JUSTO en la puerta había un hombre enorme con un traje gris haciendo guardia. Un extraño. -¿Dónde está Pedro? -preguntó Pau medio temblando-. Mi marido, ¿dónde está?
-El señor Alfonso no quiere que nadie lo moleste -contestó mirando de reojo la puerta del despacho cerrado.
Era uruguayo, pensó Pau, su acento era uruguayo, como el del hombre con el que había hablado por teléfono. Se estremeció y pasó por delante de él ignorando su respuesta y apresurándose a abrir la puerta.
Pedro estaba sentado en el borde de la sólida mesa de roble del despacho y no estaba solo. Había dos policías y otro hombre con él, alguien al que de inmediato reconoció como su mano derecha, Hernan Paz. Estaban todos con las cabezas inclinadas mirando algo que había sobre la mesa. Al entrar ella de improviso todos levantaron la cabeza.
Ella los ignoró a todos. Sus ojos ansiosos se centraron en la única persona que importaba.
-Pedro... -lo llamó dando dos pasos hacia él-. He...
Él hizo un gesto con la mano, no hacia ella sino hacia el objeto que había sobre la mesa.
Fue entonces, al oír un clic, cuando se dio cuenta de qué era lo que estaba pasando allí y cuando reconoció lo que había escuchado a pesar de que su cerebro se había negado a admitirlo.
Se paró, se puso blanca, cerró los ojos. Era la voz de Male, de su hija, murmurando y llamándola hasta que alguien apretó el botón.
-¡No la toquen! -gritó.
No supo quién fue el que la alcanzó primero para sujetarla cuando se tambaleó, pero reconoció los brazos de Pedro agarrándola y evitando que se derrumbara, apretándola contra su pecho y obligándola a sentarse.
No se marchó. Fue inclinando su cuerpo al mismo ritmo que ella de modo que podía apoyarse en él. Su corazón se había acelerado y estaba fuera de control, su respiración era rápida, su mente estaba absolutamente horrorizada por un nuevo temor.
Pedro estaba maldiciendo. Maldecía en español y en inglés, maldecía elevando la cabeza por encima de ella, lo maldecía todo y la maldecía a ella. Entonces Pau elevó los dedos helados y temblorosos para posarlos sobre la pechera de su camisa, luego sobre el cuello y por último sobre la boca, apretada por la ira.
Podría haberlo abofeteado en plena cara sólo por haberle causado esa sensación. Él se quedó helado allí mismo, delante de todos aquellos rostros que los observaban. Se quedó helado como una estatua muda con los temblorosos dedos sobre sus labios.
-Pepe -susurró ella débilmente sin darse cuenta siquiera de que lo estaba llamando por un apodo que había utilizado sólo a veces en momentos de intimidad cuando se sentía absolutamente perdida en él-. Mi hija, ésa era mi hija...
Pedro Alfonso, agachado junto a ella y oliendo la maravillosa fragancia de su pelo esparcido por los anchos hombros, cerró por un momento los ojos con una expresión de dolor.
-Shsh -murmuró. Entonces elevó la mano para agarrar los dedos de Pau sobre su boca y después de besarlos ligeramente los tomó entre sus manos con delicadeza-. Pau, ella está bien. Pregunta por ti pero está bien. ¿Me entiendes? Ella está...
Pau se desmayó. Al fin la presión que soportaba la venció y se dejó caer sobre el hombre que tenía a su lado. Poco después, se despertó encontrándose en su habitación, tumbada sobre la cama y con el médico inclinado sobre ella.
-Quiero que tome esto, señora Alfonso -murmuró ofreciéndole dos pastillas blancas y un vaso de agua.
Ella sacudió la cabeza y volvió a cerrar los ojos intentando recordar lo que había ocurrido. Recordaba haber corrido por el vestíbulo y haber abierto la puerta del despacho pero no se acordaba de por qué había sentido la necesidad de ir allí. Recordaba haber visto en el despacho a Pedro, a Hernan y a dos policías, y recordaba cómo todos habían levantado la cabeza para mirarla al entrar ella de improviso y dirigirse hacia Pedro. Luego... entonces recordó.
