jueves, 23 de julio de 2015

"Un año"





—Papi… —Recorría el living con la mirada, muchas personas pero ninguno era él. —Papi… —Ahora se angustiaba.

—Ya va a venir Papi. —La levanté en brazos cuando vi unas lágrimas.

Oli cumplía su primer año. Con Pepe decidimos hacer una reunión tranqui con nuestros familiares y amigos. Ambos estábamos muy cansados, él por su trabajo y yo por el profesorado, se me acercaban las fechas de exámenes.

—Está re enamorada de Pepe esa nena. —Comentó Lu al ver como yo la aupaba tratando de hacerle entender que su padre estaba trabajando y que ya iba a volver.

—¡Ni que fuera lindo! —Burló Agustín abrazando a mi amiga de costado.

—¿Queres que pruebe yo? —Se la pasé a Mary quién se había convertido en la niñera oficial cuando comencé a estudiar y no teníamos quien la cuide. —Papi está trabajando, después viene.

—Lo quiero ver a Pepe cuando la nena crezca y prefiera al novio y no al padre. —Sergio, mi suegro, tomaba una tacita de café.

—¿Fue una indirecta hacia mi? —Seguía Agus que sabía perfectamente como era la relación entre Luciana y mi/su suegro.

—Banco… —Era su forma de llamar a Bronco. El perro, que hasta el momento jugaba con Gonza en el piso, se levantó de golpe al escuchar el llamado de su protegida. Se acercó y Oli hizo fuerza para que su abuela de corazón la suelte. Se trepó a su lomo y volvieron al piso.

—¡Esto es para sacar miles de fotos! —Nora con su cámara que no había dejado de disparar flashes en toda la tarde.

Oli y Bronco habían formado una relación demasiado sólida. Era verlo a él arrastrándola de la ropa hacia nosotros cada vez que nuestra hija tenía hambre, sueño o necesitaba un cambiado de pañal. Ni siquiera utilizábamos el cochecito, cada vez que salíamos a pasear a algún parque ella viajaba en su lomo como si fuese caballo, Bronco ya creció demasiado. Todos felices y los turistas miraban como si fuera una maravilla.

—¡Llegué! —Como si no hubiésemos escuchado la puerta abrirse. Todos aplaudimos y el elevó los brazos para agradecer. —Gracias, gracias, no sabía que me amaban tanto.

—¡Papi! —Repetía por milésima vez en el día. Se levantó con un poco de fuerza y comenzó a dar unos pasitos torpes hasta el padre que la esperaba agachado y con los brazos abiertos. Bronco caminaba a sus espaldas y la ayudaba empujándola con el hocico. Nora que seguía sacándole fotos a ese animal.

—Hola hermosa… ¡Feliz cumple! —Le dio un beso en la boca, porque así se saludaban. La elevó, la sacudió hasta que largara carcajadas y la llenó de besos en el cuello. —A ver, a ver… —Saludo con un hola en general y a mí con un beso. Agarró un sándwich de miga y se sentó en el sillón junto a mí. Estaba clarísimo que Oli no se le iba a separar en todo el día.

—¿Te estás aburriendo? —Giré medio cuerpo para ver a Gomza  jugando sólo con la pelota de tenis del perro. —Andá a mi cuarto a mirar dibujitos si queres.

—¡Al fin! —Exclamó como si hubiera estado esperando la invitación toda la tarde. Él ya tenía sus seis años e iba a primer grado. ¡El nene que crece y yo que me pongo vieja!

Luego de algunas charlas sobre el trabajo, el estudio y los menores busqué la torta que preparé con mi amiga y cuñada. Nos acercamos hasta la mesa del comedor y apagamos las luces. Agus encendió la vela con el número uno y con Pepe la soplamos luego de que le cantemos a Oli el “Felíz cumpleaños”. Ella entendía poco y nada de la situación. Unas horas más tarde volvíamos a ser cuatro.

—¿Tenes frío? —A la noche decidimos subir a la terraza para mirar las estrellas, simplemente estábamos románticos.

—En realidad no pero si implica que me abraces entonces sí, tengo frío. —Buscó mi cuerpo y me abrazó acariciando mi espalda. —Mira como duermen. —Señalé con la cabeza a Oli que dormía en el piso de cemento usando de almohada a Bronco.

—Y vos querías un Beagle. Aceptalo, Bronco es lo más.

—Si… ¡Ay! —Y solté algunas lágrimas.

—¿Qué pasa? —Se separó un poquito y besó repetidas veces mi mejilla. —No me llores vos ahora. —Hacía un ratito tuvo que calmar a su hija que se había raspado las rodillas al caer al piso de un tropezón.

—Es que está re grande. ¡Un año ya! Parece que fue ayer cuando nos enteramos que estaba embarazada.

—Decímelo a mí, mañana va a venir con un novio y voy a arragar la escopeta para salir a cazar con Bronco. —Me soltó para agarrar a su hija en brazos, el perro se despertó de golpe al no sentirla encima. Bajamos el ascensor en silencio y la dejamos en la cuna. —¡Ey, para de llorar! —Yo seguía con mi puchero, ahora recostada en la cama.

—No puedo… vos no entendes lo que es ser madre. ¡Creció de golpe! ¿Cuándo fue que dejó de tomar la teta?

—Tranqui… aprovechémosla mientras podamos.

—No quiero que deje los pañales.

—Pau…

—¿Quién le enseñó a caminar? Estaba bien gateando. —Super dolida. —Ni siquiera me llora de noche.

—Bueno, ya esta… —Y me acurrucó en su pecho para calmarme.

Cuando note que Pepe se había quedado dormido escuchando todo lo que me había lamentado al enseñarle tantas cosas a mi hija, me liberé de sus brazos que me tenían prisionera y saqué las sábanas de mi cuerpo. Abrí despacio la puerta del dormitorio para no despertarlo y así, descalza caminé hacia la habitación de mi hija. La tomé en brazos y la lleve hasta mi cama. La recosté de mi lado y le rogué, por favor, que cumpla un año y nada más.


Y no sé que instrucciones puede haber en este capítulo. Solo te puedo dar un consejo, los niños crecen, los adultos se ponen viejos pero una madre nunca va a dejar de serlo y un hijo nunca va a dejar de dar la vida por ella.



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