martes, 19 de mayo de 2015

"El arte de ser mamá"





Cómo ser mamá:
1) Despertarse a la noche para cuidar de tus hijos.
2) Mantener el hogar y cuidar de tus hijos.
3) Ser mujer y cuidar de tus hijos.
4) Ser amiga y cuidar de tus hijos.
5) Ser esposa y cuidar de tus hijos.


Abrí los ojos por el ruido ensordecedor que atravesaba el Baby-Call. Me apuré a apagarlo y mire el despertador. Tres y cuarto de la madrugada. Giré para la izquierda y dejé un beso en la espalda de aquel hombre que amaba tanto.

Caminé con los ojos cerrados hacia la habitación situada frente a la nuestra. Sonreí cuando Oli calmó su llanto con tan sólo verme. Era una Loquita, como decía su padre.

Le cambié los pañales y el pijama porque se había ensuciado un poquito. Fui con ella hasta el living y me acomodé en el sillón sentada como indio, me baje la tirita del camisón y reí cuando mi hijm     .a atajó apurada el pezón. Hice malabares para alcanzar el control remoto, puse un canal de dibujitos a volumen mínimo. No quería que Pepe se despierte, tenía que trabajar y estudiar, había días en los que llegaba demasiado cansado. Me compenetré en la pantalla por unos veinte minutos mientras palmeaba la cola de mi hija, cada tanto la miraba y sonreía al verla cerrando y abriendo sus ojitos, somnolienta. Volví a acostarla en su cuna rosa princesa y me quedé otro ratito esperando por si se despertaba.

A las cuatro y media me escabullí entre las sábanas, bostecé un par de veces, y me abracé a la espalda de mi novio para encontrar otra vez el sueño.

A las siete y media volví a despertarme con Oli a mi lado. Ella se despertaba para despedirse de su padre y él la acostaba en la cama grande para que, cuando abra los ojos, me la encuentre lista para ser alimentada de nuevo.

Desayuné con mi hija en brazos mientras charlábamos. No, Oli todavía no habla pero sus balbuceos me matan. Era lindo ver sus gestos mientras le contaba lo que íbamos a hacer en el día, ella me entendía.

—Vos contame, Lu. Yo te escucho. —Mi amiga y cuñada me vino a visitar en el momento de baño de mi hija. Decidí matar dos pájaros de un tiro y que ella me hable mientras jugaba con Oli en el agua.

—Nada… me pidió de salir, viste. —Hablaba de Agustín, obvio. —Le dije que no.

—¿Por qué? Si ya está todo bien entre él y Pepe. —Y con una mano sostenía la cabecita de la beba mientras la otra se ocupaba de fregarle el cuerpito.

 —¡Sí! Pero el tarado todavía no dejó a Lorena. Yo no pienso ser la segunda de nadie. ¡Y menos si la primera es ese gato! ¿O no? —Pero se lo preguntaba a su sobrina que estaba atenta mirándola.

—Tenes razón. ¿Pero vos le dijiste que corte con ella?

—Yo le dije que no iba a ser la segunda, quiero pensar que entendió a qué me refería. —Me reí.

—Sé que me voy a arrepentir de lo que te voy a decir… —Retiré a Oli de la bañaderita rosa y la sequé con su toalla del mismo color. —Pero… estaría bueno ver a Lorena cornuda ¿O no? Te re jodio la vida la pendeja esa, ahora que se la banque.

—Es verdad. —Ahora me seguía hasta la habitación para vestirla. —Total, en todo caso la culpa sería de Agus. — Sonrió con malicia. —¡Ay! Muero por verle la cara de cornuda. ¡Después te paso una foto!

A Luciana la despedí en una esquina, ella se iba a estudiar y yo empujaba el cochecito de la beba –ese que había elegido Gonza- rumbo al almacén. Había que comprar comida y pañales. ¡Qué combinación! Sonreía a cada persona que hacía un comentario empalagoso con respecto a mi hija mientras miraba los tomates, compraba algo de carne y algún jugo de manzana. El preferido de Pepe. En octubre, empezaba a hacer calor otra vez y todavía no sabía si protegerla o no a Oli de los rayos de sol, por eso buscaba la sombra para caminar. Fede, el hijo del verdulero, se ofreció a llevarme las bolsas hasta mi casa. Un amor, obvio que le agradecí y le dejé algo de propina, aunque él se haya negado tres veces lo obligué a que acepte.

