¿Qué
debo hacer antes de irme de vacaciones?
1) Reservar el hotel, no vaya a ser
cosa que no encuentres dónde dormir al llegar.
2) Armar el bolso con lo necesario para
los hombres y lo innecesario para las mujeres.
3) Pedirle a algún familiar o vecino que
se ocupe de las plantas y/o mascotas.
4) Cerrar llaves de gas y agua.
*Nota:
Para tener unas vacaciones agradables es imprescindible que el año haya sido
devastador. Así comprenderás lo valioso que es tener momentos para vos.
En
enero, Pepe se independizaba de su padre para trabajar en una empresa como
auditor. Teniendo en cuenta que los privilegios de hijo ya no los tenía, ahora
trabajaba ocho horas corridas y con un salario un diez porciento más bajo. Él,
de igual forma, era feliz básicamente porque no iba a tocar nunca más un libro
ni pasar noches despierto estudiando para exámenes.
Oli ya
comenzaba a sentarse y a comer puré de papa y calabaza. Aunque era más lo que
agarraba con la mano y tiraba al suelo que lo que le daba de comer en la boca.
Pero como sabemos todos, ella está loca por su padre y a la noche es capaz de
comerse dos platos de comida con tal de que Pepe le haga el famoso juego del
avioncito. “Es obvio que me ama más a mi que a vos” canchereaba mi pareja,
“alto complejo de Edipo va a tener” contestaba yo.
Luciana
y Agustín ahora eran amigos con derecho a roce. Sí, ya sé, no me lo digan, esto
se está poniendo cada vez más raro y es que su relación iba de mal en peor.
Mary y Gonza
seguían viviendo en la casa de los
padres de Pepe, al parecer la convivencia entre dos familias completamente
distintas era buena. El ex cuarto de mi novio pasó a convertirse en el del
menor quien dormía con Ficho, un perro que ya tenía unos largos meses, nació de
la cría de los perros de la familia y dejaron que Gonza se quede con uno.
Claro
que Ficho no era el único perro, Bronco llegó un día al departamento sobre una canasta
de madera en manos de Pepe
—¿Cuánto
tiene? —Pregunté horrorizada y a la vez enamorada, Bronco era muy lindo.
—Cuarenta
y cinco días.
—¡Es
más grande que Olivia! —Exclamé cuando el cachorro se le puso a su lado y
comenzó a olfatearla, ella dejó a un lado el conejito que chupaba y comenzó a
reír de las cosquillas de ese animal, nuevo para ella.
—Y eso
que todavía no creció… ¡Viste cómo son los San Bernardo!
—¿Y
para qué compraste un San Bernardo? ¡Con un Beagle estaba bien! —Hace varios
días habíamos planeado añadirle una mascota a la familia pero me olvidé de
aclararle a Pepe que el tamaño era fundamental para un departamento. ¡No puede
ser que tenga que especificar todo! ¿Los hombres no piensan?
—No. Es
que yo quería uno que la proteja, un Beagle no protege. Imaginate que cuando Oli
sea grande y se le acerquen todos los chicos, Bronco les ladra un poco y los
saca carpiendo.
—¡Ay,
Pepe! Era una mascota, tampoco para pensar en todo el futuro. Ya te aviso que
el pis lo vas a limpiar vos. —Puse el dedo índice debajo de mi ojo en señal de
que tenga cuidado con que haya alguna suciedad en el piso.
—Oli me
entiende. —Se hacía el incomprendido y se tiraba al piso para participar en el
juego de besos entre la nena y Bronco. Es que el perro le daba cada lengüetazo
que la hacía caer de espalda cada vez que se volvía a sentar.
En
febrero decidimos pasar unas mini vacaciones en Mar del Plata por dos razones,
para descansar un poquito de la ciudad y para que nuestra hija conozca el mar. Gonza
se sumó entusiasmado cuando le pregunté
si quería ser partícipe y Bronco iba a quedar a cargo de Luciana pero al notar
como Oli estiraba los brazos hacia el
perro, lloraba y se rehusaba a subir al auto, también lo incluimos.
—¡Playa,
playa, playa, playa! —Saltaba Gonza sobre nuestros cuerpos que descansaban en la
cama matrimonial, él tenía la suya, Oli en su catre y Bronco dormía a nuestros
pies.
—Es
temprano… —Hablaba Pepe con su voz ronca y me abrazaba por detrás para volver
al sueño.
—¡Playa,
playa, playa, playa! —Ahora se ocupaba de zamarrearnos.
—¡Gonzalo!
—Él sabía que cuando gritaba su nombre completo era porque me enojaba en serio.
A eso de
las nueve de la mañana ya habíamos clavado la sombrilla en la arena, hace dos
días habíamos llegado pero recién el tiempo se había despejado como para ir al
mar.
—¿Queres
un mate, Gonza? —Porque ni desayunar nos había dejado. Mientras me ocupaba de
ponerles protector solar a los menores.
—¡No,
quiero ir allá! —Señalaba el mar, desesperado.
—Anda.
—Le concedí. —Nosotros te miramos desde acá. Ojito, no vayas muy a lo hondo.
—Pero no escuchó lo último que ya salió corriendo. —¡Qué energía que tiene este
pibe!
—¿Te
pongo atrás? —Le di el bronceador y me recosté para que me lo pasé por toda la
espalda, a ver si volvía morocha a Buenos Aires. Sonreí cuando sus manos
tocaron otras zonas y sentí un beso suyo.
—Está
la nena. —Porque cuando se ponía así se olvidaba que existía el mundo.
—No,
nos mira. —Pispié un poquito para ver lo que hacía. Jugaba con Bronco a quién
tiene más fuerza tirando de un palito de madera. Estaba clarísimo que el perro
la dejaba ganar sólo por ser ella porque ni yo había podido sacarle de la boca
la remera que me rompió el día que armamos la valija.
Un
tiempito después guardamos todo y nos acercamos más a la orilla, le propuse a Gonza,
que estaba empapado de pies a cabeza, construir un castillo de arena con los
baldes y la palita que compramos el primer día. Pepe jugaba con Oli en el agua
y ella reía cada vez que las olas tocaban sus pies. Bronco se ocupaba de ladrar
a modo de reto cuando la menor se llevaba arena en la boca.
Bronco
se convirtió en su ángel guardián.

Que lindooooo!!! Al fin unas vacaciones!! Están mejor que nunca...
ResponderEliminar@06_Laury
Mas lindo este cap, lo ame
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