Instrucciones para terminar mal un día de San Valentín:
1) Enamorarse de una persona que no te de bolilla.
2) Ir a una fiesta
3) Encontrarse a la persona que te gusta besando a otra.
4) Llorar hasta el cansancio.
Las ocho semanas se estaban a punto de cumplir, la panza aún no se notaba pero los cambios emocionales iban a flor de piel. Dolores de cabeza y de vientre se hacían presentes cada día. La cintura se había ensanchado un poco y los pechos me crecían semana tras semana.
Gonza estaba cada vez más mimoso conmigo, no le gustaba que me quede todos los días en la casa de mi novio y pedía dormir juntos. Descubrí que a la noche le subía fiebre y me pedía que no lo deje. Por eso intentaba pasar más tiempo con mi hermano –de parte de padre- , le gustaba pasear en el caballo de la calesita y veía como estaba más concentrado en saludarme cuando daba las vueltas en vez de agarrar la sortija.
—Pero va a estar bueno, Pau —Era catorce de febrero, día de los enamorados, estaba recostada en la cama de mi amiga que me insistía en ir a una fiesta esta misma noche y yo lo único que deseaba era dormir. El embarazo me cansaba mucho. —¿Es por Pepe? Le digo que te deje ir.
—No es por eso. ¿Podes dejar de pintarte las uñas? —El olor a esmalte ya me estaba mareando.
—¡Ay, bueno! Anoche me llamó Agus. —Se preguntarán qué paso con laheramanadePepe y el amigodePepe. Bueno, digamos que Pepe siempre se las ingenia para enterarse de todo. Ahora Agustín tiene prohibido pisar su casa y Lu prohibido verlo. Sí, parece una locura, pero mi novio era demasiado sobreprotector.
Resulta que Luciana –rebelde como siempre- junto con mi ayuda, se las ingeniaba para llamarlo pero Agustín, cobarde como es él, se negaba a atenderla.
—Che, Lu… —Su hermano que no golpeaba la puerta y Luciana que le tiraba ositos de peluches para recordarle los modales. —Hola… amor. ¡Feliz día de los enamorados! —Se tiró sobre mí, despacito, para darme unos piquitos. — Te amo.
—Yo también te amo. —Se acostó a mi lado y me dediqué a acariciar el brazo que cruzaba mi cuerpo.
—Pepito… —Pepe odiaba que su hermana lo nombre así. —Pepito lindo…
—¿Qué querés, Luciana? —Sabía que le iba a pedir algo.
—¿Te molesta si Pau me acompaña a una fiesta esta noche? —Cruzaba las manos, cerraba los ojos y ponía puchero.
—¡Ya te dije que no quiero ir! —Yo que era caprichosa y me sentía mal.
—Anda si queres, Pochi. Yo no tengo problema. —Él y su vos tan calmada.
—Pero yo quería quedarme a dormir con vos… —Me di vuelta para mirarlo triste.
—Bueno, entonces quedate conmigo. —Me volvió a abrazar y besó mi oreja.
—¡Ay, Pau! Dale… van a estar todas las de la facultad y no me llevo con ninguna. ¿Queres que la pase mal en este día? ¿Eh, queres eso?
—Bueno… voy… —Ganó por cansancio.
Luego de que todo su cuerpo caiga sobre el mío para agradecerme y que Pepe casi la ahorque porque yo no podía hacer fuerza –aunque ella ni enterada de la situación-, decidimos que ya era hora de celebrar nuestro día. Nos despedimos de Lu y partimos hacia un lugar tranquilo.
—Gracias por dejar que venga con nosotros. —Habíamos ido a mi casa para retirar a Gonza. Se estaba aburriendo como nunca y Pepe quiso que sea partícipe de nuestro día.
—¡Es mi cuñado, che! Tengo que hacer buena letra. — El Rosedal fue el lugar elegido para nuestra salida –de a cuatro, contando la panza-, había demasiadas parejas pero todas concentradas en besos, flores, bombones y su amor. Gonza jugaba alejado de nosotros, pero no tanto, dándole de comer a los patos. Descansábamos bajo la sombra de un árbol con vista hacia el lago.
—No sé que le pasa… está muy pegajoso conmigo últimamente. —Me recostaba sobre su cuerpo y dejaba que sus manos me acaricien la cintura.
—¿Muchos quilombos en tu casa?
