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—Pau, ¿qué demonios haces aquí? —preguntó Flor mientras arrastraba a Pau al interior de la casa—.
¿Sabe Pedro que has venido? ¿Ha venido contigo?
Pau tenía un nudo en la garganta. Pero no iba a echarse a llorar otra vez.
—¿Qué ha pasado? —Mica apareció detrás de Flor con una expresión de simpatía en el rostro.
A pesar de su resolución, Pau estalló en llanto. Flor y Mica la condujeron al salón.
—¿Están Nan y Fede aquí? —consiguió preguntar entre sollozos.
—No, y tardarán un rato en venir —dijo Flor—. Siéntate antes de que te desmayes. Pareces agotada.
Pau se sentó en el borde del sofá mientras sus cuñadas la contemplaban inquieta.
—¿Qué ha hecho el idiota de mi cuñado? —preguntó Mica.
—Me temo que, según él, soy yo la que le he hecho algo a él —ella intentó sonreír.
—Viniendo de él no me extraña nada —exclamó Flor—. Además, salta a la vista que estás locamente enamorada de él.
—El problema —Pau enterró el rostro entre las manos— es que cree que soy de lo peor.
—Cuéntanos qué ha pasado —Mica le rodeó los hombros y la abrazó.
La joven contó toda la historia, de principio a fin, incluyendo la parte de Julieta y Gabriel.
—Menudo imbecil—gruñó Flor—. ¿Se le ocurrió siquiera llamar al laboratorio para pedir un segundo análisis? ¿Se cuestionó el resultado? Está claro que ha habido un fallo.
—Gracias por creer en mí —Pau sonrió agradecida—. Pero la cuestión es que ha conseguido lo que buscaba.
Desde el principio ha esperado que me caiga del pedestal. Desde lo de Julieta no ha sido capaz de creer en una mujer.
—¿Y qué vas a hacer? —preguntó Mica—. Estás enamorada de él.
—Pero él no me ama. Más aún, no quiere amarme. No puedo vivir con alguien que desconfía en mí tanto como él.
—¿Y qué pasa con Gabriel? —preguntó Flor—. Supongo que no vas a permitir que siga como está.
—No —contestó Pau con firmeza—. Y por eso he venido. Necesito vuestra ayuda.
—Lo que sea —Mica apoyó una mano en la de su llorosa cuñada.
—He empeñado las joyas que Pedro me regaló. Bastará para alquilar algo pequeño en Cordoba para poder tener una residencia permanente.
Pero necesitaré dinero para que el estado me considere económicamente solvente para hacerme cargo de Gabriel. No conseguiré el legado de Pedro hasta el divorcio, y no tengo ni idea de cuánto tardará.
—Lo mejor de tener mi propio dinero —Flor sonrió— es no tener que depender de los millones de los Alfonso. Sin ánimo de ofender, Mica.
—No me ofendes —contestó su cuñada secamente.
—Tengo algo de dinero que puedo darte, y te mandaré más para que puedas alquilar algo mejor que «algo pequeño. Si pequeño está bien, grande estará mejor, ¿verdad?
—Muchísimas gracias —Pau apretó la mano de su cuñada—. Tenía miedo de que me odiaran, de que pensaran que había traicionado a Pedro.
—Tengo la sensación de que Pedro se levantará un día dándose cuenta de que ha cometido el mayor error de su vida —Mica suspiró—. Y casi me gustaría estar ahí para verlo.
—No te sientas mal, Pau —la consoló Flor—. Me temo que los Alfonso son bastante obtusos en lo que al amor respecta.
—Cierto —admitió Mica.
—Mantennos informadas sobre Gabriel. Me encantaría conocerlo —dijo Flor.
—Desde luego.
—¿Ya tienes organizado tu traslado a Cordoba? —preguntó Mica.
—Aún no —Pau sacudió la cabeza—. He venido directamente aquí desde la isla.
—Lo primero —Flor se puso en pie con expresión decidida— será celebrar una buena comida entre chicas, seguida de una tarde de mimos en el spa. Dios sabe que las dos embarazadas lo necesitan.
Después pediremos un jet privado para que te lleve a Cordoba, y yo haré que un coche te espere allí para llevarte donde tú quieras. Pedro será un imbecil, pero tú sigues siendo familia.
