martes, 27 de agosto de 2013

Capítulo 24- Aprendiendo a Amar

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—Te recuerdo que no soy el único que tiene estrategias infalibles en la sala de juntas. ¿Acaso lo has olvidado?
—No —murmuró sin poder apartar la mirada de sus ojos ni dejar de sentir el brutal magnetismo de su cuerpo—. Pero no puedes pretender que la gente haga lo que tú quieras, no puedes decidir el futuro de nadie sin tener en cuenta las necesidades o los deseos de los demás. No puede...
No pudo seguir hablando porque sus labios se lo impidieron. Los mismos labios que luego fueron recorriéndole el cuello despertando a su paso la piel dormida. Y le resultó imposible no responder.
—Lo ves... —levantó la cabeza para mirarla sólo un momento antes de continuar con aquella deliciosa tortura—. Ves cuánto me deseas. Podría hacerte el amor aquí mismo y no podrías detenerme.
Pau intentó respirar con normalidad, pensar con claridad. Sí, lo deseaba; por mucho que quisiera rebatir sus argumentos, su cuerpo se negaba a obedecerla... y su corazón también. Lo quería en cuerpo y alma. Pero eso no significaba que lo que estaba haciendo estuviera bien. Una cosa era que ella se entregara libremente, y otra cosa muy diferente que él tomara todo lo que deseaba a su antojo.
—Así es como funcionas siempre, Pedro. Haces siempre lo que quieres.
—No trates de despistarme. Tú también lo deseas.
— ¿Por qué no lo haces entonces? Adelante, hazme el amor aquí mismo, mientras mi madre duerme dentro. ¿Pero qué demostrarás con ello? ¿De verdad crees que me vuelves tan loca haciendo el amor que me casaré contigo sólo para seguir haciéndolo?

El modo en el que se le alteró la respiración le dio a entender a Pau que había dado en el blanco. Bajó los brazos y la mirada y se alejó unos pasos de ella sin decir ni una palabra.
Aquella mujer estaba volviéndolo loco. Debía de haberse vuelto loco para querer hacerle el amor en el patio mientras su madre dormía dentro. Pero la deseaba... tanto. ¿Por qué se empeñaba en hacerle sentir tanta frustración una y otra vez? Había escapado de él aquella primera noche y había ocultado su identidad... Y sin embargo seguía fingiendo ser un alma inocente cuando en realidad era ella la que llevaba la batuta todo el tiempo.

—Parece que disfrutaras señalando mis defectos, ¿acaso crees que tu comportamiento está libre de reproche? —Pau lo miró sorprendida.
— ¿Qué quieres decir?
—Eres tú la que huyó la noche del baile y la que mantuvo en secreto su identidad. Si hoy no me hubieras dicho que estás embarazada... —se detuvo a pensar en el momento en el que había ocurrido tal cosa.
Ella no se lo había dicho.
Él había intervenido en la disputa con ese cretino, Facundo, y en el estado en el que se encontraba, Pau había creído que decía la verdad. Había creído que realmente sabía que el hijo era suyo.

La miró con los ojos muy abiertos, de hecho por fin los tenía abiertos ahora que había descubierto su engaño.
—No pensabas decírmelo.
No era una pregunta, sino una acusación.
—No ibas a decírmelo nunca.
—Pedro, eso no es cierto.
—Pensabas mantener el secreto, querías ocultarme que iba a tener un hijo. Si yo no hubiera acudido en tu ayuda y no hubieras pensado que lo decía en serio, jamás me habría enterado.
— ¡No! Iba a decírtelo hoy mismo.
—Pero no lo hiciste.
—No tuve oportunidad. Estaba a punto de contártelo, en tu despacho, cuando Facundo...
—No te creo. Me has ocultado la verdad desde el principio. ¿Por qué iba a ser diferente?
—Porque es la verdad.
—No. Está claro que iba a ser otro de tus secretos, como el de haberte acostado conmigo aquella noche... No querías que supiera quién eras, por eso no me dejaste que te quitara la máscara. No querías que me enterara.
—Pedro, escúchame...
— ¿Por qué debería hacerlo? Me has ocultado demasiadas cosas, ¿por qué iba a creer que fueras a contarme que el hijo era mío?
—Porque eres el padre y tienes derecho a saberlo.
— ¿De verdad te importan mis derechos? —espetó clavándole la mirada—. Lo dudo mucho. Creo que nunca tuviste intención de decirme que estuviste en la sala de juntas aquella noche, y menos comunicarme que era el padre de tu bebé. De no ser por el error que cometiste cuando eché a Facundo, jamás me lo habrías dicho.
—Eso no es cierto.
— ¿Puedes asegurar con total sinceridad que nunca consideraste la idea de ocultarme la existencia de ese niño? ¿Nunca pensaste criarlo tú sola?
Pau apartó la mirada. ¿Qué era eso sino una confirmación de sus sospechas? Pensaba ocultarle que iba a tener un hijo. La sangre comenzó a latirle en las venas con furia. No iba a permitir que esa mujer volviera a salirse con la suya.
—Yo... —titubeó ella torpemente—. Verás...
—No veo nada, Paula. Tuviste muchas oportunidades para decirme que eras la del baile y preferiste no decir nada. Después, cuando estábamos en Uruguay y te besé, reaccionaste como si te estuviera acosando... sin embargo ya habíamos hecho el amor. ¿A qué venía todo eso si no era porque querías que nuestra primera noche siguiera siendo un secreto?

