martes, 29 de octubre de 2013

Capítulo 4 - Lazos de Amor

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Pedro se dirigió hacia la puerta, y Pau salió aprisa de la cama sintiendo que le costaba mantenerse en pie.
-No -exclamó Pedro-. Quédate ahí.
-Pedro... por favor -suplicó elevando la vista horrorizada.
-¡No! -volvió a exclamar él bruscamente-. Oblígala, Hernan -ordenó saliendo de la habitación.
-Lo odio -susurró Pau frustrada al ver que la puerta se cerraba-. ¡Lo odio!
-Sólo lo hace por ti, Pau -contestó Hernan Paz amable-. No es muy agradable ser testigo de la discusión con los secuestradores.
-¿Te refieres a la discusión en la que va a tratar de salvarle la vida a mi hija?

Pau rió con amargura. Hernan no contestó. Al fin y al cabo tenía razón. Pau juró en voz baja y volvió a intentar salir de la cama. Pero no podía permanecer en pie, aunque no sabía si era la verdad o las pastillas lo que se lo impedía. Entonces se hizo el silencio, un silencio incómodo mientras él vigilaba la puerta y ella intentaba ponerse en pie.

-Vete, Hernan. No te preocupes, no voy a salir corriendo hacia el despacho ni a causarte problemas con tu jefe. Puedes irte tranquilo.
El suspiró triste, pero no se marchó. En lugar de ello se acercó a la ventana.
-Puede que en este momento no sea la compañía ideal. Pau, pero tú y yo éramos amigos.
«Amigos» se repitió escéptica Pau a sí misma. Conocía a Hernan Paz hacía años. Era el ayudante de Pedro, su mano derecha. Juntos formaban un equipo invencible: Hernan el encantador, el risueño y Pedro el hombre de acción frío y calculador. Cualquier cosa que Pedro no pudiera hacer por sí mismo se la encargaba a Hernan, cuya lealtad estaba fuera de toda duda.

Su relación era muy estrecha. En una ocasión, hacía ya tiempo, Pau había llegado a creer que la lealtad de Hernan hacia Pedro la incluía a ella también. Lo había considerado un amigo suyo, su único amigo en un mundo lleno de enemigos. Se había sentido sola, abandonada y alejada de la realidad, marginada e incómoda en la alta sociedad en la que Pedro la había introducido y en la que su presencia no era aceptada. Hernan era la unica persona a la que había podido acudir en tiempos de necesidad, cuando Pedro no estaba. Pero cuando todo ocurrió, incluso Hernan le volvió la espalda.

-No necesito a nadie. Sólo a mi hija.
-Pedro la rescatará -contestó asintiendo despacio pero con seguridad y consiguiendo aminorar ligeramente el dolor que sentía en su interior-. Pero tendrás que confiar en él, Pau, lo hará a su modo.

«Confiar», recapacitó. De nuevo aquella palabra.
-Han llamado antes de lo que dijeron. ¿Han dicho por qué?
-No, pero nos han estado siguiendo -explicó-. A Pedro y a mí. Nos han seguido desde Chile hasta aquí. Supongo que habían calculado mal el tiempo que íbamos a tardar en llegar a Argentina, no habrían pensado que Pedro vendría tan rapido- Pedro volaba en su avión privado a donde fuera que quisiera ir. Tomar un vuelo público debía de haber sido un shock para Pedro Alfonso, aunque fuera en primera clase y en el mejor transporte público del mundo-. Las noticias le han afectado mucho, Pau. Creo que nunca lo había visto tan destrozado, no desde que...

Hernan no terminó la frase. No podía culparlo por ello. Había estado a punto de decir «desde que descubrió que lo traicionabas con otro hombre». No era precisamente el comentario más adecuado en ese instante.

-Pedro me ha dicho que su padre ha estado enfermo -comentó ella cambiando de tema.
No quería saber cómo le había afectado el secuestro. De todos modos, nunca hubiera creído a Hernan si le hubiera dicho que Pedro se sentía destrozado por lo sucedido.
-Sí, fue terrible. Fue una suerte que estuviera en acá y no en su casa de Uruguay cuando le ocurrió. De otro modo no estaría vivo. Estuvo dos meses ingresado en el hospital antes de poder viajar de vuelta a casa. Pedro permaneció a su lado sin moverse durante dos semanas enteras.

¿Acá?, Se preguntó Pau incrédula. Horacio nunca viajaba a Argentina por placer, siempre había dicho que era una ciudad odiosa. Y Pedro había estado durante dos semanas a un paso de ella sin siquiera saberlo. Un escalofrío la recorrió la espalda.

