jueves, 15 de agosto de 2013

Capítulo 11- Aprendiendo a Amar

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«Maldita sea». ¿Dónde estaba?
Una rubia con un traje verde claro se acercó a la máquina de café y Pedro se apartó para dejarle espacio.
—Estaba empezando a preguntarme cuándo aparecería.
Se volvió a mirar y estuvo a punto de derramar todo el café, su cerebro no estaba en forma. ¿La señorita Alfonso?
—Había reservado una salita para que pudiéramos repasar la documentación antes de subir al avión. Por aquí.

La siguió hasta la mencionada sala mientras se preguntaba qué había pasado con el Ratoncillo Marrón. El olor era el mismo, un aroma a albaricoque que ya le resultaba familiar; lo que había cambiado era su aspecto. Los pantalones que llevaba no eran estrechos, sin embargo dejaban adivinar las femeninas curvas que escondían. Y el pelo… llevaba el pelo suelto por primera vez desde que él la conocía y ya no parecía color arena, sino más bien color miel, y las puntas bailaban al ritmo de sus pasos. ¿Y qué había pasado con las gafas?

Estaban los dos sentados a la mesa antes de que Pedro consiguiera decir palabra.
—Estás... diferente —dijo por fin.
—Espero que sea adecuado —dijo ella con una tímida sonrisa en los labios—. Sé que el ambiente de los negocios en un poco más informal en Uruguay.
Pedro asintió sin poder evitar pasear la mirada por su cuerpo y después por el pelo.
—Ah, esto... Tenía que cortarme el pelo y me convencieron para que cambiara un poco de estilo. Pero no lo pagué con el dinero de la empresa, no se preocupe.
— ¿Y las gafas?
—Me he puesto lentes de contacto. Había perdido una y tuve que encargarlas de nuevo. Pero no me las pongo tan a menudo como debería… ¿Qué ocurre?
Entonces cayó en la cuenta de que estaba mirándola fijamente.
—Nada —respondió retirando la mirada bruscamente—. No tardaremos en tener que embarcar, así que terminemos con esto cuanto antes.

Aprovecharon el tiempo tanto en el aeropuerto como ya en el avión y cuando aterrizaron en Uruguay, ya habían repasado todas las características del potencial cliente y habían ultimado el plan de ataque. Pedro se sentía mucho más seguro, aunque era consciente de que quedaba mucho trabajo por hacer y multitud de reuniones con Palmcorp, con sus abogados y financieros. Pero podrían hacerlo; había tomado la decisión correcta al llevar a la señorita Alfonso. Formaban un buen equipo.

Aquél era Pedro en todo su esplendor. En la enorme sala de reuniones de la sede de Palmcorp en Uruguay, Pau lo observó mientras pronunciaba su discurso y desplegaba sus encantos hasta conseguir que los dos directores le dieran la razón en el proyecto que les proponía. Era como ver a un maestro en acción.

No le extrañaba que hubiera llevado la pequeña empresa que había creado él solo hasta el tremendo éxito que era en la actualidad. Cuando hablaba tenía el poder de hacer que los demás lo creyeran; seguramente gracias a la pasión que demostraba por su trabajo.
Los tenía en la palma de la mano.

Era una faceta de Pedro que no había visto antes. Ahora encontraba el sentido a su obsesión por la perfección y a su exigencia. No podría sentir tanta pasión por su negocio si la gente que trabajaba para él no rendía al cien por cien.

Su voz fuerte y profunda fluía como un torrente y sus manos añadían gestos llenos de expresión cuando necesitaba enfatizar alguna palabra o algún concepto; hablaba a sus interlocutores haciéndolos partícipes de la conversación, sin superioridad. Pero nadie lo interrumpía para hacerle preguntas. Definitivamente estaba en su elemento.

Era imposible no dejarse impresionar y no sólo por cómo hablaba, también era increíble el modo de mirar, de moverse. Se había quitado la chaqueta y la camisa blanca que llevaba debajo no hacía más que resaltar su piel oscura. Sí, le quedaba muy bien el blanco. Aunque aquella camisa nada tenía que ver con la túnica romana que había llevado en el baile, por mucho que ambas fueran blancas.

Paula tuvo que respirar hondo al recordar que no sólo había estado guapísimo con el traje romano, también había estado increíble al despojarse de él. Su pecho fuerte y moreno, sus piernas musculosas mientras estaba de pie junto a ella, impaciente...
¡Dios! ¿Acaso no iba a conseguir borrar nunca aquellas imágenes de su mente?

— ¿Señorita Alfonso?
Volvió a la realidad de golpe al oír la voz de Pedro y notar su mirada fija en ella.
— ¿Le ocurre algo?
Miró a su alrededor alarmada, pero afortunadamente todos parecían concentrados en servirse el café que había aparecido de pronto en la sala.
— ¿Supongo que querrá encargarse usted de presentar el plan de marketing?
—Claro —dijo ruborizada intentando no relacionar al hombre que estaba junto a ella con la imagen de aquella desnudez perfecta—. Sólo estaba preparándome mentalmente. Perdone, voy a servirme un café.

La presentación se desarrolló sin ningún contratiempo una vez Paula se deshizo de la timidez inicial. Utilizó más o menos las mismas ideas que le había expuesto a Pedro en la reunión que habían mantenido hacía algunas semanas, pero había añadido ciertas explicaciones necesarias para alguien que no estuviera tan familiarizado con la empresa. Después respondió a las dudas que surgieron y al final todos se tomaron un descanso para comer.

