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Era como ser testigo de la unión más espiritual que la vida puede ofrecer. Y nadie que lo viera podía dejar de conmoverse.
Ni Horacio, que bajó la cabeza sacudiéndola como si aquello le doliera, ni la mujer de pelo oscuro que estaba callada en un rincón, cuyos ojos se llenaron de lágrimas, ni Pedro, que tuvo que cerrar los ojos para que no se le rompiera el corazón.
El tiempo fue pasando y nadie se movió. Por fin la niña levantó ligeramente la cabeza con el ceño fruncido y miró a su madre con una expresión de condena.
-No gustan aviones.
Entonces le fallaron las piernas, sin previo aviso. Era como si la voz de su hija hubiera funcionado como un resorte que rompiera el control que había estado ejercitando sobre sí misma y simplemente se desmoronara.
Alfredo lo vio y levantó un brazo instintivamente hacia ellas haciendo un gesto de aviso. Pedro abandonó su postura de estatua junto a la puerta y se abalanzó hacia ellas de modo que en lugar de caer al suelo su pequeño y delgado cuerpo se apoyó en el de él y los tres quedaron abrazados mientras la tensión llegaba a un punto culminante en su rostro.
La niña elevó la vista hacia su madre y miró por primera vez en su vida las líneas duras del rostro de su padre. El luminoso azul se encontró con el dorado. Y mientras Pau libraba una batalla interior a su lado tuvo lugar una comunicación entre padre e hija que hizo reír sofocadamente a Horacio y apretar los dientes a Pedro tras sus labios tensos.
Porque aquella niña era sin ninguna duda de Pau. Tenía su suave y dorado cabello, sus deliciosos labios, su piel delicada y pálida y sus enormes y preciosos ojos.
No había en ella ni rastro de origen uruguayo, ni siquiera una sola señal del argentino de cabello oscuro con el que Pau lo había engañado. La niña parecía un ángel, cuando lo cierto era que su aspecto hubiera debido ser el de un diablo.
Su primer impulso fue el de soltarlas a ambas.
-¡Sujeta a la niña, deprisa! -dijo Pedro en un intento por liberarse de la violenta emoción que lo dominaba.
Sus sentimientos debieron de reflejarse claramente en la expresión de su rostro, porque la niña torció la boca y abrió mucho los ojos asustada y llena de lágrimas.
-¡Más hombres malos! ¡Quédate conmigo, mamá! ¡No más hombres malos, mamá! -lloró abrazándola-. ¡Abuelo!
¿Abuelo?, Recapacitó Pau abriendo de pronto los ojos.
-¿Qué diablos...? -murmuró Pedro, poniéndose tenso tras ella.
-Necesitaba confianza -se defendió Horacio-. Se la di del unico modo que se me ocurrió.
Era un mentiroso, pensó Pau acusándolo con la expresión de sus ojos. En un brote de ira repentino se soltó de Pedro y abrazó a su hija protectoramente mientras miraba a ambos hombres reflejando en sus ojos la condena.
-Son mala gente -susurró tensa.
Luego se dio la vuelta y salió por el balcón hasta la terraza a tomar el aire. -
¡Paula! -gritó Pedro con voz autoritaria haciéndola parar en medio de la terraza y agarrándola del brazo-. ¿Adónde diablos crees que vas?
-Déjame que me marche -susurró.
-¡No seas estúpida!
-¡Pero ya lo has visto, Pedro! -dijo volviéndose para mirarlo-. ¡Fue él quien lo hizo! Él fue quien lo planeó todo por razones puramente egoístas. Y...
-¡Cállate! Te avisé que no volvieras a repetir esas acusaciones.
Él no se daba cuenta, pensó Pau desesperada. Nunca vería a su padre tal y como era. El tono fuerte de su voz hizo que Male levantara la cabeza y lo mirara volviendo de nuevo a gritar asustada.
-¡Hombre malo otra vez!
-¡Pedro! -lo regañó Horacio inesperadamente-. ¡Estás asustando a la pequeña, Male seguía llorando mientras Pau permanecía en pie temblando de rabia ante la sola idea de que su niña, de que cualquier niña, tuviera que experimentar la maldad humana.
-Mi padre tiene razón, estamos asustando a la niña -dijo apretándole el brazo-. Vuelve adentro. Todos estamos nerviosos. Ven...
Su mano la urgía a entrar. Renuente, lo hizo al fin dándose cuenta que por el momento no tenía elección. Ambos tenían razón; estaban asustando a la niña. Male ya había sufrido bastante, no necesitaba que la actitud hostil de su madre la confundiera aún más.
Pero al llegar a donde estaba Horacio, sentado tenso sobre su silla de ruedas, paró un momento y lo miró expresándole con los ojos que lo sabía todo. Aquello ojos de cazador la miraron y luego se suavizaron para mirar a la niña y sonreír. La niña respondió de inmediato a su sonrisa.
-¡Abuelo! -exclamó afectuosa haciendo que Pau casi volviera a perder el control.
El tono de voz era tan cariñoso que le afectó incluso a Pedro, quien seguía agarrándola y urgiéndola para que entrara.
-Eres un idiota, Pedro, siempre lo has sido en lo que concierne a tu padre.
-Siéntate -respondió Pedro autoritario ignorando el comentario y empujándola para que se sentara en una silla-. Ésta es Fabia -Pau la miró.
Sonreía nerviosa. No era mucho mayor que ella, pero sus ojos y su cabello oscuro eran típicamente uruguayos-. Fabia está aquí para atenderte. Comenzará por subir tu equipaje. Te sugiero que intentes tranquilizarte y tranquilizar a la niña. ¿Padre...? -añadió volviéndose hacia Horacio-. Necesitamos hablar.
