martes, 28 de abril de 2015
“Olivia”
Cómo cuidarme:
1) Tomar leche de mamá.
2) Cambiarme los pañales.
3) Hacerme dormir.
4) Tener mimos de papá.
Hola Papis:
Ustedes me estuvieron hablando durante todo este tiempito, ahora quiero hablar yo un ratito.
Yo sé que todavía no me salen las palabras pero un día escuché que se puede hablar con la mirada y eso es lo que voy a hacer.
A penas nací, me pusieron arriba de vos, Mami. Sentí los latidos de tu corazón cómo lo hacía cuando estaba en tu panza, pero esta vez latiendo a
mil ¿estabas nerviosa? También sentí el beso que dejó Papi en mi cabeza. ¿Por qué lloraban?
Una señora vestida de verde me llevó a una sala donde me pesó y me midió. Después vino un señor vestido de blanco que me tocó las manos y los
pies. Me pusieron pañales, me vistieron de rosa y después de un ratito me entregaron a Papá que estaba ahi esperándome para volver con Mami.
Vi que abriste los brazos para agarrarme Mami y dejarme unos besos en el cachete, Papi se entretuvo con mi pierna. ¿Sabían que siento la misma
sensación que cuando besabas la panza de Mami?
¡Tenía tantas ganas de conocerlos!
La señora que me trajo te estuvo dando unas instrucciones para darme la teta, ¡menos mal! Estoy segura de que vos no sabías ni cómo hacerlo.
Cuando se fue, al fin, me caía mal, empezaron a hablar de mí. ¡Cuántos halagos! Vos, Papi, decías que era igual que Mami. Entonces soy re linda
porque ella es hermosa.
Le dejaste un lugarcito a Papi en la cama y te sentaste, con un poquito de su ayuda, entre sus piernas. Bajaste tu camisón y me acomodaste en tu
pecho para que pueda tomar la leche. ¡Aprendiste rápido! Que lindo era verlos cómo me miraban.
—Al final… ¿Qué hacemos? ¿Nos quedamos con el nombre que habíamos pensado?
—Sí… ¿Vos qué decís, hermosa? —Me preguntabas vos, Papi, mientras me acariciabas. Yo no te contesté, estaba muy concentrada
alimentándome.
—Entonces le queda Olivia… Olivia Alfonso. Oli. —Siempre te va a gustar pronunciar mi nombre.
—Igual, yo le voy a seguir diciendo Loquita. —Y vos sos un loco, Papá.
Después de tomar la teta me dormí un ratito, cuando desperté lloré un poco porque había mucho ruido en la sala. Papi vino en seguida a
agarrarme y dejar unos cuantos besitos, pasé a los brazos de mi abuela mientras escuchaba que todos me decían que era linda y chiquita ¡Obvio,
si salí a vos, Mami! La tía Lu pegó un grito finito cuando me sostuvo y sentí unos pinches en mi cabeza ¿quién era ese chico? Nunca había
escuchado esa voz… ¿Agustín? Por último mi tío Gonza. Entérense que es mi preferido. Se reía de mis muecas ¡y yo que solo lo hacía para
agradarles un poco más!
Una semana después Papi abría la puerta de nuestro hogar. ¡Ya no aguantaba más estar en el hospital! A penas entramos un “¡Bienvenidos!” nos
aturdió. ¡Pero que molesta es nuestra familia! Yo quería pasar más tiempo con ustedes. Y encima vos, Mami, que les agradeces. ¿Por qué? Si
cuando veníamos en el auto dijiste que lo único que querías era dormir. ¡Hasta habíamos planeado una siesta entre tres! Para demostrar que no
me gustó nada esto de la reunión familiar me puse a llorar, pero bueno, como ustedes no tienen mucha experiencia en esto de los hijos, dejaron
que mi abuela de corazón me calme. Como quería que ustedes se den cuenta, lloré un poquito más fuerte y pasé a los brazos de mi abuelo y así
sucesivamente hasta que por fin caí en tus brazos, Papi. En ese momento, aprendieron que a los únicos que necesito para vivir son ustedes dos.
¿Ven como puedo hablar de muchas formas?
Cuando terminaron de comer y luego de un café decidieron irse y quedamos nosotros tres.
—Pepe… Me parece que hay que cambiarla. —¡Hasta que te diste cuenta, Mami!
—Creo que es momento de confesar que no sé cambiar pañales. —¡Hombre tenías que ser, Papi!
—Yo tampoco. —¡Te estaba defendiendo, Ma! Pero que lindo escuchar sus risas cómplices. —Igual, no creo que sea tan difícil. —¡Es una papa! Les
prometo que no lloro. —A ver como es esto… —Y me apoyaste con cuidado en el cambiador. Papi te siguió con un pañal nuevo.
—¿Cómo se le quita esto? —¡Tengo un botón, Pa! —Ah, ya sé… —Me sacaste el vestido tan despacio… te juro que no me voy a romper, Papi.
—Fijate dónde están los abrojos del pañal.
—¡Que asco! ¿Por qué verde la caca? —Bueno, Pa, perdón.
—Ni idea, pero creo que es normal. ¿La limpio con esto?
—Supongo… —Sí, Mami, límpiame con eso. —Mi vieja me dijo que hay que ponerle esta cremita para que no se le paspe. —¡Grande la Abu!
—Con el dedo ¿no? Bueno… vamos con el pañal… ¡Listo!
—¿Y sí le ponemos un pijama? —¡No, tengo calor!
—Me parece que hace calor… la dejamos así y si refresca la vestimos. —¡Soy una grosa! —¿Vamos a tomar la leche, Oli?
Un tiempito después ya estabas sentada en la cama conmigo a upa, tomando la teta. Papi llegó de improvisto y besó mi mejilla, levanté un poquito
la mano para tocarlo también. Después te dio un beso en el cuello y otro en la boca. No digan que no, yo los vi.
—¿Cansada?
—Mucho. —Y bostezaste para que vea que era verdad.
—¿Algún dolor?
—Sí, pero ya va a pasar…
—¿Tranquila?
—Rara… —Rieron.
—Yo también estoy raro… es todo nuevo esto. ¿Feliz?
—Obvio.
—¿Enamorada?
—¿Te queda alguna duda?
—Quiero que sepas que… si antes te amaba, lo que siento ahora superó todo, Pau. Te vi ahí… soportando todos los dolores en el parto. No sé
como lo hiciste.
—Lo hice sólo porque vos estabas dándome fuerzas, amor.
Acuérdense de esto, siempre pero siempre, me va a encantar verlos besarse. ¡Que lindos Papis que tengo! ¡Y que buenos también! Gracias por
dejar que duerma la siesta en el medio, gracias por decirme tantas cosas lindas y gracias por haberme esperado tanto tiempo. Espero no
defraudarlos.
¡Ah! Y perdón Papi por el golpecito que te di en la nariz, es que todavía no controlo bien mis movimientos.
Los ama.
Olivia, Olivia Alfonso, Oli. (Y tu loquita).
sábado, 25 de abril de 2015
“Bienvenida Loquita”
“Hola, mi amor: Te cuento que naciste el 23 de Agosto, te adelantaste cinco días de la fecha pautada, pesaste tres kilos novescientos gramos y mediste cincuenta y dos centímetros. ¡Sos enorme! No te asustes, Papi y yo estamos un poquito babosos con vos pero es porque te esperamos un montón. Te ama, Mami.”
Acá te mando unos tips para la dilatación en el proceso de parto:
1) Contracciones suaves cada 10 ó 15 minutos, con duración de 20 segundos. Dilatación de 1 ó 2 centímetros.
2) Contracciones cada 5 minutos, con duración entre 30 y 40 segundos, dilatación de casi 5 cm.
3) Contracciones cada 3 ó 4 minutos, con duración de 40 a 45 segundos, dilatación de unos 6 cm.
4) Contracciones cada 2 ó 3 minutos, con duración de 45 a 50 segundos, dilatación de 8 cm.
5) Contracciones cada 1 ó 2 minutos, con duración de aproximadamente 1 minuto, dilatación de casi 10 cm.
Abrí los ojos y suspiré. Sí, fue una contracción. Giré mi rostro y vi el lado izquierdo de la cama vacío, giré para el otro lado, el reloj marcaba las nueve en punto. Pepe ya se había ido a trabajar hace buen rato.
Con un poco de fuerza intenté sentarme en la cama, inhalé y exhalé repetidas veces. Volví a cerrar los ojos y quedé dormida. Veinte minutos después desperté con otra contracción y un poco transpirada. Me toqué la panza y le pedí a mi hija que espere un poquito.
Otra contracción llegó quince minutos después y junto a ella algo que fluía entre mis piernas. Me destapé y como pude miré por arriba de mi panza, un líquido marrón se escurría en el colchón. Rompí bolsa.
Me tapé la boca con la mano por la sorpresa. Un par de lágrimas recorrieron mi cara, busqué la forma de tranquilizarme. Palmeé la mesita de luz para agarrar el celular y no lo encontré. Recordé que lo había dejado en la mesa ratona la noche anterior cuando hablé con mi hermano. Largué unos insultos y respiré hondo.
