miércoles, 8 de abril de 2015

“Mis nenas”

“Bebé: El otro día Mami me despertó a las tres de la mañana para que apoye mi mano en su pancita. Que lindo que te empieces a mover, ¿serás un jugador de futbol o una bailarina clásica? No importa, vos pensá tranqui que todavía falta un tiempito. Te ama, Papi”




Instrucciones para sentir celos:
1) Tener una persona por la que morís de amor.
2) Si alguien se le acerca y a vos te hierve la sangre indica que el bichito de los celos te picó.
3) No temas, demuestra tu amor.

—¿El bebé está ahí? —Gonza señaló la panza de Pau

—Sí. —Contestó y como reflejo la acarició.

—¿Por qué?

—Porque así se forman los bebés. —Esa la respondí yo. Estábamos los tres merendando una chocolatada.

—¿Cómo hizo para meterse ahí? —Estaba a punto de cumplir cinco años y todo lo tenía que cuestionar.

—Pepe me puso una semillita. —Y me reí por el doble sentido. —¿Estás contento de que vas a ser tío?

—No. —Se fue a jugar a la pelota sólo. Le picó el bichito de los celos y es entendible, su hermana tenía otra persona para cuidar.

Abril traía a la par demasiados trabajos prácticos y exámenes. La facultad nos agobiaba, sobre todo a ella y sus dieciséis semanas. La panza ya estaba creciendo y el bebé se comenzaba a mover, al parecer iba en contra del mundo porque solo pateaba de noche. Pau no podía dormir y yo no dormía si ella no lo hacía. Mary ya inició el divorcio con Miguel, por ahora ella y Gonza viven en nuestra casa.

—¡Sos un idiota, Pedro!

—No me grites…

—No le grites.

—¡Pero cómo va a hacer eso! —Luciana invadió mi habitación en el momento de la siesta con mi novia y nuestra panza.

—Yo no hice nada. Deja dormir… —Y me acurruqué en el cuello de Pau, ella arreglaba el lío de frazadas.

Conozco a Agustín desde que tengo uso de razón, es hijo del amigo de mi viejo. Nos criamos juntos. Digamos que el hecho de que mi hermana haya llorado una semana entera por él, me volvió loco. Sí, lo que están pensando. Le di una trompada.

—¡Tiene todo el ojo morado!

—¡¿Lo golpeaste al final?!

—Él se chocó con mi mano… ¡Bueno! ¿Qué querías? No iba a dejar que estés llorando como una tarada por él.

—¡Por él me decís! Vos eras el que no me dejaba verlo y por tu culpa pasó todo lo que pasó. —Pau ya se agarraba la cabeza, desde que se embarazó que no soporta nuestros gritos, antes se reía de nosotros.

—¡Ahora yo tengo la culpa! ¡Era mi amigo!

—¡Y vos estas por tener un pibe de la mía! —Se fue dando un portazo.

—Tiene razón, Pepe… —Y ella me hacía masajes en la espalda. La situación me superó. — ¿qué te jode que Lu salga con Agus?

—Es mi hermanita, Pau… no da. —Y soltó una risita. Yo GIRÉ la cabeza para verla.

—¿Estás celoso? —Ahora lanzaba carcajadas. —¡Estas celoso! Le voy a contar a Lu.

¡Celoso me dice! Obvio que estoy celoso, es mi hermanita. Como dije, abril venía con todo. Pau y Lu decidieron salir a mirar vidrieras, la primera quería comprarse algo de ropa para cuando la panza crezca y los botones de sus pantalones no le abrochen. La segunda quería averiguar precios de cunas, cochecitos, sillas y todo lo que sea creado para su sobrino o sobrina.

—¿Trajiste los apuntes de Impuestos II? —Gaby se acercó a mi casa, íbamos a estudiar juntos para el parcial que tenemos en dos días.

