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Pedro bajó las escaleras y entró en el despacho. Estaba lleno de aparatos de alta tecnología. Dentro estaban Hernan, dos policías y otros dos hombres a los que no reconoció, pero supuso que provenían del departamento de servicios especiales. De pie o sentados, todos ellos estaban ocupados con el complicado equipo de comunicaciones.
-Es casi la hora -dijo Hernan-. Todo está preparado.
Pedro asintió y se dirigió a la mesa del despacho. Los demás lo observaban moverse por la habitación como un gato, con pasos de animal salvaje. Estaban en tres grupos: uno seguía la pista a los secuestradores, otros sólo hablaban y otro hombre estaba listo para dar la señal en cuanto se lo indicaran.
-¿Algún problema? -preguntó al sentarse.
-No -contestó Hernan-. Los hemos localizado en cierta área por el código, pero necesitamos más tiempo para poder estar seguros.
-Tiene que funcionar. Si fallamos, cundirá el pánico y si cunde el pánico correremos riesgos innecesarios. No quiero que la vida de la niña corra peligro alguno, ¿está claro?
Entonces el teléfono sonó. Todos en la habitación se quedaron helados e inmóviles. Pedro estaba sentado en su silla muy quieto con las manos tensas y los ojos fijos en los dos policías. Esperaba.
Sonó dos veces. Tres veces. Aquello parecía una eternidad. Cuatro veces. Por fin agarró el auricular y contestó
-Alfonso.
-Ah, buenas noches -contestó una voz sibilante-. Espero que haya podido usted solucionar su problema de dinero en efectivo...
Comenzaba a amanecer cuando Pedro entró en el dormitorio de Pau y la sacudió ligeramente para despertarla.
-¿Qué ocurre? -contestó ella poniéndose alerta instantáneamente con los ojos asustados y somnolientos.
-Ya ha terminado todo, bella -murmuró él suavemente-. Tu hija está a salvo.
-¿A salvo? -parpadeó sin terminar de comprender-. ¿Has dicho a salvo, Pedro? ¿De verdad está a salvo?
-Sí.
-¡OH, Dios! -exclamó cubriéndose la boca con las manos mientras las lágrimas de alivio iban inundando sus ojos-. ¿Cómo...? ¿Dónde está?
-Te llevaré junto a ella en cuanto estés vestida y lista para viajar.
-¿Es que no está aquí? ¿Acaso le han hecho daño? -preguntó alarmada.
-No, ni le han hecho daño ni está aquí -contestó él con calma-. Toma... -dijo ofreciéndole una taza de algo caliente-. Tómate esto y luego vístete. Me gustaría salir de aquí en media hora. ¿Crees que podrás estar lista para entonces?
-Sí, por supuesto...
Sufría los efectos de un nuevo shock, el shock de salir por fin de las entrañas del infierno, y eso le impedía hacer todas las preguntas que sabía hubiera sido lógico hacer en ese momento.
-Bien -contestó él dándose la vuelta deprisa para dirigirse hacia la puerta.
-¡Pedro! -él se detuvo justo delante de la puerta-: Gracias.
Después de lo que había ocurrido la noche anterior no carecía de ironía que ella le diera las gracias. Sin embargo él las aceptó en su justo valor y asintió ligeramente con la cabeza antes de salir por la puerta.
-Abajo dentro de media hora -añadió antes de dejarla.
Pau se duchó y se vistió en el tiempo acordado. Pedro la esperaba en el vestíbulo. La observó bajar las escaleras hacia él sin apartar la mirada de la simpleza de líneas de su pantalón verde y su camisa color crema bajo la chaqueta blanca. No llevaba maquillaje, casi nunca lo llevaba. Se había peinado a toda prisa y se había hecho una coleta.
Nada de lujos ni de alta costura. Iba tal y como la conoció la primera vez.
Había vuelto a ser la persona de gustos sencillos en el mismo momento en que él la había mandado a vivir a Argentina. Pau se preguntó si él se daría cuenta de ello mientras la observaba bajar con expresión indescifrable y el ceño fruncido e impenetrable.
