miércoles, 18 de marzo de 2015

Tu primer regalo


“Bebé: ¡Qué alegría que llegues a nuestra vida! Sos un terremoto de felicidad. Anoche soñé que te tenía en mis brazos mientras Papi nos cantaba. Tu Mami”

Pepe abrió los ojos lentamente, el sonido del despertador se hacía presente y la luz que entraba por la ventana invadía la habitación. De haber sido otra la situación, ya estaría pidiendo cinco minutos más para despertarse dos horas más tarde y darse cuenta que faltó al trabajo. Pero no, ahora todo cambiaba. Apagó el despertador, agradezcamos que no lo haya revoleado, estirándose un poco a través de mi figura. Me había quedado a dormir en su casa, en su habitación, en su cama de una plaza.

Llevó su mano por debajo de las sábanas y la dejó en mi panza. Dos test de embarazo y un análisis de sangre dejaban en evidencia que una personita de casi cuatro semanas de vida habitaba en mi cuerpo. Posó sus labios en mi cuello y plantó un beso allí. Al momento en que salió de la cama me encargue de despatarrarme y ocupar todo su ancho. Pepe caminó con pasos chuecos hasta el baño para higienizarse, volvió a su habitación, se vistió con su pantalón pinzado y una camisa a rayas. Se agachó y dejó un beso en mi frente.

—Hay que levantarse, gordita… —Si no fuera por el nuevo miembro ya me abría arrastrado por toda la casa, él amaba despertarse con mi mal humor. —Me tengo que ir a trabajar. —Y acomodó su cara entre mi cuello y mi cabeza porque no quería separarse de mí. Dejó por unos segundos que su aire choque con mi piel y retiró la sábana, depositó unos cuantos besos en mi vientre. —¿Hay alguien ahí? ¿Les decimos a mami que desayune conmigo así papi no es el único boludo despierto?

—Me haces cosquillas con tu barba… —Refregué mis manos en los ojos que no querían abrirse y bostecé. Pepe se sentó en el pequeño lugarcito que le dejaba.

—¡Buen día, mamita! —Y no lo dijo por el embarazo.

—Hola amor. —Fue todo lo que pude contestar. Acaricie su cabeza y Pepe se acercó para atacar con dulzura mi boca por un ratito. Pasó un brazo por debajo de mis piernas y otro por mi espalda. Así a upa bajamos las escaleras riendo y me sentó en una banqueta alta de la cocina.

—Veo que están de buen humor. —Ana, la madre de Pepe revolvía su café con leche. Le sonreí, los únicos que sabían la noticia éramos nosotros dos.

—¿Y papá? —No lo veía por ningún lado.

—Ya salió hace rato, dijo que no te va a esperar más. —Y Luciana, su hermana y mi amiga, soltó una risita con los ojos cerrados por el sueño.

—¡Bueh! Ni que fueran las doce de la noche. —Se mordió el labio.

—Tiene razón gordo —Y que lo llame de esa forma provocó que me de un besito. —Tenés que ser un poco más considerado con tu viejo que te dio el laburo. —Ana y Luciana asentían porque estaban de acuerdo.

—Disculpame, estoy desayunando a esta hora porque alguien —y lo pronunció fuerte. —no se quería despertar.

—Disculpame, sos vos el que tiene que trabajar yo tenía todo el derecho del mundo a seguir durmiendo.

—Disculpame, hace más de cuatro años que sos mi novia, en cualquier momento podemos tener una familia y vos sos la que me tiene que acompañar en el desayuno. —Me guiñó el ojo y sonreí porque ese momento iba a llegar más pronto de lo que pensaban los demás. Igual le di un beso porque amaba que él quiera pasar momentos conmigo.