Pau se quedó boquiabierta intentando buscar fuerzas para defenderse:
—Tú no me deseabas esa noche. Una cosa era acostarte con la fantasía del baile y otra muy diferente acostarte conmigo, cosa que no tenías intención de hacer. El problema es que tampoco querías que lo hiciera nadie; no soportabas la idea de que alguien pudiera sentir interés por mí.
¿Que no tenía intención de acostarse con ella? No sabía lo que decía, aquella noche había ardido de deseo y después se había pasado horas en su habitación intentando deshacerse de la tensión que ella le había provocado.
—Eso no tiene ningún sentido. Me echaste de tu habitación porque no querías arriesgarte a que te identificase con la misteriosa amante del baile.
—Todo era muy complicado —protestó ella negando con la cabeza—. No me habrías creído.
— ¿Y no es complicado ahora? —se hizo un tenso silencio en el aire. Pedro dio unos pasos por el patio pasándose la mano por la cabeza—. Entonces explícame por qué no me dejaste que te quitara la máscara. ¿Por qué huiste de mí si no fue para que no me enterara de quién eras?
Ella no contestó. Pasó un tren y después volvió a alejarse dejándolos de nuevo en silencio.
— ¿Es que no te acuerdas de cómo eran las cosas entonces? —le preguntó ella por fin y al ver que él no respondía, sonrío suavemente y continuó hablando—:
Acuérdate del primer día que fui a tu despacho, después de que Hernan se hubiera ido a casa enfermo. ¿Te acuerdas de cómo eras?
— ¿Qué quieres decir?
—Sé lo que pensaste de mí. Me descartaste con una sola mirada, estaba en el último lugar en la lista de posibles conquistas; ni siquiera merecía la pena mirarme.
—Te equivocas.
—Claro que lo es. Jamás me habrías mirado dos veces. Y sin embargo en el baile... —se encogió de hombros y soltó una triste carcajada—. En ningún momento sospechaste que era yo porque nunca habrías imaginado hacer el amor con la insignificante Paula Chaves. No quería que te enteraras porque no te habría gustado. No te habrías acostado conmigo de saber que era yo.
—No es cierto.
Pero sabía que sí lo era. Nunca se habría fijado en ella con el aspecto de antes. No sospechaba lo que se escondía bajo el horrible traje marrón y las gafas de carey.
—Aquella noche fue como una fantasía —prosiguió Pau—. Y después me asusté tanto...
— ¿De qué?
—No podía creer lo que había hecho. Me entró el pánico. Sabía que te arrepentirías de lo que habías hecho y, aunque conservara el empleo, no creía que pudiera volver a mirarte a la cara. Tenía que salir de allí. Por eso huí.
— ¿Pensaste que te despediría?
—No sabía qué harías, no tenía manera de saberlo. Sólo sabía que no te gustaría descubrir que la mujer que habías seducido en el baile era sólo yo.

«Sólo yo». Quizá entonces no hubiera sido el tipo de mujer que atraía a los hombres, pero no tenía la menor idea de la cantidad de noches que había pasado en vela desde entonces, pensando en su misteriosa amante. Después, en el viaje a Uruguay, había comenzado a cambiar, se había convertido en la mujer más sexy del mundo. Pedro había demostrado que se sentía atraído por ella y ella lo había rechazado.
Había deseado a dos mujeres diferentes hasta que había descubierto que en realidad se trataba de la misma persona. Estaba claro que eso quería decir algo. Deseaba tomarle la mano, calmar sus temores y asegurarle que la deseaba... pero no estaba preparado para hacerlo. Aquella discusión le había afectado demasiado.
— ¿Cuándo vas a decirle a tu madre que estás embarazada?
—Supongo que —comenzó a hablar intentando adaptase al cambio de tema—... esperaré un mes más. Para asegurarme —explicó con los ojos hundidos y el rostro increíblemente pálido.
—Si te parece, organizaremos la boda para dentro de un mes. Se lo diremos entonces.
Lo miró fijamente.
— ¿Todavía tienes la intención de continuar con todo esto? ¿Sigues queriendo casarte conmigo?
—No tienes otra opción. Tu madre ya lo sabe y no pienso decepcionarla. ¿Y tú?
Bajó la vista al suelo, intentando aplacar los latidos de su corazón. Por nada del mundo haría algo que pudiera disgustar a su madre, y Pedro lo sabía. Él la había atado a sus planes en el momento que se lo había contado a su madre.
Pero si creía que iba a atraparla, todavía le quedaba descubrir la verdad. Pedro se había empeñado en casarse para controlar la educación de su hijo, pero no sospechaba que también controlaba ya el corazón de Pau.

Hola volvi perdonen que no subi ayer pero se me complico, falta muuuy poco para el final creo que 4 o 5 capitulos como mucho, disfruten y comenten @Patty_lovepyp.
Gracias a todos por leer

7 comentarios:

  1. Qué hermosa historia!!! Por qué va a terminar tan pronto????

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  2. me encanto , besos espero el siguiente

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  3. hermosa novela, no quiero que termine , que pau y pp dejen aun lado el orgullo que se digan lo que sienten los dos

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  4. Me encanto el capitulo... m encanta esta novela... hermosa!!!!

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  5. me encanto el cap!! jajaja se dijieron todo en la cara, que lastima que se termine tan pronto!!

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  6. Muy linda historia!!! Me encantó el capítulo!!!

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