—Los mismos de siempre…
—Y bueno… es chico pero no tonto. Ya se debe estar cansando de todo eso. —Y él siempre me va a entender. Gonza nació a los pocos meses de iniciada nuestra relación, conoce su vida y obra.
—Puede ser… ¡a propósito! —Levanté un poco la cabeza para encontrarme con la suya que ya me miraba desde hacer rato. —¿Cuándo vamos a anunciar a nuestro bebito? —Levantó un hombro. — A partir del mes que viene me va a empezar a crecer la panza y ya me estoy viendo un poco gorda. —Me acomodé de rodillas frente a él y levanté la remera para que vea, sólo largó una risita.
—No es el bebé… es por los tres panchos que te comiste hace un ratito. —Con su dedo índice tocó mi mejilla, yo enarqué una ceja.
—Fue un antojo. —Me excuse.
—Estás hermosa… — Y se acercó un poco para besarme y disfrutar mi boca. —Si te parece bien, el mes que viene contamos todo. —Asentí.
—¡Mira lo que compré! —Comencé a revolver mi bolso y Pepe se reía por lo desesperada que estaba. — ¡Cha chan, cha chan!
—¡No, Pau no! — Se tapaba la cara porque no quería saber nada.
—¡Si, gordito! Ay que ir eligiendo un par… todavía no sabemos si es un nene o una nena, si son dos o tres, si son dos nenas o dos nenes o uno y uno. O dos y una…
—Espero que sea uno solito porque si no voy a dormir en la cucha del perro. —Le pegué con el libro y aprovechó para sacármelo de las manos. — “50.000 nombres para tu bebe” ¿Cincuenta mil?
—Alguno nos tiene que gustar. —Deduje. Y pispié a Gonza que estaba concentradísimo en correr con las aves. —Vamos a ver… Aarona, Aashta, Abelarda, Abelía, Abi, Abigail, Abril, Ada…
—¿Vas a leer uno por uno?
—Sí. —Levanté la vista y contesté muy segura.
—¿Podes cambiar de sexo por lo menos? Mira si es nene
—Ok… de nene, Aarón, Abdalá, Abdiel…
—¿Y si cambias de letra?
—¡No te conformas con nada! —Y di vuelta unas cuantas hojas. —¿Encarnación? ¿Edzel?
—¡Dame a mí! ¡¿Olenca?! ¿Eso es un nombre? ¡Walberto! ¡Yhoalibeth! — Él los nombraba sólo para hacerme reír, y lo lograba.
A eso de las siete de la tarde Pepe nos dejó en mi casa y partió para la suya. Una discusión entre Mary y mi viejo estaba siendo presente en ese momento acerca del estado en el que se encontraba el segundo. Conecté la cámara a la netbook y dejé que Gonza mire las fotos que habíamos sacado esa misma tarde, intentando que no preste atención a los gritos de sus padres.
Cerca de las once de la noche, Luciana con su vestido strapless rosa y yo con el mío rojo con tiras, entrabamos al boliche. La fiesta era de una compañera de la facultad de mi amiga con la que no se llevaba muy bien.
—¡Todos de pareja! —Ella con su zapato con taco de diez centímetros agujereando el piso.
—¡Y yo sin Pepe! Parecemos lesbianas…
—No… no mirá lo que es la yegua.
—¿Esa es tu compañera? —Una rubia con vestido dorado.
—Lorena, ¡y yo con mi vestidito rosa chicle! Vamos a casa.
—¡Ay, no te deprimas! Dale vamos a saludarla…
—No, Pau… — Tarde, ya la estaba arrastrando por entre medio de la gente. —Hola, Lore… ¡Ayyyyyy!
—¡Agustín! —Lore… Agustín… ¡Nah!
—¡Degenerado! —Una cachetada fue a parar a la mejilla de Agustín.
—Para Lu… —Entraba corriendo a su casa después de pagarle al taxi que había escuchado toda una sarta de malas palabras hacia el amigo de Pepe.
—¿Qué pasó? —Y él que salía de la cocina en bóxer blanco y con un vaso de agua. —¿Qué pasó? —Me repitió.
—Tu amigo es un tarado. —Contesté. —Amiga… —Abrí su habitación y la encontré llorando hasta el cansancio.
Holaaa segundo capitulo espero sus comentarios y si alguien quieren que le pase la nove me avisa :) patty_lovepyp

muy bueno los caps! me re enganche con la historia! .besos
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