“Bebé: ¿Así te dice Mami, no? Es que todavía no sabemos que sos. Te cuento que acá fuera todo está un poquito dado vuelta, mejor quédate dentro de la pancita así los cuido bien. La tía Lu ya te compró un montón de ropa y el tío Gonza nos pregunta todo el tiempo por vos. Te ama, Papi.”
¿Querés tener un golpe de suerte y no morir en el intento? Acá te doy la solución:
1) Búscate una pareja y ámala con locura.
2) Quiérela más que a tu vida.
3) Cuídala más que a tu vida.
4) En este momento recibirás tu premio.
Las doce semanas del embarazo de Pau traía muchas expectativas. La panza ya se hacía notar, tan sólo un poco, pero lo suficiente para su figura. Se nos hacía un poco complicado vernos, trabajábamos a la mañana y ella a la noche quería quedarse a dormir con su hermano. Se había vuelto muy miedosa últimamente y sentía que algo malo iba a pasar. Siempre buscábamos la forma de estar conectados, a través de Internet o por celular. Fueron incontables la cantidad de veces que me quedé con el teléfono en la oreja esperando a que ella se duerma o cantándole una canción a Gonza y su sobrino/a que descansaba en la panza. Las clases volvían a empezar, me anoté en tres de las seis materias que me faltan y Pau se anotó en otras tres por recomendación mía, no quería que se esfuerce demasiado mientras su embarazo estaba en pie.
Ya a mediados de marzo nos vimos obligados a realizar un almuerzo familiar para contar la buena nueva. Mi novia me discutía de que era mejor que le contemos a cada familia por separado, sentía temor por la reacción de su padre… o la de Gonza. Con Mary se llevaba bárbaro. Yo le pedí que por favor no tema, que yo la iba a cuidar pase lo que pase. No mentí.
Pau ingresaba a mi casa con una remera negra y larga que ocultaba su pancita, así se vistió por muchos días. Me miró con un poco de terror en sus ojos y apoyé mis labios en los suyos para que se calme. Atrás le siguieron Gonza que se me colgó de las piernas para luego correr hacia Lu, Mary un poco tímida y confusa y Miguel… bueno, ya sabemos todos como estaba y sino, imagínenselo. De todas formas puse mi mejor sonrisa mientras la madre de mi futuro hijo no dejaba de apretarme la mano con fuerza.
Canelones era la comida que había elegido mi mamá para ésta ocasión, mi papá y mi hermana ayudaron en su elaboración. El almuerzo fue un poco incómodo, hubo muchos momentos de silencio. Ninguna de las dos familias sabía por qué compartíamos una misma mesa. Gonza era el único que participaba de tal ceremonia, le hacía chistes a Lu solo por el placer de escucharla reír, su risa era muy graciosa. Pero más allá de eso, ninguno habló. Tuve que presionarla a Pau para que coma algo, no había tocado ni los cubiertos.
—Este… con Pau organizamos esto porque le queríamos dar una noticia. — Y ella volvió a mirarme con ese temor… se veía tan chiquita. —Sí, Pau. —Mucho tiempo no podíamos seguir ocultándolo.
—Eh, bueno… —Hizo una vista panorámica del comedor. — Voy a ser mamá. —Y su cara hizo puchero en la última palabra.
Una ola de abrazos y felicitaciones fueron a parar a nuestros cuerpos y oídos. Luciana lloraba a la par de Pau y Gonza no entendía dónde estaba el bebé. Mi viejo me dio una palmada en la espalda cual machos para luego advertirme que la cuide, como si yo no supiera. Mary y mamá se encargaron de levantarle la remera y descubrir a la pequeña personita que habitaba allí. Unos aplausos se escucharon de fondo y todos nos dimos vuelta hacia el lugar del que provenía.
—¡Bravo! ¡Te felicito, che! —Y me dio asco la ironía que utilizaba. —Puta como tu madre. — Pau volvió su vista hacia mí. — Y vos… un pelotudo que se cree el cuentito de que el hijo es suyo. — No, con mi hijo no se mete nadie.
—¡Qué decís enfermo! —Me acerqué violentamente, si tenía que matarlo para que mi novia y mi hijo sean felices era capas de hacerlo.
—¡No, PePe! —Y un golpe de parte de Miguel fue a para al estómago de Pau.
Todo se volvió un caos esa tarde, mi papá sacó a puños limpios a ese tipo de la casa. Gonza lloraba porque su hermana estaba en el piso y Mary intentaba que mire para otro lado. Levante a Pau y la llevé a mi habitación.
—El bebé… Pepe. —Volvía a apretarme con fuerza la mano y las lágrimas caían como tormenta.
—¿Te duele? —Negó desesperada. —¿Qué pasa con el bebé?... tranqui… — Le acariciaba la pancita, esa que ya sobresalía.
