miércoles, 30 de septiembre de 2015

“Día de jardín”


Cómo adaptar a tu hijo a la vida escolar:

1)            Explicarle de forma natural que es grande y debe ir al Jardín para aprender y conocer otros niños.
2)            Dejar todo listo la noche anterior para no estresarse a la mañana siguiente.
3)            Acomodar los horarios a esta nueva etapa de su vida.
4)            El periodo de adaptación es tan importante para el niño como para los padres.
5)            Despedirse de él sin mentirle. Explíquele que tiene otras cosas que hacer o ir al trabajo.
6)            Si es necesario, deje algo de su pertenencia para que el niño tenga en su estadía durante el establecimiento y se sienta seguro.

Nota: El llanto es una reacción natural ante el temor de separarse de los padres y emprender una nueva aventura.


—¡Arriba, Loquita! —La sacudí un poco para que reaccione, ella se aferró más a Bronco que desde que comenzó a usar la cama dormían juntos. No me pregunten como hacía para acostarse con semejante perro sin caerse al piso en medio de la noche.

—No…

—Si, vamos hijita. —La destapé y la senté sobre mis piernas. —Hoy empezas Jardín, hay que levantarse.

—No, Papi… —Y se acurrucó en mi pecho para volver a cerrar los ojos. A los dos años y unos cuantos meses con Pau decidimos (en realidad ella fue la de la idea y yo tuve que aceptar) que haga un año de Jardín Maternal. Mi pareja consiguió un puesto de profesora en el colegio que estaba anexado y a la tarde iba a realizar las últimas dos materias que le quedaban para recibirse. Mary tenía otras obligaciones y no podía estar tanto tiempo a cargo de la nena.

—Dale, dale… dame un beso de los buenos días. —Me puso trompita y me acerqué a darle un piquito. —A ver… ¿repetimos lo que te enseñé? “Nunca le voy a dar…

—… besito tompita a otro hombe” —Me completaba la frase.

—Perfecto.

—¿Y? —Se entrometía Pau,  a quien en nuestros primeros meses de novios también la obligaba a repetir esa frase. —¡Vamos! Ya tendrías que haber ido al baño, haber hecho pis, cepillado los dientes y vestido —Exageró bastante. —¡Y todavía estamos en veremos! ¿Y este perro? Olivia te dije mil veces que no lo dejes dormir acá. ¡Te va a llenar de pulgas!

—Ya tengo pulgas… —Le contestaba mientras caminaba hacia el baño. Yo reía de la picardía de esa nena.

Media hora después los cuatro habíamos desayunado y emprendíamos viaje hacia el Jardín situado a cinco cuadras de nuestro hogar. Pau  y yo fuimos caminando y Oli viajaba en el lomo del perro con su delantal rosa cuadrillé y la mochila de princesas de Disney colgada en la espalda.

—Papi… —Me tiró de la mano mientras esperábamos con otros padres y demás niños que abran las puertas. Me agaché para quedar a su altura. —¿Por qué tengo que ir?

—Porque Mami y yo tenemos que trabajar y esta bueno que conozcas a otros nenes. —Quitaba un mechón de peló salido de la colita que su madre se tomo el trabajo de hacer. Era la primera vez que la veía con el cabello atado.

—Pero yo no quiero… —Y no podía con su puchero, le pedí a Pau que se ocupara porque sino la agarraba a upa y volvíamos a casa en menos de dos minutos.

—Escuchame, hijita… vos ya estas grande y tenes que ir al Jardín como todos los nenes que están acá. Hoy con Papi nos vamos a quedar un ratito a jugar con vos. ¿Sí? —Asintió, no muy convencida. Sabía que cuando llegué la hora de partir iba a largar una tormenta en su cara.

—¡Mio! —Le gritó a una nena que se acercó a acariciar a Bronco. —¡Fea!

—¡OLIVIA! —Fui yo. Ella me miró asustada.

—No, Olivia no… Loquita. —Porque sabía muy bien que cuando me enojaba le decía su nombre entero y cuando estaba contento le decía por su apodo. Le hice upa y le dejé un par de besos para que calmara los ánimos.  Demás está decir que los padres de aquella nena rubiecita nos miraron con cara de pocos amigos y aún peor al pobre perro que respiraba con la lengua de dos metros afuera.

Cuando entramos hubo otro escándalo porque ella pensaba que Bronco también iba a ir al Jardín. Hubo que explicarle que él se iba a quedar afuera esperándola como todas las veces que fuimos al doctor y el perro se sentaba en la puerta hasta que la veía salir. También armó un revuelo cuando las maestras les pidieron a los chicos que se sienten en el piso y ella sólo lo quería hacer si su madre era partícipe.

—¿No dibujás vos? —Le decía a Oli que jugaba con el reloj de mi mano izquierda sentada sobre mí mientras yo hacía líneas con una tiza de color verde en una hoja número cinco blanca. —¡Mira que lindo lo que hice! —Era peor que el garabato que hacía el nene sentado a mi lado. Ella no me dio bolilla.

—Pe… ya hablé con las seños. Nos tenemos que ir.

—No… no… —Como predije, las lágrimas salieron a flote.

—¡Ey, Loquita! Tenemos que ir a trabajar, Mami después te viene a buscar.

—Quedense acá. —Y mostraba con sus manos la amplia salita pintada de celeste. Ella solucionaba todo fácil.

—No podemos gordita, pero yo ya hablé con tus seños y me dijeron que te van a cuidar mucho. ¡Es más! ¿Sabés de lo que me enteré? Que la seño Ceci tiene un perro así, como Bronco. —El puchero no se lo sacas ni con espátula.

Todos los padres se comenzaron a despedir de sus hijos y yo veía cómo ninguno de ellos lloraba. Y no es que sentía envidia sino que no podía creer como los grandes salían del establecimiento sin culpa y los chicos ni siquiera se alarmaron al saber que ellos no iban a estar presentes por un tiempo. ¡Y yo que si podía dejar mi empleo para quedarme con mi hija lo haría sin ningún problema!

Finalmente la convencimos cuando le presté mi reloj pulsera para que se lo quede en el bolsillo del guardapolvo, así no me extrañaba. Luego de unos cuantos besos entre los tres y un “no vengas tarde” dirigido a Pau por las dudas que se retrase en venir a buscarla, nos despedimos.


—¿Cómo te fue con los alzados? —Le pregunté cuando la abracé por detrás y dejé un beso en el cuello. En la cama era el único lugar donde podíamos hablar lejos de los bochinches de la nena.

—¡No le digas así!

—¿Y cómo queres que les diga? Son alzados. —Hablamos de un grupo de alumnos en su último año de clases. Ella era su profesora de matemática y muchas veces me contó algún que otro piropo que los varones del curso le decían. Se mordió el labio y se do vuelta para besarme.

—¿Y vos? ¿No estás alzado? —Sonreí porque supe interpretar la invitación a perderme en su cuerpo.

—¿Podemos dormir acá? —Salí de golpe de arriba del cuerpo de mi mujer y miramos a la puerta. Oli abrazada a la cabeza de Bronco.

—¿Los dos? —Preguntó Pau arqueando una ceja.

—Sí, Mami. —Y ella ya se entrometía en las sábanas. —Para contagiarlos de pulguitas. —¿Cómo no derretirse de amor? —Papi… —Me susurró.

—Qué Loqui… —Le dije igual.

—¿Me das mañana el deloj?

—Obvio. —Y dejé un beso en su cabecita.

—¡Bronco! ¡Pepe, sacamelo! —Y con Oli reímos de los lengüetazos que le daba el perro en la cara

Un dia volvi, perdon por tanta espera jajaja



jueves, 23 de julio de 2015

"Un año"





—Papi… —Recorría el living con la mirada, muchas personas pero ninguno era él. —Papi… —Ahora se angustiaba.

—Ya va a venir Papi. —La levanté en brazos cuando vi unas lágrimas.

Oli cumplía su primer año. Con Pepe decidimos hacer una reunión tranqui con nuestros familiares y amigos. Ambos estábamos muy cansados, él por su trabajo y yo por el profesorado, se me acercaban las fechas de exámenes.

—Está re enamorada de Pepe esa nena. —Comentó Lu al ver como yo la aupaba tratando de hacerle entender que su padre estaba trabajando y que ya iba a volver.

—¡Ni que fuera lindo! —Burló Agustín abrazando a mi amiga de costado.

—¿Queres que pruebe yo? —Se la pasé a Mary quién se había convertido en la niñera oficial cuando comencé a estudiar y no teníamos quien la cuide. —Papi está trabajando, después viene.

—Lo quiero ver a Pepe cuando la nena crezca y prefiera al novio y no al padre. —Sergio, mi suegro, tomaba una tacita de café.

—¿Fue una indirecta hacia mi? —Seguía Agus que sabía perfectamente como era la relación entre Luciana y mi/su suegro.

—Banco… —Era su forma de llamar a Bronco. El perro, que hasta el momento jugaba con Gonza en el piso, se levantó de golpe al escuchar el llamado de su protegida. Se acercó y Oli hizo fuerza para que su abuela de corazón la suelte. Se trepó a su lomo y volvieron al piso.

—¡Esto es para sacar miles de fotos! —Nora con su cámara que no había dejado de disparar flashes en toda la tarde.

Oli y Bronco habían formado una relación demasiado sólida. Era verlo a él arrastrándola de la ropa hacia nosotros cada vez que nuestra hija tenía hambre, sueño o necesitaba un cambiado de pañal. Ni siquiera utilizábamos el cochecito, cada vez que salíamos a pasear a algún parque ella viajaba en su lomo como si fuese caballo, Bronco ya creció demasiado. Todos felices y los turistas miraban como si fuera una maravilla.

—¡Llegué! —Como si no hubiésemos escuchado la puerta abrirse. Todos aplaudimos y el elevó los brazos para agradecer. —Gracias, gracias, no sabía que me amaban tanto.

—¡Papi! —Repetía por milésima vez en el día. Se levantó con un poco de fuerza y comenzó a dar unos pasitos torpes hasta el padre que la esperaba agachado y con los brazos abiertos. Bronco caminaba a sus espaldas y la ayudaba empujándola con el hocico. Nora que seguía sacándole fotos a ese animal.

—Hola hermosa… ¡Feliz cumple! —Le dio un beso en la boca, porque así se saludaban. La elevó, la sacudió hasta que largara carcajadas y la llenó de besos en el cuello. —A ver, a ver… —Saludo con un hola en general y a mí con un beso. Agarró un sándwich de miga y se sentó en el sillón junto a mí. Estaba clarísimo que Oli no se le iba a separar en todo el día.

—¿Te estás aburriendo? —Giré medio cuerpo para ver a Gomza  jugando sólo con la pelota de tenis del perro. —Andá a mi cuarto a mirar dibujitos si queres.

