martes, 12 de noviembre de 2013

Capítulo 12 - Lazos de Amor

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Pedro frunció el ceño. Ella contuvo el aliento a sabiendas de que estaba tratando con un animal fiero en lo que se refería al tema del sexo, pero, por extraño que fuera, se sentía incapaz de parar, casi hasta le divertía el juego. Entonces él le soltó la muñeca y se relajó.

-Has cambiado mucho. Hace tres años no te habrías atrevido a hablarme así.
-Desde luego que he cambiado. He crecido, he madurado. ¿Qué esperabas? -preguntó mirándolo con amargura-, ¿qué siguiera siendo la estúpida inocente que era cuando nos casamos? ¿Que siguiera creyendo que tú me amarías y estarías de mi lado por encima de todo, pasara lo que pasara?
-¡Fuiste tú quien se llevó un amante a la cama, no yo!
-¡Y tú fuiste el que me arrojó a los lobos hambrientos y luego se mostró disgustado conmigo porque suplicara ayuda!
-Tomo buena nota de que no niegas tu pecado de adulterio -respondió él mirándola con desprecio.
-¿Y para qué si de todos modos no vas a creerme?
-¿A creer qué? ¿Tus mentiras?
-Nunca te he mentido.
-Negar la presencia de aquel hombre en tu habitación no era una mentira, ¿no?
-Nunca he negado que estuviera allí, sólo que yo lo invitara.
-No veo la diferencia.
-Pues me niego a discutirlo contigo. Además esta conversación tendría que haber tenido lugar hace tres años. En este momento ya no me importa lo que piensas. Ahora sólo me importa mi hija.
-No ha sido mi padre quien ha raptado a tu hija, Pau, él ha sido quien la ha recuperado. O al menos ha sido quien lo ha coordinado todo para que sus hombres lo hicieran. En este momento, ella duerme bajo su protección. Y pronto, muy pronto te voy a hacer retirar cada una de esas odiosas palabras que has dicho sobre él. ¿Está claro?

Estaba claro. Otra venganza. Otra razón para castigarla por haber sido lo suficientemente estúpida como para mezclarse con un clan de uruguayos tan unido.

Pedro podía creer lo que quisiera sobre Horacio, pero el simple hecho de que su hija estuviera en Uruguay mostraba a las claras quién había sido el culpable de todo el asunto. Lo que realmente la preocupaba era la razón por la que Horacio lo había hecho.

El avión privado de los Alfonso aterrizó en el aeropuerto de Uruguay a mediodía y los dejó en un extremo de la pista de aterrizaje, lejos de la terminal pública. Era el poder del apellido Alfonso. Salió a recibirlos el oficial de aduanas, y Pedro estuvo hablando con él. El cansancio era evidente en todas las líneas de su rostro a pesar de que se había dormido durante todo el trayecto.

No obstante la hostilidad que seguía existiendo entre ellos Pau sintió pena por él. Cuarenta y ocho horas antes él estaba en Chile, y desde entonces había viajado, se había enfrentado a una crisis y había volado otros cuantos cientos de kilómetros hasta allí.

-Vamos -dijo Pedro poniendo una mano sobre su espalda.

Su contacto le produjo una sensación de cosquilleo en toda la piel. Se había quitado la chaqueta al entrar en el avión y sabía por experiencia que en Uruguay no le haría falta ponérsela, pero habría deseado llevarla en ese momento. Habría preferido asfixiarse que sentir el contacto de su mano tan cerca de la piel.

No era una sensación repulsiva lo que sentía, ni mucho menos. En las pocas horas en que había vuelto a estar en su compañía sus sentidos se habían acostumbrado de nuevo al maestro y señor de su cuerpo. Y lo reclamaban excitados, de eso no cabía duda.

Ésa era la humillante verdad, y no le resultaba fácil vivir con ella. ¿Acaso tenía razón Pedro cuando dijo que estaba sedienta de un hombre?, Se preguntó.
Esperaba que no fuera así. Esperaba que aquella fuera simplemente una breve reacción a la presión bajo la cual había estado viviendo en los últimos días. Porque era una cuestión de orgullo, no quería sentirse atraída por el hombre que la había herido profundamente.

Hacía un día típicamente uruguayo. El aire era caliente y seco y el sol quemaba en un cielo azul. Un coche los esperaba, una limusina blanca brillando al sol. Pedro la hizo entrar y luego se sentó a su lado.
Pero ninguno de los dos habló. Ambos estaban tensos. Pau se preparaba para el momento en que volviera a encontrarse con su hija, impaciente y nerviosa al mismo tiempo. Se quedó mirando la costa soleada por la que pasaban y frunció el ceño. No sabía cómo iba a reaccionar él ante el primer encuentro con la niña, con la prueba más palpable de la traición de su mujer.

