martes, 14 de abril de 2015

"Feliz cumple papito"


“Hijita: ¡Qué lindo es sentir como te movés dentro de mí! El doctor nos dijo que ya medis 25 centímetros ¡Qué grande estás! Estamos a mitad de camino… falta tan poquito para vernos. Hoy es el cumpleaños de Papi, así que vamos a darle una sorpresita. Te ama con toda su alma, Mami.”


¿Cómo pasarla bien en el cumpleaños de tu novio?
1) Repítele incontables veces “feliz cumple”.
2) Prepárale una sorpresa.
3) Haz el amor con él.

—Feliz cumple, papito… —Se lo dije por tercera vez en esta mañana, también se lo dije dos veces luego de las doce de la noche.

—Gracias preciosa. —Me gané miles de besos. —Gracias preciosa dos. —Bajó a la panza y depositó unos cuantos allá. Como respuesta hubo un par de pataditas. Eran cerca de las siete de la mañana de un lunes y todavía seguíamos acostados en su cama. A mi se me empezaba a complicar a la hora de dormir, la panza que crecía ya no dejaba posicionarme boca abajo.

—Viste como te responde siempre que le hablas.

—Obvio, soy el padre. Me ama.

—¡Ay, perdón! Futuro papi. —Y sonrío porque le encantaba que le digan así. —¿No tendrías que cambiarte vos? —Porque todavía seguía con su musculosa blanca y su bóxer.

—No… no. —Se aferró más a mi cuerpo. —Me tomo el día libre.

—¡Pepe! —Sí, lo reté. —No te podes aprovechar de tu viejo. —Bufó.

—Sos re amarga. —Y ya sacaba el embrollo de sábanas para vestirse. —Yo quería pasar el día con ustedes. —En el colegio donde trabajo se realizaba un paro docente, yo pensaba descansar todo el día.

—Cagate, por cumplir un lunes… después te preparo una sorpresita. —Lo decía sólo por consolarlo. Se volvió a recostar, ahora con la camisa celeste y su pantalón gris sobre el cuerpo.

—Te amo. —Fue inevitable seguir besándonos por unos cinco minutos más. —Bueno, me voy… loquita, deja descansar a tu mami. —Golpeó la pancita y me colocó una frazada más porque le dije que iba a tener frío sin él. Mayo era para dormir abrazados.

A las doce del mediodía volví a despertarme, nuestra hija le hizo caso al padre y casi ni se movió, tanteé mi celular por debajo de la almohada y descubrí que tenía cuatro mensajes de Pepe con “las extraño y las amo” imposible no estar enamorada de este hombre. Obvio que le contesté un “nosotras también te amamos”.

Bajé las escaleras con mi pijama que dejaba al descubierto la panza de veinte semanas, le di un beso a Gonza que miraba dibujitos. Ahora vivía en una casa con cable de televisión. Mary era la encargada de cocinar unos fideos con salsa para nosotros tres. Los padres de Pepe trabajaban y Lu estudiaba hasta las tres.

Le pedí a Gonza que me ayudara a preparar la torta preferida de Pepe. Fuimos hasta el almacén y compramos harina, huevos, leche, manteca y lo más importante, una tableta de chocolate amargo. Ya en la cocina mi hermano me pidió hacer uso de la batidora eléctrica, se la di con la condición de que no meta los dedos mientras está en funcionamiento.

Mezclamos la harina, agua fría, un poco de manteca, tres huevos, derretí el chocolate a baño maría y lo juntamos también. Luego del horno dejamos que se enfríe y la decoramos. Le prometí a Gonza que para su cumple le iba a hacer una igual.

A eso de las cuatro de la tarde entraba con Lu a un salón de belleza, la panza de cinco meses impedía ciertos movimientos por eso saqué un turno para la depiladora. Mi amiga sólo quería un corte de cabello.

—¿Vos estás segura que se puede? —Hojeábamos unas revistas mientras esperábamos.