—¡Al fin! —Exclamó como si hubiera estado esperando la invitación toda la tarde. Él ya tenía sus seis años e iba a primer grado. ¡El nene que crece y yo que me pongo vieja!

Luego de algunas charlas sobre el trabajo, el estudio y los menores busqué la torta que preparé con mi amiga y cuñada. Nos acercamos hasta la mesa del comedor y apagamos las luces. Agus encendió la vela con el número uno y con Pepe la soplamos luego de que le cantemos a Oli el “Felíz cumpleaños”. Ella entendía poco y nada de la situación. Unas horas más tarde volvíamos a ser cuatro.

—¿Tenes frío? —A la noche decidimos subir a la terraza para mirar las estrellas, simplemente estábamos románticos.

—En realidad no pero si implica que me abraces entonces sí, tengo frío. —Buscó mi cuerpo y me abrazó acariciando mi espalda. —Mira como duermen. —Señalé con la cabeza a Oli que dormía en el piso de cemento usando de almohada a Bronco.

—Y vos querías un Beagle. Aceptalo, Bronco es lo más.

—Si… ¡Ay! —Y solté algunas lágrimas.

—¿Qué pasa? —Se separó un poquito y besó repetidas veces mi mejilla. —No me llores vos ahora. —Hacía un ratito tuvo que calmar a su hija que se había raspado las rodillas al caer al piso de un tropezón.

—Es que está re grande. ¡Un año ya! Parece que fue ayer cuando nos enteramos que estaba embarazada.

—Decímelo a mí, mañana va a venir con un novio y voy a arragar la escopeta para salir a cazar con Bronco. —Me soltó para agarrar a su hija en brazos, el perro se despertó de golpe al no sentirla encima. Bajamos el ascensor en silencio y la dejamos en la cuna. —¡Ey, para de llorar! —Yo seguía con mi puchero, ahora recostada en la cama.

—No puedo… vos no entendes lo que es ser madre. ¡Creció de golpe! ¿Cuándo fue que dejó de tomar la teta?

—Tranqui… aprovechémosla mientras podamos.

—No quiero que deje los pañales.

—Pau…

—¿Quién le enseñó a caminar? Estaba bien gateando. —Super dolida. —Ni siquiera me llora de noche.

—Bueno, ya esta… —Y me acurrucó en su pecho para calmarme.

Cuando note que Pepe se había quedado dormido escuchando todo lo que me había lamentado al enseñarle tantas cosas a mi hija, me liberé de sus brazos que me tenían prisionera y saqué las sábanas de mi cuerpo. Abrí despacio la puerta del dormitorio para no despertarlo y así, descalza caminé hacia la habitación de mi hija. La tomé en brazos y la lleve hasta mi cama. La recosté de mi lado y le rogué, por favor, que cumpla un año y nada más.


Y no sé que instrucciones puede haber en este capítulo. Solo te puedo dar un consejo, los niños crecen, los adultos se ponen viejos pero una madre nunca va a dejar de serlo y un hijo nunca va a dejar de dar la vida por ella.



martes, 21 de julio de 2015

Vacaciones

¿Qué debo hacer antes de irme de vacaciones?

1)            Reservar el hotel, no vaya a ser cosa que no encuentres dónde dormir al llegar.
2)            Armar el bolso con lo necesario para los hombres y lo innecesario para las mujeres.
3)            Pedirle a algún familiar o vecino que se ocupe de las plantas y/o mascotas.
4)            Cerrar llaves de gas y agua.



*Nota: Para tener unas vacaciones agradables es imprescindible que el año haya sido devastador. Así comprenderás lo valioso que es tener momentos para vos.

 En enero, Pepe se independizaba de su padre para trabajar en una empresa como auditor. Teniendo en cuenta que los privilegios de hijo ya no los tenía, ahora trabajaba ocho horas corridas y con un salario un diez porciento más bajo. Él, de igual forma, era feliz básicamente porque no iba a tocar nunca más un libro ni pasar noches despierto estudiando para exámenes.

Oli ya comenzaba a sentarse y a comer puré de papa y calabaza. Aunque era más lo que agarraba con la mano y tiraba al suelo que lo que le daba de comer en la boca. Pero como sabemos todos, ella está loca por su padre y a la noche es capaz de comerse dos platos de comida con tal de que Pepe le haga el famoso juego del avioncito. “Es obvio que me ama más a mi que a vos” canchereaba mi pareja, “alto complejo de Edipo va a tener” contestaba yo.

Luciana y Agustín ahora eran amigos con derecho a roce. Sí, ya sé, no me lo digan, esto se está poniendo cada vez más raro y es que su relación iba de mal en peor.

Mary y Gonza  seguían viviendo en la casa de los padres de Pepe, al parecer la convivencia entre dos familias completamente distintas era buena. El ex cuarto de mi novio pasó a convertirse en el del menor quien dormía con Ficho, un perro que ya tenía unos largos meses, nació de la cría de los perros de la familia y dejaron que Gonza  se quede con uno.

Claro que Ficho no era el único perro, Bronco  llegó un día al departamento sobre una canasta de madera en manos de Pepe

—¿Cuánto tiene? —Pregunté horrorizada y a la vez enamorada, Bronco era muy lindo.

—Cuarenta y cinco días.

—¡Es más grande que Olivia! —Exclamé cuando el cachorro se le puso a su lado y comenzó a olfatearla, ella dejó a un lado el conejito que chupaba y comenzó a reír de las cosquillas de ese animal, nuevo para ella.

—Y eso que todavía no creció… ¡Viste cómo son los San Bernardo!

—¿Y para qué compraste un San Bernardo? ¡Con un Beagle estaba bien! —Hace varios días habíamos planeado añadirle una mascota a la familia pero me olvidé de aclararle a Pepe que el tamaño era fundamental para un departamento. ¡No puede ser que tenga que especificar todo! ¿Los hombres no piensan?

—No. Es que yo quería uno que la proteja, un Beagle no protege. Imaginate que cuando Oli sea grande y se le acerquen todos los chicos, Bronco les ladra un poco y los saca carpiendo.

—¡Ay, Pepe! Era una mascota, tampoco para pensar en todo el futuro. Ya te aviso que el pis lo vas a limpiar vos. —Puse el dedo índice debajo de mi ojo en señal de que tenga cuidado con que haya alguna suciedad en el piso.

—Oli me entiende. —Se hacía el incomprendido y se tiraba al piso para participar en el juego de besos entre la nena y Bronco. Es que el perro le daba cada lengüetazo que la hacía caer de espalda cada vez que se volvía a sentar.

En febrero decidimos pasar unas mini vacaciones en Mar del Plata por dos razones, para descansar un poquito de la ciudad y para que nuestra hija conozca el mar. Gonza  se sumó entusiasmado cuando le pregunté si quería ser partícipe y Bronco iba a quedar a cargo de Luciana pero al notar como Oli  estiraba los brazos hacia el perro, lloraba y se rehusaba a subir al auto, también lo incluimos.

—¡Playa, playa, playa, playa! —Saltaba Gonza  sobre nuestros cuerpos que descansaban en la cama matrimonial, él tenía la suya, Oli en su catre y Bronco dormía a nuestros pies.

—Es temprano… —Hablaba Pepe con su voz ronca y me abrazaba por detrás para volver al sueño.

—¡Playa, playa, playa, playa! —Ahora se ocupaba de zamarrearnos.

—¡Gonzalo! —Él sabía que cuando gritaba su nombre completo era porque me enojaba en serio.

A eso de las nueve de la mañana ya habíamos clavado la sombrilla en la arena, hace dos días habíamos llegado pero recién el tiempo se había despejado como para ir al mar.

—¿Queres un mate, Gonza? —Porque ni desayunar nos había dejado. Mientras me ocupaba de ponerles protector solar a los menores.

—¡No, quiero ir allá! —Señalaba el mar, desesperado.

—Anda. —Le concedí. —Nosotros te miramos desde acá. Ojito, no vayas muy a lo hondo. —Pero no escuchó lo último que ya salió corriendo. —¡Qué energía que tiene este pibe!

—¿Te pongo atrás? —Le di el bronceador y me recosté para que me lo pasé por toda la espalda, a ver si volvía morocha a Buenos Aires. Sonreí cuando sus manos tocaron otras zonas y sentí un beso suyo.

—Está la nena. —Porque cuando se ponía así se olvidaba que existía el mundo.

—No, nos mira. —Pispié un poquito para ver lo que hacía. Jugaba con Bronco a quién tiene más fuerza tirando de un palito de madera. Estaba clarísimo que el perro la dejaba ganar sólo por ser ella porque ni yo había podido sacarle de la boca la remera que me rompió el día que armamos la valija.

Un tiempito después guardamos todo y nos acercamos más a la orilla, le propuse a Gonza, que estaba empapado de pies a cabeza, construir un castillo de arena con los baldes y la palita que compramos el primer día. Pepe jugaba con Oli en el agua y ella reía cada vez que las olas tocaban sus pies. Bronco se ocupaba de ladrar a modo de reto cuando la menor se llevaba arena en la boca.



Bronco se convirtió en su ángel guardián.

sábado, 20 de junio de 2015

"En vela"


¿Qué necesitas para pasar una noche en vela?
1) Compañía.
2) Risas.
3) Complicidad.
4) Amor.



—Te amo. — Me dejó un beso en la nuca cuando se deslizó entre las sábanas. —¿Qué haces con mi celular? —Su mano levantó mi camisón y se posicionó en mi panza.

—Te estoy arreglando una cita con Sole. —Reí con picardía.

—¡Paula! ¡Dame eso! —Me quitó el aparato y lo dejó en su mesita. —Loca como tu hija sos.

—¡Qué malo! Me quería divertir un ratito… —Pero seguía con mis risas.

—Ya te divertiste mucho con ella. Dejala en paz. — Porque no era la primera vez que usaba el celular de mi novio para citarla en algún bar y reírme con Lu cuando la veíamos arreglándose el maquillaje con su espejo de mano esperando por un hombre que nunca iba a llegar.

—Ella se la busca solita. ¡Dale, es la última que te armo! —Y dejé un beso en su pecho desnudo para que sea un sí. —A parte ahora no vas a trabajar más con tu viejo, así que no la vas a ver más.

—Anda a saber… por ahí desaprobé el examen y no me recibo.

—¡Qué mala onda que sos! Yo quiero que el padre de mi hija tenga un título colgadito en la pared.

—Estoy re nervioso… —Y dejé unos besitos en su cuello. Él hundió sus dedos en mi espalda.

—Va a salir todo bien… ¿No la dormiste, Pepe? —Escuchamos el llanto de Oli

—Sí, te juro que estaba re planchando cuando la dejé.

—Acá llegó, la Loquita de Papi a desearle suerte para mañana. —Canturré al volver con mi hija, moviendo su manito.