Vio la casa nada más girar en una curva. Se levantaba a medio camino en la pendiente escarpada del valle. El corazón le dio un vuelco al reconocer el edificio de paredes blancas llenas de flores y plantas que se articulaba en distintos niveles con terrazas siguiendo la inclinación de la falda de la montaña hasta la playa.

De pronto dejó de verla al entrar en una especie de túnel hecho de árboles que cubrían el camino, no lejos de la casa. Era el único acceso a ella, exceptuando por mar. Era un lugar hermoso, privado e idílico. Una muralla alta y blanca se elevaba tras los árboles, con dos sólidas puertas de madera pintadas de azul como unica nota de color. El coche paró y las puertas se abrieron. Luego comenzó a moverse de nuevo hasta llegar a un patio de vivos colores con olivos que daban sombra y una pequeña fuente.

Pau suspiró tensa. Sintió que Pedro miraba en su dirección, pero no le prestó atención. Aquel precioso lugar era el centro de todas sus pesadillas. Necesitaría concentrarse si quería mantener el control. Male, se dijo a sí misma. Sólo debía pensar en Male
El coche paró y el conductor le abrió la puerta. Sus sentidos estaban inundados por la fragancia de las flores y la paz del lugar, pero no eran más que otras emociones a las que debía combatir.

El aspecto de la casa por la parte de atrás era humilde comparado con la impresionante fachada principal. Era una pared blanca con pequeñas ventanas y contraventanas azules bajo un tejado de tejas color terracota. Las puertas azules, gemelas, permanecían abiertas en señal de bienvenida. Pau apretó los dientes e intentó caminar. Una cigarra cantó entonces, desde algún escondite en un árbol.

No había ningún otro ruido. Nada. Tendió la mano en un gesto inconsciente y encontró otra mano más cálida, más fuerte, que se cerró presionando sus dedos. Entró en un vestíbulo cuadrado y fue ajustando los ojos a la escasa luz interior.

Le resultaba todo muy familiar. Los cuadros de las paredes, la mezcla de exquisito gusto de muebles en colores oscuros, los adornos, las flores. Y el ama de llaves esperándolos, en pie, con una expresión dura.
Pero su hija no estaba allí para darle la bienvenida. Miró a Pedro con los ojos inquisitivos y ansiosos. Él dio un paso atrás y habló en voz baja con el ama de llaves. Luego se dio la vuelta y la agarró de la mano.

-¿Dónde...?
-Por aquí.

Tenso, la llevó calzando el vestíbulo y pasando bajo un arco hasta una de las muchas escaleras de piedra de la casa, de varios pisos. En el piso de arriba estaban las cocinas, garajes y las habitaciones de la servidumbre.

 Luego estaba el piso en el que la familia Alfonso hacía las recepciones formales, los salones. Debajo, la planta dedicada al imperio Alfonso, con oficinas y todos los equipos necesarios. La siguiente planta estaba dedicada a los aposentos de la familia, le seguía la dedicada a las habitaciones de invitados y por último los salones de recreo donde estaban las unicas televisiones de toda la casa y las terrazas ajardinadas que daban a la playa, unos doscientos escalones más abajo. Pau había contado esos escalones en una ocasión, en uno de esos largos períodos en que Pedro no estaba y ella huía de la compañía de su padre.

Mientras Pedro la guiaba sus piernas temblaron. Los recuerdos, avivados por el lugar, comenzaban a invadirla. Recuerdos de una preciosa habitación con una cama con dosel y un hombre desnudo en ella, moreno sobre sábanas blancas. Un hombre al que le encantaba simplemente estar ahí tumbado mientras la observaba moverse por la habitación, cepillarse el cabello, cuidar su cutis...

-¿Pau?

Se había detenido sin darse cuenta, sólo fue consciente de ello al oírle decir su nombre. Entonces volvió a la realidad con una expresión de dolor. El mismo hombre que había estado recordando desnudo la observaba, Era el mismo pero no era el mismo. Aquél tenía una expresión de perezoso placer, éste un gesto duro y frío.

-Por aquí -dijo invitándola a seguir bajando la escalera.
-Pero... -objetó ella.