Me corrí hacia el otro lado de la cama para no tocar la mancha y me recosté intentando apaciguar los dolores. Necesitaba recuperar un poco de fuerzas para caminar hasta el living.
Otra contracción se hacía presente. Llorando me levanté y comencé a caminar sosteniéndome de las paredes. Un paso por minuto, me dolía mucho la parte inferior y no sentía las piernas.
Logré sentarme en el sillón y estiré un brazo para agarrar el teléfono. Con dedos torpes presioné las teclas para buscar el nombre de Pepe.
—Hola.
—¿Pepe? —Y trataba de aparentar calmada. —¿Trabajas?
—Sí, gorda. Dentro de un rato salgo y voy a la facu. ¿Te llevo algo?
—No… —Inhalé y exhalé. —Vení para casa.
—¿Te pasa algo?
—Rompí bolsa. —Y aunque no lo tenga en frente sé que abrió los ojos y le temblaron las piernas.
—Bueno… que… quédate tranqui. Estoy saliendo… te amo hermosa.
Media hora después Pepe entraba al departamento con un poco de sudor en la frente, no vino corriendo sino que transpiraba de los nervios, me vio recostada sobre el sillón, transpirada también.
—¿Cada cuánto tenes las contracciones? —Y recién ahí me dio un beso.
—Quince minutos.
—Falta todavía… —Asentí, habíamos leído algunos tips de partos en internet. —Busco las cosas y vamos a la clínica.
Agarró el bolso que preparamos una semana antes con ropa de la nena y una muda para mí. Me levantó a upa y como pudo cerró la puerta. El viaje en auto fue más largo de lo que creí, nos tocaron todos semáforos en rojo y Pepe frenaba con cada grito que daba, producto de las contracciones.
Ya en la clínica me llevaron en sillas de ruedas a una habitación, me pidieron que espere a que tenga diez centímetros de dilatación, que tan solo tenía tres y que el trabajo podría durar horas. Total el dolor me lo bancaba yo.
—Ya llamé. —Mi novio entraba y se sentaba al lado mio. —Me atendió Mary. —Ella se iba a encargar de avisar a su familia.
—Esta bien. —Suspiré. —¿Qué pasa? —Porque se reía y no le encontraba la gracia.
—Nada… ¿te diste cuenta? Vamos a ser papás. —Y sonreí después de una contracción.
—Hace nueve meses me di cuenta.
—¿Duele mucho? No me contestes mejor. —Simplemente lo amo, era el único que me podía hacer reír en momentos como éste.
—Estás muy lindo ¿sabés? —Porque aunque esté en pleno trabajo de parto no podía dejar de babosearme con su camisa azul arremangada y su pantalón de vestir negro. Como respuesta recibí muchos besos. —¿Y que te amo sabés? —Más besos. —¿Y que… ¡Ay!
—No, no. Mejor no hables más.
No saben lo que es toda una tarde con contracciones cada vez más seguidas, Luciana llegó gritando de la emoción que iba a ser tía al fín y Gonza se asustaba cada vez que mis gritos se hacían presentes. Pepe se habrá tomado tres o cuatro cafés, supongo que a la noche no iba a dormir.
—Llegó el doctor… —Y sonreí porque reconocí a Pepe a través de toda esa ropa y el barbijo que lo tapaba hasta la nariz. Dejó un beso en mi frente. —¿La paciente ya está lista? —Me trasladaron a una sala de partos y estaba acostada con las piernas abiertas de par en par.
—Que lindo doctor que me tocó. —Yo le seguía el juego.
—Bueno, a ver mamí. A la cuenta de tres empezás a pujar. —Un doctor, de verdad, se posicionó entre mis piernas. Pepe me agarró la mano y yo junté fuerzas mientras una enfermera quitaba las gotas de sudor de mi frente y un poco de las de mi pareja, él también padecía mi sufrimiento.
Luego de cuatro pujos, por fín llegó el famoso llanto de bebé. Caí rendida en la camilla. Mi mano pasó por la frente y la cabeza de Pepe se acomodó en mi cuello, el también quedó exhausto.
—Al fin… —Suspiré aliviada. Me acomodaron a la beba sobre el pecho. —Hola hermosa. Mira, Pepe. —Él ya tenía sus ojos clavados en la nena hacía buen rato.
—Hola loquita… —Se atrevió a dejar un par de besos en su cabecita luego de bajarse el barbijo. —Bienvenida… gracias. —Eso último me lo dijo a mí. Un beso selló el momento.
Acá te mando unos tips para la dilatación en el proceso de parto:
1) Contracciones suaves cada 10 ó 15 minutos, con duración de 20 segundos. Dilatación de 1 ó 2 centímetros.
2) Contracciones cada 5 minutos, con duración entre 30 y 40 segundos, dilatación de casi 5 cm.
3) Contracciones cada 3 ó 4 minutos, con duración de 40 a 45 segundos, dilatación de unos 6 cm.
4) Contracciones cada 2 ó 3 minutos, con duración de 45 a 50 segundos, dilatación de 8 cm.
5) Contracciones cada 1 ó 2 minutos, con duración de aproximadamente 1 minuto, dilatación de casi 10 cm.
Abrí los ojos y suspiré. Sí, fue una contracción. Giré mi rostro y vi el lado izquierdo de la cama vacío, giré para el otro lado, el reloj marcaba las nueve en punto. Pepe ya se había ido a trabajar hace buen rato.
Con un poco de fuerza intenté sentarme en la cama, inhalé y exhalé repetidas veces. Volví a cerrar los ojos y quedé dormida. Veinte minutos después desperté con otra contracción y un poco transpirada. Me toqué la panza y le pedí a mi hija que espere un poquito.
Otra contracción llegó quince minutos después y junto a ella algo que fluía entre mis piernas. Me destapé y como pude miré por arriba de mi panza, un líquido marrón se escurría en el colchón. Rompí bolsa.
Me tapé la boca con la mano por la sorpresa. Un par de lágrimas recorrieron mi cara, busqué la forma de tranquilizarme. Palmeé la mesita de luz para agarrar el celular y no lo encontré. Recordé que lo había dejado en la mesa ratona la noche anterior cuando hablé con mi hermano. Largué unos insultos y respiré hondo.
Me corrí hacia el otro lado de la cama para no tocar la mancha y me recosté intentando apaciguar los dolores. Necesitaba recuperar un poco de fuerzas para caminar hasta el living.
Otra contracción se hacía presente. Llorando me levanté y comencé a caminar sosteniéndome de las paredes. Un paso por minuto, me dolía mucho la parte inferior y no sentía las piernas.
Logré sentarme en el sillón y estiré un brazo para agarrar el teléfono. Con dedos torpes presioné las teclas para buscar el nombre de Pepe.
—Hola.
—¿Pepe? —Y trataba de aparentar calmada. —¿Trabajas?
—Sí, gorda. Dentro de un rato salgo y voy a la facu. ¿Te llevo algo?
—No… —Inhalé y exhalé. —Vení para casa.
—¿Te pasa algo?
—Rompí bolsa. —Y aunque no lo tenga en frente sé que abrió los ojos y le temblaron las piernas.
—Bueno… que… quédate tranqui. Estoy saliendo… te amo hermosa.
Media hora después Pepe entraba al departamento con un poco de sudor en la frente, no vino corriendo sino que transpiraba de los nervios, me vio recostada sobre el sillón, transpirada también.
—¿Cada cuánto tenes las contracciones? —Y recién ahí me dio un beso.
—Quince minutos.
—Falta todavía… —Asentí, habíamos leído algunos tips de partos en internet. —Busco las cosas y vamos a la clínica.
Agarró el bolso que preparamos una semana antes con ropa de la nena y una muda para mí. Me levantó a upa y como pudo cerró la puerta. El viaje en auto fue más largo de lo que creí, nos tocaron todos semáforos en rojo y Pepe frenaba con cada grito que daba, producto de las contracciones.
Ya en la clínica me llevaron en sillas de ruedas a una habitación, me pidieron que espere a que tenga diez centímetros de dilatación, que tan solo tenía tres y que el trabajo podría durar horas. Total el dolor me lo bancaba yo.
—Ya llamé. —Mi novio entraba y se sentaba al lado mio. —Me atendió Mary. —Ella se iba a encargar de avisar a su familia.
—Esta bien. —Suspiré. —¿Qué pasa? —Porque se reía y no le encontraba la gracia.
—Nada… ¿te diste cuenta? Vamos a ser papás. —Y sonreí después de una contracción.
—Hace nueve meses me di cuenta.
—¿Duele mucho? No me contestes mejor. —Simplemente lo amo, era el único que me podía hacer reír en momentos como éste.
—Estás muy lindo ¿sabés? —Porque aunque esté en pleno trabajo de parto no podía dejar de babosearme con su camisa azul arremangada y su pantalón de vestir negro. Como respuesta recibí muchos besos. —¿Y que te amo sabés? —Más besos. —¿Y que… ¡Ay!
