miércoles, 27 de noviembre de 2013

Capítulo 21 - Lazos de Amor

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Fueron a una fiesta.
Era el baile anual que organizaba el intendente de la ciudad. Incluso asistió Horacio. Llegaron los tres en la limusina.

Pau llevaba un vestido de seda negro hasta los pies que se deslizaba por su cuerpo como sólo la seda puede hacerlo. Por primera vez desde que habían vuelto a estar ¡untos llevaba el anillo de diamantes de compromiso y el collar a juego.

Horacio se comportaba con discreción. Ocupaba un segundo plano en los asuntos de su hijo desde que había vuelto de Suecia. No bromeaba con ella. Pau no podía dejar de preguntarse qué estaría tramando.

No comprendía su nueva actitud. La fiesta se celebraba en un hotel. Pau perdió enseguida a Pedro entre la multitud, pero veía a Horacio de vez en cuando. Pronto se cansó y decidió ir a buscar a Pedro para pedirle que volvieran a casa.

Lo encontró en una de las terrazas abiertas de uno de los salones, pero en una actitud que acabó con la paz que habían estado construyendo durante las últimas semanas de convivencia.

Estaba con una mujer, con una extraña. Una mujer hermosa con una espesa melena negra. Era alta y delgada y llevaba un exquisito vestido de seda azul. Estaba de pie con las manos sobre los hombros de Pedro mientras él la rodeaba por la cintura y se miraban el uno al otro.

Sólo se miraban, pero aquello era suficiente. Era Zaira, pensó Pau, tenía que ser Zaira. Y entonces ocurrió lo peor. Pedro se inclinó sobre ella para besarla y Pau no quiso ver nada más.

Se dio la vuelta y se marchó a través de la multitud hasta llegar al vestíbulo de entrada en el que se quedó parada sin saber qué hacer, desorientada.

-¿Pau? ¿Qué ocurre? -preguntó Horacio extrañado por su expresión.
-No me encuentro bien. Quiero volver a casa.
-Iré a buscar a Pedro -dijo haciendo un gesto con la mano para llamar a un camarero que fuera a buscarlo.
-¡No! -gritó Pau-. Pie...fiero irme so...la. ¿Quie...res llamar al co...che? -rogó con los ojos llenos de angustia.
-Por supuesto -contestó Horacio suspicaz-. ¡Camarero, que traigan mi coche! ¿Te ha insultado alguien Pau?
-Sí -susurró. -¿Quién? Pau no contestó.
-Su coche está en la puerta, señor Alfonso.
-Bien, gracias. Busque a mi hijo y dígale que su esposa no se encuentra bien y que me la llevo a casa. Pau, apóyate en mi hombro.

Sin casi darse cuenta de lo que hacía Pau se apoyó en Horacio y ambos salieron.
Un camarero empujaba la silla de Horacio.
-Ocúpese primero de que entre la señora Alfonso -ordenó Horacio.
Pau entró en el coche sin decir palabra, temblando. Luego entró Horacio y la tomó de la mano volviendo a preguntarle:
-¿Y ahora querrías explicarme qué ha ocurrido ahí dentro? Dijiste que alguien te había insultado. ¿Quién ha sido?
-Pedro.
-¿Pedro? ¿Mi hijo Pedro te ha insultado? -repi¬tió incrédulo.
-Estaba con Zaira -explicó ella y comenzó a reír-. Supongo que la situación te divierte. Los pillé casi besandose en una terraza. ¿Es que no vas a reírte?
-No, no tiene ninguna gracia.
-No, no la tiene.
-¿Estás segura? ¿Seguro que era Pedro?
-¿Pretendes acusarme de estar ciega además de ser idiota? -preguntó con una expresión de frialdad como nunca la había visto él.
-No, pero creo que quizá hayas sacado conclusiones erróneas de...
-¿Lo defiendes, Horacio? Pensé que te alegrarías.
-No, ninguna de las dos cosas. Es que no puedo creerlo. Sabes, Zaira es...
-No quiero escucharlo -lo interrumpió Pau-. No quiero escuchar nada de lo que tengas que decir al respecto. Deja que sea Pedro quien se explique. Por primera vez esto no tiene nada que ver contigo.

Horacio suspiró y se reclinó sobre el asiento.
Pau miraba por la ventana sin ver nada y con el corazón roto.
Al llegar a casa Horacio preguntó:
-¿Qué vas a hacer?
-Matarlo. Una reacción muy uruguaya, ¿no crees? -sonrió.
-Yo esperaría hasta que Pedro te diera una explicación -sonrió él también-. No creo que te sientas muy bien si lo matas y luego descubres que todo ha sido un error.
-¿Y eso me lo dices tú, que fuiste el primero que me avisó de la existencia de esa mujer?
-Ya sabes que yo soy un hombre malévolo. Digo cosas que hacen daño a las personas.
-Pues duele, es cierto. Felicidades, Horacio, lo has conseguido otra vez -dijo saliendo del coche.
-¿Quieres esperar un momento? Tengo que decirte algo...