-¿Dónde está Pedro?
-Aquí estoy.
Abrió los ojos y lo encontró inclinado sobre ella al otro lado de la cama. Su aspecto sin embargo era diferente, como si hubiera perdido en parte su arrogancia.
-Has tenido noticias de ellos, ¿verdad? -murmuró medio desfallecida-. Te llamaron antes de la hora prevista. Te dejaron hablar con mi hija -lloró.
-Tómate las pastillas, Pau.
-Quiero saber qué te han dicho -contestó ella negándose a tomarlas con un gesto de cabeza.
-Si te tomas las pastillas, te contaré lo que han dicho.
-Lo unico que quieres es que me quede dormida. Me niego a dormir -insistió Pau.
-No son pastillas para dormir, señora Alfonso. No tiene usted por qué dormir si no quiere, son sólo para relajarse. Le aseguro que le estoy diciendo la verdad. Comprendo perfectamente que quiera ser fuerte en un momento como éste, pero no lo va a conseguir si no es con cierta ayuda. No debe menospreciar su estado de shock, está usted a punto del colapso. Tómese las pastillas. Confíe en mí.
Confiar en él. Lo miró a los ojos y se preguntó si podría hacerlo. Hacía casi tres años que no confiaba en ningún hombre.
-Tómate las pastillas, Pau. Si no tendré que sujetarte para que él te ponga una inyección.
Pau se tomó las pastillas. Pedro nunca amenazaba en falso y ella no era tonta. Sabía que si le inyectaban algo no iban a ser simplemente calmantes.
Cerró los ojos por unos momentos durante los cuales nadie dijo nada. El doctor permanecía a un lado de la cama y le tomaba la tensión. El silencio era tan profundo que creía oír el tictac del reloj contando los segundos.
Antes incluso de que el doctor le soltara la muñeca sabía que su pulso se había normalizado, que no corría a la velocidad a la que lo había hecho durante las últimas horas. Sintió cómo ambos hombres intercambiaban una mirada y luego oyó pasos por la habitación. La puerta del dormitorio se abrió y volvió a cerrar. De nuevo estaba a solas con Pedro.
-Ahora ya puedes contarme lo que te han dicho -murmuró sin abrir los ojos-. No voy a ponerme histérica.
-No te has puesto histérica en ningún momento -señaló él-. Simplemente te desmayaste.
-Eso ya había ocurrido antes, ¿no es así, Pedro?
-Sí -admitió él causándole tal sorpresa que ella abrió los ojos.
-Sólo que la última vez me dejaste caer, creo recordar.
Él se dio la vuelta, en principio para arrimar una silla a la cama y sentarse a su lado, pero ella sabía que lo hacía para no recordar la escena a la que se refería, cuando él estuvo a punto de pegarle y ella respondió simplemente desmayándose.
Aquel incidente había tenido lugar en otra casa, en otro país, en otro mundo. Y en aquella ocasión, él se había marchado y la había dejado tirada en el suelo. Desde entonces no había vuelto a verlo.
-¿Cuándo llamaron?
-Justo después de dejarte.
-¿Y qué dijeron?
-En realidad no necesitas saber qué dijeron exactamente -contestó él curvando ligeramente los labios-. Digamos que sólo querían asegurarse de que yo comprendía bien que se trataba de un asunto de negocios.
-¿De qué clase de negocios? -preguntó Pau fríamente, sorprendida por el efecto de las pastillas-. ¿Te refieres a dinero?
-Pensé que era evidente que lo que quieren es dinero. Es de lo unico de lo que dispongo en abundancia.
Ella asintió, pero sin embargo luego le contradijo:
-Es mentira. Lo que quieren no es tu dinero.
