—¡Te has vuelto loco! —exclamó Pau.
—No creo que hablar de matrimonio indique una mente trastornada —Pedro entornó los ojos.
—Loco. Decididamente.
—No estoy loco —gruñó él.
—¡Hablas en serio! —ella lo miró con una mezcla de estupefacción y horror—. Por el amor de Dios. ¿De verdad crees que me casaría contigo?
—No hay motivo para mostrarte tan espantada.
—Espantada —murmuró ella—. Eso describe mejor mi reacción. Escucha, Pedro. Necesito tu ayuda. Tu apoyo económico. Pero no necesito matrimonio. No contigo. Jamás contigo.
—Pues si quieres mi apoyo económico, puedes estar malditamente segura de que tendrás que casarte conmigo para conseguirlo —rugió él.
—Sal de aquí —espetó ella mientras con una mano temblorosa señalaba hacia la puerta.
—No debería haber dicho eso —Pedro le tomó la mano y le acarició suavemente el interior de la muñeca—. Me has puesto furioso. Si es mi bebé, por supuesto que tendrás mi apoyo, Pau.
Sorprendida por el brusco cambio, ella sólo fue capaz de mirarlo fijamente sin saber qué decir.
—¿Entonces nos olvidamos de todo eso del matrimonio?
—No te he prometido eso —él apretó los labios—. Tengo la intención de casarme contigo en cuanto pueda, y desde luego antes de la operación.
—Pero…
—Vas a sufrir una peligrosa intervención —él la hizo callar alzando una mano en el aire—. No tienes familia, nadie que esté a tu lado, que tome decisiones si sucediera lo peor.
Un escalofrío recorrió la columna de la joven. ¿Qué sabía él de su familia? ¿La había hecho investigar? Una náusea le agarrotó el estómago. No soportaba la idea de que alguien supiera algo de su pasado. Por lo que a ella respectaba, el pasado no existía. Ella no existía.
—Tiene que haber otro modo —dijo ella con la voz quebrada.
—No he venido para pelear contigo —la expresión de él se suavizó—. Tenemos mucho que hacer. Hablaré con tu médico y te trasladaré a un lugar mejor. Quiero que un especialista se ocupe de ti. Nos podrá dar una segunda opinión. Y también me ocuparé de organizar nuestra boda.
—Alto ahí —exclamó ella, furiosa—. No tienes derecho a irrumpir aquí, hacerte cargo de mi vida y tomar decisiones por mí. Ya he hablado con los médicos. Soy plenamente consciente de lo que hay que hacer, y yo decidiré qué es lo mejor para mí y mi hija. Si te supone un problema, puedes volver y dejarme en paz.
—No te alteres, Pau —él alzó las manos—. Siento haberte ofendido. Estoy acostumbrado a hacerme cargo. Me pediste ayuda y te la he ofrecido, y ahora no pareces quererla.
—Quiero tu ayuda, pero sin condiciones.
—Pues me temo que no puedo mantenerme al margen.
—Ni siquiera estás convencido de que sea tu hija —espetó ella.
—Es verdad —él asintió—. Sería un idiota si aceptara tu palabra sin más. Apenas nos conocemos. ¿Cómo sé que no te lo has inventado todo? En cualquier caso, estoy dispuesto a ayudarte. Te lo debo. De momento, estoy dispuesto a asumir que llevas dentro de ti a mi hija. Y quiero que nos casemos antes de que te sometas a cualquier tratamiento médico.
—Pero eso es una locura —protestó ella.
—Haré redactar un acuerdo que proteja los intereses de ambos —continuó él—. Si resulta que me has mentido y el bebé no es mío, el matrimonio será anulado de inmediato. Os proporcionaré una manutención a ti y a tu hija, y cada uno seguiremos caminos separados.
A ella no se le escapó el modo en que dijo «tu hija», distanciándose a propósito de la ecuación. La opinión que parecía tener de ella no era precisamente una buena base para un matrimonio.
—¿Y qué pasa si es tuya? —preguntó con dulzura.
—Entonces permaneceremos casados.
—No —ella sacudió la cabeza—. No quiero casarme contigo. Y no es posible que tú sí lo desees.
—No pienso discutir, Pau. Te casarás conmigo, y lo harás enseguida. Piensa en qué es mejor para tu hija. Cuanto más tiempo perdamos, más tiempo estaréis tú y el bebé en peligro.
—Me estás chantajeando —exclamó ella perpleja.
—Piensa lo que quieras —él se encogió de hombros.
—Es tu hija —dijo ella furiosa—. Hazte las malditas pruebas, pero es tuya.
—No te habría ofrecido el matrimonio si no pensara en esa posibilidad —Pedro asintió.
—¿Y no quieres esperar a los resultados antes de que nos atemos el uno al otro?
—Lo dices de un modo muy raro —Pedro parecía hasta divertirse—. Nuestro acuerdo está abierto a cualquier posibilidad. Si me has mentido, estaré dispuesto a mostrarme generoso. Y si, tal y como afirmas, ella es hija mía, lo mejor será que estemos casados y le demos un hogar estable.
—¿Un hogar con dos padres que apenas se soportan?
