viernes, 11 de octubre de 2013

Capítulo 16 - Amor en Riesgo

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—Pedro parece más relajado de lo que le había visto nunca —dijo Micaela sentada en la terraza con vistas al mar.

—¿De verdad? —Pau se volvió hacia su cuñada y sonrió—. Espero tener algo que ver con ello.

—Por supuesto que tienes algo que ver —Flor rió y tomó otro sorbo de vino—. Juraría que ese hombre está enamorado.

Pau se mordió el labio y desvió la mirada. Deseaba que Pedro la amara, pero él jamás pronunciaría las palabras. No creía que fuera

capaz de ofrecerle su amor a otra mujer después de lo sucedido con Julieta.

—Tienes una casa preciosa, Pau —dijo Mica—. Ojalá no estuviera tan lejos de Argentina.

—O de Uruguay —dijo Flor con sequedad—. ¿Crees que Pedro lo planeó?

—Siempre nos quedan los jet privados, ¿no? —Pau rió.

—Creo que tienes razón —reflexionó Mica—. El mundo parece mucho más pequeño cuando hay aviones por medio. No hay ninguna razón por la cual no podamos reunirnos en Argentina para ir de compras. Fede es un encanto y seguro que nos alojaría sin problemas.

—Sólo porque no se comporte como un simio, saltando de rama en rama y golpeándose el pecho reclamando la posesión de su hembra, no quiere decir que sea un blandengue.

—Cuando se trata de Fede, se vuelve muy protectora y posesiva —Mica puso los ojos en blanco—. Lo que quería decir es que, de los tres hermanos, Fede sería el que se mostraría más conforme ante la idea de reunirnos todos. Nan y Pedro se pasarían un mes entero organizando al equipo de seguridad.

—En eso tienes razón —Flor asintió.

—Mica, cuando le pregunté por qué hacía falta tanta seguridad, Pedro mencionó que te había sucedido algo —Pau miró a su cuñada inquisitivamente—. ¿Aún no se ha resuelto el asunto?

—En realidad —Mica suspiró con tristeza—, creemos que los hombres que me secuestraron han sido arrestados. Nan recibió ayer la llamada, pero no queríamos estropear nuestro viaje aquí. De vuelta, pasaremos por Uruguay para que pueda identificar a los sospechosos.

—Lo siento mucho, Mica —Flor rodeó a su cuñada por la cintura—. Qué momento, ahora que lo estás pasando tan mal con el embarazo.

—A Nan le preocupa que sea demasiado para mí —Mica se acarició la barriga, aún plana—, y aún se siente muy culpable. Odia la idea de que tenga que pasar por esto.

—Aun así, debe suponer un alivio saber que han sido arrestados —Pau le acarició una mano—. No quiero ni imaginarme el miedo con el que debes haber vivido.

—Y las molestias que les habrá causado a ti y a Flor —añadió Mica—. Sé que Fede y Pedro han tomado medidas ante el potencial peligro para cualquier persona cercana a ellos. A lo mejor ahora podremos relajarnos un poco.

—Por la libertad y la tranquilidad —Flor alzó su copa de vino en un brindis.

Pau y Mica alzaron sus vasos de agua.

—Me alegro mucho de que esten aquí —dijo Pau.

—Te estamos muy agradecidas por haber hecho feliz a Pedro —Flor abrazó a Pau—. Ha sido tan… difícil.

—Le llevó mucho tiempo aceptarme —Mica asintió—. Ahora haría cualquier cosa por mí si se lo pidiera, pero al principio no fue así.

—Mica —Pau se puso seria—, ¿crees que podrías conseguirme un rato a solas con Nan? Me gustaría hablar con él de algo, y prefiero que Pedro no lo sepa por el momento.

—De acuerdo —Mica enarcó una ceja—, creo que podré. Pero debes saber que somos insaciablemente curiosas y que tendrás que darnos los detalles primero.

—Se los contaré después de haber hablado con Nan —Pau rió y le apretó una mano a Mica—. No quiero que intenten hacerme cambiar de idea.

—¡Uf! —gruñó Flor—. No me gusta cómo suena eso.

—Siento demasiada curiosidad para intentar disuadirla —dijo Mica—. Si te quedas aquí fuera, Flor y yo nos ocuparemos de Pedro mientras tú hablas con Nan.

—Gracias.

Las otras dos mujeres entraron en la casa y dejaron a Pau tan absorta contemplando el mar que no se dio cuenta de la llegada de su cuñado.

—Mica dice que quieres hablar conmigo.

Sobresaltada, se volvió bruscamente y tragó con dificultad ante la presencia del hermano mayor de Pedro que enarcó una ceja.

—¿Te asusto, Pau?

—No, claro que no… bueno, sí —admitió ella.

—Pues desde luego no es ésa mi intención —dijo él—. Y ahora, cuéntame, ¿qué puedo hacer por ti?

Ella se retorció los dedos de las manos con nerviosismo. Seguramente era una mala idea, y Nan iba a decirle que estaba loca.

Incluso podría llegar a enfadarse ante sus intenciones.

—Pedro me ha hablado de Julieta y… Gabriel.

La mirada de Nan se volvió fría.

—Sé cuánto sufrió por lo ocurrido.

—Lo destrozó, Pau —Nan suspiró y se acercó a Pau—. Sufrir es decir muy poco. Amaba a Gabriel y lo consideró hijo suyo durante dos años. ¿Imaginas lo que debe de ser sentir durante tanto tiempo que un niño es hijo tuyo, y que después te lo arrebaten?

—No, no me lo puedo imaginar —ella bajó la mirada—. A mí también me destrozaría.

—A lo mejor lo entiendes ahora que te ha hablado de ellos.