—El bebé es tuyo, Pepe.
—Ya sé… ya sé, mi amor.
Esa noche Mary se acomodó en el cuarto de Lu, no pensaba regresar a su casa. Gonza y Pau en mi habitación, yo me conformé con el piso mientras acariciaba a mi hijo/a y los pelos castaños de mi cuñado.
A la mañana siguiente Lu trajo el desayuno para tomar con su amiga en la habitación, yo las dejé y con Gonza bajamos al comedor, tenían mucho de qué hablar. Mi mamá me propuso que la acompañe a la clínica, que visite un ginecólogo para que la revise. El golpe nos había impactado a todos.
Luego de horas, minutos y segundos convenciendo a Pau de que era lo mejor para todos y sobre todo para el bebé, me vi en una clínica con mi novia y demás mujeres embarazadas. Ella se sintió un poco incómoda y yo la calmaba con mis caricias, nunca le gustaron los hospitales.
Una ginecóloga nos atendió, y doy gracias a Dios de que sea mujer porque no iba a permitir que otro hombre la toque. Le contamos el pequeño conflicto y luego de tomarle unos datos me hizo salir, en realidad fue Pau porque le daba vergüenza, para que la pueda revisar. Diez minutos después, salió con una orden para hacerse una ecografía. Me vi obligado a correr hacia el bar de la esquina para comprar una botella de agua.
Un hombre con algunas canas en su cabellera nos saludó con un “hola papás” -¡qué loco era llamarme papá!- le pidió que se recueste sobre la camilla y ella misma se levantó la remera. Puso cara rara cuando el doctor le echó el gel frío sobre su vientre.
—¿Primera ecografía? —Preguntó mientras conectaba el monitor.
—Sí. —Contestamos al unísono y nerviosos. Colocó el aparato sobre la panza de Pau. Estiró su mano y yo me aferré a ella.
—Entonces les presento a una personita muy especial… —Y ambos sonreímos.
“Bebé: Hoy te vimos por primera vez, medís 7 centímetros y conocimos tu cabecita, tus manitos y tus piecitos. El doctor nos dijo que ya te van a empezar a crecer las uñas. También escuchamos los latidos de tu corazón. Mami se puso a llorar y yo no paré de darle besos. ¿Sabes de qué me di cuenta? De que tengo mucha suerte. Papi.”
Hola volvi pero con una duda, no se si hay mucha gente que lee la nove, o si les gusta porque sino voy a dejar de subirla porque es al pedo si no se que les parece, espero que me digan que les parece asi decido si continuo subiendo o no, disfruten lo que queda del finde, buenas noches. Patty_lovepyp
domingo, 22 de marzo de 2015
jueves, 19 de marzo de 2015
“El gran libro de los nombres”
“Bebé: con Papi pasamos horas y horas al día imaginando tu carita, él piensa que vas a heredar mi boca y yo su nariz. Espero que podamos elegir tu nombre antes de que nazcas. Tu Mami.”
Instrucciones para terminar mal un día de San Valentín:
1) Enamorarse de una persona que no te de bolilla.
2) Ir a una fiesta
3) Encontrarse a la persona que te gusta besando a otra.
4) Llorar hasta el cansancio.
Las ocho semanas se estaban a punto de cumplir, la panza aún no se notaba pero los cambios emocionales iban a flor de piel. Dolores de cabeza y de vientre se hacían presentes cada día. La cintura se había ensanchado un poco y los pechos me crecían semana tras semana.
Gonza estaba cada vez más mimoso conmigo, no le gustaba que me quede todos los días en la casa de mi novio y pedía dormir juntos. Descubrí que a la noche le subía fiebre y me pedía que no lo deje. Por eso intentaba pasar más tiempo con mi hermano –de parte de padre- , le gustaba pasear en el caballo de la calesita y veía como estaba más concentrado en saludarme cuando daba las vueltas en vez de agarrar la sortija.
—Pero va a estar bueno, Pau —Era catorce de febrero, día de los enamorados, estaba recostada en la cama de mi amiga que me insistía en ir a una fiesta esta misma noche y yo lo único que deseaba era dormir. El embarazo me cansaba mucho. —¿Es por Pepe? Le digo que te deje ir.
—No es por eso. ¿Podes dejar de pintarte las uñas? —El olor a esmalte ya me estaba mareando.
—¡Ay, bueno! Anoche me llamó Agus. —Se preguntarán qué paso con laheramanadePepe y el amigodePepe. Bueno, digamos que Pepe siempre se las ingenia para enterarse de todo. Ahora Agustín tiene prohibido pisar su casa y Lu prohibido verlo. Sí, parece una locura, pero mi novio era demasiado sobreprotector.