—Llegó un mensaje. —Me tiró el celular cuando caímos en la cama y rebotamos. Agarró a Oli y dejó un montón de besos en su panza, provocando que largue carcajadas por las cosquillas y los ruidos que salían.

—“Obvio, lindo. ¿A qué hora nos vemos? ¡No me falles!” ¡¿A qué hora?! ¡¿A qué hora?!

—¡Basta, Pau! —Él se ocupaba de cubrirse la cara con la sábana y asustarla a Oli cuando se la quitaba. Aunque en vez de miedo le provocaba gracia.

—¡Dale! ¿No, Oli? —Me miró. —¿No, que queremos seguir divirtiéndonos de la fea esa? —Porque ella también estaba incluida en la locura que inventamos con mi amiga.

—Hace lo que quieras. Total, vos sabes de quien estoy enamorado. —Me dio la espalda y recostó a la nena al lado. Con la única que lo compartía era con ella.

—¡Ay, bueno! —Revoleé el celular porque ya no me importaba y me senté sobre él. Oli nos miraba con una sonrisa tremenda. —Ya es doce de diciembre. —Hace buen rato, el reloj marcaban las dos y veinte de la madrugada y nosotros sin dormir. — ¿Te acordás de qué día es hoy?

—Doce de diciembre, me lo acabás de decir. —Mordí su labio y sostuve a Oli para que se siente sobre su estómago. Ahora tenía a las dos mujeres de su vida sobre él.

—No, tonto… El doce de diciembre encargamos a tu hija.

“Ingresábamos a los besos a la casa de Pepe. Estábamos mojados, una tormenta eléctrica se había desatado de repente cuando volvíamos del almacén donde compramos la comida de esta noche. Sus padres y Lu se habían ido de vacaciones a Punta del Este, él se quiso quedar conmigo.

—¿Se cortó la luz? —Apretaba la ficha de luz del living repetidas veces.

—¿Y ahora? Yo no pienso cocinar a oscuras.

—No importa… el camino a mi habitación me lo sé de memoria. —Me alzó a koala y caminamos divertidos hacia su cuarto para amarnos por un ratito (no contemos la parte que se tropezó en la escalera y caímos provocando un golpe en mi cadera). Aprovechamos nuestros tiempos de soledad para sentirnos de esa forma.

—Acá encontré una vela. —La apoyaba en la mesita de luz y se acostaba a mi lado. Yo estaba enredada entre las sábanas.

—¡Menos mal! Mi celular ya se estaba quedando sin batería.

—Parece que es en toda la cuadra, me fijé y estaba todo oscuro. —Me levanté con sábana y todo y abrí la ventana para que entre un poco de aire fresco, estábamos en pleno diciembre y sin luz, los ventiladores no funcionaban y el calor se multiplicaba.

—Ayer me puse a pensar. —Y me acomodé en su pecho para que el me abracé y bese mi cabeza. —¿No te gustaría tener hijos?

—Sí, ¿por qué, no? Si es con vos, obvio. —Sonreí mientras que mis dedos se ocupaban de sacar la pielcita del labio inferior.

—¿Cuántos?

—Dos estaría bien. Depende. —Gire mi torso para mirarlo y sonreí tímida.

—¿En serio queres que tus hijos sean conmigo?

—¿Vos queres que te meta los cuernos? —Negué. —Entonces sí, loca. —¿Y vos? ¿Te ves casada conmigo, en algún futuro?

—No, ni en pedo. —Y arqueó las cejas, sorprendido. Reí por su cara. —¡No! ¿No te alcanza con saber que vamos a tener hijos? Ya vamos a estar unidos de por vida, no necesito un papel que diga que me amas.

—¡Fua! La primer mujer que conozco que no piensa en casarse… —Y posó su mano entre la almohada y la cabeza. Con la otra me acariciaba el pelo. —Me parece que la pegué con vos. —Chasqueé la lengua, canchera.

—¿Para qué voy a querer casamiento? Si ya sé que te tengo Loquito. —Apoyé mi boca en la suya y mi novio se encargó de que los labios se muevan. —Pepe…

—¿Qué? —Pero ya me aferraba para que mi cara quede pegada a su cuello y sentir todo su perfume.

—No nos cuidamos.”

—¡Que nochecita que pasamos, eh! —Recordó Pepe—Nos tembló todo. —Acarició la nariz de Oli que lo miraba atenta.

—Mira si hacemos el amor ahora y quedo embarazada de nuevo. —La flasheaba. —Re destino, viste.

—Salí de arriba mio, entonces. Otra cuarentena más no me voy a bancar. —Reí. Me levanté a abrir la ventana para que entre un poco de aire, esa noche la luz se había cortado en todo el edificio. De un salto volví a la cama.

—¿Seguís sin querer casarte conmigo?

—Obvio, ya tenemos a Oli. Olvidate de que voy a firmar un papelucho que diga que soy tuya.

—Okey, quedamos así… me salvé de gastar plata en una boda. —Y pasamos toda la noche en vela, riéndonos. Como hace un año pero ahora se sumaba Oli.


Quiero aclarar que la idea de que Gonza  te tire huevos a penas saliste de la facultad fue de Lu. Yo te juro que no tuve nada que ver

jueves, 21 de mayo de 2015

“El arte de ser papá”




Cómo ser padre:
1) Cuidar de tus hijos.
2) Cuidar de tu mujer.
3) Cuidar de tus hijos y tu mujer, al mismo tiempo.
4) Ser feliz cuidando de tus hijos y tu mujer.

Tres y cuarto de la madrugada escuché a mi hija que lloraba a través del Baby – Call. Dos segundos después, el ruido terminó. Era Pau que se apuraba a tocar el botón de off del aparato para que yo no despierte, no se daba cuenta que todas las noches simulaba con los ojos cerrados estar en un sueño profundo, dejó un beso en mi espalda y caminó hacia la habitación de Oli. Todas las noches lo mismo, salvo los fines de semana que era yo el que me levantaba.

Cerca de las cuatro y media, Pau siempre se escabullía entre las sábanas, bostezaba un par de veces y me abrazaba por detrás. Inmediatamente me daba vuelta y dejaba que su cara se hunda en mi cuello mientras la llevaba hacia mí y dormir los dos juntos. Lo habré dicho mil veces, si ella no dormía, yo no dormía.

A las seis sonaba mi despertador, era yo el que se apuraba a apagarlo y caminaba a pasos torpes hacia el baño para pegarme una ducha rápida y despabilarme. Luego me vestía de camisa y pantalón, y buscaba a mi beba que ya estaba con los ojos abiertos, esperándome.

—Buen día, Loquita. —Y le dejaba miles de besos sonoros en su mejilla mientras ella se ocupaba de enganchar mi nariz. Le cambiaba rápido los pañales y me iba a desayunar con ella.

Antes de irme, la acomodaba en mi cama, cerca de su madre. Dejaba algunos besos en la boca de cada una y partía hacia el empleo.

En tan sólo quince minutos ya me encontraba en el banco, saludaba a mi viejo que lo primero que hacía era preguntarme como estaban Oli y Pau. Tomaba algunos papeles y me dirigía a mi box para comenzar mi trabajo. No sin antes besar las mejillas de mis compañeras y palmearle las espaldas a mis compañeros.

—¿Necesitas ayuda? —Sole me sorprendió cuando estaba concentrado en terminar una tabla de Excel, pestañeé rápido y la miré.

—No, gracias… —Pero no se fue, se quedó ahí paradita vigilándome. — Pensándolo bien… ¿Me harías el favor de sacarme dos copias de cada hoja? —Y de un manoteo agarré una pila, bastante considerada, de hojas que ni siquiera sabía lo que decían.

—Obvio, te hago lo que quieras. —¿Fue en doble sentido?

—Está hasta las manos con vos la pendeja. —Porque sí, Sole era una chica de apenas diecinueve años que recién empezaba su carrera de contadora en la UBA. Francisco me hizo burla de atrás.

—Lástima que todavía no notó el portarretratos de dos metros que tengo en mi escritorio con una foto de mi mujer y mi hija. —Todos allí sabían que ni loco ni mamado le iba a fallar a Pau.

—¡Ay, Pepe! ¡No sabes lo que me pasó! —Llegó Sole después de cinco minutos agarrándose la cabeza.

—Si no me decís, no voy a saber. —Y me saqué los lentes que usaba para descansar la vista frente a la computadora y mirarla.

—Se me atascaron las hojas en la fotocopiadora y no puedo sacarlas. —Ya me lo esperaba, era demasiado torpe.

—A ver… —Y dejé los lentes sobre el teclado, me levanté y caminamos hacia la otra sala. Busqué la tapa del aparato y visualicé los mecanismos ¡como si supiera lo que estaba tocando! —Acá está la hoja, voy a ver si la puedo sacar.

—A ver… — Y se agachó a mi altura para quedar cerca de mi boca.

—¿Por qué mejor no me traes un cafecito, dale? —Y suspiré cuando la vi alejarse. Otros cinco minutos pasaron para que Sole vuelva con vaso descartable, yo seguía presionando los botones para hacerla arrancar. —Gracias. — Pero la bebida no llegó a destino, antes de sostenerla con mis manos ella hizo ademán de acercarse más de lo permitido. Digamos que al evitarla, el café se volcó sobre la fotocopiadora. Explotó. —¡Una inútil es, viejo! ¿Por qué mierda la contrataste? —Esperé hasta la hora del almuerzo para quejarme.

—Es la hija de un amigo. Vos no te preocupes, dale algunas tareas boludas y listo.

—¿Tareas boludas? Le pedí que me saque fotocopias y rompió la fotocopiadora. Le pedí que me traiga un mísero café y lo volcó. ¿Te pensas que voy a pedirle que audite el banco?

—Bueno, che… hay que tenerle paciencia.

—Pero no se le puede tener paciencia a una pendeja que no lleva ni diez materias aprobadas. —E interrumpí el almuerzo para contestar el celular. Mi novia me llamaba sólo para saludarme aunque yo me encargué de que la charla sea más extensa.

Cuando llegué a casa, luego de tres horas de facultad, me encuentro con mi hermana sosteniendo a mi hija y a mi novia revolviendo su cartera.

—Gordito… íbamos a salir con Lu. ¿Queres quedarte con la nena o preferís que me la lleve y descansas un ratito?

—No, dejámela. Vos difrutá y cuídate. —La besé un rato hasta que Luciana nos interrumpió con un “¡Soltando, soltando!”

—¡Para! ¡Soy padre! —Me hacía burla Agustín cuando le abrí la puerta con Oli en brazos.

—¿Qué haces, boludo? Me hubieses dicho que venías y compraba algo para comer.

—Nah, no te preocupes. ¡Hola, prechocha del tío! —Y me sacó a la beba de los brazos.

—Del tío, las bolas. —Nunca voy a dejar de ser el hermano celoso.