—No, no. Mejor no hables más.
No saben lo que es toda una tarde con contracciones cada vez más seguidas, Luciana llegó gritando de la emoción que iba a ser tía al fín y Gonza se asustaba cada vez que mis gritos se hacían presentes. Pepe se habrá tomado tres o cuatro cafés, supongo que a la noche no iba a dormir.
—Llegó el doctor… —Y sonreí porque reconocí a Pepe a través de toda esa ropa y el barbijo que lo tapaba hasta la nariz. Dejó un beso en mi frente. —¿La paciente ya está lista? —Me trasladaron a una sala de partos y estaba acostada con las piernas abiertas de par en par.
—Que lindo doctor que me tocó. —Yo le seguía el juego.
—Bueno, a ver mamí. A la cuenta de tres empezás a pujar. —Un doctor, de verdad, se posicionó entre mis piernas. Pepe me agarró la mano y yo junté fuerzas mientras una enfermera quitaba las gotas de sudor de mi frente y un poco de las de mi pareja, él también padecía mi sufrimiento.
Luego de cuatro pujos, por fín llegó el famoso llanto de bebé. Caí rendida en la camilla. Mi mano pasó por la frente y la cabeza de Pepe se acomodó en mi cuello, el también quedó exhausto.
—Al fin… —Suspiré aliviada. Me acomodaron a la beba sobre el pecho. —Hola hermosa. Mira, Pepe. —Él ya tenía sus ojos clavados en la nena hacía buen rato.
—Hola loquita… —Se atrevió a dejar un par de besos en su cabecita luego de bajarse el barbijo. —Bienvenida… gracias. —Eso último me lo dijo a mí. Un beso selló el momento.
Buenas buenas capitulo mañanero, disfrutenlo, espero sus comentarios, nos leemos pronto..
PDTA: con el próximo capitulo se mueren de amor, si hay mas de 10 comentarios con su nombre de tw subo otro mañana mismo he dicho @patty_lovepyp :)
miércoles, 22 de abril de 2015
“Un poco más”
“Hija: Perdón por todos los gritos que tuviste que escuchar de mi boca. Quiero que sepas que sos lo mejor que me está pasando en la vida, por suerte está Papi que nos va a calmar cada vez que necesitemos un ratito de paz. Falta sólo un poco más para que nos conozcamos. Te ama, Mami.”
Instrucciones para encontrar tranquilidad:
1) Debes estar muy cansada, malhumorada y enojada.
2) Peléate con cada persona que se te cruce en tu camino.
3) Revolea todo lo que encuentres.
4) Busca a alguien para llorar.
5) El estado de tranquilidad llegará luego de haber saturado tu límite.
Las treinta y seis semanas de embarazo llegaban con muchos gritos de mi parte. Realmente me cansaba la panza y los dolores aumentaban cada vez más.
Ya hubo muchos días que la convivencia con Pepe se tornaba insoportable, ya no aguantaba mis quejas y muchas veces terminó durmiendo en el sillón.
Luciana venía dos veces por semana para charlar conmigo, el médico me recomendó reposo total y hace días que no veía la luz del sol. Menos mal que teníamos balcón y de vez en cuando me sentaba allí para respirar aire fresco. La cosa es que yo iba en contra del mundo, no soportaba que nadie me hable y fue por eso que le pedí por favor se retiré. Había estado una hora taladrándome la cabeza con sus problemas de la facultad y su no relación con Agustín; y yo no estaba en condiciones para escuchar quejas que no fueran mías.
Gonza también se había llevado un grito mío el día que vino a visitarnos y no dejaba de preguntarme acerca de la panza, el bebé, el departamento, los juguetes, los dibujitos y la comida. Pepe lo calmó cuando se largó a llorar por mis gritos pero nadie se animaba a calmarme.
Las noches eran insoportables. La panza ya estaba enorme y a punto de estallar. No había posición alguna para que pueda dormir y pasaba horas en vela sentada sobre la cama viendo como mi novio roncaba a cuatro manos. Las ojeras se hacían presentes sumando hinchazones en mis pies, dolores en los huesos y fiebre.
—¿Por qué llegaste tarde? —Le preguntaba seria pero sin mirarlo. Estaba concentrada comiendo una milanesa con arroz.
—Hola ¿no? —Apoyó su boca en mi mejilla porque hace días que no nos besábamos, luego se agachó para dejar un par de besos en la panza.
—Son las nueve de la noche. Vos salís de trabajar a las doce y de estudiar a las cuatro. —Levanté la vista, se tomaba todo el tiempo del mundo a contestar. Dejó su saco en el sillón y se dirigió a la cocina para abrir la heladera, se sirvió un vaso de jugo y tomó un sorbo.
—Fui a mi casa y después pasé por la de Agustín. —Hace unos días habían vuelto a ser los mejores amigos como lo eran antes. No sé ni para qué le pregunté si no me interesaba. Me levanté de la silla con un poco de esfuerzo y camine hacia la habitación. —¿Me querés decir que te pasa? —Me había seguido.
—Nada, quiero ver si puedo dormir algo.
—Pau, ¿podemos hablar un rato? Desde que nos mudamos que peleamos. ¿Qué te pasa?
—Pasa que estoy embarazada, Pepe, por si no te diste cuenta. ¿Queres tener vos esta panza? Te la regalo.
—Pero calmate un poco, Pau. Escucho tus gritos día y noche, se torna insoportable.
—Bueno, discúlpame. —apoyé mi cabeza contra el respaldo y me cubrí las piernas con la sábana. Recién ahí largué un puchero y un par de lágrimas que escurrí con mi dedo índice. —No puedo más, Pepe. —Se sacó los zapatos negros y se metió en la cama conmigo. Me quiso abrazar de costado pero yo lo corrí.
—¡Ey! Pau quiero estar un día bien con vos. Todo el tiempo peleando, si no es por una cosa, es por la otra. Estemos bien, La.
—¿Te pensas que es fácil para mí? ¡Mira cómo estoy! ¡Mirame! Estoy gorda, me siento fea. No me veo las piernas, no puedo caminar. Me salieron un montón de estrías, de celulitis, de granitos. No puedo respirar bien. No puedo dormir. No estoy cómoda, Pepe. No la estoy pasando bien. —Y él ya me estaba acariciando el pelo.
—Pau, escúchame…
—No, ese es el problema. No quiero escuchar a nadie más. Quiero que me escuchen a mí —Me señalé entre lágrimas. — No tengo ganas de que me cuenten sus problemas, no quiero saber nada acerca de mi viejo, ni de mi hermano, ni de Lu, ni de vos. Quiero estar bien yo y que me cuiden a mí.
—Bueno, perdoname… yo pensé que estabas feliz con el embarazo y…
—Es que estoy feliz pero estoy cansada. No sé porque dicen que el embarazo es una etapa hermosa, yo ya no le encuentro lo hermoso a esto. ¡Mira cómo estoy! Destruida. Te juro que me duele todo, me siento mal. Intento dormir y a penas consigo el sueño siento patadas en el medio de las costillas o en la columna ¿sabés lo que es eso? Siento contracciones y pienso que estoy por parir pero a los dos segundos se normaliza todo. Quiero que nazca ya y tener un poco de tranquilidad.
—Vení… —Abrió un poco sus piernas para que yo me siente en ese hueco y pueda apoyar mi cabeza en su pecho. Dejó un beso en mi cabeza y me acarició el brazo derecho que descansaba sobre la panza. —Perdoname por no escucharte todo este tiempo. —Asentí con la cabeza, ya no me quedaba voz. — No sabía que estabas tan mal. —Ahora besaba mi mejilla. —Te amo ¿sí? —Volví a asentir.
—Tengo miedo. —Hablé con la voz un poco temblorosa.
—¿A qué?
—A todo… al parto, al bebé, a esta vida, a que me dejes…
—Nunca te voy a dejar, sos lo mejor que me pasó en la vida y por más que nos peleemos, el amor siempre va a estar. Y con respecto a lo otro… yo también tengo miedo pero supongo que es normal. ¿Estamos juntos en esto?
—Sí. —Y giré mi cabeza para besarlo un rato, lo extrañaba.
—Solo un poco más… un poco más… un poco más… —Y entre sus palabras y mimos, caí al fin en un sueño profundo.
Chicas no voy a tener wifi por un mes y medio mas o menos ahora me agarro de pedo y como veran me cuesta un monton asi que agradeceria que comenten se vienen capitulos muy lindos, sino la voy a dejar de subir porque es al pedo si no la leen, que tengan un lindo dia @patty_lovepyp
jueves, 16 de abril de 2015
“Hogar, dulce hogar”
“Hermosa: Bienvenida a tu nuevo hogar. Cada vez falta más poco para conocerte y con Papi ya tenemos pensado tu nombre. El doctor nos dijo que medís 43 centímetros ¡Guau! ¡Que grande estás! También que pesas un kilo y medio y que estas muy sana. Sos la luz de mi vida. Te ama, Mami.”