Pero no se disculpó por su aspecto. Así era como era ella. La otra persona a la que habían vestido a la moda era sólo una escultura a la que quisieron adaptar al rol que tenía que desempeñar. Pero ese rol era una farsa. Tan farsa como la vida y el matrimonio que se la había visto obligada a llevar.
El, en cambio, tenía un aspecto dinámico, no de hombre de negocios. No llevaba uno de sus trajes de seda hechos a mano sino unos pantalones de lino de color tabaco y un jersey de cuello alto blanco bajo una chaqueta de lino negra. De Armani, supuso Pau, casi siempre que iba de sport usaba ropa de esa firma.
-¿Dónde está Hernan? -preguntó Pau mientras Pedro la conducía fuera a la radiante mañana de verano.
-Tiene que atender unos negocios míos -contestó él con frialdad abriendo la puerta del Mercedes en marcha al pie de las escaleras.
Pau sonrió para sí misma al subir al coche. El problema estaba resuelto, así que Hernan podía dedicar su atención de nuevo a los negocios. Entonces se preguntó cuánto tiempo iba a gozar ella de la compañía de Pedro antes de que él volviera su atención sobre otros asuntos.
Quizá sólo mientras durara el paseo en coche, recapacitó mientras observaba a Pedro sentarse a su lado en el asiento de atrás. Quizá sólo hasta que él viera cómo ella tomaba por fin a Male en sus brazos. ¿O se vería obligado a permanecer en la casa con ellas para asegurarse de que los mecanismos de seguridad no fallaban y no volvía a repetirse nada parecido?, Se preguntó. Pau se echó a temblar. La mera idea de que aquello volviera a ocurrir la hacía sentirse muy mal.
-¿Está muy lejos? ¿Tardaremos mucho en llegar?
Pedro tenía la cabeza apoyada sobre el reposacabezas de piel del coche y los ojos cerrados, pero cuando ella le hizo esas preguntas sus palpados se abrieron lentamente revelando unas sensuales pupilas adormecidas y unos ojos cargados de energía.
Al verlo se quedó sin aliento, reconocía en su aspecto al hombre sexualmente hambriento...
No, se dijo a sí misma mirando hacia otro lado y negándose a pensar en él de ese modo tan peligroso. No después de la noche pasada, nunca más después de la noche pasada. De todas formas, ¿cómo podía mirarla de ese modo después de lo que le había dicho?, Se preguntó.
-Mucho -murmuró él-. De hecho tenemos que tomar un avión, está en Uruguay.
-¿En Uruguay? -preguntó atónita con los ojos fijos en él-. ¿Pero cómo puede ser que esté en Uruguay?
-Con unos buenos planes, ¿cómo si no?
Ella sintió un escalofrío. Le habían robado a su hija, se la habían llevado muy lejos y ella había sido incapaz de evitarlo.
-Pero no he recogido nada de ropa para hacer un viaje tan largo. No tengo nada para cambiarme, ni para Male. Y el pasaporte, Pedro. No tengo el pasaporte...
-Yo te lo he traído, lo tenías guardado en la caja fuerte. También te he traído algo de ropa en una maleta -comentó. No estaba acostumbrado a hacer maletas, ni siquiera la suya-, para ti y para la niña. Lo recogí mientras estabas durmiendo.
¿Es que había entrado en su habitación mientras ella estaba durmiendo?, Se preguntó Pau. ¿Había entrado y rondado por su dormitorio? Sólo pensarlo la llenaba de alarma y sorpresa.
-¿Has abierto mi caja fuerte?
-Mi caja -la corrigió él-. Es mi casa.
-¿Y en qué lugar de Uruguay está? -volvió a preguntar ignorando la respuesta y alarmándose todavía más al pensar en otra cosa.
-Con mi padre -contestó Pedro por fin después de un momento de vacilación observándola con mucha atención.
Con Horacio, tal y como había sospechado, pensó Pau poniéndose tensa de inmediato.