—Esa es la cuestión —ella lo miró fijamente—. Necesito tu ayuda.

—¿Mi ayuda? —Nan frunció el ceño confuso—. ¿Para qué?

—Para encontrar a Gabriel.

—No. Ni hablar. No permitiré que Pedro vuelva a pasar por lo mismo otra vez.

—Por favor, déjame explicarme —Pau agarró a Nan de una mano cuando éste se volvió para entrar de nuevo en la casa—. Parte del problema es que Pedro no pudo despedirse. No pudo echar el cerrojo.

La herida sigue abierta y sangrando. Todavía llora a ese pequeño de dos años que perdió.

Su único recuerdo de Gabriel es del día que ella se marchó con él, de cómo el niño chillaba y lloraba.

A lo mejor si pudiera verlo, lograría aliviar parte de ese dolor. Durante todos estos años debe haberse preguntado si Gabriel estaba bien, si era feliz, si necesitaba algo. Si ve que todo va bien, a lo mejor le serviría para aliviar el horrible dolor que siente.

—¿Estarías dispuesta a hacerlo? —preguntó Nan—. ¿Devolverías a su vida a un niño al que sabes que ama? ¿Te arriesgarías a que volviera a entrar en contacto con una mujer a la que una vez amó, sólo para que sea feliz de nuevo?

—Sí —contestó ella con voz ronca—. Haría lo que fuera para aliviar tanto dolor.

—Quieres mucho a mi hermano —dijo Nan tras contemplarla largo rato.

—Sí —susurró ella tras cerrar los ojos—. Es cierto.

—Muy bien, Pau. Te ayudaré.

—Gracias —ella le apretó la mano.

—Tan sólo espero que cuando esto haya acabado, mi hermano siga dirigiéndome la palabra.

—Le diré que no tuviste nada que ver —ella sacudió la cabeza con energía—. Aceptaré toda la responsabilidad.

—Creo que mi hermano tiene mucha suerte.

—Espero que él piense lo mismo —dijo ella con tristeza.

—Dale tiempo. Estoy seguro de que se dará cuenta.

—Haré algunas investigaciones —Nan besó a su cuñada en la frente—. Te informaré.

—Me temo que ya no podemos sujetarle por más tiempo —Flor apareció en la terraza—. Espero que hayan terminado. Fede y Pedro están convencidos de que estamos tramando algo maligno.

—Flor—Nan rió—, no me cabe la menor duda de que, en cuanto a ti, sería absolutamente cierto. No he olvidado que arrastraste a mi mujer a un salón de tatuajes no hace mucho.

—¿Un salón de tatuajes? —Pau soltó una carcajada—. Tienes que contármelo, Flor. ¿Le dio un infarto a Nan?

—Puede que gritara con bastante fuerza antes de arrastrarnos a la calle —dijo Flor con una sonrisa inocente.

Pau la abrazó en un gesto de solidaridad.

—Lo que faltaba. Otra mujer para causar problemas —dijo Nan con fingido fastidio.

La puerta de la terraza se abrió y apareció Mica seguida de Pedro y Fede. Los dos hermanos miraron con expresión de sospecha a Nan que reía con Flor y Pau.

—Sea lo que sea que les haya contado, es mentira —dijo Fede mientras atraía a Flor hacia sí.

—¿Por qué tengo la sensación de que mi familia está tramando algo contra mí? —murmuró Pedro mientras se colocaba junto a Pau.

—Te estás poniendo paranoico —ella lo abrazó con fuerza y lo besó en la barbilla—. Nan sólo nos estaba contando algunos secretos familiares.

—No se preocupen —aclaró Nan ante las miradas de horror de Pedro y Fede—. No les he contado nada que puedan lamentar después.

—¿Te refieres a que hay cosas de las que se lamentan? —preguntó Flor—. Cuéntalo todo, por favor. Fede siempre se comporta como si yo fuera la loca de la familia.

Pau se relajó contra el cuerpo de Pedro y disfrutó con las risas y las bromas. Le gustaban mucho Flor y Mica, y cada vez se sentía menos incómoda con Fede y Nan.

Como tantas otras veces, la mano de Pedro se deslizó hasta la barriga de Pau, que sentía aumentar el amor que sentía por su marido cada vez que lo hacía.

Empezaba a darse cuenta de que se trataba de un hombre muy apasionado. Cuando amaba, lo hacía con todas sus consecuencias.

 Tanto ella como su hija serían afortunadas por poder disfrutar de su amor y devoción. Jamás tendría que volver a preocuparse por estar sola.

—¿Lista para la cena, princesa? —murmuró él—. Me han dicho que el chef ha preparado tus platos favoritos esta noche.

—Creo que empiezo a acostumbrarme a todos estos mimos —suspiró ella.

—Te conformas con poco —bromeó él.

—Sólo te necesito a ti —dijo ella con semblante serio.

—No me provoques o me olvidaré que tenemos invitados y te llevaré en brazos a la cama.

—¿Y por qué tendría que ser algo malo? Tus hermanos están casados. Lo comprenderían.

—Me haces perder el control, princesa—él rió y le besó la punta de la nariz—. Vamos a cenar. Después te llevaré a la cama.



Hola hola aca les dejo el de hoy :) les aviso que solo quedan 3 capitulos y el epilogo, sera que tanta calma se debe a que se viene la tormenta? ... Bueno me despido, comenten mucho y nos leemos mañana

3 comentarios:

  1. buenísimo el capítulo!!! nooo que no se venga la tormenta que siga la paz y el amor...jejeje

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  2. Me encantó, cuánto amor de Pau x favor!!!!!!!!!!!!!!

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  3. Aii se viene algo malo?? Me encanto el cap!!

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