Pero Pau ya había salido. Y el segundo desastre estaba a punto de cernirse sobre sus cabezas.
María, el ama de llaves, apareció en la puerta con una expresión de ansiedad.

-La pequeña, señora. Está muy enferma. Venga enseguida. Fabia está asustada, por favor, venga.
Después de aquello ya nada tenía importancia.
Ni Pedro, ni la otra mujer, ni Horacio.
Pau se apresuró hacia el dormitorio de su hija en el que encontró a Fabia y a la enfermera de Horacio cuidando a la niña.
-¿Qué ocurre? ¿Qué tiene?
-Pídale a su marido que llame a un helicóptero, señora Alfonso -dijo la enfermera-. Su hija necesita ir a un hospital con urgencia.

Urgencia.
Aquella palabra estuvo dando vueltas por su cabeza durante las agonizantes horas siguientes. Había que avisar al hospital de capital y a un helicóptero. Tenía que cambiarse de ropa si quería acompañar a su hija.

Se quitó el precioso vestido de seda y se puso unos pantalones y un jersey para volver a toda prisa al lado de su hija.
Horacio estaba con ella.
Daba órdenes a todos los presentes hasta que apareció por fin el helicóptero. Aterrizó en la playa y la enfermera llevó en brazos a la niña mientras Pau corría detrás.
-¿Qué diablos? -preguntó Pedro que llegó justo cuando el helicóptero despegaba-. ¿Quiere alguien decirme qué está ocurriendo aquí?
-Meningitis -dijo Horacio-. La enfermera sospecha que Male tiene meningitis.

Male ingresó en cuidados intensivos y Pau permaneció todo el tiempo a su lado. Pasaron las horas y por fin apareció Pedro, aunque ella apenas se dio cuenta Pedro estaba muy pálido.

La tomó de la mano, que se le había quedado helada, pero no dijo nada. No podía decir nada.
Y permanecieron así durante mucho tiempo.

Por fin, Pedro se sentó.
 Llegaron los médicos, la examinaron, y volvieron a irse. Luego llegaron enfermeras, le hicieron pruebas, le pusieron inyecciones.
De pronto les ordenaron que salieran de la habitación.
No dijeron por qué, pero fue la primera vez que Pau pareció reaccionar.

-¿Qué? -respiró asustada-. ¿Por qué?
-Sólo será un momento, señor y señora Alfonso -contestó la enfermera que los condujo fuera y les ofreció café.

Pedro obligó a Pau a beber el café, pero ella apenas supo lo que hacía. Luego la estrechó en sus brazos, pero ella no lo abrazó a él.
Estaba como inconsciente.
No se movía.

Los minutos pasaron.
Pedro intentó que ella reaccionara besándola en el cuello, las mejillas, las manos. Pero era inútil.

-Señor y señora Alfonso. Ya pueden volver a entrar.
Pau se soltó de su abrazo para entrar.
-¡Pau...! -murmuró Pedro.
Ella sacudió la cabeza.
Estaba pálida.
-Ahora no, Pedro -contestó dándole un golpecito en el pecho para que no se ofendiera y entrando de nuevo en la habitación.

Las horas siguieron pasando y entonces apareció Horacio. Nadie supo cómo había conseguido llegar, pero ahí estaba.

Miró a la niña y rompió a llorar. Pedro sabía que estaba mal, pero no sentía deseos de ocuparse de él, sólo quería cuidar de Pau. Sin embargo, Horacio se acercó a él.
-Tengo que hablar contigo, hijo.
-Más tarde, ahora no -contestó Pedro buscando a la enfermera de su padre para que se lo llevara-. Que vuelva a casa, este no es lugar para él.
-¡Pero necesito hablar contigo, hijo!
-Más tarde -repitió Pedro volviendo al lado de Pau.

Pasaron más horas.
La enfermedad de Male tuvo su crisis y por fin pasó.
Sólo había que esperar.

 Esperar a que Male se despertara para que los médicos pudieran comprobar la extensión de los daños que la enfermedad había causado en ella, si es que había habido daños.

Al menos era seguro que no iba a morir.
La trasladaron desde cuidados intensivos hasta una habitación para ella sola en la que Pedro consiguió que instalaran otra cama para Pau.

-Túmbate. Yo me quedaré al lado de su cama. Si se despierta o se mueve, te despertaré. Ahora debes descansar. Dormir, pensó Pau.
Cerró los ojos.

Hola, hola empieza la cuenta regresiva y todavia se vienen muchas cosas, solo 3 capitulos mas, disfrutenlos. Dedicado a @fdepauypeter Camilu aca esta, cumpli jajaja :)

4 comentarios:

  1. Qué buen cap!!!!!!!!! NO veo la hora q llegue el de mañana

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  2. ohh pobre pau tener que pasar por esto ella ahora , que pasara ?

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  3. quiero saber que es lo que le tiene que decir Horacio a Pedro!!

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  4. ayyy nooo,pobre pau y male...ansiosa esperando el siguiente capítulo...

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