—Primero busqué en internet y decía que se podía pero que consulte con el obstetra para que vea el estado en el que estoy.

—¿Y fuiste a la clínica?

—Sí, el viernes me tocaba la ecografía y como Pepe no pudo venir… —Tenía que trabajar. —… aproveché, viste. Eduardo me dijo que está todo bien y que es absolutamente normal tener sexo durante el embarazo. —Sí, hablábamos de sexo en un salón de belleza sentadas al lado de una viejita que esperaba su coloración de cabello.

—No se, a mí me da cosa, Pau. Mira si le hace mal a la nena. —Me acarició la panza.

—No, ya leí un libro que decía que el sexo le hace mucho mejor, que ayuda en el parto y hasta le hace bien a la pareja. —Estaba muy instruida en el tema.

Luego de veinte minutos de depilación, del corte de flequillo de Lu, de que todas las viejas chismosas me pregunten de cuánto estoy, que sexo es, si el padre se hizo cargo –si supieran lo que es Pepe, les pasa el trapo a varios padres- y no se cuantas cosas más, fuimos a tomar un helado por antojo mío. Charlamos un rato de su vida, de cómo le estaba yendo en la facultad –estudiaba organización de eventos-, me contó que en las materias va bien salvo la mala compañía que había allí. Lorena no dejaba de agrandarse y siempre buscaba la forma de recordarle que Agustín era su novio. Yegua como ninguna.

A las ocho de la noche estaba duchándome, sentí las cortinas correrse y sonreí porque sabía quien se acercaba. Recorrió mi panza con sus manos grandes y dejó un par de besos en mi cuello, le gustaba sentir mi piel mojada por el agua.

Salí del baño y me sequé el pelo, coloqué sobre mi cuerpo un vestido violeta más grande de los que usaba antes por temas obvios, él se puso una camisa azul y un jean. Se dirigió al living y prendió la tele para esperar a que yo termine de maquillarme, peinarme y echarme perfume, sólo un poco porque el olor me hacía mal.

Un restaurante de Puerto Madero fue el elegido para que pasemos su cumpleaños solo nosotros tres. Según Pepe le dábamos paz y lo ayudábamos a olvidarse de todos los problemas del trabajo y la facultad.

Una rica cena, un brindis por sus veinticinco años, un baile lento, un flancito con dulce de leche de postre y muchos besos dieron por terminada la velada. Cerca de las doce de la noche ya estábamos ingresando a su hogar.

—Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas Papito, que los cumplas feliz. —Se lo susurraba cerca del oído, aprovechaba que estaba sentada sobre él. Pidió sus tres deseos “seguir siendo feliz, amar cada día más a Pau y que mi hija crezca sana” y sopló las velitas de su torta de chocolate amargo. Una porción grande bastaba para los dos, lo otro volvió a la heladera.

Entre besos cruzamos el living, subimos las escaleras y entramos a su cuarto. Ya sentados en la cama desabroché botón por botón de su camisa y apoyé varias veces mis labios en su pecho. Él bajó el cierre de mi vestido y lo dejo caer al suelo. Acarició mi panza y luego me acarició a mí, a Paula. Un poco desesperada le desabroché el pantalón y lo saqué junto a su bóxer.

—Para, Pau… —Me susurraba, no queríamos despertar a nadie. —Mira si hacemos mal.

—No. —Bese la comisura de sus labios porque sabía que lo volvía loco. —Ya averigüé.

—¿En dónde averiguaste? —No eran celos, era que no entendía cómo podía ser tan caradura. Me reí con vergüenza.

—No importa eso. ¿Queres o no? —Yo me ocupaba de pasar mi nariz por su cara para que sea un sí rotundo.

—Dale, pero despacito por si las moscas.

Y como extrañaba dormir abrazados luego de una noche de amor.


Hola como andan, aca reportandome, le pase la nove a la lista vieja que tenia, si alguna esta y ya no quiere me avisa, y sino esta y la quiere tambien, besooos :) @patty_lovepyp

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