Pepe tenía veinticuatro años, sólo le quedaban seis materias para recibirse de contador público y hace tres meses que trabajaba como auditor del banco del que su padre era dueño. Planeaba seguir trabajando allí hasta tener el título en la mano o en su defecto en un marco colgado en su habitación, luego se independizaría de su familia. Yo era una flamante futura madre de veintidós años, igual que Luciana, pero no es menor el hecho de que me quedaban dos años para recibirme de profesora de Matemática –los números eran la pasión de ambos-, aunque con el embarazo tenía en cuenta que el tiempo de estudio se iba a alargar. Trabajaba como preceptora en el mismo colegio que me gradué y ya me habían prometido un puesto.

—¡Ahora voy, Lu! —Hace media hora que mi pareja había partido y le prometí a mi amiga del alma un día completo con ella. Completo hasta que vuelva Pepe. Entré al baño, metí la cabeza dentro del inodoro y todo el desayuno se despidió de mi estómago. Las nauseas y los vómitos fueron protagonistas durante todo el primer mes. Yo misma me sostenías el pelo y una lágrima caía por cada arcada. Quería que mi novio esté dándome palabras de aliento en ese momento. Me lavé la cara y la boca y esperé unos minutos a que el rojo de las mejillas se esfume.

Lu era mi amiga desde primaria y concurrimos juntas a lo largo de todo el trayecto escolar porque fui la encargada de ganarme una beca en el colegio privado al que sus padres la cambiaron para comenzar la secundaria. Juntas le cambiábamos los autitos por las barbies a su hermano cuando éramos chiquitas. Juntas nos dedicamos a criticar a las novias de su hermano cuando éramos adolescentes. Juntas miramos las novelas de la tarde y nos lloramos todo cuando los protagonistas eligen mal. Juntas compartimos la habitación del HOTEL EN Bariloche y juntas compramos una pulserita de la amistad para cada una. Por todo esto y mucho más Lu no tuvo ningún problema en aceptar mi relación con Pepe, y es que ella había influido demasiado para que se haga realidad.

—¡Necesito urgente una sesión de psico-amigas! —Se tiró en su cama logrando rebotar y suspiró enamorada.

—¿Qué pasó? —Me instalaba en la silla giratoria de la pc y apoyaba los pies en el colchón, las sábanas se encontraban en el piso.

—Agustín pasó. —Nos miramos porque había problemas.

Agustín era el mejor amigo de Pepe. Lu mi mejor amiga. Pepeel hermano de Lu. Yo novia de Pepe. El resultado de la conclusión sería Agustín novio de Lu. Pero no, hermano celoso a la vista.

—¿Hizo algo?

—¡Que no hizo! El sábado vino a almorzar y de paso jugar a la play con Pepe. Yo estaba acá en la pieza ni me lo quería cruzar… pero me lo crucé. Entro de prepo, cerró la puerta y se me puso acá. —Y señaló una corta distancia con su mano y su cara. Abrí la boca por la sorpresa. — Me empezó a chamuyar y me invitó al cine, hoy a la noche.

—¿Vas a ir me imagino? —Soltó una risa irónica.

—Me encantaría pero el boludo de tu novio se llega a enterar y me lo castra. —Le tire con un almohadón.

—No le digas así a tu hermano. —Siempre lo voy defender con uñas y dientes. — Dale anda, yo te cubro con Pepe.

Luego de una mañana y un almuerzo con mi mejor amiga decidí que ya era hora de marchar pero antes me obligó a prometerle que nada iba a fallar esta noche en su gran cita –como si tuviera la bola de cristal- le dije que mañana iba a volver para escuchar todos los hechos sucedidos. Camine las diez cuadras que me separaban de mi casa bajo los treinta y dos grados centígrados que marcaba el televisor de los Alfonso, estábamos a mediados de enero y el calor se hacía notar más que nunca, antes de llegar paré en un kiosko de revistas y compré la que más me llamó la atención, “Ser mamá” figuraba en la portada. Le di una patadita a la puerta después de girar dos veces la llave porque esa era la forma de destrabarla. Saludé a Mary, mi madrastra, que estaba pasando un trapo en el piso, le comenté que tal vez no comía esta noche en casa y me iba con Pepe. Ahí fue cuando se metió Miguel, mi padre, esa persona con la que no tenía ni el más mínimo contacto ni diálogo de afecto, para gritar a los cuatro vientos que era una desvergonzada y que no me importaba la familia e irse al sillón a pasos tambaleantes, consecuencia de la lata de cerveza que llevaba en su mano izquierda.