Pau volvió a estallar en sollozos y Flor gruñó.
—¿Ahora entienden por qué no me apetece reproducirme? El embarazo convierte a las mujeres en un caos hormonal.
Mica se enjuagó rápidamente sus propias lágrimas y Pau soltó una carcajada, seguida de sus cuñadas.
—De acuerdo, ya basta de lagrimitas. Vamos a marcharnos antes de que vuelvan los hombres. Les dejaré una nota diciendo que me he llevado a Mica a pasar una tarde de desenfreno. No les sorprenderá lo más mínimo —Flor rió.
—Prometanme las dos que vendran de visita a Cordoba —dijo Pau—. Las echaré mucho de menos. Siempre he querido tener una familia, y no habría dos hermanas mejores que ustedes.
—Yo desde luego iré a verte —prometió Mica—. Le echaré la culpa a Flor. Es mi excusa habitual y me evita problemas con Nan. Fede la quiere tanto que la mima espantosamente.
—Las dos tienen mucha suerte —dijo Pau con tristeza.
—Lo siento, Pau—Mica la miró apenada—. Ha sido muy poco considerado por mi parte.
—Échale la culpa al embarazo —dijo Flor—. No hay duda de que tener un parásito dentro chupando tus neuronas tiene que producir un impacto negativo tarde o temprano.
—Eres deliciosamente irreverente —Pau soltó una carcajada seguida de Mica—. No me extraña que Fede te ame tanto.
—Venga, vámonos. Mi radar de hombres me dice que no están lejos. Cuanta más distancia pongamos entre esta casa y nuestro destino, menos probable será que nos encuentren.
Con los brazos entrelazados, se dirigieron hacia la puerta, donde tropezaron con Javier, el jefe de seguridad de Fede.
—¿Podemos contar con tu discreción o correrás a informar a Fede? —Flor suspiró, y miró amenazadoramente al hombre.
—Eso depende de adónde crean que van —Javier se aclaró la garganta.
—Lo que tenemos aquí, señor mío, es una damisela en apuros —Mica siguió hacia delante—. Una muy embarazada damisela en apuros. Necesita pasar un día en el spa. Ya sabes, ese lugar en el que hacemos esas cosas de chicas que tanto miedo le da.
—Bueno —Javier palideció ligeramente—. Siempre que sea eso y no un lugar inapropiado.
—Jamás me permitirás volver a ese club de striptease, ¿verdad? —Flor lo miró furiosa mientras se dirigían al coche.
—¿Club de striptease? —preguntó Pau—. Quiero conocer los detalles.
—Y te lo contaré todo en cuanto estemos envueltas en barro de pies a cabeza —dijo Flor mientras se sentaba en el coche y se inclinaba hacia Javier, acomodado en el asiento delantero—.
Y una cosa más, Javier. Todo este asunto es secreto. No has visto a Pau, no sabes quién es, no la has visto en tu vida, ¿vale?
—¿A quién? —Javier sonrió con solemnidad.
—Es un tipo bastante listo —Flor sonrió satisfecha—, siempre que no tema por su trasero.
—Lo he oído —dijo Javier.
—Muy bien, chicas —Flor rió—. Vamos a pasar el día en el spa. Después llevaremos a Pau al aeropuerto para que pueda volar a Cordoba.
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Pedro contempló pensativo las olas, con las manos hundidas en los bolsillos del pantalón. Unos pantalones que no se había cambiado en tres días.
Parecía, y se sentía, como si llevara un mes de resaca. No se había duchado ni afeitado. Los empleados lo evitaban como la peste y, cuando no podían evitar relacionarse con él, lo miraban con desaprobación.
Como si hubiera sido el culpable de su marcha.
Y en cierto modo lo era. No le había facilitado las cosas para que se quedara.
No es que le hubiera pedido que se marchara, pero ¿qué mujer se quedaría junto a un hombre que se hubiera mostrado tan cruel, tan despreciativo?
Cerró los ojos y respiró el aire del mar que Pau tanto adoraba. Ella amaba el mar tanto como él la amaba a ella. Apasionadamente.
Se suponía que el amor debía carecer de barreras ni condiciones. Pero nunca le había ofrecido tanto a Pau.
