domingo, 22 de marzo de 2015

Golpe de Suerte

“Bebé: ¿Así te dice Mami, no? Es que todavía no sabemos que sos. Te cuento que acá fuera todo está un poquito dado vuelta, mejor quédate dentro de la pancita así los cuido bien. La tía Lu ya te compró un montón de ropa y el tío Gonza nos pregunta todo el tiempo por vos. Te ama, Papi.”




¿Querés tener un golpe de suerte y no morir en el intento? Acá te doy la solución:

1) Búscate una pareja y ámala con locura.
2) Quiérela más que a tu vida.
3) Cuídala más que a tu vida.
4) En este momento recibirás tu premio.

Las doce semanas del embarazo de Pau traía muchas expectativas. La panza ya se hacía notar, tan sólo un poco, pero lo suficiente para su figura. Se nos hacía un poco complicado vernos, trabajábamos a la mañana y ella a la noche quería quedarse a dormir con su hermano. Se había vuelto muy miedosa últimamente y sentía que algo malo iba a pasar. Siempre buscábamos la forma de estar conectados, a través de Internet o por celular. Fueron incontables la cantidad de veces que me quedé con el teléfono en la oreja esperando a que ella se duerma o cantándole una canción a Gonza y su sobrino/a que descansaba en la panza. Las clases volvían a empezar, me anoté en tres de las seis materias que me faltan y Pau se anotó en otras tres por recomendación mía, no quería que se esfuerce demasiado mientras su embarazo estaba en pie.

Ya a mediados de marzo nos vimos obligados a realizar un almuerzo familiar para contar la buena nueva. Mi novia me discutía de que era mejor que le contemos a cada familia por separado, sentía temor por la reacción de su padre… o la de Gonza. Con Mary se llevaba bárbaro. Yo le pedí que por favor no tema, que yo la iba a cuidar pase lo que pase. No mentí.

Pau ingresaba a mi casa con una remera negra y larga que ocultaba su pancita, así se vistió por muchos días. Me miró con un poco de terror en sus ojos y apoyé mis labios en los suyos para que se calme. Atrás le siguieron Gonza que se me colgó de las piernas para luego correr hacia Lu, Mary un poco tímida y confusa y Miguel… bueno, ya sabemos todos como estaba y sino, imagínenselo. De todas formas puse mi mejor sonrisa mientras la madre de mi futuro hijo no dejaba de apretarme la mano con fuerza.

Canelones era la comida que había elegido mi mamá para ésta ocasión, mi papá y mi hermana ayudaron en su elaboración. El almuerzo fue un poco incómodo, hubo muchos momentos de silencio. Ninguna de las dos familias sabía por qué compartíamos una misma mesa. Gonza era el único que participaba de tal ceremonia, le hacía chistes a Lu solo por el placer de escucharla reír, su risa era muy graciosa. Pero más allá de eso, ninguno habló. Tuve que presionarla a Pau para que coma algo, no había tocado ni los cubiertos.

—Este… con Pau organizamos esto porque le queríamos dar una noticia. — Y ella volvió a mirarme con ese temor… se veía tan chiquita. —Sí, Pau. —Mucho tiempo no podíamos seguir ocultándolo.

—Eh, bueno… —Hizo una vista panorámica del comedor. — Voy a ser mamá. —Y su cara hizo puchero en la última palabra.

Una ola de abrazos y felicitaciones fueron a parar a nuestros cuerpos y oídos. Luciana lloraba a la par de Pau y Gonza no entendía dónde estaba el bebé. Mi viejo me dio una palmada en la espalda cual machos para luego advertirme que la cuide, como si yo no supiera. Mary y mamá se encargaron de levantarle la remera y descubrir a la pequeña personita que habitaba allí. Unos aplausos se escucharon de fondo y todos nos dimos vuelta hacia el lugar del que provenía.

—¡Bravo! ¡Te felicito, che! —Y me dio asco la ironía que utilizaba. —Puta como tu madre. — Pau volvió su vista hacia mí. — Y vos… un pelotudo que se cree el cuentito de que el hijo es suyo. — No, con mi hijo no se mete nadie.

—¡Qué decís enfermo! —Me acerqué violentamente, si tenía que matarlo para que mi novia y mi hijo sean felices era capas de hacerlo.

—¡No, PePe! —Y un golpe de parte de Miguel fue a para al estómago de Pau.

Todo se volvió un caos esa tarde, mi papá sacó a puños limpios a ese tipo de la casa. Gonza lloraba porque su hermana estaba en el piso y Mary intentaba que mire para otro lado. Levante a Pau y la llevé a mi habitación.

—El bebé… Pepe. —Volvía a apretarme con fuerza la mano y las lágrimas caían como tormenta.

—¿Te duele? —Negó desesperada. —¿Qué pasa con el bebé?... tranqui… — Le acariciaba la pancita, esa que ya sobresalía.

—El bebé es tuyo, Pepe.

—Ya sé… ya sé, mi amor.

Esa noche Mary se acomodó en el cuarto de Lu, no pensaba regresar a su casa. Gonza y Pau en mi habitación, yo me conformé con el piso mientras acariciaba a mi hijo/a y los pelos castaños de mi cuñado.

A la mañana siguiente Lu trajo el desayuno para tomar con su amiga en la habitación, yo las dejé y con Gonza bajamos al comedor, tenían mucho de qué hablar. Mi mamá me propuso que la acompañe a la clínica, que visite un ginecólogo para que la revise. El golpe nos había impactado a todos.

Luego de horas, minutos y segundos convenciendo a Pau de que era lo mejor para todos y sobre todo para el bebé, me vi en una clínica con mi novia y demás mujeres embarazadas. Ella se sintió un poco incómoda y yo la calmaba con mis caricias, nunca le gustaron los hospitales.

Una ginecóloga nos atendió, y doy gracias a Dios de que sea mujer porque no iba a permitir que otro hombre la toque. Le contamos el pequeño conflicto y luego de tomarle unos datos me hizo salir, en realidad fue Pau porque le daba vergüenza, para que la pueda revisar. Diez minutos después, salió con una orden para hacerse una ecografía. Me vi obligado a correr hacia el bar de la esquina para comprar una botella de agua.

Un hombre con algunas canas en su cabellera nos saludó con un “hola papás” -¡qué loco era llamarme papá!- le pidió que se recueste sobre la camilla y ella misma se levantó la remera. Puso cara rara cuando el doctor le echó el gel frío sobre su vientre.

—¿Primera ecografía? —Preguntó mientras conectaba el monitor.

—Sí. —Contestamos al unísono y nerviosos. Colocó el aparato sobre la panza de Pau. Estiró su mano y yo me aferré a ella.

—Entonces les presento a una personita muy especial… —Y ambos sonreímos.

“Bebé: Hoy te vimos por primera vez, medís 7 centímetros y conocimos tu cabecita, tus manitos y tus piecitos. El doctor nos dijo que ya te van a empezar a crecer las uñas. También escuchamos los latidos de tu corazón. Mami se puso a llorar y yo no paré de darle besos. ¿Sabes de qué me di cuenta? De que tengo mucha suerte. Papi.”



Hola volvi pero con una duda, no se si hay mucha gente que lee la nove, o si les gusta porque sino voy a dejar de subirla porque es al pedo si no se que les parece, espero que me digan que les parece asi decido si continuo subiendo o no, disfruten lo que queda del finde, buenas noches. Patty_lovepyp

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