—Justo de eso te quería hablar. —Ya se sentaba en la mesa y yo me dirigía a poner la pava para el mate. —Tu hermana me cagó.

—¿Qué hizo, Lu?

—Le contó a Lorena que estábamos saliendo. ¡Sabes el escándalo que me hizo!

—¿Perdón? ¿Vos estabas con las dos al mismo tiempo? —Estaba a punto de tirarle la yerba por la cabeza. Una mano de mi hija golpeó una de sus mejillas. De tal palo, tal astilla.

—Pensé que sabías… si, Pau fue la de la idea.

—¿QUÉ?

—Che, me parece que se cagó. —Me tendió a la beba sólo para cambiar de tema.

—¿La pasaste bien hoy? — Le pregunté cuando ingresó a la habitación sacándose las zapatillas y tirando la cartera por algún rincón. Oli ya dormía en su cuna luego de la mamadera que le calenté.

—Sí… charlamos, de todo un poco. —Me sonrió y se tiró panza abajo a la cama. —¿Y a vos, cómo te fue en tu día de padre e hija?

—Bien, bien. Ya soy un experto en canciones de cuna, jugamos un rato, nos bañamos… me enteré también de los consejos que le das a tus amigas, sobretodo a tus cuñadas. —Largó una carcajada.

—Vino Agustín. —Dedujo. —¡Ay, no te preocupes, Pepe! ¡Dejalos que se arreglen ellos!

—Bueno, pero vení… —Y la levanté para que quede sobre mí y apretar mis labios contra los suyos. —¿Sabías que soy muy feliz?

—Sí, obvio. Me lo decís todas las noches. —Ella ya estaba canchera.

—Entonces podríamos hacer lo que hace muchas noches que no hacemos. —Buscaba desabrocharle el pantalón. Ellá soltó una risa sobre mi oreja.

—¡Me vas a matar! Van treinta y nueve días. —Me lo dijo despacito.

—¡Me estás jodiendo que por un día no podemos hacerlo!

—Bueno, che. Vos me embarazaste. ¡Ahora bancatela!

—Me la banco, sí. Pero sólo porque te cuido.


Porque las quiero, porque las amo, porque soy feliz al lado de ustedes. Por esto y por mucho más es que las cuido a vos y a mi Loquita.




Buenas buenas volvi, disfrutenlo y comente, si hay 10 con sus nombres de tw subo otro mañana, besooos @patty_lovepyp

martes, 19 de mayo de 2015

"El arte de ser mamá"





Cómo ser mamá:
1) Despertarse a la noche para cuidar de tus hijos.
2) Mantener el hogar y cuidar de tus hijos.
3) Ser mujer y cuidar de tus hijos.
4) Ser amiga y cuidar de tus hijos.
5) Ser esposa y cuidar de tus hijos.


Abrí los ojos por el ruido ensordecedor que atravesaba el Baby-Call. Me apuré a apagarlo y mire el despertador. Tres y cuarto de la madrugada. Giré para la izquierda y dejé un beso en la espalda de aquel hombre que amaba tanto.

Caminé con los ojos cerrados hacia la habitación situada frente a la nuestra. Sonreí cuando Oli calmó su llanto con tan sólo verme. Era una Loquita, como decía su padre.

Le cambié los pañales y el pijama porque se había ensuciado un poquito. Fui con ella hasta el living y me acomodé en el sillón sentada como indio, me baje la tirita del camisón y reí cuando mi hijm     .a atajó apurada el pezón. Hice malabares para alcanzar el control remoto, puse un canal de dibujitos a volumen mínimo. No quería que Pepe se despierte, tenía que trabajar y estudiar, había días en los que llegaba demasiado cansado. Me compenetré en la pantalla por unos veinte minutos mientras palmeaba la cola de mi hija, cada tanto la miraba y sonreía al verla cerrando y abriendo sus ojitos, somnolienta. Volví a acostarla en su cuna rosa princesa y me quedé otro ratito esperando por si se despertaba.

A las cuatro y media me escabullí entre las sábanas, bostecé un par de veces, y me abracé a la espalda de mi novio para encontrar otra vez el sueño.

A las siete y media volví a despertarme con Oli a mi lado. Ella se despertaba para despedirse de su padre y él la acostaba en la cama grande para que, cuando abra los ojos, me la encuentre lista para ser alimentada de nuevo.

Desayuné con mi hija en brazos mientras charlábamos. No, Oli todavía no habla pero sus balbuceos me matan. Era lindo ver sus gestos mientras le contaba lo que íbamos a hacer en el día, ella me entendía.

—Vos contame, Lu. Yo te escucho. —Mi amiga y cuñada me vino a visitar en el momento de baño de mi hija. Decidí matar dos pájaros de un tiro y que ella me hable mientras jugaba con Oli en el agua.

—Nada… me pidió de salir, viste. —Hablaba de Agustín, obvio. —Le dije que no.

—¿Por qué? Si ya está todo bien entre él y Pepe. —Y con una mano sostenía la cabecita de la beba mientras la otra se ocupaba de fregarle el cuerpito.

 —¡Sí! Pero el tarado todavía no dejó a Lorena. Yo no pienso ser la segunda de nadie. ¡Y menos si la primera es ese gato! ¿O no? —Pero se lo preguntaba a su sobrina que estaba atenta mirándola.

—Tenes razón. ¿Pero vos le dijiste que corte con ella?

—Yo le dije que no iba a ser la segunda, quiero pensar que entendió a qué me refería. —Me reí.

—Sé que me voy a arrepentir de lo que te voy a decir… —Retiré a Oli de la bañaderita rosa y la sequé con su toalla del mismo color. —Pero… estaría bueno ver a Lorena cornuda ¿O no? Te re jodio la vida la pendeja esa, ahora que se la banque.

—Es verdad. —Ahora me seguía hasta la habitación para vestirla. —Total, en todo caso la culpa sería de Agus. — Sonrió con malicia. —¡Ay! Muero por verle la cara de cornuda. ¡Después te paso una foto!

A Luciana la despedí en una esquina, ella se iba a estudiar y yo empujaba el cochecito de la beba –ese que había elegido Gonza- rumbo al almacén. Había que comprar comida y pañales. ¡Qué combinación! Sonreía a cada persona que hacía un comentario empalagoso con respecto a mi hija mientras miraba los tomates, compraba algo de carne y algún jugo de manzana. El preferido de Pepe. En octubre, empezaba a hacer calor otra vez y todavía no sabía si protegerla o no a Oli de los rayos de sol, por eso buscaba la sombra para caminar. Fede, el hijo del verdulero, se ofreció a llevarme las bolsas hasta mi casa. Un amor, obvio que le agradecí y le dejé algo de propina, aunque él se haya negado tres veces lo obligué a que acepte.

Intentaba preparar las milanesas con un solo brazo, en el otro tenía a la nena que lloraba si la dejaba dos segundos en la cuna.

—¿Qué haces acá? —Le di un beso y él le dio uno a su hija. —¿No fuiste a la facu? —Pepe me sorprendió a las dos de la tarde.

—Me siento mal. —Apoyé mis labios en su frente.

—Tenes fiebre. ¿Querés irte a la cama? —Asintió y dejó otro beso a la beba.

Me ocupé de hacer dormir a la gorda, cosa que costó un poco, estaba muy inquieta ese día, busqué un antifebril e ingresé a nuestra habitación.

—Toma, esto te va a hacer bien. —Le di la pastilla y un vaso de agua. —Sacate la ropa, Pepe, estás hirviendo. Ahora vuelvo. —Regresé con un recipiente, agua fría y un paño.

—El calzoncillo me lo dejé por si las moscas. —Reímos, el sentido del humor no lo había perdido.

—A ver… —Escurría el paño y lo apoyaba en su frente.

—Esto lo hacía mi vieja cuando era chiquito.

—Si… los remedios caseros son mejores que cualquier aspirina.

—Y vos sos mejor mamá que la mía. —Hice un que hambre con la boca.

—Me parece que estás más vivo que tu hija. Vos quédate así… yo me voy a bañar.

—¿Me vas a dejar así, todo pachucho?

—¡Chito, la boca! Los enfermos no se pueden quejar.

Una ducha rápida, una depilación de piernas rápida, una pasada de cremas por el cuerpo rápido. Salí del baño envuelta en toallas y me asusté al no ver a Pepe en la cama. Me vestí, rápido, entorné la puerta y lo vi sentado en el sofá con nuestra hija en las piernas.

—¿Se te pasó la fiebre? —Caminé descalza por el pasillo que conducía al living. Él giró la cabeza para verme.

—No… necesitaba mimos. Y como vos me dejaste pagando, le pedí a la Loquita que me los haga. ¿O no que Mami no me quiso hacer mimitos? —Apoyó su mejilla contra la de ella y me miraron los dos.

—Sos un tonto. —Me reí y le mordí el cachete a Oli. Llevó a la beba al cuarto y yo me recosté sobre el sillón para perderme en la película, cuando volvió se tiró de golpe arriba mio.

—¿Me haces mimos? — Y lo acomodé en mi pecho para peinarle sus pelos negros y seguir compenetrándome en la pantalla chica.

—¿Qué pasa? —Porque notaba que su nariz viajaba por el largo de mi cuerpo.

—Me gusta el olor de tu piel. —Volví a mirar hacia la tele.

—¡Pepe! ¡Para un poco! —Me reí porque ya estaba levantando mi remera y tocando mis pechos, esos que estaban doblemente hinchados por el embarazo.

—Dejame… estas muy linda. —Y su boca ya recorría mi cuello. Yo no podía contener la risa.

—¡Pepe! —Golpeaba un poquito su espalda para que reaccione.

—Mmm. —No había caso.

—Yo sé que queres pero no podemos. —Ahí cayó a la tierra.

—¿Por qué?

—La cuarentena, gordo. Recién llevamos veintitrés días.

—¿Qué es eso? —Todavía estoy descifrando si su cara es de no entender o de asco.

—Después del embarazo, por cuarenta días no podemos tener sexo.

—¡PAULAA… falte al parcial de Microeconomía para que me digas esto! —Largué una carcajada.



Tenia pensado no volver a subir porque no comentan y si lo hice fue solo porque me lo pidio @06_Laury  asi que agradezcanle a ella jaja que lo disfruten, nos leemos. @patty_lovepyp

martes, 28 de abril de 2015

“Olivia”



Cómo cuidarme:
1) Tomar leche de mamá.
2) Cambiarme los pañales.
3) Hacerme dormir.
4) Tener mimos de papá.

Hola Papis:

Ustedes me estuvieron hablando durante todo este tiempito, ahora quiero hablar yo un ratito.

Yo sé que todavía no me salen las palabras pero un día escuché que se puede hablar con la mirada y eso es lo que voy a hacer.