Cuando se dirigían a los coches que los llevarían al restaurante, Damián se acercó a ella.
—Bien hecho -dijo inclinándose para susurrarle algo más al oído y poniéndole una mano en la espalda—. Muy buen trabajo —volvió a alejarse sin sospechar que le había dejado todo el vello de punta.

Pau no sabía bien cómo responder. Como empleada, se sentía orgullosa del trabajo bien hecho y de que su jefe se lo reconociera. Sin embargo otra parte de ella que ya había sufrido algunos daños se sentía como si le golpearan en las heridas todavía abiertas... Si al menos no hubiera sido tan rápido al descartarla, quizá cabría la esperanza de que surgiera algo entre ellos. Pero no era así, no había nada, ninguna posibilidad. De hecho ni siquiera habían compartido una noche, sólo un encuentro relámpago.

Cuando llegó a la conclusión de que lo único que tenía que hacer era sonreír y darle las gracias, él ya se había marchado y estaba enfrascado en una conversación sobre los motores.
Estaba claro que tenía que relajarse.
Pero el plan para la tarde no se lo permitió. Estuvieron visitando las oficinas de Palmcorp antes de reunirse con los especialistas legales y financieros. Pedro volvió a manejar la reunión a su antojo, pero con tal maestría que los directores de Palmcorp creyeron que eran ellos los que llevaban las riendas del proceso.

En cuestión de negocios, todo marchaba a la perfección; aunque a esas horas y después de haber comenzado tan temprano, lo único que deseaba Pau era llegar a la habitación del hotel y darse un buen baño caliente.

Desgraciadamente, la cena a la que debían asistir sólo iba a permitirle darse una ducha rápida y cambiarse de ropa.
La habitación era espaciosa y elegante, decorada en colores pastel y una enorme cristalera que daba a la terraza y desde la que se podía ver la inmensidad del océano extendiéndose ante sus ojos. Lástima que no hubiera un minuto para disfrutar de todo aquello.
Disponía de sólo media hora antes de tener que encontrarse con Pedro en el vestíbulo, pero lo primero que hizo fue llamar a su casa. Contestó la enfermera, que le pasó el teléfono inmediatamente a su madre.

— ¿Qué tal va todo? —preguntó Paula.
—He estado jugando al mah-jong con Josefina —dijo su madre con una vitalidad que hacía mucho tiempo que no le había oído—. Y lo mejor de todo es que he ganado, así que no te preocupes por nada. Lo estamos pasando muy bien.

Pau colgó el teléfono con una sonrisa en los labios, satisfecha de saber que al menos, en ese aspecto, podía estar relajada. Al día siguiente volvería a casa y, con un poco de suerte, también podría relajarse de lo relacionado con Pedro.
Había vuelto a hacerlo, igual que esa mañana cuando había aparecido en el aeropuerto; ahora había vuelto a dejarlo boquiabierto con su aspecto. Llevaba un vestido color café que le quedaba como un guante. Los diminutos tirantes debían ser únicamente de adorno porque eran demasiado pequeños para tener alguna utilidad, y la falda tenía un vuelo y una caída que se movía de un lado a otro cuando caminaba, regalando a cada paso la visión de sus piernas.

Se había recogido el pelo con un pasador, pero se había dejado algunos mechones libres. Y también se había hecho algo en la cara. ¿Se habría maquillado? Fuera lo que fuera, sus ojos parecían más grandes, su sonrisa más amplia y sus labios...
Rojos y carnosos, sus labios parecían una invitación a besarla.
Pedro tragó saliva. ¿Qué había pasado con su pequeño Ratoncillo Marrón? No le parecía mal, nada de eso; había aprovechado al máximo el sobresueldo que le habían dado para vestuario, el problema era que no esperaba una transformación tan asombrosa.
Tan seductora.

La cena resultó divertida. Jorge y Damian, los directores de Palmcorp eran dos tipos interesantes de unos treinta años y tan atractivos como ricos.

Tenían los dos la piel oscura, los ojos azules y el cabello aclarado por las largas horas de surf bajo el sol. Eran además unos excelentes anfitriones que llevaron a sus invitados a un magnífico restaurante especializado en marisco y en el que cenaron en una terraza con vistas a la playa y los entretuvieron con anécdotas de sus competiciones de surf y sus continuas y graciosas disputas sobre quién de los dos era mejor nadador o quién tomaba mejor las olas.

— ¿Y cómo es que ninguno de los dos estáis casados? —preguntó Pau como parte de la broma, pero también por verdadera curiosidad.
—Muy sencillo —dijo Damian antes de que su hermano completara la respuesta.
—No ha habido nadie que nadara lo bastante rápido para atraparnos.
Los dos hermanos se echaron a reír como si lo hubieran ensayado antes.
—Pero eso no quiere decir que no sigamos buscando —añadió Damian lanzándole una maliciosa mirada a Paula.
Al unirse a sus carcajadas, Paula tuvo la sensación de estar deshaciéndose de la tensión de los últimos días. Hacía tanto tiempo que no se divertía. El hecho de saber que su madre estaba en buenas manos y el estar en aquella terraza a sólo unos metros del océano hacían que se sintiera una mujer nueva. Desde luego el detalle de ser la única mujer en compañía de tres hombres tan guapos era una novedad en su vida.

Después de todo, quizá no había sido tan mala idea acudir a ese viaje.


Hola hoy les traje dos capitulos y si dejan muchos comentarios mañana voy a tratar de subir doble tambien, desde ya muchas gracias @patty_lovepyp que tengan una linda noche !

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