Resulta que Luciana –rebelde como siempre- junto con mi ayuda, se las ingeniaba para llamarlo pero Agustín, cobarde como es él, se negaba a atenderla.
—Che, Lu… —Su hermano que no golpeaba la puerta y Luciana que le tiraba ositos de peluches para recordarle los modales. —Hola… amor. ¡Feliz día de los enamorados! —Se tiró sobre mí, despacito, para darme unos piquitos. — Te amo.
—Yo también te amo. —Se acostó a mi lado y me dediqué a acariciar el brazo que cruzaba mi cuerpo.
—Pepito… —Pepe odiaba que su hermana lo nombre así. —Pepito lindo…
—¿Qué querés, Luciana? —Sabía que le iba a pedir algo.
—¿Te molesta si Pau me acompaña a una fiesta esta noche? —Cruzaba las manos, cerraba los ojos y ponía puchero.
—¡Ya te dije que no quiero ir! —Yo que era caprichosa y me sentía mal.
—Anda si queres, Pochi. Yo no tengo problema. —Él y su vos tan calmada.
—Pero yo quería quedarme a dormir con vos… —Me di vuelta para mirarlo triste.
—Bueno, entonces quedate conmigo. —Me volvió a abrazar y besó mi oreja.
—¡Ay, Pau! Dale… van a estar todas las de la facultad y no me llevo con ninguna. ¿Queres que la pase mal en este día? ¿Eh, queres eso?
—Bueno… voy… —Ganó por cansancio.
Luego de que todo su cuerpo caiga sobre el mío para agradecerme y que Pepe casi la ahorque porque yo no podía hacer fuerza –aunque ella ni enterada de la situación-, decidimos que ya era hora de celebrar nuestro día. Nos despedimos de Lu y partimos hacia un lugar tranquilo.
—Gracias por dejar que venga con nosotros. —Habíamos ido a mi casa para retirar a Gonza. Se estaba aburriendo como nunca y Pepe quiso que sea partícipe de nuestro día.
—¡Es mi cuñado, che! Tengo que hacer buena letra. — El Rosedal fue el lugar elegido para nuestra salida –de a cuatro, contando la panza-, había demasiadas parejas pero todas concentradas en besos, flores, bombones y su amor. Gonza jugaba alejado de nosotros, pero no tanto, dándole de comer a los patos. Descansábamos bajo la sombra de un árbol con vista hacia el lago.
—No sé que le pasa… está muy pegajoso conmigo últimamente. —Me recostaba sobre su cuerpo y dejaba que sus manos me acaricien la cintura.
—¿Muchos quilombos en tu casa?
—Los mismos de siempre…
—Y bueno… es chico pero no tonto. Ya se debe estar cansando de todo eso. —Y él siempre me va a entender. Gonza nació a los pocos meses de iniciada nuestra relación, conoce su vida y obra.
—Puede ser… ¡a propósito! —Levanté un poco la cabeza para encontrarme con la suya que ya me miraba desde hacer rato. —¿Cuándo vamos a anunciar a nuestro bebito? —Levantó un hombro. — A partir del mes que viene me va a empezar a crecer la panza y ya me estoy viendo un poco gorda. —Me acomodé de rodillas frente a él y levanté la remera para que vea, sólo largó una risita.
—No es el bebé… es por los tres panchos que te comiste hace un ratito. —Con su dedo índice tocó mi mejilla, yo enarqué una ceja.
—Fue un antojo. —Me excuse.
—Estás hermosa… — Y se acercó un poco para besarme y disfrutar mi boca. —Si te parece bien, el mes que viene contamos todo. —Asentí.
—¡Mira lo que compré! —Comencé a revolver mi bolso y Pepe se reía por lo desesperada que estaba. — ¡Cha chan, cha chan!
—¡No, Pau no! — Se tapaba la cara porque no quería saber nada.
—¡Si, gordito! Ay que ir eligiendo un par… todavía no sabemos si es un nene o una nena, si son dos o tres, si son dos nenas o dos nenes o uno y uno. O dos y una…
—Espero que sea uno solito porque si no voy a dormir en la cucha del perro. —Le pegué con el libro y aprovechó para sacármelo de las manos. — “50.000 nombres para tu bebe” ¿Cincuenta mil?
—Alguno nos tiene que gustar. —Deduje. Y pispié a Gonza que estaba concentradísimo en correr con las aves. —Vamos a ver… Aarona, Aashta, Abelarda, Abelía, Abi, Abigail, Abril, Ada…
—¿Vas a leer uno por uno?
—Sí. —Levanté la vista y contesté muy segura.
—¿Podes cambiar de sexo por lo menos? Mira si es nene
—Ok… de nene, Aarón, Abdalá, Abdiel…
—¿Y si cambias de letra?
—¡No te conformas con nada! —Y di vuelta unas cuantas hojas. —¿Encarnación? ¿Edzel?