Julio se hacía presente junto al frío y las vacaciones A los siete meses de embarazo, con Pepe decidimos que ya era hora de buscar un hogar para formar nuestra propia familia. En su casa ya no entrabamos. Su habitación era chica como para poner una cama matrimonial y no teníamos lugar para la nena. A parte teníamos ganas de estar un tiempo nosotros dos (o tres) sin que la puerta se abra por interrupciones de Lu que exigía mi amistad, Gonza que quería jugar al futbol con su cuñado, Mary buscando ropa sucia para lavar o los padres de Pepe preguntando por la panza, nuestra salud y los estudios. Queríamos paz.
Por eso, apenas terminaron los exámenes más la llegada de las vacaciones de invierno en conjunto con mi licencia de embarazo fueron el momento perfecto para encontrar nuestro nido de amor.
Comenzamos haciendo clics en avisos de internet con alquileres de departamentos y ventas de casas pero al notar como mi amiga y cuñada no paraba de darnos consejos de cómo debía ser, que medidas debía tener cada ambiente, si debía ser luminoso o no y muchos otros detalles, decidimos apagar todas las computadoras y buscar en inmobiliarias.
Después de cinco o seis visitas frustradas encontramos el departamento perfecto. Se ubicaba en Palermo, en un edificio muy lindo. Cerca de la avenida y a unas cuadras de la línea de subte. Living y comedor, cocina apartada y tres habitaciones porque pensábamos, en algún futuro, tener más hijos.
Ya a finales de julio nos vimos con camiones de mudanza que llevaban muebles (algunos nuevos y otros regalados por mis suegros) y cajas con vajilla y ropa de ambos.
Pepe, su padre, y unos primos de él se articularon para subir los muebles. Lu y yo nos distraíamos ordenando la ropa, mi novio no quería que yo haga esfuerzo y mi amiga no pensaba trabajar si yo no lo hacía.
“—Decí algo. —Papi con su cámara en mano y yo sentada en lo que era ya nuestro comedor.
—¿Estás grabando? —“Sí, dale” —Hola, hijita hermosa. —Y tire unos besitos.
—Contale a la nena que estás comiendo. —Y enfocaba el platito que reposaba en la mesa.
—Te estoy alimentando con un flancito con dulce de leche.
—No sabes lo que come tu Mami. —Comentó en tono gracioso cuando GIRÓ la cámara para enfocar su rostro.
—¡Son antojos! —Empujé su pierna y me reí. Caminé hasta nuestra habitación y me tiré en la cama. Papi me (o nos) siguió y se recostó también. Ahora ponía la cámara en alto para grabarnos a la vez.
—Con Mami te queremos conocer ¿No?
—Obvio, igual acá fuera hace frio. Así que no te apures a nacer. —Yo te seguía tirando besos.
—Eso, no te apures que no quiero que te me enfermes… mira loquita. —Porque así te llamaba a vos. —Te voy a mostrar dónde estás. —Me dio la cámara para que lo grabe. —Se sentó sobre la cama y levantó mi sweater violeta junto con mi remera blanca. —Acá, en esta pansa estás vos. Y como vos sos una loquita y sabes perfectamente que estamos hablando de vos ahora estás pateando. —Y besó la panza en donde se suponía –según la última ecografía- que estaba tu cabeza.”
Luego de días y días de tanto traqueteo por fin pudimos descansar. Por eso nos tumbamos en el sillón gris con nuestros pijamas, la ventana abierta para que entre ese vientito de invierno y una frazada que nos cubra (éramos masoquistas) mirábamos una película de comedia mientras disfrutábamos de la soledad.
—¿De que te reís? —Porque sentí su risita sobre mi piel, yo le daba la espalda mientras él me abrazaba.
—La nena no deja de moverse.
—A mí me lo vas a decir. Yo la tengo dentro. —Me dejó un beso en la cabeza.
—¿Qué se siente tener un bebé? —Y cómo extrañaba que se ponga tan meloso.
—Raro… es lindo pero fueron como muchos cambios de golpe. Nunca pensé vomitar dos meses enteros, ni aumentar once kilos. Ni comer como cerda. —Nos reímos un poquito.
—Estás hermosa. Quiero que nazca ya.
—Sí… yo también. Pero más que nada porque pesa mucho esta panza. Me duele toda la espalda. —Y como acto reflejo su mano fue a parar a mi espalda para masajearme y acariciarme. Era todo un caballero. —¿Ya te amigaste con Agus?
—No.
—¿Y no lo pensas hacer?
—La jodió a mi hermana, Pau. —Eso significaba un “ni loco”.
—Vos fuiste el que empezaste todo este embrollo con tus celos.
—Pero yo no la hice llorar. Y a mi hermana nadie la hace llorar.
—Sí que la hiciste llorar. —Le cerré la boca. —Cuando prohibiste que se vean. ¿Te creíste Hitler como para prohibirle a Lu ver a la persona que ama?
—Bueh, ¡qué ama! Agustín la conquistó con sus aires de chamuyo barato.
—Sí, bien que antes también usabas los mismos chamuyos. —Recordé viejas épocas en las que Pepe era el galán de la escuela y yo una simple adolescente de quince años suspirando en silencio por él.
—Eso fue hasta que nos pusimos de novios.
—Bueno ¿Y por qué no crees que Agustín se enamoró de tu hermana? —Suspiró enojado.
—Basta, Pau. No quiero pelear ahora. ¿Podemos tener un día en paz ahora que podemos? —Me di vuelta y me acurruqué un poco en su cuello, el me tapó aún más con la frazada. —¿Podemos dejar de hablar de la vida de los demás cuando tenemos a una que está por nacer?
— Sí, podemos. —Y agarré su nariz con mi boca. —Pero antes déjame ir al baño. —Y soltó su risa, durante todo el séptimo mes de embarazo me daban ganas de hacer pis en cada ocasión, hora y lugar.
“Hijita: Ya tenemos tu cuarto casi listo. Papi y la Abu Ana la pintaron, es blanca con mariposas rosas y lilas. Hay un montón de peluches y ya tenemos un armario lleno de ropita linda, algunas regaladas por la Tía Lu, otras tejidas por tu Abu de corazón, Mary, y otras que compramos con Papi. El tío Gonza me ayudó a elegirte un cochecito para los días que salgamos a pasear. También compramos una sillita para el auto para cuando Papi quiera llevarnos a algún lugar. Lo único que nos falta es que nos traigan la cuna rosa que elegimos, dijeron que en esta semana llegaba así que la esperamos ansiosos. Te ama, Mami."
Julio se hacía presente junto al frío y las vacaciones A los siete meses de embarazo, con Pepe decidimos que ya era hora de buscar un hogar para formar nuestra propia familia. En su casa ya no entrabamos. Su habitación era chica como para poner una cama matrimonial y no teníamos lugar para la nena. A parte teníamos ganas de estar un tiempo nosotros dos (o tres) sin que la puerta se abra por interrupciones de Lu que exigía mi amistad, Gonza que quería jugar al futbol con su cuñado, Mary buscando ropa sucia para lavar o los padres de Pepe preguntando por la panza, nuestra salud y los estudios. Queríamos paz.
Por eso, apenas terminaron los exámenes más la llegada de las vacaciones de invierno en conjunto con mi licencia de embarazo fueron el momento perfecto para encontrar nuestro nido de amor.
Comenzamos haciendo clics en avisos de internet con alquileres de departamentos y ventas de casas pero al notar como mi amiga y cuñada no paraba de darnos consejos de cómo debía ser, que medidas debía tener cada ambiente, si debía ser luminoso o no y muchos otros detalles, decidimos apagar todas las computadoras y buscar en inmobiliarias.
Después de cinco o seis visitas frustradas encontramos el departamento perfecto. Se ubicaba en Palermo, en un edificio muy lindo. Cerca de la avenida y a unas cuadras de la línea de subte. Living y comedor, cocina apartada y tres habitaciones porque pensábamos, en algún futuro, tener más hijos.
Ya a finales de julio nos vimos con camiones de mudanza que llevaban muebles (algunos nuevos y otros regalados por mis suegros) y cajas con vajilla y ropa de ambos.
Pepe, su padre, y unos primos de él se articularon para subir los muebles. Lu y yo nos distraíamos ordenando la ropa, mi novio no quería que yo haga esfuerzo y mi amiga no pensaba trabajar si yo no lo hacía.
“—Decí algo. —Papi con su cámara en mano y yo sentada en lo que era ya nuestro comedor.
—¿Estás grabando? —“Sí, dale” —Hola, hijita hermosa. —Y tire unos besitos.
—Contale a la nena que estás comiendo. —Y enfocaba el platito que reposaba en la mesa.
—Te estoy alimentando con un flancito con dulce de leche.
—No sabes lo que come tu Mami. —Comentó en tono gracioso cuando GIRÓ la cámara para enfocar su rostro.