Me metí en la ducha y quise quedarme bajo el agua tibia hasta el año entrante (y eso que recién comenzaba el dos mil quince), mi familia era completamente diferente a la de Pepe y a la de Lu –que sea cual sea el caso, era una sola familia pero nunca sabía a quién darle prioridad-. Me acaricié la panza y rogué que esa cosita que había allí dentro venga con un kilo de pan bajo el brazo.

En la habitación encontré a Gonza –mi medio hermano de cuatro años- dibujando sobre su cama, me acosté en la mía y me dediqué a mirarlo. Era tan lindo, pelo castaño y ojos marrones, cara de travieso y todo un galán a la vez.

—¿Venís de Pepe? —Ellos tenían una relación perfecta. Pepe se lo compraba con golosinas, helados y hamburguesas de Mc Donalds. Moví la cabeza de arriba hacia abajo.

—A la noche voy a ir de nuevo.

—Llevale esto. —Y me tendió un dibujito que hizo con los crayones que le regalé.

—Seguro que le va a encantar.

Me quedé un tiempo más en casa hasta que las veintiún horas marcaban el reloj, llegó un mensaje de mi amiga avisándome que el plan comenzaba ahora. Llamé a mi novio para que me pase a buscar así Lu podía salir tranquila de su casa evitando el cuestionario.
En menos de quince minutos Pepe estaba tocando bocina, salí con un saquito porque a la noche refrescaba y de la mano de Gonza que quería entregarle personalmente su obra de arte. Mi novio le agradeció y mi hermano le hizo prometer que algún día iban a ir a la plaza, luego se dignó a entrar y dejarnos solos.

Una sesión de besos de cinco minutos fue la que demostró todo lo que nos extrañamos, desde que estaba en “estado” la lejanía era más difícil de acarrear. Nos trasladamos hacia la costanera y cenamos dos choripanes cada uno, permanecimos sentados mirando al rio, la luna y acariciando mi panza por un buen tiempo.

Salí de sus brazos y corrí hacia el auto, volví un poco agitada y me comí un reto de mi novio por las condiciones en las que estaba. Todo se mejoró cuando le mostré la revista que había escondido en la cartera.

—Primer mes: el huevo llega al útero y se inicia su implantación en la cavidad uterina. El embrión irá tomando el aspecto de un disco. Se forma el tubo neuronal y comienza a apreciarse una extremidad abultada: la cabeza. ¡Ay, se le está formando la cabecita! —Giré la cabeza porque estaba de espaldas apoyada a él y me sonrió al borde de las lágrimas.

—En el cuerpo de la madre se manifiestan sensaciones de tensión mamaria, pinchazos uterinos, vahídos, cansancio y necesidad de dormir en cualquier sitio y momento. Se afinará su olfato. ¡Mira ya todo lo que te banque! —Y me gané un beso cuando lo miré mal. —Te tengo una sorpresa.

Me entregó una bolsa de tienda de ropa cuando ya estábamos instalados en los asientos del auto. Comencé con los llantos y los mocos cuando encontré un gorrito más chiquito que la palma de mi mano, una prenda de vestir que reí por lo hermosa que era y un babero que causaba ternura.

—Tenía que ser el primero en regalarte algo —Me limpió algunas lagrimas. —Me corresponde, soy el padre. —Y el pecho se le infló de orgullo.

Guardé la ropa y junto con la revista pararon en el asiento trasero. Hice algunos malabares para que mi cuerpo quede entre Pepe y el volante.

—Tu regalo está hace un mes acá adentro ¿sabes? —Y después de chocar una vez más sus labios, pegué mi cara en su cuello y me dormí sintiendo sus caricias.



Primer capitulo, espero que les guste, si quieren la nove me la piden en @patty_lovepyp pero se las paso desde otra cuenta, gracias por leer :)

No hay comentarios:

Publicar un comentario