jueves, 21 de mayo de 2015
“El arte de ser papá”
Cómo ser padre:
1) Cuidar de tus hijos.
2) Cuidar de tu mujer.
3) Cuidar de tus hijos y tu mujer, al mismo tiempo.
4) Ser feliz cuidando de tus hijos y tu mujer.
Tres y cuarto de la madrugada escuché a mi hija que lloraba a través del Baby – Call. Dos segundos después, el ruido terminó. Era Pau que se apuraba a tocar el botón de off del aparato para que yo no despierte, no se daba cuenta que todas las noches simulaba con los ojos cerrados estar en un sueño profundo, dejó un beso en mi espalda y caminó hacia la habitación de Oli. Todas las noches lo mismo, salvo los fines de semana que era yo el que me levantaba.
Cerca de las cuatro y media, Pau siempre se escabullía entre las sábanas, bostezaba un par de veces y me abrazaba por detrás. Inmediatamente me daba vuelta y dejaba que su cara se hunda en mi cuello mientras la llevaba hacia mí y dormir los dos juntos. Lo habré dicho mil veces, si ella no dormía, yo no dormía.
A las seis sonaba mi despertador, era yo el que se apuraba a apagarlo y caminaba a pasos torpes hacia el baño para pegarme una ducha rápida y despabilarme. Luego me vestía de camisa y pantalón, y buscaba a mi beba que ya estaba con los ojos abiertos, esperándome.
—Buen día, Loquita. —Y le dejaba miles de besos sonoros en su mejilla mientras ella se ocupaba de enganchar mi nariz. Le cambiaba rápido los pañales y me iba a desayunar con ella.
Antes de irme, la acomodaba en mi cama, cerca de su madre. Dejaba algunos besos en la boca de cada una y partía hacia el empleo.
En tan sólo quince minutos ya me encontraba en el banco, saludaba a mi viejo que lo primero que hacía era preguntarme como estaban Oli y Pau. Tomaba algunos papeles y me dirigía a mi box para comenzar mi trabajo. No sin antes besar las mejillas de mis compañeras y palmearle las espaldas a mis compañeros.
—¿Necesitas ayuda? —Sole me sorprendió cuando estaba concentrado en terminar una tabla de Excel, pestañeé rápido y la miré.
—No, gracias… —Pero no se fue, se quedó ahí paradita vigilándome. — Pensándolo bien… ¿Me harías el favor de sacarme dos copias de cada hoja? —Y de un manoteo agarré una pila, bastante considerada, de hojas que ni siquiera sabía lo que decían.
—Obvio, te hago lo que quieras. —¿Fue en doble sentido?
—Está hasta las manos con vos la pendeja. —Porque sí, Sole era una chica de apenas diecinueve años que recién empezaba su carrera de contadora en la UBA. Francisco me hizo burla de atrás.
—Lástima que todavía no notó el portarretratos de dos metros que tengo en mi escritorio con una foto de mi mujer y mi hija. —Todos allí sabían que ni loco ni mamado le iba a fallar a Pau.
—¡Ay, Pepe! ¡No sabes lo que me pasó! —Llegó Sole después de cinco minutos agarrándose la cabeza.
—Si no me decís, no voy a saber. —Y me saqué los lentes que usaba para descansar la vista frente a la computadora y mirarla.
—Se me atascaron las hojas en la fotocopiadora y no puedo sacarlas. —Ya me lo esperaba, era demasiado torpe.
—A ver… —Y dejé los lentes sobre el teclado, me levanté y caminamos hacia la otra sala. Busqué la tapa del aparato y visualicé los mecanismos ¡como si supiera lo que estaba tocando! —Acá está la hoja, voy a ver si la puedo sacar.
—A ver… — Y se agachó a mi altura para quedar cerca de mi boca.
—¿Por qué mejor no me traes un cafecito, dale? —Y suspiré cuando la vi alejarse. Otros cinco minutos pasaron para que Sole vuelva con vaso descartable, yo seguía presionando los botones para hacerla arrancar. —Gracias. — Pero la bebida no llegó a destino, antes de sostenerla con mis manos ella hizo ademán de acercarse más de lo permitido. Digamos que al evitarla, el café se volcó sobre la fotocopiadora. Explotó. —¡Una inútil es, viejo! ¿Por qué mierda la contrataste? —Esperé hasta la hora del almuerzo para quejarme.