—¡Son antojos! —Empujé su pierna y me reí. Caminé hasta nuestra habitación y me tiré en la cama. Papi me (o nos) siguió y se recostó también. Ahora ponía la cámara en alto para grabarnos a la vez.
—Con Mami te queremos conocer ¿No?
—Obvio, igual acá fuera hace frio. Así que no te apures a nacer. —Yo te seguía tirando besos.
—Eso, no te apures que no quiero que te me enfermes… mira loquita. —Porque así te llamaba a vos. —Te voy a mostrar dónde estás. —Me dio la cámara para que lo grabe. —Se sentó sobre la cama y levantó mi sweater violeta junto con mi remera blanca. —Acá, en esta pansa estás vos. Y como vos sos una loquita y sabes perfectamente que estamos hablando de vos ahora estás pateando. —Y besó la panza en donde se suponía –según la última ecografía- que estaba tu cabeza.”
Luego de días y días de tanto traqueteo por fin pudimos descansar. Por eso nos tumbamos en el sillón gris con nuestros pijamas, la ventana abierta para que entre ese vientito de invierno y una frazada que nos cubra (éramos masoquistas) mirábamos una película de comedia mientras disfrutábamos de la soledad.
—¿De que te reís? —Porque sentí su risita sobre mi piel, yo le daba la espalda mientras él me abrazaba.
—La nena no deja de moverse.
—A mí me lo vas a decir. Yo la tengo dentro. —Me dejó un beso en la cabeza.
—¿Qué se siente tener un bebé? —Y cómo extrañaba que se ponga tan meloso.
—Raro… es lindo pero fueron como muchos cambios de golpe. Nunca pensé vomitar dos meses enteros, ni aumentar once kilos. Ni comer como cerda. —Nos reímos un poquito.
—Estás hermosa. Quiero que nazca ya.
—Sí… yo también. Pero más que nada porque pesa mucho esta panza. Me duele toda la espalda. —Y como acto reflejo su mano fue a parar a mi espalda para masajearme y acariciarme. Era todo un caballero. —¿Ya te amigaste con Agus?
—No.
—¿Y no lo pensas hacer?
—La jodió a mi hermana, Pau. —Eso significaba un “ni loco”.
—Vos fuiste el que empezaste todo este embrollo con tus celos.
—Pero yo no la hice llorar. Y a mi hermana nadie la hace llorar.
—Sí que la hiciste llorar. —Le cerré la boca. —Cuando prohibiste que se vean. ¿Te creíste Hitler como para prohibirle a Lu ver a la persona que ama?
—Bueh, ¡qué ama! Agustín la conquistó con sus aires de chamuyo barato.
—Sí, bien que antes también usabas los mismos chamuyos. —Recordé viejas épocas en las que Pepe era el galán de la escuela y yo una simple adolescente de quince años suspirando en silencio por él.
—Eso fue hasta que nos pusimos de novios.
—Bueno ¿Y por qué no crees que Agustín se enamoró de tu hermana? —Suspiró enojado.
—Basta, Pau. No quiero pelear ahora. ¿Podemos tener un día en paz ahora que podemos? —Me di vuelta y me acurruqué un poco en su cuello, el me tapó aún más con la frazada. —¿Podemos dejar de hablar de la vida de los demás cuando tenemos a una que está por nacer?
— Sí, podemos. —Y agarré su nariz con mi boca. —Pero antes déjame ir al baño. —Y soltó su risa, durante todo el séptimo mes de embarazo me daban ganas de hacer pis en cada ocasión, hora y lugar.
“Hijita: Ya tenemos tu cuarto casi listo. Papi y la Abu Ana la pintaron, es blanca con mariposas rosas y lilas. Hay un montón de peluches y ya tenemos un armario lleno de ropita linda, algunas regaladas por la Tía Lu, otras tejidas por tu Abu de corazón, Mary, y otras que compramos con Papi. El tío Gonza me ayudó a elegirte un cochecito para los días que salgamos a pasear. También compramos una sillita para el auto para cuando Papi quiera llevarnos a algún lugar. Lo único que nos falta es que nos traigan la cuna rosa que elegimos, dijeron que en esta semana llegaba así que la esperamos ansiosos. Te ama, Mami."
miércoles, 15 de abril de 2015
“Gonza y vos”
“Nena: Pau dice que vas a ser nena, yo soy Gonza y creo que voy a ser tu tío. Pensé que los tíos eran siempre viejos pero yo soy un nene chiquito todavía.
Cómo ser un buen tío:
1) Si sos viejo las respuestas vienen solas.
2) Si sos chiquito preguntale a alguien de confianza.
Hace muchos días que con mamá y Pau vivimos en la casa de Pepe. ¡Está re buena esa casa! Tiene escalera, tres baños y hasta una pileta. En casa no teníamos todo esto. Me gusta mirar los dibujitos en la tele y a veces juego con los perros, Luciana dice que la hembra está embarazada y por eso está tan gorda. Le pregunté si me podía quedar con algún perrito y ella me dijo que el más lindo iba a ser para mí.
Con mamá y Pau volvimos a casa, a la de verdad, para juntar nuestras cosas. Papá no estaba, hace mucho que no lo veo y lo extraño un poco. Mami me dice que lo voy a venir a visitar cuando yo quiera pero que la ley pide que me quede con ella. Nos llevamos toda nuestra ropa y mis juguetes.
Los papás de Pepe dijeron que nos podíamos quedar en el cuarto de huéspedes. Hay una cama grande así que duermo con mamá. Igual ella dice que es por poco tiempo porque va a conseguir un trabajo que le paguen mejor que el que tiene ahora y vamos a construir una casa para vivir nosotros dos.
—¡Ey! ¿Qué pasa campeón? —Abrí la puerta del cuarto de Pepe y me quedé ahí parado esperando a que me vea.
—Nada. — En realidad no me animaba a hablar.
—¿Querés que juguemos al futbol? —Me señaló la pelota que tenía en las manos. Negué. —¿Querés que te lleve a Mc Donalds? —Volví a negar y esta vez hice puchero para llorar. —¡Epa! ¿Qué tenes? — Me agarró a upa y nos sentamos en la cama.
—Pau dijo que en unos días es mi cumple.
—Sí, ¡cumplís cinco años ya! Estas re grande. ¿Queres que te regale algo? —Negué. —¿Y que queres?
—A mi papá. —Entonces me largué a llorar muy fuerte y Pepe me abrazó para que me calme. —¡Quiero a mi papá! ¡Quiero a mi papá!
Unos días después, todos mis compañeros de jardín vinieron a mi nueva casa para festejar mis cinco años. Trajeron un castillo inflable y la mayor parte del tiempo la pasamos ahí. Había muchos chisitos, palitos y papas fritas para comer, gaseosas y vasos de plástico. Lu nos hizo jugar a la búsqueda del tesoro, nos había dado una lista de cosas que teníamos que buscar en todo el patio, el ganador, que fue Santi, se llevó una bolsa de chupetines pero lo obligamos a que comparta con nosotros. Mamá me alzó a upa para pinchar la piñata. Antes de que la fiesta terminara nos juntamos todos alrededor de la mesa y apagaron las luces, mi hermana llegó con una torta y una vela celeste con el número cinco. Apagué la vela cuando mis amigos me cantaron el feliz cumpleaños.
Cuando prendieron las luces de vuelta, Pepe, que no había estado en mi cumple, entró por la puerta seguido de mi papá. Pau lo miró mal y se fue. Yo corrí a abrazarlo, estaba feliz de volver a ver a papá.
—¿Que pasa, Gon? —A la noche, cuando todos dormían, salí de la pieza que compartía con mamá y fui a la de Pepe. Él estaba sentado en su cama mientras Pau dormía.
—¿Se enojó conmigo? —Pregunté un poco triste. Había escuchado unos gritos de ella.
—No… conmigo.
—¿Por qué?
—No importa, ¿la pasaste bien hoy? —Asentí y me senté sobre las piernas de Pepe que descansaban a lo largo de la cama. El acariciaba la mejilla de Pau.
—Papá me regaló un auto a control remoto.
—¡Qué bueno! ¿La torta estaba rica?
—Sí. La hizo Pau.
—Cocina rico tu hermana. —Hice que sí con la cabeza.
—¿Por qué Pau no quiere a papá?
—Sí que lo quiere. Lo que pasa es que está enojada con él porque se portó mal.
—Mamá dice que voy a ser tío. —Me gusta cambiar de tema.
—Ajam. —Bostezó, creo que lo estaba aburriendo.
—Yo pensé que los tíos eran todos viejos. —Se rio de mí.
—¿Por qué?
—Mis tíos son re viejos. Tienen arrugas y les faltan los dientes. A mí el otro día se me cayó un diente pero mamá dice que me va a volver a crecer. —¿O era que me estaba volviendo viejo?
—Vos vas a ser tío porque sos hermano de Pau, no tiene nada que ver la edad. Lu también va a ser tía.
—¿Lu es hermana de Pau? —Recién me entero.
—No, es mi hermana. Y como yo soy el papá del bebé de Pau, entonces Lu es tía.