—¡Dame a mí! ¡¿Olenca?! ¿Eso es un nombre? ¡Walberto! ¡Yhoalibeth! — Él los nombraba sólo para hacerme reír, y lo lograba.
A eso de las siete de la tarde Pepe nos dejó en mi casa y partió para la suya. Una discusión entre Mary y mi viejo estaba siendo presente en ese momento acerca del estado en el que se encontraba el segundo. Conecté la cámara a la netbook y dejé que Gonza mire las fotos que habíamos sacado esa misma tarde, intentando que no preste atención a los gritos de sus padres.
Cerca de las once de la noche, Luciana con su vestido strapless rosa y yo con el mío rojo con tiras, entrabamos al boliche. La fiesta era de una compañera de la facultad de mi amiga con la que no se llevaba muy bien.
—¡Todos de pareja! —Ella con su zapato con taco de diez centímetros agujereando el piso.
—¡Y yo sin Pepe! Parecemos lesbianas…
—No… no mirá lo que es la yegua.
—¿Esa es tu compañera? —Una rubia con vestido dorado.
—Lorena, ¡y yo con mi vestidito rosa chicle! Vamos a casa.
—¡Ay, no te deprimas! Dale vamos a saludarla…
—No, Pau… — Tarde, ya la estaba arrastrando por entre medio de la gente. —Hola, Lore… ¡Ayyyyyy!
—¡Agustín! —Lore… Agustín… ¡Nah!
—¡Degenerado! —Una cachetada fue a parar a la mejilla de Agustín.
—Para Lu… —Entraba corriendo a su casa después de pagarle al taxi que había escuchado toda una sarta de malas palabras hacia el amigo de Pepe.
—¿Qué pasó? —Y él que salía de la cocina en bóxer blanco y con un vaso de agua. —¿Qué pasó? —Me repitió.
—Tu amigo es un tarado. —Contesté. —Amiga… —Abrí su habitación y la encontré llorando hasta el cansancio.
Holaaa segundo capitulo espero sus comentarios y si alguien quieren que le pase la nove me avisa :) patty_lovepyp
Instrucciones para terminar mal un día de San Valentín:
1) Enamorarse de una persona que no te de bolilla.
2) Ir a una fiesta
3) Encontrarse a la persona que te gusta besando a otra.
4) Llorar hasta el cansancio.
Las ocho semanas se estaban a punto de cumplir, la panza aún no se notaba pero los cambios emocionales iban a flor de piel. Dolores de cabeza y de vientre se hacían presentes cada día. La cintura se había ensanchado un poco y los pechos me crecían semana tras semana.
Gonza estaba cada vez más mimoso conmigo, no le gustaba que me quede todos los días en la casa de mi novio y pedía dormir juntos. Descubrí que a la noche le subía fiebre y me pedía que no lo deje. Por eso intentaba pasar más tiempo con mi hermano –de parte de padre- , le gustaba pasear en el caballo de la calesita y veía como estaba más concentrado en saludarme cuando daba las vueltas en vez de agarrar la sortija.
—Pero va a estar bueno, Pau —Era catorce de febrero, día de los enamorados, estaba recostada en la cama de mi amiga que me insistía en ir a una fiesta esta misma noche y yo lo único que deseaba era dormir. El embarazo me cansaba mucho. —¿Es por Pepe? Le digo que te deje ir.
—No es por eso. ¿Podes dejar de pintarte las uñas? —El olor a esmalte ya me estaba mareando.
—¡Ay, bueno! Anoche me llamó Agus. —Se preguntarán qué paso con laheramanadePepe y el amigodePepe. Bueno, digamos que Pepe siempre se las ingenia para enterarse de todo. Ahora Agustín tiene prohibido pisar su casa y Lu prohibido verlo. Sí, parece una locura, pero mi novio era demasiado sobreprotector.
Resulta que Luciana –rebelde como siempre- junto con mi ayuda, se las ingeniaba para llamarlo pero Agustín, cobarde como es él, se negaba a atenderla.
—Che, Lu… —Su hermano que no golpeaba la puerta y Luciana que le tiraba ositos de peluches para recordarle los modales. —Hola… amor. ¡Feliz día de los enamorados! —Se tiró sobre mí, despacito, para darme unos piquitos. — Te amo.
—Yo también te amo. —Se acostó a mi lado y me dediqué a acariciar el brazo que cruzaba mi cuerpo.
—Pepito… —Pepe odiaba que su hermana lo nombre así. —Pepito lindo…
—¿Qué querés, Luciana? —Sabía que le iba a pedir algo.
—¿Te molesta si Pau me acompaña a una fiesta esta noche? —Cruzaba las manos, cerraba los ojos y ponía puchero.