A penas nací, me pusieron arriba de vos, Mami. Sentí los latidos de tu corazón cómo lo hacía cuando estaba en tu panza, pero esta vez latiendo a

mil ¿estabas nerviosa? También sentí el beso que dejó Papi en mi cabeza. ¿Por qué lloraban?

Una señora vestida de verde me llevó a una sala donde me pesó y me midió. Después vino un señor vestido de blanco que me tocó las manos y los

pies. Me pusieron pañales, me vistieron de rosa y después de un ratito me entregaron a Papá que estaba ahi esperándome para volver con Mami.
Vi que abriste los brazos para agarrarme Mami y dejarme unos besos en el cachete, Papi se entretuvo con mi pierna. ¿Sabían que siento la misma

sensación que cuando besabas la panza de Mami?

¡Tenía tantas ganas de conocerlos!

La señora que me trajo te estuvo dando unas instrucciones para darme la teta, ¡menos mal! Estoy segura de que vos no sabías ni cómo hacerlo.

Cuando se fue, al fin, me caía mal, empezaron a hablar de mí. ¡Cuántos halagos! Vos, Papi, decías que era igual que Mami. Entonces soy re linda

porque ella es hermosa.

Le dejaste un lugarcito a Papi en la cama y te sentaste, con un poquito de su ayuda, entre sus piernas. Bajaste tu camisón y me acomodaste en tu

pecho para que pueda tomar la leche. ¡Aprendiste rápido! Que lindo era verlos cómo me miraban.

—Al final… ¿Qué hacemos? ¿Nos quedamos con el nombre que habíamos pensado?

—Sí… ¿Vos qué decís, hermosa? —Me preguntabas vos, Papi, mientras me acariciabas. Yo no te contesté, estaba muy concentrada

alimentándome.

—Entonces le queda Olivia… Olivia Alfonso. Oli. —Siempre te va a gustar pronunciar mi nombre.

—Igual, yo le voy a seguir diciendo Loquita. —Y vos sos un loco, Papá.

Después de tomar la teta me dormí un ratito, cuando desperté lloré un poco porque había mucho ruido en la sala. Papi vino en seguida a

agarrarme y dejar unos cuantos besitos, pasé a los brazos de mi abuela mientras escuchaba que todos me decían que era linda y chiquita ¡Obvio,

si salí a vos, Mami! La tía Lu pegó un grito finito cuando me sostuvo y sentí unos pinches en mi cabeza ¿quién era ese chico? Nunca había

escuchado esa voz… ¿Agustín? Por último mi tío Gonza. Entérense que es mi preferido. Se reía de mis muecas ¡y yo que solo lo hacía para

agradarles un poco más!

Una semana después Papi abría la puerta de nuestro hogar. ¡Ya no aguantaba más estar en el hospital! A penas entramos un “¡Bienvenidos!” nos

aturdió. ¡Pero que molesta es nuestra familia! Yo quería pasar más tiempo con ustedes. Y encima vos, Mami, que les agradeces. ¿Por qué? Si

cuando veníamos en el auto dijiste que lo único que querías era dormir. ¡Hasta habíamos planeado una siesta entre tres! Para demostrar que no

me gustó nada esto de la reunión familiar me puse a llorar, pero bueno, como ustedes no tienen mucha experiencia en esto de los hijos, dejaron

que mi abuela de corazón me calme. Como quería que ustedes se den cuenta, lloré un poquito más fuerte y pasé a los brazos de mi abuelo y así

sucesivamente hasta que por fin caí en tus brazos, Papi. En ese momento, aprendieron que a los únicos que necesito para vivir son ustedes dos.

¿Ven como puedo hablar de muchas formas?

Cuando terminaron de comer y luego de un café decidieron irse y quedamos nosotros tres.

—Pepe… Me parece que hay que cambiarla. —¡Hasta que te diste cuenta, Mami!

—Creo que es momento de confesar que no sé cambiar pañales. —¡Hombre tenías que ser, Papi!

—Yo tampoco. —¡Te estaba defendiendo, Ma! Pero que lindo escuchar sus risas cómplices. —Igual, no creo que sea tan difícil. —¡Es una papa! Les

prometo que no lloro. —A ver como es esto… —Y me apoyaste con cuidado en el cambiador. Papi te siguió con un pañal nuevo.

—¿Cómo se le quita esto? —¡Tengo un botón, Pa! —Ah, ya sé… —Me sacaste el vestido tan despacio… te juro que no me voy a romper, Papi.

—Fijate dónde están los abrojos del pañal.

—¡Que asco! ¿Por qué verde la caca? —Bueno, Pa, perdón.

—Ni idea, pero creo que es normal. ¿La limpio con esto?

—Supongo… —Sí, Mami, límpiame con eso. —Mi vieja me dijo que hay que ponerle esta cremita para que no se le paspe. —¡Grande la Abu!

—Con el dedo ¿no? Bueno… vamos con el pañal… ¡Listo!

—¿Y sí le ponemos un pijama? —¡No, tengo calor!

—Me parece que hace calor… la dejamos así y si refresca la vestimos. —¡Soy una grosa! —¿Vamos a tomar la leche, Oli?

Un tiempito después ya estabas sentada en la cama conmigo a upa, tomando la teta. Papi llegó de improvisto y besó mi mejilla, levanté un poquito

la mano para tocarlo también. Después te dio un beso en el cuello y otro en la boca. No digan que no, yo los vi.

—¿Cansada?

—Mucho. —Y bostezaste para que vea que era verdad.

—¿Algún dolor?

—Sí, pero ya va a pasar…

—¿Tranquila?

—Rara… —Rieron.

—Yo también estoy raro… es todo nuevo esto. ¿Feliz?

—Obvio.

—¿Enamorada?

—¿Te queda alguna duda?

—Quiero que sepas que… si antes te amaba, lo que siento ahora superó todo, Pau. Te vi ahí… soportando todos los dolores en el parto. No sé

como lo hiciste.

—Lo hice sólo porque vos estabas dándome fuerzas, amor.

Acuérdense de esto, siempre pero siempre, me va a encantar verlos besarse. ¡Que lindos Papis que tengo! ¡Y que buenos también! Gracias por

dejar que duerma la siesta en el medio, gracias por decirme tantas cosas lindas y gracias por haberme esperado tanto tiempo. Espero no

defraudarlos.

¡Ah! Y perdón Papi por el golpecito que te di en la nariz, es que todavía no controlo bien mis movimientos.

Los ama.

Olivia, Olivia Alfonso, Oli. (Y tu loquita).

sábado, 25 de abril de 2015

“Bienvenida Loquita”

“Hola, mi amor: Te cuento que naciste el 23 de Agosto, te adelantaste cinco días de la fecha pautada, pesaste tres kilos novescientos gramos y mediste cincuenta y dos centímetros. ¡Sos enorme! No te asustes, Papi y yo estamos un poquito babosos con vos pero es porque te esperamos un montón. Te ama, Mami.”



Acá te mando unos tips para la dilatación en el proceso de parto:
1) Contracciones suaves cada 10 ó 15 minutos, con duración de 20 segundos. Dilatación de 1 ó 2 centímetros.
2) Contracciones cada 5 minutos, con duración entre 30 y 40 segundos, dilatación de casi 5 cm.
3) Contracciones cada 3 ó 4 minutos, con duración de 40 a 45 segundos, dilatación de unos 6 cm.
4) Contracciones cada 2 ó 3 minutos, con duración de 45 a 50 segundos, dilatación de 8 cm.
5) Contracciones cada 1 ó 2 minutos, con duración de aproximadamente 1 minuto, dilatación de casi 10 cm.

Abrí los ojos y suspiré. Sí, fue una contracción. Giré mi rostro y vi el lado izquierdo de la cama vacío, giré para el otro lado, el reloj marcaba las nueve en punto. Pepe ya se había ido a trabajar hace buen rato.

Con un poco de fuerza intenté sentarme en la cama, inhalé y exhalé repetidas veces. Volví a cerrar los ojos y quedé dormida. Veinte minutos después desperté con otra contracción y un poco transpirada. Me toqué la panza y le pedí a mi hija que espere un poquito.

Otra contracción llegó quince minutos después y junto a ella algo que fluía entre mis piernas. Me destapé y como pude miré por arriba de mi panza, un líquido marrón se escurría en el colchón. Rompí bolsa.

Me tapé la boca con la mano por la sorpresa. Un par de lágrimas recorrieron mi cara, busqué la forma de tranquilizarme. Palmeé la mesita de luz para agarrar el celular y no lo encontré. Recordé que lo había dejado en la mesa ratona la noche anterior cuando hablé con mi hermano. Largué unos insultos y respiré hondo.

Me corrí hacia el otro lado de la cama para no tocar la mancha y me recosté intentando apaciguar los dolores. Necesitaba recuperar un poco de fuerzas para caminar hasta el living.

Otra contracción se hacía presente. Llorando me levanté y comencé a caminar sosteniéndome de las paredes. Un paso por minuto, me dolía mucho la parte inferior y no sentía las piernas.

Logré sentarme en el sillón y estiré un brazo para agarrar el teléfono. Con dedos torpes presioné las teclas para buscar el nombre de Pepe.

—Hola.

—¿Pepe? —Y trataba de aparentar calmada. —¿Trabajas?

—Sí, gorda. Dentro de un rato salgo y voy a la facu. ¿Te llevo algo?

—No… —Inhalé y exhalé. —Vení para casa.

—¿Te pasa algo?

—Rompí bolsa. —Y aunque no lo tenga en frente sé que abrió los ojos y le temblaron las piernas.

—Bueno… que… quédate tranqui. Estoy saliendo… te amo hermosa.

Media hora después Pepe entraba al departamento con un poco de sudor en la frente, no vino corriendo sino que transpiraba de los nervios, me vio recostada sobre el sillón, transpirada también.

—¿Cada cuánto tenes las contracciones? —Y recién ahí me dio un beso.

—Quince minutos.

—Falta todavía… —Asentí, habíamos leído algunos tips de partos en internet. —Busco las cosas y vamos a la clínica.

Agarró el bolso que preparamos una semana antes con ropa de la nena y una muda para mí. Me levantó a upa y como pudo cerró la puerta. El viaje en auto fue más largo de lo que creí, nos tocaron todos semáforos en rojo y Pepe frenaba con cada grito que daba, producto de las contracciones.

Ya en la clínica me llevaron en sillas de ruedas a una habitación, me pidieron que espere a que tenga diez centímetros de dilatación, que tan solo tenía tres y que el trabajo podría durar horas. Total el dolor me lo bancaba yo.

—Ya llamé. —Mi novio entraba y se sentaba al lado mio. —Me atendió Mary. —Ella se iba a encargar de avisar a su familia.

—Esta bien. —Suspiré. —¿Qué pasa? —Porque se reía y no le encontraba la gracia.

