentamos en la cama.

—Pau dijo que en unos días es mi cumple.

—Sí, ¡cumplís cinco años ya! Estas re grande. ¿Queres que te regale algo? —Negué. —¿Y que queres?

—A mi papá. —Entonces me largué a llorar muy fuerte y Pepe me abrazó para que me calme. —¡Quiero a mi papá! ¡Quiero a mi papá!

Unos días después, todos mis compañeros de jardín vinieron a mi nueva casa para festejar mis cinco años. Trajeron un castillo inflable y la mayor parte del tiempo la pasamos ahí. Había muchos chisitos, palitos y papas fritas para comer, gaseosas y vasos de plástico. Lu nos hizo jugar a la búsqueda del tesoro, nos había dado una lista de cosas que teníamos que buscar en todo el patio, el ganador, que fue Santi, se llevó una bolsa de chupetines pero lo obligamos a que comparta con nosotros. Mamá me alzó a upa para pinchar la piñata. Antes de que la fiesta terminara nos juntamos todos alrededor de la mesa y apagaron las luces, mi hermana llegó con una torta y una vela celeste con el número cinco. Apagué la vela cuando mis amigos me cantaron el feliz cumpleaños.

Cuando prendieron las luces de vuelta, Pepe, que no había estado en mi cumple, entró por la puerta seguido de mi papá. Pau lo miró mal y se fue. Yo corrí a abrazarlo, estaba feliz de volver a ver a papá.

—¿Que pasa, Gon? —A la noche, cuando todos dormían, salí de la pieza que compartía con mamá y fui a la de Pepe. Él estaba sentado en su cama mientras Pau dormía.

—¿Se enojó conmigo? —Pregunté un poco triste. Había escuchado unos gritos de ella.

—No… conmigo.

—¿Por qué?

—No importa, ¿la pasaste bien hoy? —Asentí y me senté sobre las piernas de Pepe que descansaban a lo largo de la cama. El acariciaba la mejilla de Pau.

—Papá me regaló un auto a control remoto.

—¡Qué bueno! ¿La torta estaba rica?

—Sí. La hizo Pau.

—Cocina rico tu hermana. —Hice que sí con la cabeza.

—¿Por qué Pau no quiere a papá?

—Sí que lo quiere. Lo que pasa es que está enojada con él porque se portó mal.

—Mamá dice que voy a ser tío. —Me gusta cambiar de tema.

—Ajam. —Bostezó, creo que lo estaba aburriendo.

—Yo pensé que los tíos eran todos viejos. —Se rio de mí.

—¿Por qué?

—Mis tíos son re viejos. Tienen arrugas y les faltan los dientes. A mí el otro día se me cayó un diente pero mamá dice que me va a volver a crecer. —¿O era que me estaba volviendo viejo?

—Vos vas a ser tío porque sos hermano de Pau, no tiene nada que ver la edad. Lu también va a ser tía.

—¿Lu es hermana de Pau? —Recién me entero.

—No, es mi hermana. Y como yo soy el papá del bebé de Pau, entonces Lu es tía.

—Ahh. Pero yo no soy el hermano de Pau.

—Bueh, sos el medio hermano pero para el caso es lo mismo. ¿Vos querés ser tío? —Elevé los hombros.

—No sé. ¿Qué hacen los tíos?

—Nada. Cuidan a sus sobrinos.

—¿Qué es un sobrino? —No entendía todas estas palabras.

—Cuando uno es tío, es tío del sobrino. O sea que para vos, el bebé va a ser tu sobrino. ¿Entendés? —Negué. —No importa, sos tío y punto.

—¿Y mamá qué es?

—Es un poco difícil… porque tu mamá no es pariente de Pau.

—Pero es mi mamá y yo soy el tío. —Suspiró.

—Pero tu papá es el papá de Pau, en cambio tu mamá no. Ella vendría a ser como una abuela de corazón, mi mamá sería la abuela de sangre.

—¿Y la mamá de Pau es la abuela?

—Sí, la cuida desde el cielo.

—¿Por qué murió la mamá de Pau?

—Porque todas las personas se mueren alguna vez, algunos más jóvenes y otros más viejos.

—Yo no quiero que la mía muera. Ya le hice prometer que por lo menos viva cien años. ¿Es mucho tiempo eso?

—Puf, un montón. ¿Qué otras dudas tenes? —Y me quedé un ratito pensando.

—¿Cuándo voy a ser papá yo?

—Cuando tengas novia.

—Pero yo ya tengo novia, es Camila.

—¡Mira vos! No te tenía así.

—Entonces, ¿voy a ser papá? —Abrí los ojos.

—No… Falta todavía. Los novios tienen que hacer cosas para ser padres.

—¿Plantarle la semillita? Eso me dijo Pau el otro día.

—Claro.

—¿Y cómo se hace para plantarle la semillita? ¿En dónde se le planta? —Se rascó la cabeza.

—¡Que charleta que estas! Ya lo vas a descubrir cuando seas grande. Y ojito con querer plantarle alguna semillita a Cami.

—Bueno… —Miré la panza de Pau por un tiempo. —¿Cuánto falta para que salga?

—Tres meses.

—¿Eso es mucho o poco?

—Es mucho pero pasa volando. Todavía tiene que crecer un poco más.

—Se va a volver re gorda Pau.

—Sí. Pero conociéndola a tu hermana después empieza a hacer gimnasia.

—¿Y por donde va a salir? —Se rio de mi pregunta. Siempre lo hace.

—Por la cola.

—¿Los bebés nacen en el baño?

—No, en el hospital. Hay un doctor que se ocupa de que el bebé salga.

—¿Un doctor le va a mirar la cola a Pau? —Puso su cabeza de costado.

—Digamos… que si… pero va a estar ocupado en el bebé, no va a estar pendiente de la cola… sino le corto el cuello.

—¿Por qué las chicas son las que tienen al bebé?

—Porque los hombres no nacimos para esto.

—¿Y para que nacimos? —Pepe siempre respondía a todas mis dudas.

—Para cuidarlas.

—¿Vos la cuidas a Pau?

—Obvio, ¿y sabes por qué la cuido? —Negué. —Porque ella es mi vida y si le llega a pasar algo, me muero. Por eso tenes que cuidar a las personas que amas. —Asentí, él siempre me daba consejos. Mis ojos se quedaron quietos en la panza de Pau, sentí algo raro cuando mi pie la tocó sin querer.

—¿Qué fue eso?

—¿Qué cosa?

—Sentí algo acá.

—Es la nena, sabe que estamos hablando de ellas entonces se mueve.

—¡Guau! ¿Escucha desde ahí?

—Sí… ¿le queres decir algo? —Negué. No me animaba.

—¿Le puedo dar un beso? —Y me agaché un poco para dejar un besito sobre la panza y seguir sintiendo cómo se movía.


Presentee, que tengan una linda noche. @patty_lovepyp