-Por supuesto se mantuvo en secreto. Horacio tiene demasiados negocios importantes y delicados en los que la noticia de su enfermedad podría haber sido fatal. Pedro ha tenido que ocuparse de todo desde entonces, está haciendo el trabajo de dos.
-Pobre Pedro -murmuró Pau unica-. Y ahora encima esto.
-No te burles de él, Pau -contestó Hernan con un brillo en los ojos-. Tú menos que nadie tienes derecho a burlarte de él. Al fin y al cabo, ha venido en tu ayuda, ¿no es así? -continuó mientras se enfadaba-. ¡Ha venido aquí sin pensárselo dos veces cuando posiblemente cualquier otro hombre te hubiera vuelto la espalda!

-¿Igual que lo hiciste tú? -contestó ella dando rienda suelta a su ira. En otro tiempo, se habría mordido la lengua y habría callado, pero ya no. Nadie más iba a volver a intimidarla con su temperamento y su orgullo uruguayo-. Entonces no es de extrañar que Pedro sea quien es y que tú no seas más que su empleado. ¡Al menos él es capaz de ver a la gente como seres humanos, no según la importancia y el dinero que tengan!
En ese momento, la puerta se abrió. Pau se levantó olvidando a Hernan. Pedro entró y los miró, quedándose callado al palpar la tensión del ambiente.

-¿Y bien? -preguntó Pau ansiosa-, ¿Qué han...?
La expresión de su rostro consiguió que palideciera, si es que el calor de la discusión había conseguido darle algo de color a sus mejillas.
-Ten calma -contestó él con suavidad-. Aún estamos negociando. Intenta recordarlo todo el tiempo, Pau, ellos quieren algo que yo les puedo dar, algo que desean más aún que retener a tu hija.
-¿Negociando? -repitió ella comprendiendo apenas lo que él decía-. ¿Pero qué es lo que hay que negociar? ¡Págales, Pedro! -gritó-. ¡Tienes dinero de sobra! ¡Dáselo y diles que me devuelvan a mi hija! -él hizo una mueca, posiblemente ante su ingenuidad, pensó Pau, así que recapacitó y añadió-. Pero, ¿cuánto te han pedido?

-Ese asunto no es algo que vaya a discutir.
Sus ojos estudiaron primero el rostro inexpresivo de Hernan y luego volvieron al de Pedro. Entonces su pecho albergó otra amenaza más con la que no había contado
-Te piden demasiado dinero, ¿no es eso? -respiró con ansiedad-. Te piden más de lo que puedes reunir en tan poco tiempo.
-Al menos no me acusas de ser un tacaño -sonrió burlón.
-No -contestó ella. No era tonta. Sabía que los ricos ponían a trabajar su dinero, no lo guardaban en un cajón-. Entonces..., ¿qué ocurrirá ahora?
-Esperaremos -dijo haciéndole a Hernan una señal con la cabeza para que los dejara solos.
Hernan obedeció y cerró la puerta sin decir una palabra.

Esperar. Hacia ya casi siete horas desde que habían secuestrado a Male. Nunca había estado tanto tiempo sin ella. La echaba de menos, le dolía el alma por su ausencia, apenas podía soportarlo.
-¿Y luego qué?
-Roguemos para que cuando llamen de nuevo hayan empezado a mostrar un poco de sentido común -contestó él con sencillez. Era de suponer que no había otro modo de decirlo, pensó Pau-. ¿Cuándo ha sido la última vez que has comido algo?

Ella sacudió la cabeza y elevó una mano para quitarse la cinta de terciopelo deslizándola por el cabello.
-No puedo comer nada -respondió al fin.
-¿Cuándo? -repitió él.
-En el desayuno -contestó al fin dejando la cinta sobre la cama y recordando el feliz momento que había compartido con Male-. ¡OH, Dios mío! -exclamó sentándose al borde de la cama con los ojos llenos de lágrimas.

-¿Qué ocurre? -preguntó Chris tenso.
-Ellos no van a saber... No saben qué le gusta comer. Se sentirá confusa, tendrá miedo. Se preguntará por qué no estoy con ella, por qué...
-Déjalo ya -replicó Pedro agachándose frente a ella-. Escúchame, Pau. No puedes dejar que tu mente siga trabajando de esa forma. Los niños son por naturaleza muy resistentes. Lo soportará, seguramente incluso mejor que tú. Tienes que intentar ayudarte a ti misma, controlarte, no atormentarte de ese modo. Si no, no lo soportarás.

Tenía razón. Lo sabía. Hizo un esfuerzo sobrehumano por calmarse y asintió, dejando que las lágrimas se escaparan de sus ojos.
-¿Te...? ¿Te dejaron que la escucharas otra vez?
Sus ojos, por lo general fríos, estaban más oscuros de lo normal. Pedro elevó una mano para apartar un mechón del largo cabello de su rostro.
-Ella está bien -murmuró-. La escuché charlando contenta mientras hablaba con uno de ellos.
-¿Lo habéis grabado? Quiero oírlo.
-No -dijo poniéndose de pronto en pie con expresión indiferente.
-¿Pero por qué no? Necesito oírla, ¿es que no lo comprendes?
-Lo comprendo, pero no puedo concedértelo. No creo que pudieras soportarlo, así que no te molestes en volver a pedírmelo.