—Yo no diría eso —él enarcó una ceja—. Aquella noche en mi hotel parecíamos llevarnos muy bien.
—La lujuria no es un buen sustituto para el amor, la confianza y el compromiso —ella se sonrojó.
—¿Y cómo sabes que todo eso no va a surgir con el tiempo?
Ella lo miró estupefacta.
—Dame una oportunidad, Pau. Quién sabe qué nos deparará el futuro. De momento, hay que ocuparse de la operación, y por supuesto del resultado de la prueba de paternidad.
—Claro. Qué idiota por mi parte pensar en el matrimonio cuando estamos hablando de casarnos.
—No hace falta ser tan sarcástica. Y ahora, si hemos terminado, sugiero que descanses un poco. Tenemos mucho que hacer, y cuanto antes lo organice todo, antes podrás quedarte tranquila.
—No he dicho que vaya a casarme contigo —contestó ella.
—No. Y espero tu respuesta.
La frustración martilleaba las sienes de Pau. Qué enervante resultaba ese hombre. Arrogante. Convencido de salirse siempre con la suya. Y aun así, el muy idiota tenía razón en todo.
Se echó hacia atrás y cerró los ojos mientras la tristeza la invadía. Sentía ganas de llorar. Aquello se alejaba mucho de sus sueños de futuro. Había aceptado el hecho de que seguramente jamás se casaría, que jamás podría llegar a confiar en alguien. Pero eso no le había impedido soñar con un hombre que no abusara de su confianza. Alguien que la amara sin condiciones.
—No será tan malo —dijo Pedro mientras le tomaba nuevamente la mano.
—De acuerdo, Pedro —ella abrió los ojos con expresión agotada—. Pero tengo mis condiciones.
—Te proporcionaré un abogado que vele por tus intereses.
Todo aquello sonaba estéril y frío. Sintió un escalofrío. No tenía ninguna duda de estar cometiendo un error. Quizás el mayor de su vida. Pero por su hija haría cualquier cosa. Desde el momento en que había descubierto que estaba embarazada, el bebé se había convertido en su prioridad. Si hiciera falta, se casaría hasta con el mismísimo demonio.
—¿Y qué tal si elijo yo al abogado y le pido que te pase la minuta? —se ofreció ella.
—¿No te fías de mí? —él soltó una carcajada—. Supongo que tienes tus motivos. De acuerdo.
Ella entornó los ojos. Pedro se mostraba magnánimo. Podía permitírselo. Había ganado.
—¿Necesitas algo? ¿Quieres que te traiga algo?
—Comida —dijo ella tras dudar un instante.
—¿Comida? ¿No te dan de comer aquí?
—Me refiero a comida que esté buena —dijo ella—. Me muero de hambre.
Él sonrió y Pau sintió una sacudida que le llegó hasta la punta de los pies. Maldito fuera por ser tan atractivo. Con la mano acarició la barriga en una silenciosa disculpa. No lamentaba ni un instante de aquella noche, pero no estaba dispuesta a pagar por ella el resto de su vida.
—Veré qué puedo hacer con la comida. Ahora descansa. Volveré en un rato.
Pedro la sorprendió con un casto beso en la frente, un gesto muy tierno.
—No quiero que te preocupes por nada. Descansa y ponte bien. Y cuida de tu… nuestra hija.
Las últimas palabras parecieron costarle un esfuerzo, como si estuviera cediendo. A lo mejor no deseaba tener hijos. Sin embargo, tenía una hija y más le valía acostumbrarse a la idea.
Tras una última mirada, él salió de la habitación del hospital y cerró la puerta.
Casada.
No se imaginaba casada con un hombre de tamaña dureza. Ya había tenido bastantes personas duras en su vida. Individuos fríos, sin emociones, sin corazón, sin amor. Y de repente se veía abocada a un matrimonio que sería una réplica de su infancia.
—Para ti nunca será así, cariño —dijo mientras acariciaba la barriga—. Te amo y no permitiré que pase un solo día sin que lo sepas. Te lo juro. Pase lo que pase, siempre me tendrás a mí.
Hola hola hoy les dejo el capitulo mas temprano espero que los disfruten, la verdad no veo muchos comentarios como habian antes, hay mucha gente que lee? porque sino subo la nove al dope. Que tengan un lindo dia
me encanta esta novela, esta buenisima segui subiendo mas capitulos, gracias por escribir esta novela
ResponderEliminarLa he empezado a leer! M encanta, ya qiero leer los prox cap x favor!! Muy buena! Avisame cuando subas x favor! Gracias @Adrianitalen
ResponderEliminarme encanta esta novela, esta buenisima segui subiendo mas capitulos,
ResponderEliminarme encanta esta novela,
ResponderEliminarMe encanta obvio que la leo , ni se te ocurra dejar de subir jajajajjaja
ResponderEliminarMe encanta esta historia!!!!!!!!!!! Muy entretenida!!!!
ResponderEliminarMe encanta.....segui subiendo
ResponderEliminarbuenísimo,me encanto!!! seguí subiendo...
ResponderEliminarme encanta la novela,segui subiendo porfa
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