Entonces comprendió. Había supuesto que Male estaría en uno de los dormitorios de la familia. Qué estúpida e ingenua había sido, pensó. Seguramente, habrían acomodado a Male en una de las habitaciones de los invitados, en la siguiente planta. No pertenecía a la familia, igual que ella, no lo era en el verdadero sentido de la palabra.

Bajó la cabeza para que Pedro no viera la expresión de ironía de su rostro y lo siguió. Bajaron a la siguiente planta en silencio y allí, tal y como había esperado, la llevó hasta uno de los dormitorios. Al llegar a la puerta Pedro hizo una pausa como si tuviera que prepararse para entrar. Pau hizo lo mismo.

La puerta se abrió. Pau se quedó inmóvil al lado de Pedro. Su corazón, sus pulmones, todo en su interior se paró al ver lo que se presentaba a sus ojos. Al otro lado de la habitación, junto a uno de los balcones abiertos a la terraza, había un hombre. Su pelo, negro, estaba más cano de lo que recordaba y su figura, en otra época imponente, se veía disminuida por su estado en una silla de ruedas. Pero no sólo el hombre llamaba su atención: también le extrañó lo que tenía en los brazos.

Recostada contra su pecho tenía a una niña sin nada más que un pañal y una camiseta de algodón. Apoyaba la cabeza contra su hombro y lo abrazaba por el cuello.

Por un momento se le empañaron los ojos. Su hija, su única hija, se abrazaba a su peor enemigo como a una roca de la que dependiera. Entonces aquella cabeza cana se volvió y los ojos dorados de viejo cazador buscaron los de ella. Su expresión le heló la sangre en las venas.

Expresaban posesión, una posesión fiera. Por fin Pau comenzó a comprender. Era a su hija. En su enfermedad, Horacio había visto próxima la muerte. Se había soñado a sí mismo en su lecho de muerte sin haber tenido la oportunidad de abrazar a su nieta.

Ya no tenía importancia alguna que esa niña fuera de Pau. La quería. Y lo que Horacio Alfonso quería lo conseguía, aunque tuviera que robar para ello, aunque tuviera que soportar a la mujer que odiaba. Quería a Male. En su mente ya no cabía duda alguna de que había sido Horacio quien la había raptado.

-¡No! -gritó Pau de pronto de forma instintiva encaminándose hacia él y viendo horrorizada cómo él se abrazaba a su hija en un acto convulsivo negándose a aceptar la separación.
-¡Ella no quiere estar con nadie más que conmigo! -exclamó Horacio con expresión de triunfo-. ¡Mira cómo se abraza a mí, míralo!
-¡No! -gritó Pau de nuevo negándose a aceptarlo y negándole su derecho a sentir aquello por su hija tal y como él se lo había negado a su propio hijo.

Entonces la niña, como si hubiera notado la cercanía de su madre, suspiró temblorosa contra el hombro de Horacio llamando la atención de su madre. Y de pronto Horacio fue relegado al olvido.
Pedro, tenso aún en el umbral, fue igualmente relegado al olvido.

Pau lo olvidó todo al ver cómo su hija, con sus rizos rubios, giraba lentamente la cabeza y miraba hacia arriba, a su madre, dejando escapar otro suspiro y levantando un brazo hacia ella.

Se inclinó, agarró a la niña y la abrazó poniendo una mano sobre su espalda y la otra sobre su cabeza. La niña se acurrucó contra ella abrazándola y hundiendo el rostro en su pecho.
Y entonces nadie se movió.
Nadie habló. Pau simplemente se quedó en pie con los ojos cerrados y la mente en blanco. Lo que sentía era algo tan profundo que no se mostraba en su rostro.


Hola el reencuentro de Pau y Male por fin ♥ disfutenlo, si estoy al pedo y hay muchos comentarios puede que suba otro a la noche :)

10 comentarios:

  1. Qué intenso este cap!!!! Me imagino las imágenes de este cap!!! Subí el siguiente x favor!!!!!!!!!!!

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  2. Muy lindo el cap...subi maasssss

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  3. ME ENCANTOOOOO.....quiero masssssss

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  4. que lindo el cap!!!quiero que pedro se de cuenta todoooo....

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  5. excelente capitulo, como toda la novela. Por favooooooooooooor subi otro hoy gracias noemi

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  6. que lindo capitulo....subi otro hoy......mary

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  7. Excelenteeeee cap!!!! Por favooooooor subí otroooo, quiero leer el reencuentro entre Male y Paulaaa, porfiiiiiiis

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  8. Q buen cap!!! Por favor subi otro!! Quiero saber como reacciona pp!

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