-¿Y cómo has llegado a esa conclusión? -preguntó frunciendo el ceño.
-Porque son uruguayos —explicó como si esa razón lo aclarase todo-. Si me hubieras dicho que la han secuestrado en venganza por haberles estropeado tú un negocio importante, te habría creído. Pero si me dices que es sólo por dinero no te creo.
-¿Es que todavía sospechas de mí? -preguntó con frialdad.
Pau hubiera sonreído si hubiera podido ante aquella pregunta, pero la tensión se había convertido por efecto de las pastillas en debilidad, y sólo podía permanecer tumbada.
-No, de ti no, de tu padre.
La expresión de Pedro se endureció. Todo rastro de amabilidad hacia ella desapareció de pronto.
-Deja en paz a mi padre.
-Me gustaría poder hacerlo, pero no puedo. Le contrariaste cuando te casaste conmigo y nunca me perdonará. Además, aún sigues contrariándolo al no querer divorciarte para buscar otra esposa. ¿Cuánto tiempo crees que está dispuesto a aguantar una situación como ésa un hombre con su orgullo? Al final ha decidido tomar cartas en el asunto.
-¿Raptando a tu hija? ¿Y cómo crees que va a conseguir con eso que haga lo que él quiere?
-Ha conseguido traerte aquí, ¿no? -contestó con un brillo de cinismo en los ojos-. Ha conseguido que vengas aquí a enfrentarte con el error que cometiste y que te has negado a aceptar durante tres años.
-Si esas son las tácticas de mi padre -rió-, entonces ha cometido un grave error. Lo que es mío es mío, y siempre lo conservaré. Aunque nunca en la vida vaya a poner un dedo sobre ti, no estoy en absoluto dispuesto a permitir que ningún hombre obtenga ese privilegio.
-¿Es esa tu venganza particular, Pedro? -preguntó ella sintiendo un escalofrío.
-Si quieres llamarlo así.
-Entonces quizá debas informar a tu padre de lo que opinas.
-No hace ninguna falta, él ya lo sabe. Y aunque esté deseando que llegue el día en que vea a su hijo deshacerse de su mujer para tomar otra esposa no está en condiciones de hacer nada al respecto -Pedro se levantó y volvió a poner la silla en su sitio.
Luego se dio la vuelta para mirarla. Su rostro era de nuevo frío e impenetrable-. Ya ves, hace seis meses sufrió un ataque al corazón. Está tan débil de salud que tiene que permanecer en una silla de ruedas. Apenas puede hacer nada por sí mismo, y menos aún planear algo como esto -de pronto se inclinó sobre ella con un gesto serio-. Así que guárdate tus odiosas insinuaciones para ti sola, Pau.
Una cosa es que te atrevas a insultarme a mí con tus opiniones sobre mi familia, y otra muy distinta que te metas con mi padre. Déjalo a él aparte. ¿Está claro?
-Sí -susurró ella atónita por las noticias. ¿Horacio enfermo en una silla de ruedas?, Se preguntó incrédula-. Lo siento.
Su lástima era sincera, pero no la sentía por aquel hombre reducido por la enfermedad, sino por Pedro, que lo adoraba.
-No necesito tu lástima. Me basta con que te muerdas la lengua antes de volver a decir nada sobre él.
Entonces alguien llamó a la puerta, que se abrió. Hernan apareció en el umbral. Miró primero a Pau y luego a su jefe, al que dijo:
-Están al teléfono otra vez.
Hola volvi, dedicado a las que me hicieron la tarde disfrutenlo y comenten @AnddreaBoo @EmiliaCh_ @VickyCivitelli
oooo cuanto suspenso me mata la intriga!! Muy buena la nove
ResponderEliminarEspectacular este cap!!!!! Espero ansiosa el siguiente mañana please
ResponderEliminarbuenísimo, seguí subiendo!!!
ResponderEliminarmuy bueno
ResponderEliminarsubi más