—¡Ya te dije que no quiero ir! —Yo que era caprichosa y me sentía mal.
—Anda si queres, Pochi. Yo no tengo problema. —Él y su vos tan calmada.
—Pero yo quería quedarme a dormir con vos… —Me di vuelta para mirarlo triste.
—Bueno, entonces quedate conmigo. —Me volvió a abrazar y besó mi oreja.
—¡Ay, Pau! Dale… van a estar todas las de la facultad y no me llevo con ninguna. ¿Queres que la pase mal en este día? ¿Eh, queres eso?
—Bueno… voy… —Ganó por cansancio.
Luego de que todo su cuerpo caiga sobre el mío para agradecerme y que Pepe casi la ahorque porque yo no podía hacer fuerza –aunque ella ni enterada de la situación-, decidimos que ya era hora de celebrar nuestro día. Nos despedimos de Lu y partimos hacia un lugar tranquilo.
—Gracias por dejar que venga con nosotros. —Habíamos ido a mi casa para retirar a Gonza. Se estaba aburriendo como nunca y Pepe quiso que sea partícipe de nuestro día.
—¡Es mi cuñado, che! Tengo que hacer buena letra. — El Rosedal fue el lugar elegido para nuestra salida –de a cuatro, contando la panza-, había demasiadas parejas pero todas concentradas en besos, flores, bombones y su amor. Gonza jugaba alejado de nosotros, pero no tanto, dándole de comer a los patos. Descansábamos bajo la sombra de un árbol con vista hacia el lago.
—No sé que le pasa… está muy pegajoso conmigo últimamente. —Me recostaba sobre su cuerpo y dejaba que sus manos me acaricien la cintura.
—¿Muchos quilombos en tu casa?
—Los mismos de siempre…
—Y bueno… es chico pero no tonto. Ya se debe estar cansando de todo eso. —Y él siempre me va a entender. Gonza nació a los pocos meses de iniciada nuestra relación, conoce su vida y obra.
—Puede ser… ¡a propósito! —Levanté un poco la cabeza para encontrarme con la suya que ya me miraba desde hacer rato. —¿Cuándo vamos a anunciar a nuestro bebito? —Levantó un hombro. — A partir del mes que viene me va a empezar a crecer la panza y ya me estoy viendo un poco gorda. —Me acomodé de rodillas frente a él y levanté la remera para que vea, sólo largó una risita.
—No es el bebé… es por los tres panchos que te comiste hace un ratito. —Con su dedo índice tocó mi mejilla, yo enarqué una ceja.
—Fue un antojo. —Me excuse.
—Estás hermosa… — Y se acercó un poco para besarme y disfrutar mi boca. —Si te parece bien, el mes que viene contamos todo. —Asentí.
—¡Mira lo que compré! —Comencé a revolver mi bolso y Pepe se reía por lo desesperada que estaba. — ¡Cha chan, cha chan!
—¡No, Pau no! — Se tapaba la cara porque no quería saber nada.
—¡Si, gordito! Ay que ir eligiendo un par… todavía no sabemos si es un nene o una nena, si son dos o tres, si son dos nenas o dos nenes o uno y uno. O dos y una…
—Espero que sea uno solito porque si no voy a dormir en la cucha del perro. —Le pegué con el libro y aprovechó para sacármelo de las manos. — “50.000 nombres para tu bebe” ¿Cincuenta mil?
—Alguno nos tiene que gustar. —Deduje. Y pispié a Gonza que estaba concentradísimo en correr con las aves. —Vamos a ver… Aarona, Aashta, Abelarda, Abelía, Abi, Abigail, Abril, Ada…
—¿Vas a leer uno por uno?
—Sí. —Levanté la vista y contesté muy segura.
—¿Podes cambiar de sexo por lo menos? Mira si es nene
—Ok… de nene, Aarón, Abdalá, Abdiel…
—¿Y si cambias de letra?
—¡No te conformas con nada! —Y di vuelta unas cuantas hojas. —¿Encarnación? ¿Edzel?
—¡Dame a mí! ¡¿Olenca?! ¿Eso es un nombre? ¡Walberto! ¡Yhoalibeth! — Él los nombraba sólo para hacerme reír, y lo lograba.
A eso de las siete de la tarde Pepe nos dejó en mi casa y partió para la suya. Una discusión entre Mary y mi viejo estaba siendo presente en ese momento acerca del estado en el que se encontraba el segundo. Conecté la cámara a la netbook y dejé que Gonza mire las fotos que habíamos sacado esa misma tarde, intentando que no preste atención a los gritos de sus padres.
Cerca de las once de la noche, Luciana con su vestido strapless rosa y yo con el mío rojo con tiras, entrabamos al boliche. La fiesta era de una compañera de la facultad de mi amiga con la que no se llevaba muy bien.