Ni siquiera le había ofrecido su apoyo incondicional. Le había exigido, y ella había concedido. Había tomado y ella había ofrecido.
Era un bastardo.
¿Cómo iba a contarle la verdad si no la dejaba? Desde el principio le había dejado prácticamente claro que la echaría de casa si descubría que le había mentido.
Aunque lo cierto era que no le importaba.
Se había dado cuenta al descubrir su marcha. No le importaba si el bebé era biológicamente suyo o no.
Estaba casado con Pau, y eso significaba que madre y bebé le pertenecían. Sería el padre del bebé porque ése era el deseo de Dulce. Porque ése era su propio deseo.
Su amor por Gabriel no había disminuido al saber que no era su hijo biológico. Amaba a su hija, y nada podría cambiarlo.
Había arruinado su oportunidad de tener una familia. Una esposa y una hija. Y todo porque había estado convencido de que Pau era otra Julieta.
Pau tenía razón. Había esperado que cayera, que le diera las armas que necesitaba para destruirla porque no soportaba ser destruido por segunda vez.
Y también tenía razón en otra cosa, algo que no le había llevado mucho tiempo descubrir. Había destruido un tesoro.
—Te amo, princesa —susurró—. No merezco tu amor, pero puedo ofrecerte el mío. Puedo intentar compensarte por el daño que te he hecho. Por favor, perdóname.
Las palabras que había jurado no volver a decirle a una mujer liberaron algo enterrado en su alma.
Respiró hondo mientras el dolor del pasado desaparecía, arrastrado por el viento, mar adentro. Había permitido que la amargura y la ira lo gobernaran demasiado tiempo.
Había llegado la hora de dejarlas ir y de abrazar el futuro junto a Pau.
Se dio la vuelta y se dirigió hacia la casa. En cuanto entró empezó a lanzar órdenes a gritos.
Al principio fue recibido por una fría resistencia, hasta que los empleados fueron conscientes de lo que se proponía.
Entonces estalló un torbellino de actividad mientras todos se afanaban en proporcionarle lo que deseaba.
—Llamé a un coche para que la llevara a la ciudad —dijo una de las doncellas.
Localizado el conductor, éste admitió haberla llevado al pequeño aeropuerto.
Frustrado, Pedro acudió al aeropuerto para interrogar al vendedor de pasajes, pero ni siquiera el apellido Alfonso fue capaz de proporcionarle los resultados deseados.
Nadie quiso decirle si Pau había tomado un vuelo, ni adónde.
Alex. Por supuesto. Cada vez que había necesitado un lugar en el que alojarse, había vuelto a casa de Alex. Ella parecía confiar en ese tipo, y entre los dos se notaba que había un sincero afecto.
Consideró su aspecto con repulsión. No iría a ningún lugar con esa pinta. Lo más seguro era que lo detuvieran por vagabundeo.
Caminó de vuelta a la casa, telefoneó a su piloto y le dio instrucciones para que preparara el jet privado para despegar en una hora.
Iba a encontrar a Pau y llevarla de vuelta, a ella y a su hija, al lugar al que pertenecían. A casa.
Hola hola se que me estan odiando pero aca esta el capitulo, mucho mejor no? falta poquito para el final, disfrutenlo y comenten :)
Decime que vas a subir el siguiente cap hoy please!!!! Es re interesante esta historia!!!!
ResponderEliminarMe encantó!! Pero nos dejás con muchas espectativas que se hacen difícil de aguantar hasta mañana!! No podés dejarnos así!! Un aplauso para las cuñadas!!
ResponderEliminarUhhhhh!!! Que se apure y vaya a Córdoba que la pierde........ buenísimo... te odio un poquito menos....
ResponderEliminarsubi otro por favorrr....
ResponderEliminarhttp://novelaadaptadapyp.blogspot.com.ar/ nueva novela , pasen y echenle una ojeadita , la historia original es muy atrapante la escribio una amiga mia , espero que me quede igual de atrapante la adaptacion .. pueden dejar comentarios en anonimo si quieren , los espero!
ResponderEliminarP.D: muy buen cap!
buenísimo...subí más!!!
ResponderEliminarpero pobre Pau la hace sufrir y despues se arrepiente de lo que hace.me gusto mucho el cap
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