—Ahh. Pero yo no soy el hermano de Pau.
—Bueh, sos el medio hermano pero para el caso es lo mismo. ¿Vos querés ser tío? —Elevé los hombros.
—No sé. ¿Qué hacen los tíos?
—Nada. Cuidan a sus sobrinos.
—¿Qué es un sobrino? —No entendía todas estas palabras.
—Cuando uno es tío, es tío del sobrino. O sea que para vos, el bebé va a ser tu sobrino. ¿Entendés? —Negué. —No importa, sos tío y punto.
—¿Y mamá qué es?
—Es un poco difícil… porque tu mamá no es pariente de Pau.
—Pero es mi mamá y yo soy el tío. —Suspiró.
—Pero tu papá es el papá de Pau, en cambio tu mamá no. Ella vendría a ser como una abuela de corazón, mi mamá sería la abuela de sangre.
—¿Y la mamá de Pau es la abuela?
—Sí, la cuida desde el cielo.
—¿Por qué murió la mamá de Pau?
—Porque todas las personas se mueren alguna vez, algunos más jóvenes y otros más viejos.
—Yo no quiero que la mía muera. Ya le hice prometer que por lo menos viva cien años. ¿Es mucho tiempo eso?
—Puf, un montón. ¿Qué otras dudas tenes? —Y me quedé un ratito pensando.
—¿Cuándo voy a ser papá yo?
—Cuando tengas novia.
—Pero yo ya tengo novia, es Camila.
—¡Mira vos! No te tenía así.
—Entonces, ¿voy a ser papá? —Abrí los ojos.
—No… Falta todavía. Los novios tienen que hacer cosas para ser padres.
—¿Plantarle la semillita? Eso me dijo Pau el otro día.
—Claro.
—¿Y cómo se hace para plantarle la semillita? ¿En dónde se le planta? —Se rascó la cabeza.
—¡Que charleta que estas! Ya lo vas a descubrir cuando seas grande. Y ojito con querer plantarle alguna semillita a Cami.
—Bueno… —Miré la panza de Pau por un tiempo. —¿Cuánto falta para que salga?
—Tres meses.
—¿Eso es mucho o poco?
—Es mucho pero pasa volando. Todavía tiene que crecer un poco más.
—Se va a volver re gorda Pau.
—Sí. Pero conociéndola a tu hermana después empieza a hacer gimnasia.
—¿Y por donde va a salir? —Se rio de mi pregunta. Siempre lo hace.
—Por la cola.
—¿Los bebés nacen en el baño?
—No, en el hospital. Hay un doctor que se ocupa de que el bebé salga.
—¿Un doctor le va a mirar la cola a Pau? —Puso su cabeza de costado.
—Digamos… que si… pero va a estar ocupado en el bebé, no va a estar pendiente de la cola… sino le corto el cuello.
—¿Por qué las chicas son las que tienen al bebé?
—Porque los hombres no nacimos para esto.
—¿Y para que nacimos? —Pepe siempre respondía a todas mis dudas.
—Para cuidarlas.
—¿Vos la cuidas a Pau?
—Obvio, ¿y sabes por qué la cuido? —Negué. —Porque ella es mi vida y si le llega a pasar algo, me muero. Por eso tenes que cuidar a las personas que amas. —Asentí, él siempre me daba consejos. Mis ojos se quedaron quietos en la panza de Pau, sentí algo raro cuando mi pie la tocó sin querer.
—¿Qué fue eso?
—¿Qué cosa?
—Sentí algo acá.
—Es la nena, sabe que estamos hablando de ellas entonces se mueve.
—¡Guau! ¿Escucha desde ahí?
—Sí… ¿le queres decir algo? —Negué. No me animaba.
—¿Le puedo dar un beso? —Y me agaché un poco para dejar un besito sobre la panza y seguir sintiendo cómo se movía.
Presentee, que tengan una linda noche. @patty_lovepyp
martes, 14 de abril de 2015
"Feliz cumple papito"
“Hijita: ¡Qué lindo es sentir como te movés dentro de mí! El doctor nos dijo que ya medis 25 centímetros ¡Qué grande estás! Estamos a mitad de camino… falta tan poquito para vernos. Hoy es el cumpleaños de Papi, así que vamos a darle una sorpresita. Te ama con toda su alma, Mami.”
¿Cómo pasarla bien en el cumpleaños de tu novio?
1) Repítele incontables veces “feliz cumple”.
2) Prepárale una sorpresa.
3) Haz el amor con él.
—Feliz cumple, papito… —Se lo dije por tercera vez en esta mañana, también se lo dije dos veces luego de las doce de la noche.
—Gracias preciosa. —Me gané miles de besos. —Gracias preciosa dos. —Bajó a la panza y depositó unos cuantos allá. Como respuesta hubo un par de pataditas. Eran cerca de las siete de la mañana de un lunes y todavía seguíamos acostados en su cama. A mi se me empezaba a complicar a la hora de dormir, la panza que crecía ya no dejaba posicionarme boca abajo.
—Viste como te responde siempre que le hablas.
—Obvio, soy el padre. Me ama.
—¡Ay, perdón! Futuro papi. —Y sonrío porque le encantaba que le digan así. —¿No tendrías que cambiarte vos? —Porque todavía seguía con su musculosa blanca y su bóxer.
—No… no. —Se aferró más a mi cuerpo. —Me tomo el día libre.
—¡Pepe! —Sí, lo reté. —No te podes aprovechar de tu viejo. —Bufó.
—Sos re amarga. —Y ya sacaba el embrollo de sábanas para vestirse. —Yo quería pasar el día con ustedes. —En el colegio donde trabajo se realizaba un paro docente, yo pensaba descansar todo el día.
—Cagate, por cumplir un lunes… después te preparo una sorpresita. —Lo decía sólo por consolarlo. Se volvió a recostar, ahora con la camisa celeste y su pantalón gris sobre el cuerpo.
—Te amo. —Fue inevitable seguir besándonos por unos cinco minutos más. —Bueno, me voy… loquita, deja descansar a tu mami. —Golpeó la pancita y me colocó una frazada más porque le dije que iba a tener frío sin él. Mayo era para dormir abrazados.
A las doce del mediodía volví a despertarme, nuestra hija le hizo caso al padre y casi ni se movió, tanteé mi celular por debajo de la almohada y descubrí que tenía cuatro mensajes de Pepe con “las extraño y las amo” imposible no estar enamorada de este hombre. Obvio que le contesté un “nosotras también te amamos”.
Bajé las escaleras con mi pijama que dejaba al descubierto la panza de veinte semanas, le di un beso a Gonza que miraba dibujitos. Ahora vivía en una casa con cable de televisión. Mary era la encargada de cocinar unos fideos con salsa para nosotros tres. Los padres de Pepe trabajaban y Lu estudiaba hasta las tres.
Le pedí a Gonza que me ayudara a preparar la torta preferida de Pepe. Fuimos hasta el almacén y compramos harina, huevos, leche, manteca y lo más importante, una tableta de chocolate amargo. Ya en la cocina mi hermano me pidió hacer uso de la batidora eléctrica, se la di con la condición de que no meta los dedos mientras está en funcionamiento.
Mezclamos la harina, agua fría, un poco de manteca, tres huevos, derretí el chocolate a baño maría y lo juntamos también. Luego del horno dejamos que se enfríe y la decoramos. Le prometí a Gonza que para su cumple le iba a hacer una igual.
A eso de las cuatro de la tarde entraba con Lu a un salón de belleza, la panza de cinco meses impedía ciertos movimientos por eso saqué un turno para la depiladora. Mi amiga sólo quería un corte de cabello.
—¿Vos estás segura que se puede? —Hojeábamos unas revistas mientras esperábamos.
—Primero busqué en internet y decía que se podía pero que consulte con el obstetra para que vea el estado en el que estoy.
—¿Y fuiste a la clínica?
—Sí, el viernes me tocaba la ecografía y como Pepe no pudo venir… —Tenía que trabajar. —… aproveché, viste. Eduardo me dijo que está todo bien y que es absolutamente normal tener sexo durante el embarazo. —Sí, hablábamos de sexo en un salón de belleza sentadas al lado de una viejita que esperaba su coloración de cabello.
—No se, a mí me da cosa, Pau. Mira si le hace mal a la nena. —Me acarició la panza.
—No, ya leí un libro que decía que el sexo le hace mucho mejor, que ayuda en el parto y hasta le hace bien a la pareja. —Estaba muy instruida en el tema.
Luego de veinte minutos de depilación, del corte de flequillo de Lu, de que todas las viejas chismosas me pregunten de cuánto estoy, que sexo es, si el padre se hizo cargo –si supieran lo que es Pepe, les pasa el trapo a varios padres- y no se cuantas cosas más, fuimos a tomar un helado por antojo mío. Charlamos un rato de su vida, de cómo le estaba yendo en la facultad –estudiaba organización de eventos-, me contó que en las materias va bien salvo la mala compañía que había allí. Lorena no dejaba de agrandarse y siempre buscaba la forma de recordarle que Agustín era su novio. Yegua como ninguna.