—Es la hija de un amigo. Vos no te preocupes, dale algunas tareas boludas y listo.
—¿Tareas boludas? Le pedí que me saque fotocopias y rompió la fotocopiadora. Le pedí que me traiga un mísero café y lo volcó. ¿Te pensas que voy a pedirle que audite el banco?
—Bueno, che… hay que tenerle paciencia.
—Pero no se le puede tener paciencia a una pendeja que no lleva ni diez materias aprobadas. —E interrumpí el almuerzo para contestar el celular. Mi novia me llamaba sólo para saludarme aunque yo me encargué de que la charla sea más extensa.
Cuando llegué a casa, luego de tres horas de facultad, me encuentro con mi hermana sosteniendo a mi hija y a mi novia revolviendo su cartera.
—Gordito… íbamos a salir con Lu. ¿Queres quedarte con la nena o preferís que me la lleve y descansas un ratito?
—No, dejámela. Vos difrutá y cuídate. —La besé un rato hasta que Luciana nos interrumpió con un “¡Soltando, soltando!”
—¡Para! ¡Soy padre! —Me hacía burla Agustín cuando le abrí la puerta con Oli en brazos.
—¿Qué haces, boludo? Me hubieses dicho que venías y compraba algo para comer.
—Nah, no te preocupes. ¡Hola, prechocha del tío! —Y me sacó a la beba de los brazos.
—Del tío, las bolas. —Nunca voy a dejar de ser el hermano celoso.
—Justo de eso te quería hablar. —Ya se sentaba en la mesa y yo me dirigía a poner la pava para el mate. —Tu hermana me cagó.
—¿Qué hizo, Lu?
—Le contó a Lorena que estábamos saliendo. ¡Sabes el escándalo que me hizo!
—¿Perdón? ¿Vos estabas con las dos al mismo tiempo? —Estaba a punto de tirarle la yerba por la cabeza. Una mano de mi hija golpeó una de sus mejillas. De tal palo, tal astilla.
—Pensé que sabías… si, Pau fue la de la idea.
—¿QUÉ?
—Che, me parece que se cagó. —Me tendió a la beba sólo para cambiar de tema.
—¿La pasaste bien hoy? — Le pregunté cuando ingresó a la habitación sacándose las zapatillas y tirando la cartera por algún rincón. Oli ya dormía en su cuna luego de la mamadera que le calenté.
—Sí… charlamos, de todo un poco. —Me sonrió y se tiró panza abajo a la cama. —¿Y a vos, cómo te fue en tu día de padre e hija?
—Bien, bien. Ya soy un experto en canciones de cuna, jugamos un rato, nos bañamos… me enteré también de los consejos que le das a tus amigas, sobretodo a tus cuñadas. —Largó una carcajada.
—Vino Agustín. —Dedujo. —¡Ay, no te preocupes, Pepe! ¡Dejalos que se arreglen ellos!
—Bueno, pero vení… —Y la levanté para que quede sobre mí y apretar mis labios contra los suyos. —¿Sabías que soy muy feliz?
—Sí, obvio. Me lo decís todas las noches. —Ella ya estaba canchera.
—Entonces podríamos hacer lo que hace muchas noches que no hacemos. —Buscaba desabrocharle el pantalón. Ellá soltó una risa sobre mi oreja.
—¡Me vas a matar! Van treinta y nueve días. —Me lo dijo despacito.
—¡Me estás jodiendo que por un día no podemos hacerlo!
—Bueno, che. Vos me embarazaste. ¡Ahora bancatela!
—Me la banco, sí. Pero sólo porque te cuido.
Porque las quiero, porque las amo, porque soy feliz al lado de ustedes. Por esto y por mucho más es que las cuido a vos y a mi Loquita.