—Nada… ¿te diste cuenta? Vamos a ser papás. —Y sonreí después de una contracción.

—Hace nueve meses me di cuenta.

—¿Duele mucho? No me contestes mejor. —Simplemente lo amo, era el único que me podía hacer reír en momentos como éste.

—Estás muy lindo ¿sabés? —Porque aunque esté en pleno trabajo de parto no podía dejar de babosearme con su camisa azul arremangada y su pantalón de vestir negro. Como respuesta recibí muchos besos. —¿Y que te amo sabés? —Más besos. —¿Y que… ¡Ay!

—No, no. Mejor no hables más.

No saben lo que es toda una tarde con contracciones cada vez más seguidas, Luciana llegó gritando de la emoción que iba a ser tía al fín y Gonza se asustaba cada vez que mis gritos se hacían presentes. Pepe se habrá tomado tres o cuatro cafés, supongo que a la noche no iba a dormir.

—Llegó el doctor… —Y sonreí porque reconocí a Pepe a través de toda esa ropa y el barbijo que lo tapaba hasta la nariz. Dejó un beso en mi frente. —¿La paciente ya está lista? —Me trasladaron a una sala de partos y estaba acostada con las piernas abiertas de par en par.

—Que lindo doctor que me tocó. —Yo le seguía el juego.

—Bueno, a ver mamí. A la cuenta de tres empezás a pujar. —Un doctor, de verdad, se posicionó entre mis piernas. Pepe me agarró la mano y yo junté fuerzas mientras una enfermera quitaba las gotas de sudor de mi frente y un poco de las de mi pareja, él también padecía mi sufrimiento.

Luego de cuatro pujos, por fín llegó el famoso llanto de bebé. Caí rendida en la camilla. Mi mano pasó por la frente y la cabeza de Pepe se acomodó en mi cuello, el también quedó exhausto.

—Al fin… —Suspiré aliviada. Me acomodaron a la beba sobre el pecho. —Hola hermosa. Mira, Pepe. —Él ya tenía sus ojos clavados en la nena hacía buen rato.

—Hola loquita… —Se atrevió a dejar un par de besos en su cabecita luego de bajarse el barbijo. —Bienvenida… gracias. —Eso último me lo dijo a mí. Un beso selló el momento.

Buenas buenas capitulo mañanero, disfrutenlo, espero sus comentarios, nos leemos pronto..
PDTA: con el próximo capitulo se mueren de amor, si hay mas de 10 comentarios con su nombre de tw subo otro mañana mismo he dicho @patty_lovepyp :)

miércoles, 22 de abril de 2015

“Un poco más”


“Hija: Perdón por todos los gritos que tuviste que escuchar de mi boca. Quiero que sepas que sos lo mejor que me está pasando en la vida, por suerte está Papi que nos va a calmar cada vez que necesitemos un ratito de paz. Falta sólo un poco más para que nos conozcamos. Te ama, Mami.”



Instrucciones para encontrar tranquilidad:
1) Debes estar muy cansada, malhumorada y enojada.
2) Peléate con cada persona que se te cruce en tu camino.
3) Revolea todo lo que encuentres.
4) Busca a alguien para llorar.
5) El estado de tranquilidad llegará luego de haber saturado tu límite.

Las treinta y seis semanas de embarazo llegaban con muchos gritos de mi parte. Realmente me cansaba la panza y los dolores aumentaban cada vez más.

Ya hubo muchos días que la convivencia con Pepe se tornaba insoportable, ya no aguantaba mis quejas y muchas veces terminó durmiendo en el sillón.

Luciana venía dos veces por semana para charlar conmigo, el médico me recomendó reposo total y hace días que no veía la luz del sol. Menos mal que teníamos balcón y de vez en cuando me sentaba allí para respirar aire fresco. La cosa es que yo iba en contra del mundo, no soportaba que nadie me hable y fue por eso que le pedí por favor se retiré. Había estado una hora taladrándome la cabeza con sus problemas de la facultad y su no relación con Agustín; y yo no estaba en condiciones para escuchar quejas que no fueran mías.

Gonza también se había llevado un grito mío el día que vino a visitarnos y no dejaba de preguntarme acerca de la panza, el bebé, el departamento, los juguetes, los dibujitos y la comida. Pepe lo calmó cuando se largó a llorar por mis gritos pero nadie se animaba a calmarme.

Las noches eran insoportables. La panza ya estaba enorme y a punto de estallar. No había posición alguna para que pueda dormir y pasaba horas en vela sentada sobre la cama viendo como mi novio roncaba a cuatro manos. Las ojeras se hacían presentes sumando hinchazones en mis pies, dolores en los huesos y fiebre.

—¿Por qué llegaste tarde? —Le preguntaba seria pero sin mirarlo. Estaba concentrada comiendo una milanesa con arroz.

—Hola ¿no? —Apoyó su boca en mi mejilla porque hace días que no nos besábamos, luego se agachó para dejar un par de besos en la panza.

—Son las nueve de la noche. Vos salís de trabajar a las doce y de estudiar a las cuatro. —Levanté la vista, se tomaba todo el tiempo del mundo a contestar. Dejó su saco en el sillón y se dirigió a la cocina para abrir la heladera, se sirvió un vaso de jugo y tomó un sorbo.

—Fui a mi casa y después pasé por la de Agustín. —Hace unos días habían vuelto a ser los mejores amigos como lo eran antes. No sé ni para qué le pregunté si no me interesaba. Me levanté de la silla con un poco de esfuerzo y camine hacia la habitación. —¿Me querés decir que te pasa? —Me había seguido.

—Nada, quiero ver si puedo dormir algo.

—Pau, ¿podemos hablar un rato? Desde que nos mudamos que peleamos. ¿Qué te pasa?

—Pasa que estoy embarazada, Pepe, por si no te diste cuenta. ¿Queres tener vos esta panza? Te la regalo.

—Pero calmate un poco, Pau.  Escucho tus gritos día y noche, se torna insoportable.

—Bueno, discúlpame. —apoyé mi cabeza contra el respaldo y me cubrí las piernas con la sábana. Recién ahí largué un puchero y un par de lágrimas que escurrí con mi dedo índice. —No puedo más, Pepe. —Se sacó los zapatos negros y se metió en la cama conmigo. Me quiso abrazar de costado pero yo lo corrí.

—¡Ey! Pau quiero estar un día bien con vos. Todo el tiempo peleando, si no es por una cosa, es por la otra. Estemos bien, La.

—¿Te pensas que es fácil para mí? ¡Mira cómo estoy! ¡Mirame! Estoy gorda, me siento fea. No me veo las piernas, no puedo caminar. Me salieron un montón de estrías, de celulitis, de granitos. No puedo respirar bien. No puedo dormir. No estoy cómoda, Pepe. No la estoy pasando bien. —Y él ya me estaba acariciando el pelo.

—Pau, escúchame…

—No, ese es el problema. No quiero escuchar a nadie más. Quiero que me escuchen a mí —Me señalé entre lágrimas. — No tengo ganas de que me cuenten sus problemas, no quiero saber nada acerca de mi viejo, ni de mi hermano, ni de Lu, ni de vos. Quiero estar bien yo y que me cuiden a mí.

—Bueno, perdoname… yo pensé que estabas feliz con el embarazo y…

—Es que estoy feliz pero estoy cansada. No sé porque dicen que el embarazo es una etapa hermosa, yo ya no le encuentro lo hermoso a esto. ¡Mira cómo estoy! Destruida. Te juro que me duele todo, me siento mal. Intento dormir y a penas consigo el sueño siento patadas en el medio de las costillas o en la columna ¿sabés lo que es eso? Siento contracciones y pienso que estoy por parir pero a los dos segundos se normaliza todo. Quiero que nazca ya y tener un poco de tranquilidad.

—Vení… —Abrió un poco sus piernas para que yo me siente en ese hueco y pueda apoyar mi cabeza en su pecho. Dejó un beso en mi cabeza y me acarició el brazo derecho que descansaba sobre la panza. —Perdoname por no escucharte todo este tiempo. —Asentí con la cabeza, ya no me quedaba voz. — No sabía que estabas tan mal. —Ahora besaba mi mejilla. —Te amo ¿sí? —Volví a asentir.

—Tengo miedo. —Hablé con la voz un poco temblorosa.

—¿A qué?

—A todo… al parto, al bebé, a esta vida, a que me dejes…

—Nunca te voy a dejar, sos lo mejor que me pasó en la vida y por más que nos peleemos, el amor siempre va a estar. Y con respecto a lo otro… yo también tengo miedo pero supongo que es normal. ¿Estamos juntos en esto?

—Sí. —Y giré mi cabeza para besarlo un rato, lo extrañaba.

—Solo un poco más… un poco más… un poco más… —Y entre sus palabras y mimos, caí al fin en un sueño profundo.



Chicas no voy a tener wifi por un mes y medio mas o menos ahora me agarro de pedo y como veran me cuesta un monton asi que agradeceria que comenten se vienen capitulos muy lindos, sino la voy a dejar de subir porque es al pedo si no la leen, que tengan un lindo dia @patty_lovepyp








jueves, 16 de abril de 2015

“Hogar, dulce hogar”

“Hermosa: Bienvenida a tu nuevo hogar. Cada vez falta más poco para conocerte y con Papi ya tenemos pensado tu nombre. El doctor nos dijo que medís 43 centímetros ¡Guau! ¡Que grande estás! También que pesas un kilo y medio y que estas muy sana. Sos la luz de mi vida. Te ama, Mami.”



Julio se hacía presente junto al frío y las vacaciones A los siete meses de embarazo, con Pepe decidimos que ya era hora de buscar un hogar para formar nuestra propia familia. En su casa ya no entrabamos. Su habitación era chica como para poner una cama matrimonial y no teníamos lugar para la nena. A parte teníamos ganas de estar un tiempo nosotros dos (o tres) sin que la puerta se abra por interrupciones de Lu que exigía mi amistad, Gonza que quería jugar al futbol con su cuñado, Mary buscando ropa sucia para lavar o los padres de Pepe preguntando por la panza, nuestra salud y los estudios. Queríamos paz.

Por eso, apenas terminaron los exámenes más la llegada de las vacaciones de invierno en conjunto con mi licencia de embarazo fueron el momento perfecto para encontrar nuestro nido de amor.

Comenzamos haciendo clics en avisos de internet con alquileres de departamentos y ventas de casas pero al notar como mi amiga y cuñada no paraba de darnos consejos de cómo debía ser, que medidas debía tener cada ambiente, si debía ser luminoso o no y muchos otros detalles, decidimos apagar todas las computadoras y buscar en inmobiliarias.

Después de cinco o seis visitas frustradas encontramos el departamento perfecto. Se ubicaba en Palermo, en un edificio muy lindo. Cerca de la avenida y a unas cuadras de la línea de subte. Living y comedor, cocina apartada y tres habitaciones porque pensábamos, en algún futuro, tener más hijos.