-Después de todo lo que dijiste al final ha resultado que él estaba detrás de todo esto, ¿no es cierto? ¡Ha sido él quien me ha hecho esto!
-Bueno, al menos no has dicho que se lo ha hecho a tu hija, al menos no lo acusas de querer hacer daño a una niña.
-Como se haya atrevido a hacerle daño -advirtió ella con un brillo amargo en los ojos- lo mataré, esté en una silla de ruedas o no.
-Muy uruguayo ese sentimiento de venganza. ¿Crees que después de todo has aprendido algo de nosotros?
-Tu gente me ha enseñado muchas cosas, Pedro, una de ellas el sentido de la posesión. «¡Lo que es mío es mío!» -repitió burlándose-. Y como pille a alguien poniendo un solo dedo en alguna posesión mía, incluyendo a tu maravilloso padre, que es un...
-Ya basta -la interrumpió.
Pau respiró con fuerza. Su corazón latía a toda prisa.
Sus protestas no servían de nada. El hecho de que él hubiera logrado ya convencerla de que Horacio no tenía nada que ver con el secuestro de Male sólo hacía que le resultara aún más difícil aceptar la verdad.
-Sigues protegiéndolo, ¿verdad? -preguntó con amargura-. No importa cuántos trucos sucios ensaye contigo. Tú a pesar de todo te niegas a ver lo malévolo y taimado que es... aunque tengas la prueba delante de tus narices...
Pedro deslizó una mano amenazadora alrededor de su cuello y la arrastró hacia sí para hacerla callar.
-¡Contén tu lengua, arpía, o tendré que arrancártela de un mordisco!
-Te odio y te desprecio -le gritó ella a la cara.
-Estás avisada -murmuró besándola bruscamente. A pesar de que aquel beso era un castigo, asaltó sus sentidos haciendo que le costara no sucumbir al él. Gimió protestando, fingiendo que le había hecho daño, y entonces él contestó en un murmullo mientras se apartaba-: Te lo estabas buscando.
-Y he recibido mi merecido, ¿no es eso? -murmuró ella a su vez apartándose de sus brazos.
-Lo que me sorprende -añadió él con crueldad agarrándola de la muñeca- es cómo te afecta. ¿No será que tienes cierta necesidad de estar con un hombre, Pau? ¿No será que la princesa ha estado demasiado tiempo encerrada en su torre? ¿Te has acordado de lo que tanto deseabas gracias a lo de anoche?
-¿Y cómo puedes estar tan seguro de que la torre ha estado cerrada? -respondió ella negándose a rendirse con la facilidad de antaño.
-Puedes estar segura de que lo estoy. Ya te lo he dicho: «lo que es mío, es mío», y sé guardarlo. A ti te he guardado bajo vigilancia, sé que ningún hombre ha estado cerca de ti.
-Excepto mi carcelero. Incluso tú, por mucho que te hayas despreciado por ello, has sido incapaz de apartar tus manos de mí.
-Yo tengo derecho legal a hacerlo -declaró él-, si es que no tengo derecho moral.
-Y la princesa encerrada en la torre tiene la suficiente malicia como para dejar que su trenza caiga y ayude a su amante a subir -lo desafió recordando el viejo cuento.
Hola aparecio Male al fin y ahora es cuando se viene lo interesante, dejen muchos comentarios y disfruten lo que esta por venir. Besos :)
Genial este cap!!!!! Espero que Pedro se de cuenta que fue el padre quien orquestó todo en contra de Pau
ResponderEliminarMUy buen cap!! Pero me quedé con ganas de otro!! Esmuy cruel Pedro, sus palabras lastiman y Paula no baja los brazos!! Ojalá que Pedro al ver a Male sienta amor hacia la niña!! Qué se descubra la verdad!!
ResponderEliminarbuenísimo,me encanto...seguí subiendo...
ResponderEliminarpor favor subi mañanaaaaa te lo ruego esta buenisima la nove!!
ResponderEliminarMe encnto el capitulo!!! al fin aparecio Male... porfiii si podes subi hoy!!! no nos dejes con la intriga.
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