Buenas buenas volvi, disfrutenlo y comente, si hay 10 con sus nombres de tw subo otro mañana, besooos @patty_lovepyp
martes, 19 de mayo de 2015
"El arte de ser mamá"
Cómo ser mamá:
1) Despertarse a la noche para cuidar de tus hijos.
2) Mantener el hogar y cuidar de tus hijos.
3) Ser mujer y cuidar de tus hijos.
4) Ser amiga y cuidar de tus hijos.
5) Ser esposa y cuidar de tus hijos.
Abrí los ojos por el ruido ensordecedor que atravesaba el Baby-Call. Me apuré a apagarlo y mire el despertador. Tres y cuarto de la madrugada. Giré para la izquierda y dejé un beso en la espalda de aquel hombre que amaba tanto.
Caminé con los ojos cerrados hacia la habitación situada frente a la nuestra. Sonreí cuando Oli calmó su llanto con tan sólo verme. Era una Loquita, como decía su padre.
Le cambié los pañales y el pijama porque se había ensuciado un poquito. Fui con ella hasta el living y me acomodé en el sillón sentada como indio, me baje la tirita del camisón y reí cuando mi hijm .a atajó apurada el pezón. Hice malabares para alcanzar el control remoto, puse un canal de dibujitos a volumen mínimo. No quería que Pepe se despierte, tenía que trabajar y estudiar, había días en los que llegaba demasiado cansado. Me compenetré en la pantalla por unos veinte minutos mientras palmeaba la cola de mi hija, cada tanto la miraba y sonreía al verla cerrando y abriendo sus ojitos, somnolienta. Volví a acostarla en su cuna rosa princesa y me quedé otro ratito esperando por si se despertaba.
A las cuatro y media me escabullí entre las sábanas, bostecé un par de veces, y me abracé a la espalda de mi novio para encontrar otra vez el sueño.
A las siete y media volví a despertarme con Oli a mi lado. Ella se despertaba para despedirse de su padre y él la acostaba en la cama grande para que, cuando abra los ojos, me la encuentre lista para ser alimentada de nuevo.
Desayuné con mi hija en brazos mientras charlábamos. No, Oli todavía no habla pero sus balbuceos me matan. Era lindo ver sus gestos mientras le contaba lo que íbamos a hacer en el día, ella me entendía.
—Vos contame, Lu. Yo te escucho. —Mi amiga y cuñada me vino a visitar en el momento de baño de mi hija. Decidí matar dos pájaros de un tiro y que ella me hable mientras jugaba con Oli en el agua.
—Nada… me pidió de salir, viste. —Hablaba de Agustín, obvio. —Le dije que no.
—¿Por qué? Si ya está todo bien entre él y Pepe. —Y con una mano sostenía la cabecita de la beba mientras la otra se ocupaba de fregarle el cuerpito.
—¡Sí! Pero el tarado todavía no dejó a Lorena. Yo no pienso ser la segunda de nadie. ¡Y menos si la primera es ese gato! ¿O no? —Pero se lo preguntaba a su sobrina que estaba atenta mirándola.
—Tenes razón. ¿Pero vos le dijiste que corte con ella?
—Yo le dije que no iba a ser la segunda, quiero pensar que entendió a qué me refería. —Me reí.
—Sé que me voy a arrepentir de lo que te voy a decir… —Retiré a Oli de la bañaderita rosa y la sequé con su toalla del mismo color. —Pero… estaría bueno ver a Lorena cornuda ¿O no? Te re jodio la vida la pendeja esa, ahora que se la banque.
—Es verdad. —Ahora me seguía hasta la habitación para vestirla. —Total, en todo caso la culpa sería de Agus. — Sonrió con malicia. —¡Ay! Muero por verle la cara de cornuda. ¡Después te paso una foto!