—Sí… ¿vos te quedaste con un libro mío, no? — Nos instalamos en mi habitación para estar lejos de los ruidos de Gonza. Últimamente estaba muy gritón. Y como para no estarlo, sus padres a punto de divorciarse, su hermana embarazada, alguien más chiquito que él a punto de nacer…

—Ya te lo estoy devolviendo. —Me encaminé a la pila de libros, fotocopias y cuadernillos que descansaban en el escritorio.

—No hay problema si te lo querés quedar unos días más.

—Nah, ya tengo lo que necesitaba. A parte te lo doy ahora por las dudas que se pierda.

—Y sí, entre todo este lío… —Hizo un recorrido con la mirada. —¡Tanta ropa de tu hermana hay acá?

—¿Eh? ¡Ah no! Es de mi novia. Bueno, ¿empezamos?

Dos horas, dos horas, dos horas es lo que perdimos en esos benditos apuntes. ¡Dios! Qué dolor de cabeza… Mary nos alcanzó una bandeja con jugos y sándwiches, una grosa, nos tomamos un tiempito para descansar la mente y tomarnos la merienda. Pasé al baño y Gaby quiso acomodar el desorden que hicimos en la cama, llena de apuntes por doquier.

—Pepe… no sabes las cosas que… —Sí, tenía que entrar Pau. —¿Quién sos vos?

—Hola, gordita. —Yo que la saludaba desde atrás. Se dio vuelta y me miró estupefacta.

—¿Quién es está?

—Soy Gaby. —Contestó.

—¡A vos no te pregunté! Pensé que Gaby, era un compañero. —Remarcó la última letra porque claro, la mini falda que tenía Gabriela no era para hombre.

Dos minutos me tomó despedir a Gaby y subir a zancadas las escaleras para encontrarme a mi novia revoleando toda la ropa nueva adentro del ropero.

—¡Ey, para! ¿Qué te pasa? —Le sostuve las manos porque ya suponía que uno de esos manotazos iba a parar a mi cara.

—¿Por qué no me dijiste que era mujer? ¿Cuántas veces fuiste a la casa de ella? —Y me lo decía con angustia.

—No es mujer, es mi amiga. —Quise hacerle notar una diferencia muy clara. — Y sí fui un par de veces a la casa, las veces que yo te dije. ¿Qué te pasa? Nunca te pusiste así.

—Estoy celosa. —Se largó con todo en mi hombro. —Encima estaba arriba de tu cama ¿qué querés que piense?

—Nunca te pusiste así de celosa, nunca te jodió que yo tenga amigas.

—Nunca me vi tan gorda delante de otra. —Un par de besos cambiaban todo.

Luego de tomar una ducha rápida entre tres –nosotros dos y la panza, aclaremos- Nos dirigimos a la clínica para que Eduardo, el obstetra de Pau, nos haga una nueva ecografía.

—Tiene un hijo y la mujer embarazada, Pepe.

—¡Qué me importa! Te está relojeando toda. —La discusión, en vos baja, era por un hombre que miraba de más a mi novia mientras la suya con una panza casi a punto de parir se apantallaba en una silla negra y otro nene corría de su mamá hasta su papá y viceversa.

—¿Chaves? —Nos levantamos. —¿Cómo va la pancita?

—Bien, creciendo… —Dijo con una sonrisa.

—Una preguntita… —Y tanto Pau como el obstetra y la enfermera posaron su vista en mí. Tragué saliva. —¿Ya se puede saber el sexo?

—A los cuatro meses se está definiendo, hay que ver si se deja ver.

“Hija: Sí, hija. Hoy descubrimos que sos una nena. El doctor nos dijo que medís catorce centímetros y pesas doscientos gramos. ¡Qué lindas muequitas que nos regalaste! Ahora me voy a tener que poner las pilas. Tengo muchas nenas para cuidar. Te ama, tu Papi.”



Hola volvi, les pido perdon *de rodillas* soy muy colgada y posta me olvide de la novela estan en todo su derecho si quieren odiarme jajajaja haganme acordar de vez en cuando, disfruten del capitulo, y comenten asi tienen otro mañana @patty_lovepyp

No hay comentarios:

Publicar un comentario