sábado, 20 de junio de 2015

"En vela"


¿Qué necesitas para pasar una noche en vela?
1) Compañía.
2) Risas.
3) Complicidad.
4) Amor.



—Te amo. — Me dejó un beso en la nuca cuando se deslizó entre las sábanas. —¿Qué haces con mi celular? —Su mano levantó mi camisón y se posicionó en mi panza.

—Te estoy arreglando una cita con Sole. —Reí con picardía.

—¡Paula! ¡Dame eso! —Me quitó el aparato y lo dejó en su mesita. —Loca como tu hija sos.

—¡Qué malo! Me quería divertir un ratito… —Pero seguía con mis risas.

—Ya te divertiste mucho con ella. Dejala en paz. — Porque no era la primera vez que usaba el celular de mi novio para citarla en algún bar y reírme con Lu cuando la veíamos arreglándose el maquillaje con su espejo de mano esperando por un hombre que nunca iba a llegar.

—Ella se la busca solita. ¡Dale, es la última que te armo! —Y dejé un beso en su pecho desnudo para que sea un sí. —A parte ahora no vas a trabajar más con tu viejo, así que no la vas a ver más.

—Anda a saber… por ahí desaprobé el examen y no me recibo.

—¡Qué mala onda que sos! Yo quiero que el padre de mi hija tenga un título colgadito en la pared.

—Estoy re nervioso… —Y dejé unos besitos en su cuello. Él hundió sus dedos en mi espalda.

—Va a salir todo bien… ¿No la dormiste, Pepe? —Escuchamos el llanto de Oli

—Sí, te juro que estaba re planchando cuando la dejé.

—Acá llegó, la Loquita de Papi a desearle suerte para mañana. —Canturré al volver con mi hija, moviendo su manito.

—Llegó un mensaje. —Me tiró el celular cuando caímos en la cama y rebotamos. Agarró a Oli y dejó un montón de besos en su panza, provocando que largue carcajadas por las cosquillas y los ruidos que salían.

—“Obvio, lindo. ¿A qué hora nos vemos? ¡No me falles!” ¡¿A qué hora?! ¡¿A qué hora?!

—¡Basta, Pau! —Él se ocupaba de cubrirse la cara con la sábana y asustarla a Oli cuando se la quitaba. Aunque en vez de miedo le provocaba gracia.

—¡Dale! ¿No, Oli? —Me miró. —¿No, que queremos seguir divirtiéndonos de la fea esa? —Porque ella también estaba incluida en la locura que inventamos con mi amiga.

—Hace lo que quieras. Total, vos sabes de quien estoy enamorado. —Me dio la espalda y recostó a la nena al lado. Con la única que lo compartía era con ella.

—¡Ay, bueno! —Revoleé el celular porque ya no me importaba y me senté sobre él. Oli nos miraba con una sonrisa tremenda. —Ya es doce de diciembre. —Hace buen rato, el reloj marcaban las dos y veinte de la madrugada y nosotros sin dormir. — ¿Te acordás de qué día es hoy?

—Doce de diciembre, me lo acabás de decir. —Mordí su labio y sostuve a Oli para que se siente sobre su estómago. Ahora tenía a las dos mujeres de su vida sobre él.

—No, tonto… El doce de diciembre encargamos a tu hija.

“Ingresábamos a los besos a la casa de Pepe. Estábamos mojados, una tormenta eléctrica se había desatado de repente cuando volvíamos del almacén donde compramos la comida de esta noche. Sus padres y Lu se habían ido de vacaciones a Punta del Este, él se quiso quedar conmigo.

—¿Se cortó la luz? —Apretaba la ficha de luz del living repetidas veces.

—¿Y ahora? Yo no pienso cocinar a oscuras.

—No importa… el camino a mi habitación me lo sé de memoria. —Me alzó a koala y caminamos divertidos hacia su cuarto para amarnos por un ratito (no contemos la parte que se tropezó en la escalera y caímos provocando un golpe en mi cadera). Aprovechamos nuestros tiempos de soledad para sentirnos de esa forma.

—Acá encontré una vela. —La apoyaba en la mesita de luz y se acostaba a mi lado. Yo estaba enredada entre las sábanas.

—¡Menos mal! Mi celular ya se estaba quedando sin batería.

—Parece que es en toda la cuadra, me fijé y estaba todo oscuro. —Me levanté con sábana y todo y abrí la ventana para que entre un poco de aire fresco, estábamos en pleno diciembre y sin luz, los ventiladores no funcionaban y el calor se multiplicaba.

—Ayer me puse a pensar. —Y me acomodé en su pecho para que el me abracé y bese mi cabeza. —¿No te gustaría tener hijos?

—Sí, ¿por qué, no? Si es con vos, obvio. —Sonreí mientras que mis dedos se ocupaban de sacar la pielcita del labio inferior.

—¿Cuántos?

—Dos estaría bien. Depende. —Gire mi torso para mirarlo y sonreí tímida.

—¿En serio queres que tus hijos sean conmigo?

—¿Vos queres que te meta los cuernos? —Negué. —Entonces sí, loca. —¿Y vos? ¿Te ves casada conmigo, en algún futuro?

—No, ni en pedo. —Y arqueó las cejas, sorprendido. Reí por su cara. —¡No! ¿No te alcanza con saber que vamos a tener hijos? Ya vamos a estar unidos de por vida, no necesito un papel que diga que me amas.

—¡Fua! La primer mujer que conozco que no piensa en casarse… —Y posó su mano entre la almohada y la cabeza. Con la otra me acariciaba el pelo. —Me parece que la pegué con vos. —Chasqueé la lengua, canchera.

—¿Para qué voy a querer casamiento? Si ya sé que te tengo Loquito. —Apoyé mi boca en la suya y mi novio se encargó de que los labios se muevan. —Pepe…

—¿Qué? —Pero ya me aferraba para que mi cara quede pegada a su cuello y sentir todo su perfume.

—No nos cuidamos.”

—¡Que nochecita que pasamos, eh! —Recordó Pepe—Nos tembló todo. —Acarició la nariz de Oli que lo miraba atenta.

—Mira si hacemos el amor ahora y quedo embarazada de nuevo. —La flasheaba. —Re destino, viste.

—Salí de arriba mio, entonces. Otra cuarentena más no me voy a bancar. —Reí. Me levanté a abrir la ventana para que entre un poco de aire, esa noche la luz se había cortado en todo el edificio. De un salto volví a la cama.

—¿Seguís sin querer casarte conmigo?

—Obvio, ya tenemos a Oli. Olvidate de que voy a firmar un papelucho que diga que soy tuya.

—Okey, quedamos así… me salvé de gastar plata en una boda. —Y pasamos toda la noche en vela, riéndonos. Como hace un año pero ahora se sumaba Oli.


Quiero aclarar que la idea de que Gonza  te tire huevos a penas saliste de la facultad fue de Lu. Yo te juro que no tuve nada que ver

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