—¡Todos de pareja! —Ella con su zapato con taco de diez centímetros agujereando el piso.
—¡Y yo sin Pepe! Parecemos lesbianas…
—No… no mirá lo que es la yegua.
—¿Esa es tu compañera? —Una rubia con vestido dorado.
—Lorena, ¡y yo con mi vestidito rosa chicle! Vamos a casa.
—¡Ay, no te deprimas! Dale vamos a saludarla…
—No, Pau… — Tarde, ya la estaba arrastrando por entre medio de la gente. —Hola, Lore… ¡Ayyyyyy!
—¡Agustín! —Lore… Agustín… ¡Nah!
—¡Degenerado! —Una cachetada fue a parar a la mejilla de Agustín.
—Para Lu… —Entraba corriendo a su casa después de pagarle al taxi que había escuchado toda una sarta de malas palabras hacia el amigo de Pepe.
—¿Qué pasó? —Y él que salía de la cocina en bóxer blanco y con un vaso de agua. —¿Qué pasó? —Me repitió.
—Tu amigo es un tarado. —Contesté. —Amiga… —Abrí su habitación y la encontré llorando hasta el cansancio.
Holaaa segundo capitulo espero sus comentarios y si alguien quieren que le pase la nove me avisa :) patty_lovepyp
miércoles, 18 de marzo de 2015
Tu primer regalo
“Bebé: ¡Qué alegría que llegues a nuestra vida! Sos un terremoto de felicidad. Anoche soñé que te tenía en mis brazos mientras Papi nos cantaba. Tu Mami”
Pepe abrió los ojos lentamente, el sonido del despertador se hacía presente y la luz que entraba por la ventana invadía la habitación. De haber sido otra la situación, ya estaría pidiendo cinco minutos más para despertarse dos horas más tarde y darse cuenta que faltó al trabajo. Pero no, ahora todo cambiaba. Apagó el despertador, agradezcamos que no lo haya revoleado, estirándose un poco a través de mi figura. Me había quedado a dormir en su casa, en su habitación, en su cama de una plaza.
Llevó su mano por debajo de las sábanas y la dejó en mi panza. Dos test de embarazo y un análisis de sangre dejaban en evidencia que una personita de casi cuatro semanas de vida habitaba en mi cuerpo. Posó sus labios en mi cuello y plantó un beso allí. Al momento en que salió de la cama me encargue de despatarrarme y ocupar todo su ancho. Pepe caminó con pasos chuecos hasta el baño para higienizarse, volvió a su habitación, se vistió con su pantalón pinzado y una camisa a rayas. Se agachó y dejó un beso en mi frente.
—Hay que levantarse, gordita… —Si no fuera por el nuevo miembro ya me abría arrastrado por toda la casa, él amaba despertarse con mi mal humor. —Me tengo que ir a trabajar. —Y acomodó su cara entre mi cuello y mi cabeza porque no quería separarse de mí. Dejó por unos segundos que su aire choque con mi piel y retiró la sábana, depositó unos cuantos besos en mi vientre. —¿Hay alguien ahí? ¿Les decimos a mami que desayune conmigo así papi no es el único boludo despierto?
—Me haces cosquillas con tu barba… —Refregué mis manos en los ojos que no querían abrirse y bostecé. Pepe se sentó en el pequeño lugarcito que le dejaba.
—¡Buen día, mamita! —Y no lo dijo por el embarazo.
—Hola amor. —Fue todo lo que pude contestar. Acaricie su cabeza y Pepe se acercó para atacar con dulzura mi boca por un ratito. Pasó un brazo por debajo de mis piernas y otro por mi espalda. Así a upa bajamos las escaleras riendo y me sentó en una banqueta alta de la cocina.
—Veo que están de buen humor. —Ana, la madre de Pepe revolvía su café con leche. Le sonreí, los únicos que sabían la noticia éramos nosotros dos.
—¿Y papá? —No lo veía por ningún lado.
—Ya salió hace rato, dijo que no te va a esperar más. —Y Luciana, su hermana y mi amiga, soltó una risita con los ojos cerrados por el sueño.
—¡Bueh! Ni que fueran las doce de la noche. —Se mordió el labio.
—Tiene razón gordo —Y que lo llame de esa forma provocó que me de un besito. —Tenés que ser un poco más considerado con tu viejo que te dio el laburo. —Ana y Luciana asentían porque estaban de acuerdo.
—Disculpame, estoy desayunando a esta hora porque alguien —y lo pronunció fuerte. —no se quería despertar.
—Disculpame, sos vos el que tiene que trabajar yo tenía todo el derecho del mundo a seguir durmiendo.