A Luciana la despedí en una esquina, ella se iba a estudiar y yo empujaba el cochecito de la beba –ese que había elegido Gonza- rumbo al almacén. Había que comprar comida y pañales. ¡Qué combinación! Sonreía a cada persona que hacía un comentario empalagoso con respecto a mi hija mientras miraba los tomates, compraba algo de carne y algún jugo de manzana. El preferido de Pepe. En octubre, empezaba a hacer calor otra vez y todavía no sabía si protegerla o no a Oli de los rayos de sol, por eso buscaba la sombra para caminar. Fede, el hijo del verdulero, se ofreció a llevarme las bolsas hasta mi casa. Un amor, obvio que le agradecí y le dejé algo de propina, aunque él se haya negado tres veces lo obligué a que acepte.
Intentaba preparar las milanesas con un solo brazo, en el otro tenía a la nena que lloraba si la dejaba dos segundos en la cuna.
—¿Qué haces acá? —Le di un beso y él le dio uno a su hija. —¿No fuiste a la facu? —Pepe me sorprendió a las dos de la tarde.
—Me siento mal. —Apoyé mis labios en su frente.
—Tenes fiebre. ¿Querés irte a la cama? —Asintió y dejó otro beso a la beba.
Me ocupé de hacer dormir a la gorda, cosa que costó un poco, estaba muy inquieta ese día, busqué un antifebril e ingresé a nuestra habitación.
—Toma, esto te va a hacer bien. —Le di la pastilla y un vaso de agua. —Sacate la ropa, Pepe, estás hirviendo. Ahora vuelvo. —Regresé con un recipiente, agua fría y un paño.
—El calzoncillo me lo dejé por si las moscas. —Reímos, el sentido del humor no lo había perdido.
—A ver… —Escurría el paño y lo apoyaba en su frente.
—Esto lo hacía mi vieja cuando era chiquito.
—Si… los remedios caseros son mejores que cualquier aspirina.
—Y vos sos mejor mamá que la mía. —Hice un que hambre con la boca.
—Me parece que estás más vivo que tu hija. Vos quédate así… yo me voy a bañar.
—¿Me vas a dejar así, todo pachucho?
—¡Chito, la boca! Los enfermos no se pueden quejar.
Una ducha rápida, una depilación de piernas rápida, una pasada de cremas por el cuerpo rápido. Salí del baño envuelta en toallas y me asusté al no ver a Pepe en la cama. Me vestí, rápido, entorné la puerta y lo vi sentado en el sofá con nuestra hija en las piernas.
—¿Se te pasó la fiebre? —Caminé descalza por el pasillo que conducía al living. Él giró la cabeza para verme.
—No… necesitaba mimos. Y como vos me dejaste pagando, le pedí a la Loquita que me los haga. ¿O no que Mami no me quiso hacer mimitos? —Apoyó su mejilla contra la de ella y me miraron los dos.
—Sos un tonto. —Me reí y le mordí el cachete a Oli. Llevó a la beba al cuarto y yo me recosté sobre el sillón para perderme en la película, cuando volvió se tiró de golpe arriba mio.
—¿Me haces mimos? — Y lo acomodé en mi pecho para peinarle sus pelos negros y seguir compenetrándome en la pantalla chica.
—¿Qué pasa? —Porque notaba que su nariz viajaba por el largo de mi cuerpo.
—Me gusta el olor de tu piel. —Volví a mirar hacia la tele.
—¡Pepe! ¡Para un poco! —Me reí porque ya estaba levantando mi remera y tocando mis pechos, esos que estaban doblemente hinchados por el embarazo.
—Dejame… estas muy linda. —Y su boca ya recorría mi cuello. Yo no podía contener la risa.
—¡Pepe! —Golpeaba un poquito su espalda para que reaccione.
—Mmm. —No había caso.
—Yo sé que queres pero no podemos. —Ahí cayó a la tierra.
—¿Por qué?
—La cuarentena, gordo. Recién llevamos veintitrés días.
—¿Qué es eso? —Todavía estoy descifrando si su cara es de no entender o de asco.
—Después del embarazo, por cuarenta días no podemos tener sexo.
—¡PAULAA… falte al parcial de Microeconomía para que me digas esto! —Largué una carcajada.
Tenia pensado no volver a subir porque no comentan y si lo hice fue solo porque me lo pidio @06_Laury asi que agradezcanle a ella jaja que lo disfruten, nos leemos. @patty_lovepyp
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