A las ocho de la noche estaba duchándome, sentí las cortinas correrse y sonreí porque sabía quien se acercaba. Recorrió mi panza con sus manos grandes y dejó un par de besos en mi cuello, le gustaba sentir mi piel mojada por el agua.
Salí del baño y me sequé el pelo, coloqué sobre mi cuerpo un vestido violeta más grande de los que usaba antes por temas obvios, él se puso una camisa azul y un jean. Se dirigió al living y prendió la tele para esperar a que yo termine de maquillarme, peinarme y echarme perfume, sólo un poco porque el olor me hacía mal.
Un restaurante de Puerto Madero fue el elegido para que pasemos su cumpleaños solo nosotros tres. Según Pepe le dábamos paz y lo ayudábamos a olvidarse de todos los problemas del trabajo y la facultad.
Una rica cena, un brindis por sus veinticinco años, un baile lento, un flancito con dulce de leche de postre y muchos besos dieron por terminada la velada. Cerca de las doce de la noche ya estábamos ingresando a su hogar.
—Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas Papito, que los cumplas feliz. —Se lo susurraba cerca del oído, aprovechaba que estaba sentada sobre él. Pidió sus tres deseos “seguir siendo feliz, amar cada día más a Pau y que mi hija crezca sana” y sopló las velitas de su torta de chocolate amargo. Una porción grande bastaba para los dos, lo otro volvió a la heladera.
Entre besos cruzamos el living, subimos las escaleras y entramos a su cuarto. Ya sentados en la cama desabroché botón por botón de su camisa y apoyé varias veces mis labios en su pecho. Él bajó el cierre de mi vestido y lo dejo caer al suelo. Acarició mi panza y luego me acarició a mí, a Paula. Un poco desesperada le desabroché el pantalón y lo saqué junto a su bóxer.
—Para, Pau… —Me susurraba, no queríamos despertar a nadie. —Mira si hacemos mal.
—No. —Bese la comisura de sus labios porque sabía que lo volvía loco. —Ya averigüé.
—¿En dónde averiguaste? —No eran celos, era que no entendía cómo podía ser tan caradura. Me reí con vergüenza.
—No importa eso. ¿Queres o no? —Yo me ocupaba de pasar mi nariz por su cara para que sea un sí rotundo.
—Dale, pero despacito por si las moscas.
Y como extrañaba dormir abrazados luego de una noche de amor.
Hola como andan, aca reportandome, le pase la nove a la lista vieja que tenia, si alguna esta y ya no quiere me avisa, y sino esta y la quiere tambien, besooos :) @patty_lovepyp
miércoles, 8 de abril de 2015
“Mis nenas”
“Bebé: El otro día Mami me despertó a las tres de la mañana para que apoye mi mano en su pancita. Que lindo que te empieces a mover, ¿serás un jugador de futbol o una bailarina clásica? No importa, vos pensá tranqui que todavía falta un tiempito. Te ama, Papi”
Instrucciones para sentir celos:
1) Tener una persona por la que morís de amor.
2) Si alguien se le acerca y a vos te hierve la sangre indica que el bichito de los celos te picó.
3) No temas, demuestra tu amor.
—¿El bebé está ahí? —Gonza señaló la panza de Pau
—Sí. —Contestó y como reflejo la acarició.
—¿Por qué?
—Porque así se forman los bebés. —Esa la respondí yo. Estábamos los tres merendando una chocolatada.
—¿Cómo hizo para meterse ahí? —Estaba a punto de cumplir cinco años y todo lo tenía que cuestionar.
—Pepe me puso una semillita. —Y me reí por el doble sentido. —¿Estás contento de que vas a ser tío?
—No. —Se fue a jugar a la pelota sólo. Le picó el bichito de los celos y es entendible, su hermana tenía otra persona para cuidar.
Abril traía a la par demasiados trabajos prácticos y exámenes. La facultad nos agobiaba, sobre todo a ella y sus dieciséis semanas. La panza ya estaba creciendo y el bebé se comenzaba a mover, al parecer iba en contra del mundo porque solo pateaba de noche. Pau no podía dormir y yo no dormía si ella no lo hacía. Mary ya inició el divorcio con Miguel, por ahora ella y Gonza viven en nuestra casa.
—¡Sos un idiota, Pedro!
—No me grites…
—No le grites.
—¡Pero cómo va a hacer eso! —Luciana invadió mi habitación en el momento de la siesta con mi novia y nuestra panza.
—Yo no hice nada. Deja dormir… —Y me acurruqué en el cuello de Pau, ella arreglaba el lío de frazadas.
Conozco a Agustín desde que tengo uso de razón, es hijo del amigo de mi viejo. Nos criamos juntos. Digamos que el hecho de que mi hermana haya llorado una semana entera por él, me volvió loco. Sí, lo que están pensando. Le di una trompada.
—¡Tiene todo el ojo morado!
—¡¿Lo golpeaste al final?!
—Él se chocó con mi mano… ¡Bueno! ¿Qué querías? No iba a dejar que estés llorando como una tarada por él.
—¡Por él me decís! Vos eras el que no me dejaba verlo y por tu culpa pasó todo lo que pasó. —Pau ya se agarraba la cabeza, desde que se embarazó que no soporta nuestros gritos, antes se reía de nosotros.
—¡Ahora yo tengo la culpa! ¡Era mi amigo!
—¡Y vos estas por tener un pibe de la mía! —Se fue dando un portazo.
—Tiene razón, Pepe… —Y ella me hacía masajes en la espalda. La situación me superó. — ¿qué te jode que Lu salga con Agus?
—Es mi hermanita, Pau… no da. —Y soltó una risita. Yo GIRÉ la cabeza para verla.
—¿Estás celoso? —Ahora lanzaba carcajadas. —¡Estas celoso! Le voy a contar a Lu.
¡Celoso me dice! Obvio que estoy celoso, es mi hermanita. Como dije, abril venía con todo. Pau y Lu decidieron salir a mirar vidrieras, la primera quería comprarse algo de ropa para cuando la panza crezca y los botones de sus pantalones no le abrochen. La segunda quería averiguar precios de cunas, cochecitos, sillas y todo lo que sea creado para su sobrino o sobrina.
—¿Trajiste los apuntes de Impuestos II? —Gaby se acercó a mi casa, íbamos a estudiar juntos para el parcial que tenemos en dos días.
—Sí… ¿vos te quedaste con un libro mío, no? — Nos instalamos en mi habitación para estar lejos de los ruidos de Gonza. Últimamente estaba muy gritón. Y como para no estarlo, sus padres a punto de divorciarse, su hermana embarazada, alguien más chiquito que él a punto de nacer…
—Ya te lo estoy devolviendo. —Me encaminé a la pila de libros, fotocopias y cuadernillos que descansaban en el escritorio.
—No hay problema si te lo querés quedar unos días más.
—Nah, ya tengo lo que necesitaba. A parte te lo doy ahora por las dudas que se pierda.
—Y sí, entre todo este lío… —Hizo un recorrido con la mirada. —¡Tanta ropa de tu hermana hay acá?
—¿Eh? ¡Ah no! Es de mi novia. Bueno, ¿empezamos?
Dos horas, dos horas, dos horas es lo que perdimos en esos benditos apuntes. ¡Dios! Qué dolor de cabeza… Mary nos alcanzó una bandeja con jugos y sándwiches, una grosa, nos tomamos un tiempito para descansar la mente y tomarnos la merienda. Pasé al baño y Gaby quiso acomodar el desorden que hicimos en la cama, llena de apuntes por doquier.
—Pepe… no sabes las cosas que… —Sí, tenía que entrar Pau. —¿Quién sos vos?
—Hola, gordita. —Yo que la saludaba desde atrás. Se dio vuelta y me miró estupefacta.
—¿Quién es está?
—Soy Gaby. —Contestó.
—¡A vos no te pregunté! Pensé que Gaby, era un compañero. —Remarcó la última letra porque claro, la mini falda que tenía Gabriela no era para hombre.
Dos minutos me tomó despedir a Gaby y subir a zancadas las escaleras para encontrarme a mi novia revoleando toda la ropa nueva adentro del ropero.
—¡Ey, para! ¿Qué te pasa? —Le sostuve las manos porque ya suponía que uno de esos manotazos iba a parar a mi cara.
—¿Por qué no me dijiste que era mujer? ¿Cuántas veces fuiste a la casa de ella? —Y me lo decía con angustia.
—No es mujer, es mi amiga. —Quise hacerle notar una diferencia muy clara. — Y sí fui un par de veces a la casa, las veces que yo te dije. ¿Qué te pasa? Nunca te pusiste así.
—Estoy celosa. —Se largó con todo en mi hombro. —Encima estaba arriba de tu cama ¿qué querés que piense?
—Nunca te pusiste así de celosa, nunca te jodió que yo tenga amigas.
—Nunca me vi tan gorda delante de otra. —Un par de besos cambiaban todo.