—Disculpame, hace más de cuatro años que sos mi novia, en cualquier momento podemos tener una familia y vos sos la que me tiene que acompañar en el desayuno. —Me guiñó el ojo y sonreí porque ese momento iba a llegar más pronto de lo que pensaban los demás. Igual le di un beso porque amaba que él quiera pasar momentos conmigo.
Pepe tenía veinticuatro años, sólo le quedaban seis materias para recibirse de contador público y hace tres meses que trabajaba como auditor del banco del que su padre era dueño. Planeaba seguir trabajando allí hasta tener el título en la mano o en su defecto en un marco colgado en su habitación, luego se independizaría de su familia. Yo era una flamante futura madre de veintidós años, igual que Luciana, pero no es menor el hecho de que me quedaban dos años para recibirme de profesora de Matemática –los números eran la pasión de ambos-, aunque con el embarazo tenía en cuenta que el tiempo de estudio se iba a alargar. Trabajaba como preceptora en el mismo colegio que me gradué y ya me habían prometido un puesto.
—¡Ahora voy, Lu! —Hace media hora que mi pareja había partido y le prometí a mi amiga del alma un día completo con ella. Completo hasta que vuelva Pepe. Entré al baño, metí la cabeza dentro del inodoro y todo el desayuno se despidió de mi estómago. Las nauseas y los vómitos fueron protagonistas durante todo el primer mes. Yo misma me sostenías el pelo y una lágrima caía por cada arcada. Quería que mi novio esté dándome palabras de aliento en ese momento. Me lavé la cara y la boca y esperé unos minutos a que el rojo de las mejillas se esfume.
Lu era mi amiga desde primaria y concurrimos juntas a lo largo de todo el trayecto escolar porque fui la encargada de ganarme una beca en el colegio privado al que sus padres la cambiaron para comenzar la secundaria. Juntas le cambiábamos los autitos por las barbies a su hermano cuando éramos chiquitas. Juntas nos dedicamos a criticar a las novias de su hermano cuando éramos adolescentes. Juntas miramos las novelas de la tarde y nos lloramos todo cuando los protagonistas eligen mal. Juntas compartimos la habitación del HOTEL EN Bariloche y juntas compramos una pulserita de la amistad para cada una. Por todo esto y mucho más Lu no tuvo ningún problema en aceptar mi relación con Pepe, y es que ella había influido demasiado para que se haga realidad.
—¡Necesito urgente una sesión de psico-amigas! —Se tiró en su cama logrando rebotar y suspiró enamorada.
—¿Qué pasó? —Me instalaba en la silla giratoria de la pc y apoyaba los pies en el colchón, las sábanas se encontraban en el piso.
—Agustín pasó. —Nos miramos porque había problemas.
Agustín era el mejor amigo de Pepe. Lu mi mejor amiga. Pepeel hermano de Lu. Yo novia de Pepe. El resultado de la conclusión sería Agustín novio de Lu. Pero no, hermano celoso a la vista.
—¿Hizo algo?
—¡Que no hizo! El sábado vino a almorzar y de paso jugar a la play con Pepe. Yo estaba acá en la pieza ni me lo quería cruzar… pero me lo crucé. Entro de prepo, cerró la puerta y se me puso acá. —Y señaló una corta distancia con su mano y su cara. Abrí la boca por la sorpresa. — Me empezó a chamuyar y me invitó al cine, hoy a la noche.
—¿Vas a ir me imagino? —Soltó una risa irónica.
—Me encantaría pero el boludo de tu novio se llega a enterar y me lo castra. —Le tire con un almohadón.
—No le digas así a tu hermano. —Siempre lo voy defender con uñas y dientes. — Dale anda, yo te cubro con Pepe.
Luego de una mañana y un almuerzo con mi mejor amiga decidí que ya era hora de marchar pero antes me obligó a prometerle que nada iba a fallar esta noche en su gran cita –como si tuviera la bola de cristal- le dije que mañana iba a volver para escuchar todos los hechos sucedidos. Camine las diez cuadras que me separaban de mi casa bajo los treinta y dos grados centígrados que marcaba el televisor de los Alfonso, estábamos a mediados de enero y el calor se hacía notar más que nunca, antes de llegar paré en un kiosko de revistas y compré la que más me llamó la atención, “Ser mamá” figuraba en la portada. Le di una patadita a la puerta después de girar dos veces la llave porque esa era la forma de destrabarla. Saludé a Mary, mi madrastra, que estaba pasando un trapo en el piso, le comenté que tal vez no comía esta noche en casa y me iba con Pepe. Ahí fue cuando se metió Miguel, mi padre, esa persona con la que no tenía ni el más mínimo contacto ni diálogo de afecto, para gritar a los cuatro vientos que era una desvergonzada y que no me importaba la familia e irse al sillón a pasos tambaleantes, consecuencia de la lata de cerveza que llevaba en su mano izquierda.