Ya a finales de julio nos vimos con camiones de mudanza que llevaban muebles (algunos nuevos y otros regalados por mis suegros) y cajas con vajilla y ropa de ambos.

Pepe, su padre, y unos primos de él se articularon para subir los muebles. Lu y yo nos distraíamos ordenando la ropa, mi novio no quería que yo haga esfuerzo y mi amiga no pensaba trabajar si yo no lo hacía.

“—Decí algo. —Papi con su cámara en mano y yo sentada en lo que era ya nuestro comedor.

—¿Estás grabando? —“Sí, dale” —Hola, hijita hermosa. —Y tire unos besitos.

—Contale a la nena que estás comiendo. —Y enfocaba el platito que reposaba en la mesa.

—Te estoy alimentando con un flancito con dulce de leche.

—No sabes lo que come tu Mami. —Comentó en tono gracioso cuando GIRÓ la cámara para enfocar su rostro.

—¡Son antojos! —Empujé su pierna y me reí. Caminé hasta nuestra habitación y me tiré en la cama. Papi me (o nos) siguió y se recostó también. Ahora ponía la cámara en alto para grabarnos a la vez.

—Con Mami te queremos conocer ¿No?

—Obvio, igual acá fuera hace frio. Así que no te apures a nacer. —Yo te seguía tirando besos.

—Eso, no te apures que no quiero que te me enfermes… mira loquita. —Porque así te llamaba a vos. —Te voy a mostrar dónde estás. —Me dio la cámara para que lo grabe. —Se sentó sobre la cama y levantó mi sweater violeta junto con mi remera blanca. —Acá, en esta pansa estás vos. Y como vos sos una loquita y sabes perfectamente que estamos hablando de vos ahora estás pateando. —Y besó la panza en donde se suponía –según la última ecografía- que estaba tu cabeza.”

Luego de días y días de tanto traqueteo por fin pudimos descansar. Por eso nos tumbamos en el sillón gris con nuestros pijamas, la ventana abierta para que entre ese vientito de invierno y una frazada que nos cubra (éramos masoquistas) mirábamos una película de comedia mientras disfrutábamos de la soledad.

—¿De que te reís? —Porque sentí su risita sobre mi piel, yo le daba la espalda mientras él me abrazaba.

—La nena no deja de moverse.

—A mí me lo vas a decir. Yo la tengo dentro. —Me dejó un beso en la cabeza.

—¿Qué se siente tener un bebé? —Y cómo extrañaba que se ponga tan meloso.

—Raro… es lindo pero fueron como muchos cambios de golpe. Nunca pensé vomitar dos meses enteros, ni aumentar once kilos. Ni comer como cerda. —Nos reímos un poquito.

—Estás hermosa. Quiero que nazca ya.

—Sí… yo también. Pero más que nada porque pesa mucho esta panza. Me duele toda la espalda. —Y como acto reflejo su mano fue a parar a mi espalda para masajearme y acariciarme. Era todo un caballero. —¿Ya te amigaste con Agus?

—No.

—¿Y no lo pensas hacer?

—La jodió a mi hermana, Pau. —Eso significaba un “ni loco”.

—Vos fuiste el que empezaste todo este embrollo con tus celos.

—Pero yo no la hice llorar. Y a mi hermana nadie la hace llorar.

—Sí que la hiciste llorar. —Le cerré la boca. —Cuando prohibiste que se vean. ¿Te creíste Hitler como para prohibirle a Lu ver a la persona que ama?

—Bueh, ¡qué ama! Agustín la conquistó con sus aires de chamuyo barato.

—Sí, bien que antes también usabas los mismos chamuyos. —Recordé viejas épocas en las que Pepe era el galán de la escuela y yo una simple adolescente de quince años suspirando en silencio por él.

—Eso fue hasta que nos pusimos de novios.

—Bueno ¿Y por qué no crees que Agustín se enamoró de tu hermana? —Suspiró enojado.

—Basta, Pau. No quiero pelear ahora. ¿Podemos tener un día en paz ahora que podemos? —Me di vuelta y me acurruqué un poco en su cuello, el me tapó aún más con la frazada. —¿Podemos dejar de hablar de la vida de los demás cuando tenemos a una que está por nacer?

— Sí, podemos. —Y agarré su nariz con mi boca. —Pero antes déjame ir al baño. —Y soltó su risa, durante todo el séptimo mes de embarazo me daban ganas de hacer pis en cada ocasión, hora y lugar.

“Hijita: Ya tenemos tu cuarto casi listo. Papi y la Abu Ana la pintaron, es blanca con mariposas rosas y lilas. Hay un montón de peluches y ya tenemos un armario lleno de ropita linda, algunas regaladas por la Tía Lu, otras tejidas por tu Abu de corazón, Mary, y otras que compramos con Papi. El tío Gonza me ayudó a elegirte un cochecito para los días que salgamos a pasear. También compramos una sillita para el auto para cuando Papi quiera llevarnos a algún lugar. Lo único que nos falta es que nos traigan la cuna rosa que elegimos, dijeron que en esta semana llegaba así que la esperamos ansiosos. Te ama, Mami."

miércoles, 15 de abril de 2015

“Gonza y vos”


“Nena: Pau dice que vas a ser nena, yo soy Gonza y creo que voy a ser tu tío. Pensé que los tíos eran siempre viejos pero yo soy un nene chiquito todavía.


Cómo ser un buen tío:
1) Si sos viejo las respuestas vienen solas.
2) Si sos chiquito preguntale a alguien de confianza.


Hace muchos días que con mamá y Pau vivimos en la casa de Pepe. ¡Está re buena esa casa! Tiene escalera, tres baños y hasta una pileta. En casa no teníamos todo esto. Me gusta mirar los dibujitos en la tele y a veces juego con los perros, Luciana dice que la hembra está embarazada y por eso está tan gorda. Le pregunté si me podía quedar con algún perrito y ella me dijo que el más lindo iba a ser para mí.

Con mamá y Pau volvimos a casa, a la de verdad, para juntar nuestras cosas. Papá no estaba, hace mucho que no lo veo y lo extraño un poco. Mami me dice que lo voy a venir a visitar cuando yo quiera pero que la ley pide que me quede con ella. Nos llevamos toda nuestra ropa y mis juguetes.

Los papás de Pepe dijeron que nos podíamos quedar en el cuarto de huéspedes. Hay una cama grande así que duermo con mamá. Igual ella dice que es por poco tiempo porque va a conseguir un trabajo que le paguen mejor que el que tiene ahora y vamos a construir una casa para vivir nosotros dos.

—¡Ey! ¿Qué pasa campeón? —Abrí la puerta del cuarto de Pepe y me quedé ahí parado esperando a que me vea.

—Nada. — En realidad no me animaba a hablar.

—¿Querés que juguemos al futbol? —Me señaló la pelota que tenía en las manos. Negué. —¿Querés que te lleve a Mc Donalds? —Volví a negar y esta vez hice puchero para llorar. —¡Epa! ¿Qué tenes? — Me agarró a upa y nos sentamos en la cama.

—Pau dijo que en unos días es mi cumple.

—Sí, ¡cumplís cinco años ya! Estas re grande. ¿Queres que te regale algo? —Negué. —¿Y que queres?

—A mi papá. —Entonces me largué a llorar muy fuerte y Pepe me abrazó para que me calme. —¡Quiero a mi papá! ¡Quiero a mi papá!

Unos días después, todos mis compañeros de jardín vinieron a mi nueva casa para festejar mis cinco años. Trajeron un castillo inflable y la mayor parte del tiempo la pasamos ahí. Había muchos chisitos, palitos y papas fritas para comer, gaseosas y vasos de plástico. Lu nos hizo jugar a la búsqueda del tesoro, nos había dado una lista de cosas que teníamos que buscar en todo el patio, el ganador, que fue Santi, se llevó una bolsa de chupetines pero lo obligamos a que comparta con nosotros. Mamá me alzó a upa para pinchar la piñata. Antes de que la fiesta terminara nos juntamos todos alrededor de la mesa y apagaron las luces, mi hermana llegó con una torta y una vela celeste con el número cinco. Apagué la vela cuando mis amigos me cantaron el feliz cumpleaños.

Cuando prendieron las luces de vuelta, Pepe, que no había estado en mi cumple, entró por la puerta seguido de mi papá. Pau lo miró mal y se fue. Yo corrí a abrazarlo, estaba feliz de volver a ver a papá.

—¿Que pasa, Gon? —A la noche, cuando todos dormían, salí de la pieza que compartía con mamá y fui a la de Pepe. Él estaba sentado en su cama mientras Pau dormía.

—¿Se enojó conmigo? —Pregunté un poco triste. Había escuchado unos gritos de ella.

—No… conmigo.

—¿Por qué?

—No importa, ¿la pasaste bien hoy? —Asentí y me senté sobre las piernas de Pepe que descansaban a lo largo de la cama. El acariciaba la mejilla de Pau.

—Papá me regaló un auto a control remoto.

—¡Qué bueno! ¿La torta estaba rica?

—Sí. La hizo Pau.

—Cocina rico tu hermana. —Hice que sí con la cabeza.

—¿Por qué Pau no quiere a papá?

—Sí que lo quiere. Lo que pasa es que está enojada con él porque se portó mal.

—Mamá dice que voy a ser tío. —Me gusta cambiar de tema.

—Ajam. —Bostezó, creo que lo estaba aburriendo.

—Yo pensé que los tíos eran todos viejos. —Se rio de mí.

—¿Por qué?

—Mis tíos son re viejos. Tienen arrugas y les faltan los dientes. A mí el otro día se me cayó un diente pero mamá dice que me va a volver a crecer. —¿O era que me estaba volviendo viejo?

—Vos vas a ser tío porque sos hermano de Pau, no tiene nada que ver la edad. Lu también va a ser tía.

—¿Lu es hermana de Pau? —Recién me entero.

—No, es mi hermana. Y como yo soy el papá del bebé de Pau, entonces Lu es tía.

—Ahh. Pero yo no soy el hermano de Pau.

—Bueh, sos el medio hermano pero para el caso es lo mismo. ¿Vos querés ser tío? —Elevé los hombros.

—No sé. ¿Qué hacen los tíos?

—Nada. Cuidan a sus sobrinos.

—¿Qué es un sobrino? —No entendía todas estas palabras.

—Cuando uno es tío, es tío del sobrino. O sea que para vos, el bebé va a ser tu sobrino. ¿Entendés? —Negué. —No importa, sos tío y punto.

—¿Y mamá qué es?

—Es un poco difícil… porque tu mamá no es pariente de Pau.

—Pero es mi mamá y yo soy el tío. —Suspiró.