Luego de tomar una ducha rápida entre tres –nosotros dos y la panza, aclaremos- Nos dirigimos a la clínica para que Eduardo, el obstetra de Pau, nos haga una nueva ecografía.
—Tiene un hijo y la mujer embarazada, Pepe.
—¡Qué me importa! Te está relojeando toda. —La discusión, en vos baja, era por un hombre que miraba de más a mi novia mientras la suya con una panza casi a punto de parir se apantallaba en una silla negra y otro nene corría de su mamá hasta su papá y viceversa.
—¿Chaves? —Nos levantamos. —¿Cómo va la pancita?
—Bien, creciendo… —Dijo con una sonrisa.
—Una preguntita… —Y tanto Pau como el obstetra y la enfermera posaron su vista en mí. Tragué saliva. —¿Ya se puede saber el sexo?
—A los cuatro meses se está definiendo, hay que ver si se deja ver.
“Hija: Sí, hija. Hoy descubrimos que sos una nena. El doctor nos dijo que medís catorce centímetros y pesas doscientos gramos. ¡Qué lindas muequitas que nos regalaste! Ahora me voy a tener que poner las pilas. Tengo muchas nenas para cuidar. Te ama, tu Papi.”
Hola volvi, les pido perdon *de rodillas* soy muy colgada y posta me olvide de la novela estan en todo su derecho si quieren odiarme jajajaja haganme acordar de vez en cuando, disfruten del capitulo, y comenten asi tienen otro mañana @patty_lovepyp
Instrucciones para sentir celos:
1) Tener una persona por la que morís de amor.
2) Si alguien se le acerca y a vos te hierve la sangre indica que el bichito de los celos te picó.
3) No temas, demuestra tu amor.
—¿El bebé está ahí? —Gonza señaló la panza de Pau
—Sí. —Contestó y como reflejo la acarició.
—¿Por qué?
—Porque así se forman los bebés. —Esa la respondí yo. Estábamos los tres merendando una chocolatada.
—¿Cómo hizo para meterse ahí? —Estaba a punto de cumplir cinco años y todo lo tenía que cuestionar.
—Pepe me puso una semillita. —Y me reí por el doble sentido. —¿Estás contento de que vas a ser tío?
—No. —Se fue a jugar a la pelota sólo. Le picó el bichito de los celos y es entendible, su hermana tenía otra persona para cuidar.
Abril traía a la par demasiados trabajos prácticos y exámenes. La facultad nos agobiaba, sobre todo a ella y sus dieciséis semanas. La panza ya estaba creciendo y el bebé se comenzaba a mover, al parecer iba en contra del mundo porque solo pateaba de noche. Pau no podía dormir y yo no dormía si ella no lo hacía. Mary ya inició el divorcio con Miguel, por ahora ella y Gonza viven en nuestra casa.
—¡Sos un idiota, Pedro!
—No me grites…
—No le grites.
—¡Pero cómo va a hacer eso! —Luciana invadió mi habitación en el momento de la siesta con mi novia y nuestra panza.
—Yo no hice nada. Deja dormir… —Y me acurruqué en el cuello de Pau, ella arreglaba el lío de frazadas.
Conozco a Agustín desde que tengo uso de razón, es hijo del amigo de mi viejo. Nos criamos juntos. Digamos que el hecho de que mi hermana haya llorado una semana entera por él, me volvió loco. Sí, lo que están pensando. Le di una trompada.
—¡Tiene todo el ojo morado!
—¡¿Lo golpeaste al final?!
—Él se chocó con mi mano… ¡Bueno! ¿Qué querías? No iba a dejar que estés llorando como una tarada por él.
—¡Por él me decís! Vos eras el que no me dejaba verlo y por tu culpa pasó todo lo que pasó. —Pau ya se agarraba la cabeza, desde que se embarazó que no soporta nuestros gritos, antes se reía de nosotros.
—¡Ahora yo tengo la culpa! ¡Era mi amigo!
—¡Y vos estas por tener un pibe de la mía! —Se fue dando un portazo.
—Tiene razón, Pepe… —Y ella me hacía masajes en la espalda. La situación me superó. — ¿qué te jode que Lu salga con Agus?
—Es mi hermanita, Pau… no da. —Y soltó una risita. Yo GIRÉ la cabeza para verla.
—¿Estás celoso? —Ahora lanzaba carcajadas. —¡Estas celoso! Le voy a contar a Lu.
¡Celoso me dice! Obvio que estoy celoso, es mi hermanita. Como dije, abril venía con todo. Pau y Lu decidieron salir a mirar vidrieras, la primera quería comprarse algo de ropa para cuando la panza crezca y los botones de sus pantalones no le abrochen. La segunda quería averiguar precios de cunas, cochecitos, sillas y todo lo que sea creado para su sobrino o sobrina.
—¿Trajiste los apuntes de Impuestos II? —Gaby se acercó a mi casa, íbamos a estudiar juntos para el parcial que tenemos en dos días.
—Sí… ¿vos te quedaste con un libro mío, no? — Nos instalamos en mi habitación para estar lejos de los ruidos de Gonza. Últimamente estaba muy gritón. Y como para no estarlo, sus padres a punto de divorciarse, su hermana embarazada, alguien más chiquito que él a punto de nacer…
—Ya te lo estoy devolviendo. —Me encaminé a la pila de libros, fotocopias y cuadernillos que descansaban en el escritorio.
—No hay problema si te lo querés quedar unos días más.
—Nah, ya tengo lo que necesitaba. A parte te lo doy ahora por las dudas que se pierda.
—Y sí, entre todo este lío… —Hizo un recorrido con la mirada. —¡Tanta ropa de tu hermana hay acá?
—¿Eh? ¡Ah no! Es de mi novia. Bueno, ¿empezamos?
Dos horas, dos horas, dos horas es lo que perdimos en esos benditos apuntes. ¡Dios! Qué dolor de cabeza… Mary nos alcanzó una bandeja con jugos y sándwiches, una grosa, nos tomamos un tiempito para descansar la mente y tomarnos la merienda. Pasé al baño y Gaby quiso acomodar el desorden que hicimos en la cama, llena de apuntes por doquier.
—Pepe… no sabes las cosas que… —Sí, tenía que entrar Pau. —¿Quién sos vos?
—Hola, gordita. —Yo que la saludaba desde atrás. Se dio vuelta y me miró estupefacta.
—¿Quién es está?
—Soy Gaby. —Contestó.
—¡A vos no te pregunté! Pensé que Gaby, era un compañero. —Remarcó la última letra porque claro, la mini falda que tenía Gabriela no era para hombre.
Dos minutos me tomó despedir a Gaby y subir a zancadas las escaleras para encontrarme a mi novia revoleando toda la ropa nueva adentro del ropero.
—¡Ey, para! ¿Qué te pasa? —Le sostuve las manos porque ya suponía que uno de esos manotazos iba a parar a mi cara.
—¿Por qué no me dijiste que era mujer? ¿Cuántas veces fuiste a la casa de ella? —Y me lo decía con angustia.
—No es mujer, es mi amiga. —Quise hacerle notar una diferencia muy clara. — Y sí fui un par de veces a la casa, las veces que yo te dije. ¿Qué te pasa? Nunca te pusiste así.
—Estoy celosa. —Se largó con todo en mi hombro. —Encima estaba arriba de tu cama ¿qué querés que piense?
—Nunca te pusiste así de celosa, nunca te jodió que yo tenga amigas.
—Nunca me vi tan gorda delante de otra. —Un par de besos cambiaban todo.
Luego de tomar una ducha rápida entre tres –nosotros dos y la panza, aclaremos- Nos dirigimos a la clínica para que Eduardo, el obstetra de Pau, nos haga una nueva ecografía.
—Tiene un hijo y la mujer embarazada, Pepe.
—¡Qué me importa! Te está relojeando toda. —La discusión, en vos baja, era por un hombre que miraba de más a mi novia mientras la suya con una panza casi a punto de parir se apantallaba en una silla negra y otro nene corría de su mamá hasta su papá y viceversa.
—¿Chaves? —Nos levantamos. —¿Cómo va la pancita?
—Bien, creciendo… —Dijo con una sonrisa.
—Una preguntita… —Y tanto Pau como el obstetra y la enfermera posaron su vista en mí. Tragué saliva. —¿Ya se puede saber el sexo?
—A los cuatro meses se está definiendo, hay que ver si se deja ver.
“Hija: Sí, hija. Hoy descubrimos que sos una nena. El doctor nos dijo que medís catorce centímetros y pesas doscientos gramos. ¡Qué lindas muequitas que nos regalaste! Ahora me voy a tener que poner las pilas. Tengo muchas nenas para cuidar. Te ama, tu Papi.”
Hola volvi, les pido perdon *de rodillas* soy muy colgada y posta me olvide de la novela estan en todo su derecho si quieren odiarme jajajaja haganme acordar de vez en cuando, disfruten del capitulo, y comenten asi tienen otro mañana @patty_lovepyp
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)





