—Papi…
—Recorría el living con la mirada, muchas personas pero ninguno era él. —Papi…
—Ahora se angustiaba.
—Ya va
a venir Papi. —La levanté en brazos cuando vi unas lágrimas.
Oli
cumplía su primer año. Con Pepe decidimos hacer una reunión tranqui con
nuestros familiares y amigos. Ambos estábamos muy cansados, él por su trabajo y
yo por el profesorado, se me acercaban las fechas de exámenes.
—Está
re enamorada de Pepe esa nena. —Comentó Lu al ver como yo la aupaba tratando de
hacerle entender que su padre estaba trabajando y que ya iba a volver.
—¡Ni
que fuera lindo! —Burló Agustín abrazando a mi amiga de costado.
—¿Queres
que pruebe yo? —Se la pasé a Mary quién se había convertido en la niñera
oficial cuando comencé a estudiar y no teníamos quien la cuide. —Papi está
trabajando, después viene.
—Lo
quiero ver a Pepe cuando la nena crezca y prefiera al novio y no al padre.
—Sergio, mi suegro, tomaba una tacita de café.
—¿Fue
una indirecta hacia mi? —Seguía Agus que sabía perfectamente como era la
relación entre Luciana y mi/su suegro.
—Banco…
—Era su forma de llamar a Bronco. El perro, que hasta el momento jugaba con Gonza
en el piso, se levantó de golpe al escuchar el llamado de su protegida. Se
acercó y Oli hizo fuerza para que su abuela de corazón la suelte. Se trepó a su
lomo y volvieron al piso.
—¡Esto
es para sacar miles de fotos! —Nora con su cámara que no había dejado de
disparar flashes en toda la tarde.
Oli y
Bronco habían formado una relación demasiado sólida. Era verlo a él
arrastrándola de la ropa hacia nosotros cada vez que nuestra hija tenía hambre,
sueño o necesitaba un cambiado de pañal. Ni siquiera utilizábamos el cochecito,
cada vez que salíamos a pasear a algún parque ella viajaba en su lomo como si
fuese caballo, Bronco ya creció demasiado. Todos felices y los turistas miraban
como si fuera una maravilla.
—¡Llegué!
—Como si no hubiésemos escuchado la puerta abrirse. Todos aplaudimos y el elevó
los brazos para agradecer. —Gracias, gracias, no sabía que me amaban tanto.
—¡Papi!
—Repetía por milésima vez en el día. Se levantó con un poco de fuerza y comenzó
a dar unos pasitos torpes hasta el padre que la esperaba agachado y con los
brazos abiertos. Bronco caminaba a sus espaldas y la ayudaba empujándola con el
hocico. Nora que seguía sacándole fotos a ese animal.
—Hola
hermosa… ¡Feliz cumple! —Le dio un beso en la boca, porque así se saludaban. La
elevó, la sacudió hasta que largara carcajadas y la llenó de besos en el
cuello. —A ver, a ver… —Saludo con un hola en general y a mí con un beso.
Agarró un sándwich de miga y se sentó en el sillón junto a mí. Estaba clarísimo
que Oli no se le iba a separar en todo el día.
—¿Te
estás aburriendo? —Giré medio cuerpo para ver a Gomza jugando sólo con la pelota de tenis del perro.
—Andá a mi cuarto a mirar dibujitos si queres.
—¡Al
fin! —Exclamó como si hubiera estado esperando la invitación toda la tarde. Él
ya tenía sus seis años e iba a primer grado. ¡El nene que crece y yo que me
pongo vieja!
Luego
de algunas charlas sobre el trabajo, el estudio y los menores busqué la torta
que preparé con mi amiga y cuñada. Nos acercamos hasta la mesa del comedor y
apagamos las luces. Agus encendió la vela con el número uno y con Pepe la
soplamos luego de que le cantemos a Oli el “Felíz cumpleaños”. Ella entendía
poco y nada de la situación. Unas horas más tarde volvíamos a ser cuatro.
—¿Tenes
frío? —A la noche decidimos subir a la terraza para mirar las estrellas,
simplemente estábamos románticos.
—En
realidad no pero si implica que me abraces entonces sí, tengo frío. —Buscó mi
cuerpo y me abrazó acariciando mi espalda. —Mira como duermen. —Señalé con la
cabeza a Oli que dormía en el piso de cemento usando de almohada a Bronco.
—Y vos
querías un Beagle. Aceptalo, Bronco es lo más.
—Si…
¡Ay! —Y solté algunas lágrimas.
—¿Qué
pasa? —Se separó un poquito y besó repetidas veces mi mejilla. —No me llores
vos ahora. —Hacía un ratito tuvo que calmar a su hija que se había raspado las
rodillas al caer al piso de un tropezón.
—Es que
está re grande. ¡Un año ya! Parece que fue ayer cuando nos enteramos que estaba
embarazada.
—Decímelo
a mí, mañana va a venir con un novio y voy a arragar la escopeta para salir a
cazar con Bronco. —Me soltó para agarrar a su hija en brazos, el perro se
despertó de golpe al no sentirla encima. Bajamos el ascensor en silencio y la
dejamos en la cuna. —¡Ey, para de llorar! —Yo seguía con mi puchero, ahora
recostada en la cama.
—No
puedo… vos no entendes lo que es ser madre. ¡Creció de golpe! ¿Cuándo fue que
dejó de tomar la teta?
—Tranqui…
aprovechémosla mientras podamos.
—No
quiero que deje los pañales.
—Pau…
—¿Quién
le enseñó a caminar? Estaba bien gateando. —Super dolida. —Ni siquiera me llora
de noche.
—Bueno,
ya esta… —Y me acurrucó en su pecho para calmarme.
Cuando
note que Pepe se había quedado dormido escuchando todo lo que me había
lamentado al enseñarle tantas cosas a mi hija, me liberé de sus brazos que me
tenían prisionera y saqué las sábanas de mi cuerpo. Abrí despacio la puerta del
dormitorio para no despertarlo y así, descalza caminé hacia la habitación de mi
hija. La tomé en brazos y la lleve hasta mi cama. La recosté de mi lado y le
rogué, por favor, que cumpla un año y nada más.
Y no sé
que instrucciones puede haber en este capítulo. Solo te puedo dar un consejo,
los niños crecen, los adultos se ponen viejos pero una madre nunca va a dejar
de serlo y un hijo nunca va a dejar de dar la vida por ella.

awww que lindo cap rociibell23
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