—Pero tu papá es el papá de Pau, en cambio tu mamá no. Ella vendría a ser como una abuela de corazón, mi mamá sería la abuela de sangre.

—¿Y la mamá de Pau es la abuela?

—Sí, la cuida desde el cielo.

—¿Por qué murió la mamá de Pau?

—Porque todas las personas se mueren alguna vez, algunos más jóvenes y otros más viejos.

—Yo no quiero que la mía muera. Ya le hice prometer que por lo menos viva cien años. ¿Es mucho tiempo eso?

—Puf, un montón. ¿Qué otras dudas tenes? —Y me quedé un ratito pensando.

—¿Cuándo voy a ser papá yo?

—Cuando tengas novia.

—Pero yo ya tengo novia, es Camila.

—¡Mira vos! No te tenía así.

—Entonces, ¿voy a ser papá? —Abrí los ojos.

—No… Falta todavía. Los novios tienen que hacer cosas para ser padres.

—¿Plantarle la semillita? Eso me dijo Pau el otro día.

—Claro.

—¿Y cómo se hace para plantarle la semillita? ¿En dónde se le planta? —Se rascó la cabeza.

—¡Que charleta que estas! Ya lo vas a descubrir cuando seas grande. Y ojito con querer plantarle alguna semillita a Cami.

—Bueno… —Miré la panza de Pau por un tiempo. —¿Cuánto falta para que salga?

—Tres meses.

—¿Eso es mucho o poco?

—Es mucho pero pasa volando. Todavía tiene que crecer un poco más.

—Se va a volver re gorda Pau.

—Sí. Pero conociéndola a tu hermana después empieza a hacer gimnasia.

—¿Y por donde va a salir? —Se rio de mi pregunta. Siempre lo hace.

—Por la cola.

—¿Los bebés nacen en el baño?

—No, en el hospital. Hay un doctor que se ocupa de que el bebé salga.

—¿Un doctor le va a mirar la cola a Pau? —Puso su cabeza de costado.

—Digamos… que si… pero va a estar ocupado en el bebé, no va a estar pendiente de la cola… sino le corto el cuello.

—¿Por qué las chicas son las que tienen al bebé?

—Porque los hombres no nacimos para esto.

—¿Y para que nacimos? —Pepe siempre respondía a todas mis dudas.

—Para cuidarlas.

—¿Vos la cuidas a Pau?

—Obvio, ¿y sabes por qué la cuido? —Negué. —Porque ella es mi vida y si le llega a pasar algo, me muero. Por eso tenes que cuidar a las personas que amas. —Asentí, él siempre me daba consejos. Mis ojos se quedaron quietos en la panza de Pau, sentí algo raro cuando mi pie la tocó sin querer.

—¿Qué fue eso?

—¿Qué cosa?

—Sentí algo acá.

—Es la nena, sabe que estamos hablando de ellas entonces se mueve.

—¡Guau! ¿Escucha desde ahí?

—Sí… ¿le queres decir algo? —Negué. No me animaba.

—¿Le puedo dar un beso? —Y me agaché un poco para dejar un besito sobre la panza y seguir sintiendo cómo se movía.


Presentee, que tengan una linda noche. @patty_lovepyp

martes, 14 de abril de 2015

"Feliz cumple papito"


“Hijita: ¡Qué lindo es sentir como te movés dentro de mí! El doctor nos dijo que ya medis 25 centímetros ¡Qué grande estás! Estamos a mitad de camino… falta tan poquito para vernos. Hoy es el cumpleaños de Papi, así que vamos a darle una sorpresita. Te ama con toda su alma, Mami.”


¿Cómo pasarla bien en el cumpleaños de tu novio?
1) Repítele incontables veces “feliz cumple”.
2) Prepárale una sorpresa.
3) Haz el amor con él.

—Feliz cumple, papito… —Se lo dije por tercera vez en esta mañana, también se lo dije dos veces luego de las doce de la noche.

—Gracias preciosa. —Me gané miles de besos. —Gracias preciosa dos. —Bajó a la panza y depositó unos cuantos allá. Como respuesta hubo un par de pataditas. Eran cerca de las siete de la mañana de un lunes y todavía seguíamos acostados en su cama. A mi se me empezaba a complicar a la hora de dormir, la panza que crecía ya no dejaba posicionarme boca abajo.

—Viste como te responde siempre que le hablas.

—Obvio, soy el padre. Me ama.

—¡Ay, perdón! Futuro papi. —Y sonrío porque le encantaba que le digan así. —¿No tendrías que cambiarte vos? —Porque todavía seguía con su musculosa blanca y su bóxer.

—No… no. —Se aferró más a mi cuerpo. —Me tomo el día libre.

—¡Pepe! —Sí, lo reté. —No te podes aprovechar de tu viejo. —Bufó.

—Sos re amarga. —Y ya sacaba el embrollo de sábanas para vestirse. —Yo quería pasar el día con ustedes. —En el colegio donde trabajo se realizaba un paro docente, yo pensaba descansar todo el día.

—Cagate, por cumplir un lunes… después te preparo una sorpresita. —Lo decía sólo por consolarlo. Se volvió a recostar, ahora con la camisa celeste y su pantalón gris sobre el cuerpo.

—Te amo. —Fue inevitable seguir besándonos por unos cinco minutos más. —Bueno, me voy… loquita, deja descansar a tu mami. —Golpeó la pancita y me colocó una frazada más porque le dije que iba a tener frío sin él. Mayo era para dormir abrazados.

A las doce del mediodía volví a despertarme, nuestra hija le hizo caso al padre y casi ni se movió, tanteé mi celular por debajo de la almohada y descubrí que tenía cuatro mensajes de Pepe con “las extraño y las amo” imposible no estar enamorada de este hombre. Obvio que le contesté un “nosotras también te amamos”.

Bajé las escaleras con mi pijama que dejaba al descubierto la panza de veinte semanas, le di un beso a Gonza que miraba dibujitos. Ahora vivía en una casa con cable de televisión. Mary era la encargada de cocinar unos fideos con salsa para nosotros tres. Los padres de Pepe trabajaban y Lu estudiaba hasta las tres.

Le pedí a Gonza que me ayudara a preparar la torta preferida de Pepe. Fuimos hasta el almacén y compramos harina, huevos, leche, manteca y lo más importante, una tableta de chocolate amargo. Ya en la cocina mi hermano me pidió hacer uso de la batidora eléctrica, se la di con la condición de que no meta los dedos mientras está en funcionamiento.

Mezclamos la harina, agua fría, un poco de manteca, tres huevos, derretí el chocolate a baño maría y lo juntamos también. Luego del horno dejamos que se enfríe y la decoramos. Le prometí a Gonza que para su cumple le iba a hacer una igual.

A eso de las cuatro de la tarde entraba con Lu a un salón de belleza, la panza de cinco meses impedía ciertos movimientos por eso saqué un turno para la depiladora. Mi amiga sólo quería un corte de cabello.

—¿Vos estás segura que se puede? —Hojeábamos unas revistas mientras esperábamos.

—Primero busqué en internet y decía que se podía pero que consulte con el obstetra para que vea el estado en el que estoy.

—¿Y fuiste a la clínica?

—Sí, el viernes me tocaba la ecografía y como Pepe no pudo venir… —Tenía que trabajar. —… aproveché, viste. Eduardo me dijo que está todo bien y que es absolutamente normal tener sexo durante el embarazo. —Sí, hablábamos de sexo en un salón de belleza sentadas al lado de una viejita que esperaba su coloración de cabello.

—No se, a mí me da cosa, Pau. Mira si le hace mal a la nena. —Me acarició la panza.

—No, ya leí un libro que decía que el sexo le hace mucho mejor, que ayuda en el parto y hasta le hace bien a la pareja. —Estaba muy instruida en el tema.

Luego de veinte minutos de depilación, del corte de flequillo de Lu, de que todas las viejas chismosas me pregunten de cuánto estoy, que sexo es, si el padre se hizo cargo –si supieran lo que es Pepe, les pasa el trapo a varios padres- y no se cuantas cosas más, fuimos a tomar un helado por antojo mío. Charlamos un rato de su vida, de cómo le estaba yendo en la facultad –estudiaba organización de eventos-, me contó que en las materias va bien salvo la mala compañía que había allí. Lorena no dejaba de agrandarse y siempre buscaba la forma de recordarle que Agustín era su novio. Yegua como ninguna.

A las ocho de la noche estaba duchándome, sentí las cortinas correrse y sonreí porque sabía quien se acercaba. Recorrió mi panza con sus manos grandes y dejó un par de besos en mi cuello, le gustaba sentir mi piel mojada por el agua.

Salí del baño y me sequé el pelo, coloqué sobre mi cuerpo un vestido violeta más grande de los que usaba antes por temas obvios, él se puso una camisa azul y un jean. Se dirigió al living y prendió la tele para esperar a que yo termine de maquillarme, peinarme y echarme perfume, sólo un poco porque el olor me hacía mal.

Un restaurante de Puerto Madero fue el elegido para que pasemos su cumpleaños solo nosotros tres. Según Pepe le dábamos paz y lo ayudábamos a olvidarse de todos los problemas del trabajo y la facultad.

Una rica cena, un brindis por sus veinticinco años, un baile lento, un flancito con dulce de leche de postre y muchos besos dieron por terminada la velada. Cerca de las doce de la noche ya estábamos ingresando a su hogar.

—Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas Papito, que los cumplas feliz. —Se lo susurraba cerca del oído, aprovechaba que estaba sentada sobre él. Pidió sus tres deseos “seguir siendo feliz, amar cada día más a Pau y que mi hija crezca sana” y sopló las velitas de su torta de chocolate amargo. Una porción grande bastaba para los dos, lo otro volvió a la heladera.

Entre besos cruzamos el living, subimos las escaleras y entramos a su cuarto. Ya sentados en la cama desabroché botón por botón de su camisa y apoyé varias veces mis labios en su pecho. Él bajó el cierre de mi vestido y lo dejo caer al suelo. Acarició mi panza y luego me acarició a mí, a Paula. Un poco desesperada le desabroché el pantalón y lo saqué junto a su bóxer.

—Para, Pau… —Me susurraba, no queríamos despertar a nadie. —Mira si hacemos mal.

—No. —Bese la comisura de sus labios porque sabía que lo volvía loco. —Ya averigüé.

—¿En dónde averiguaste? —No eran celos, era que no entendía cómo podía ser tan caradura. Me reí con vergüenza.

—No importa eso. ¿Queres o no? —Yo me ocupaba de pasar mi nariz por su cara para que sea un sí rotundo.

—Dale, pero despacito por si las moscas.

Y como extrañaba dormir abrazados luego de una noche de amor.


Hola como andan, aca reportandome, le pase la nove a la lista vieja que tenia, si alguna esta y ya no quiere me avisa, y sino esta y la quiere tambien, besooos :) @patty_lovepyp