Obviamente, la discusión había terminado. Pedro se dirigió hacia la puerta y de pronto se detuvo. Algo había llamado su atención. Pau buscó el motivo a su alrededor y luego se quedó inmóvil. Su corazón y su respiración se pararon al verlo tomar un retrato de encima de una cómoda.

-Se parece mucho a ti -observó por fin después de una larga pausa.
-Sí.
No pudo contestar nada más. El parecido se apreciaba a simple vista. El cabello dorado, los ojos, la piel pálida y delicada. Male era casi un doble de Pau. Y no se parecía a su padre.

-Es muy guapa -añadió-. Debes quererla mucho.
-¡OH, Pedro! -exclamó sintiendo un profundo dolor en su pecho a causa de la desesperación de ver que ni padre ni hija podían disfrutar del amor del otro-. ¡Tanto como deberías amarla tú! ¡Ella es...!
«Ella es tu hija», eso fue lo que Pau estuvo a punto de decir. Pero él la interrumpió para evitar escuchar esa afirmación.

-¡No! -gritó él dejando la foto de golpe en su sitio y negándose a aceptarlo-, ¡No empieces otra vez con eso! ¡Esas pretensiones me resultan insultantes! -añadió dándose la vuelta con el rostro más frío de lo que ella lo había visto nunca-. No he venido aquí para escuchar tus mentiras. He venido a recobrar a tu hija. ¡Tu hija! -enfatizó-. Sea quien sea su padre, desde luego no es mía.

-Es tuya -repitió ella desafiante a pesar de la frialdad de él-. Tu hija, tu concepción, tu traición a la confianza que yo había puesto en ti, a lo que yo esperaba de ti con legítimo derecho. ¿Es que no te das cuenta de que para mí es igualmente insultante que tú sospeches de mi infidelidad? ¿Cuándo? ¿Cuándo te he dado yo motivo alguno para creer que pudiera ser capaz de semejante atrocidad? ¿Yo? ¿Irme con otro hombre? ¡Pero si yo era incapaz ni de mirar a nadie de pura vergüenza! ¡Me ponía colorada y no dejaba de tartamudear como una tonta en cuanto alguien me hablaba!

-Hasta que aprendiste a manejar tus propios poderes sobre los hombres, claro. Los poderes que yo mismo te enseñé a reconocer. Entonces dejaste de sonrojarte y de tartamudear y comenzaste a sonreír y a coquetear.
-Nunca lo hice -negó con pasión-. Mi timidez te molestaba y fue por eso por lo que intenté sobreponerme a ella. Intenté comportarme como las demás mujeres, intenté ser un miembro más del círculo social al que no dejabas de decirme que pertenecía. Lo intenté sólo por ti.

-Lo intentaste demasiado en serio, entonces. No recuerdo haberte pedido que tuvieras un amante.
-No tuve ningún amante -suspiró.
-Entonces el hombre al que estabas abrazada fue sólo el producto de mi imaginación, ¿no es eso?
-No -concedió ella cruzando los brazos sobre su pecho y sintiendo un escalofrío al recordar la escena-. Él fue real.
-No te toqué en cinco semanas, y sin embargo tú te las ingeniaste para quedarte embarazada. Fue un milagro -añadió.
-No estás muy bien en matemáticas. Fueron cuatro semanas, e hicimos el amor muchas veces aquella noche.
-Pero a la mañana siguiente tuviste la menstruación, así que es imposible que te quedaras embarazada aquella noche.

Pau suspiró de nuevo sintiéndose derrotada. Aquella mañana le había mentido, no había tenido la menstruación. Él le había anunciado que debía volver a marcharse de viaje y ella había mentido para castigarlo por abandonarla tan pronto. Quería privarle del placer de poseer su cuerpo por marcharse, pero había tenido que lamentar esa mentira desde entonces. Después, lo había confesado todo, pero él no había cambiado en absoluto de opinión, no la creía, así que no sentía deseos de repetirle la verdad una vez más.

-Ya veo que no tienes respuesta para esa pregunta.
-Puedes creer lo que quieras. La verdad es que ya no me importa... -contestó con sinceridad y sin ninguna vida en sus ojos-. Una vez te amé más que a mi propia vida. Ahora mi amor es todo para Male.
-Arréglate -ordenó él inexpresivo ante esa declaración volviéndose hacia la puerta-. Cuando estés lista, baja, yo me encargaré de que preparen algo para comer.


Hola hola volvi a pedido de Moi? jajaja disfutenlo y comenten :) 

4 comentarios:

  1. Q cabeza dura ese hombreeee!! Y pobre pau tanto sufrimiento..

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  2. Qué buen cap!!!! Espero ansiosa el próximo!!!!

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  3. Muy buen capítulo!! Qué triste q Pedro no averigûe por medio de un análisis (simple y claro), me parece que le gusta maltratar a Pau!! Decime que prontito lo descubre!!

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  4. buenísimo,seguí subiendo!!!

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