Intentaba preparar las milanesas con un solo brazo, en el otro tenía a la nena que lloraba si la dejaba dos segundos en la cuna.

—¿Qué haces acá? —Le di un beso y él le dio uno a su hija. —¿No fuiste a la facu? —Pepe me sorprendió a las dos de la tarde.

—Me siento mal. —Apoyé mis labios en su frente.

—Tenes fiebre. ¿Querés irte a la cama? —Asintió y dejó otro beso a la beba.

Me ocupé de hacer dormir a la gorda, cosa que costó un poco, estaba muy inquieta ese día, busqué un antifebril e ingresé a nuestra habitación.

—Toma, esto te va a hacer bien. —Le di la pastilla y un vaso de agua. —Sacate la ropa, Pepe, estás hirviendo. Ahora vuelvo. —Regresé con un recipiente, agua fría y un paño.

—El calzoncillo me lo dejé por si las moscas. —Reímos, el sentido del humor no lo había perdido.

—A ver… —Escurría el paño y lo apoyaba en su frente.

—Esto lo hacía mi vieja cuando era chiquito.

—Si… los remedios caseros son mejores que cualquier aspirina.

—Y vos sos mejor mamá que la mía. —Hice un que hambre con la boca.

—Me parece que estás más vivo que tu hija. Vos quédate así… yo me voy a bañar.

—¿Me vas a dejar así, todo pachucho?

—¡Chito, la boca! Los enfermos no se pueden quejar.

Una ducha rápida, una depilación de piernas rápida, una pasada de cremas por el cuerpo rápido. Salí del baño envuelta en toallas y me asusté al no ver a Pepe en la cama. Me vestí, rápido, entorné la puerta y lo vi sentado en el sofá con nuestra hija en las piernas.

—¿Se te pasó la fiebre? —Caminé descalza por el pasillo que conducía al living. Él giró la cabeza para verme.

—No… necesitaba mimos. Y como vos me dejaste pagando, le pedí a la Loquita que me los haga. ¿O no que Mami no me quiso hacer mimitos? —Apoyó su mejilla contra la de ella y me miraron los dos.

—Sos un tonto. —Me reí y le mordí el cachete a Oli. Llevó a la beba al cuarto y yo me recosté sobre el sillón para perderme en la película, cuando volvió se tiró de golpe arriba mio.

—¿Me haces mimos? — Y lo acomodé en mi pecho para peinarle sus pelos negros y seguir compenetrándome en la pantalla chica.

—¿Qué pasa? —Porque notaba que su nariz viajaba por el largo de mi cuerpo.

—Me gusta el olor de tu piel. —Volví a mirar hacia la tele.

—¡Pepe! ¡Para un poco! —Me reí porque ya estaba levantando mi remera y tocando mis pechos, esos que estaban doblemente hinchados por el embarazo.

—Dejame… estas muy linda. —Y su boca ya recorría mi cuello. Yo no podía contener la risa.

—¡Pepe! —Golpeaba un poquito su espalda para que reaccione.

—Mmm. —No había caso.

—Yo sé que queres pero no podemos. —Ahí cayó a la tierra.

—¿Por qué?

—La cuarentena, gordo. Recién llevamos veintitrés días.

—¿Qué es eso? —Todavía estoy descifrando si su cara es de no entender o de asco.

—Después del embarazo, por cuarenta días no podemos tener sexo.

—¡PAULAA… falte al parcial de Microeconomía para que me digas esto! —Largué una carcajada.



Tenia pensado no volver a subir porque no comentan y si lo hice fue solo porque me lo pidio @06_Laury  asi que agradezcanle a ella jaja que lo disfruten, nos leemos. @patty_lovepyp

8 comentarios:

  1. Si, obvio. Yo te lo pedi, es re tierna esta historia y vos nos queres dejar como Pau a Pepe con la cuarentena jajaja...
    Espero el próximo... pronto!

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  2. Pobre pp! Se quedo con las ganas!! Jaja mimiroxb

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  3. Patyyyy estas loca???????? Estube esperando un montón para que subas, me metía todos los dias al blog para ver si subías!! Me encanto el cap, muy tierno y pobre pepe

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  4. Qué divertido cap Patty, no dejes de subir please. Hacelo más seguido jaja

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  5. me encanta la nove, quizas si lo subis mas de seguido vas a tener mas comentarios! segui subiendo

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  6. Estas loca ? Amo tus novelas ! Seguí subiendo please

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