Me metí en la ducha y quise quedarme bajo el agua tibia hasta el año entrante (y eso que recién comenzaba el dos mil quince), mi familia era completamente diferente a la de Pepe y a la de Lu –que sea cual sea el caso, era una sola familia pero nunca sabía a quién darle prioridad-. Me acaricié la panza y rogué que esa cosita que había allí dentro venga con un kilo de pan bajo el brazo.
En la habitación encontré a Gonza –mi medio hermano de cuatro años- dibujando sobre su cama, me acosté en la mía y me dediqué a mirarlo. Era tan lindo, pelo castaño y ojos marrones, cara de travieso y todo un galán a la vez.
—¿Venís de Pepe? —Ellos tenían una relación perfecta. Pepe se lo compraba con golosinas, helados y hamburguesas de Mc Donalds. Moví la cabeza de arriba hacia abajo.
—A la noche voy a ir de nuevo.
—Llevale esto. —Y me tendió un dibujito que hizo con los crayones que le regalé.
—Seguro que le va a encantar.
Me quedé un tiempo más en casa hasta que las veintiún horas marcaban el reloj, llegó un mensaje de mi amiga avisándome que el plan comenzaba ahora. Llamé a mi novio para que me pase a buscar así Lu podía salir tranquila de su casa evitando el cuestionario.
En menos de quince minutos Pepe estaba tocando bocina, salí con un saquito porque a la noche refrescaba y de la mano de Gonza que quería entregarle personalmente su obra de arte. Mi novio le agradeció y mi hermano le hizo prometer que algún día iban a ir a la plaza, luego se dignó a entrar y dejarnos solos.
Una sesión de besos de cinco minutos fue la que demostró todo lo que nos extrañamos, desde que estaba en “estado” la lejanía era más difícil de acarrear. Nos trasladamos hacia la costanera y cenamos dos choripanes cada uno, permanecimos sentados mirando al rio, la luna y acariciando mi panza por un buen tiempo.
Salí de sus brazos y corrí hacia el auto, volví un poco agitada y me comí un reto de mi novio por las condiciones en las que estaba. Todo se mejoró cuando le mostré la revista que había escondido en la cartera.
—Primer mes: el huevo llega al útero y se inicia su implantación en la cavidad uterina. El embrión irá tomando el aspecto de un disco. Se forma el tubo neuronal y comienza a apreciarse una extremidad abultada: la cabeza. ¡Ay, se le está formando la cabecita! —Giré la cabeza porque estaba de espaldas apoyada a él y me sonrió al borde de las lágrimas.
—En el cuerpo de la madre se manifiestan sensaciones de tensión mamaria, pinchazos uterinos, vahídos, cansancio y necesidad de dormir en cualquier sitio y momento. Se afinará su olfato. ¡Mira ya todo lo que te banque! —Y me gané un beso cuando lo miré mal. —Te tengo una sorpresa.
Me entregó una bolsa de tienda de ropa cuando ya estábamos instalados en los asientos del auto. Comencé con los llantos y los mocos cuando encontré un gorrito más chiquito que la palma de mi mano, una prenda de vestir que reí por lo hermosa que era y un babero que causaba ternura.
—Tenía que ser el primero en regalarte algo —Me limpió algunas lagrimas. —Me corresponde, soy el padre. —Y el pecho se le infló de orgullo.
Guardé la ropa y junto con la revista pararon en el asiento trasero. Hice algunos malabares para que mi cuerpo quede entre Pepe y el volante.
—Tu regalo está hace un mes acá adentro ¿sabes? —Y después de chocar una vez más sus labios, pegué mi cara en su cuello y me dormí sintiendo sus caricias.
Primer capitulo, espero que les guste, si quieren la nove me la piden en @patty_lovepyp pero se las paso desde otra cuenta, gracias por leer :)
“Bebé: ¡Bienvenido/a! Tus Papis.”
1) Colocar el test de embarazo bajo un chorrito de orina.
2) Esperar aproximadamente 3 minutos.
3) Una rayita es negativo, dos es positivo.
—¿Y?
—Positivo.
—¿Positivo?
—Positivo. —Le aseguré.
Cuerpo con cuerpo. Frente con frente. Pupilas con pupilas. Nariz con nariz. Boca con boca. Lágrimas con sonrisas. Amor y un nuevo ser.
2) Esperar aproximadamente 3 minutos.
3) Una rayita es negativo, dos es positivo.
—¿Y?
—Positivo.
—¿Positivo?
—Positivo. —Le aseguré.
Cuerpo con cuerpo. Frente con frente. Pupilas con pupilas. Nariz con nariz. Boca con boca. Lágrimas con sonrisas. Amor y un nuevo ser.
Un dia se me antojo volver jajaja si quieren que se las pase avisen, besos @patty_lovepyp :)
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