Para sorpresa de Pau un Horacio renovado, obediente y sumiso, se retiró accionando los mandos eléctricos de su silla. Entonces se hizo el silencio. Male levantó el rostro del pecho de su madre.
-¿Hombre malo ido?
Pau se recostó sobre el respaldo de la silla y la acarició.
-No es un hombre malo, Male, es sólo... Pau se interrumpió. Iba a decir «un hombre confuso». Sin embargo no terminó la frase, se quedó atónita.
Pedro nunca en su vida había estado confuso. Para él las cosas eran blancas o negras. La confusión residía en aquellas zonas grises que él simplemente no reconocía.
Y esa era la razón por la que su matrimonio había sido tan difícil. Porque Horacio, conociendo a su hijo, había nublado cuidadosamente todo lo relacionado con ella creando zonas grises en las que reinaba la confusión y la falta de entendimiento. Igual que estaba haciéndolo en ese momento, pensó.
Hubiera deseado saber qué quería el anciano en esa ocasión. Sabía por instinto que quería algo. ¿Pero qué? Se preguntó. ¿A su hija, quizá? Sin embargo nunca podría quedarse con Male sin hacerle a Pedro creer que él era su padre.
Y entonces tendría que hacerle dudar que ella fuera una adúltera y toda la verdad saldría a la luz. ¿Se atrevería Horacio a arriesgarse a que se supiera la verdad?, Se preguntó. ¿Se atrevería a arriesgarse a que su hijo descubriera lo que había hecho? ¿O tendría otro plan? ¿Intentaría convencerlo, de que Male era su hija sólo por pura casualidad y no debido a su fidelidad?, Se preguntó.
En ese caso Pedro reclamaría a la hija y rechazaría a la madre. Aquel pensamiento la hizo temblar. Temblaba de miedo, sabía lo que significaba enfrentarse a Horacio. Blanco y negro.
Para Pedro todo era blanco o negro. Y Horacio tenía un punto a su favor: ella era incapaz de demostrar que nunca había tenido un amante.
-¿Señora? -dijo Fabia, de pie a su lado-. La pequeña. Por fin duerme tranquila cuando la abraza su madre.
Estaba dormida.
Pau miró para abajo sorprendida al descubrir lo rápidamente que se había dormido Male. Al fin respiraba serena, a salvo con su madre. Las lágrimas invadieron sus ojos, lágrimas de amor y de miedo a una pérdida.
-No llore, señora... Ahora está a salvo. El señor Pedro se ha ocupado de ponerla a salvo, no tiene que preocuparse ya más.
Sí, era cierto, por fin estaba a salvo. Pero a pesar de todo sospechaba que, en lugar de acabarse, sus preocupaciones no habían hecho más que comenzar. Horacio quería a su nieta y no quería a su madre.
Había sido muy inteligente al llevárselas a ambas a Uruguay con las bendiciones de Pedro. ¿Acaso su siguiente movimiento consistiría en hacer que ella se marchara mientras Male se quedaba?, Se preguntó.
Desde el momento en que entró en el dormitorio Pau supo que aquellas pisadas eran de Pedro. Cómo, no lo hubiera podido decir. Tres años antes él era su unico aliado en una casa llena de enemigos.
Ni siquiera el servicio la había tratado con el debido respeto. Y, para ser sinceros, lo cierto era que ella no había sabido enfrentarse al problema. Se había sentido intimidada, pero eso ya había pasado. En algún momento durante ese tiempo había madurado. Como con Fabia, por ejemplo.
Fuera por su manera de comportarse decidida o porque ella era nueva al servicio de los Alfonso lo cierto era que Fabia hacía lo indecible para que ella se sintiera cómoda. No dejaba que nadie entrara en la habitación y siempre iba a abrir la puerta.
-Toda la casa entera ha estado esperando noticias sobre su hija, señora Alfonso. Ahora que está a salvo todos estan felices. Pero no se preocupe, usted quédese tranquila con la niña, yo me ocuparé de todo.
Y para su propia sorpresa, Pau había comenzado a sentirse cómoda.Cuando Male se despertó sintiéndose hambrienta fue Fabia la que la ayudó a calmarla y cuidarla y cuando, como todos los niños, Male, pletórica de energía, quiso jugar sin descanso fue también Fabia quien las acompañó a la playa.
Hola aca lo prometido, cuando comenten como anonimo pongan su nombre de tw. Gracias :) Que tengan una linda noche y nos leemos pronto!
muy lindo cap...que pedro se entere de todo...por favor... mery
ResponderEliminarbuenísimo el capítulo,por fin Pau esta con Male!!! ojala pedro reaccione y crea que Male es su hija...
ResponderEliminarhermoso el cap. al fin male y pau juntos, la intriga si pedro se enterara que es el padre son inmensas, escribis re lindo, te felicito, cada cap,. me gusta mas y me deja con ganas de mas, te felicito, bs gde tkm
ResponderEliminarQué bueno que Pau y Male ya están juntas de nuevo. Espero que el viejo no las separe y pronto Pedro se de cuenta del monstruo que tiene como padre.
ResponderEliminarHermoso capítulo!! Fue muy bueno el encuentro entre Paula y Male!! Se podrá confiar en Fabia? Me da desconfianza!! Y Pedro descubrirá que su padre está detrás de todo? @AmorPyPybb
ResponderEliminarcada capitulo mas intresante, te felicito escribis muy bien estoy ansiosa de segui leyendo NOEMI
ResponderEliminarMe encanto el capitulo!!! Al fin male y pauu estan juntas!!! Ya quiero saber como sigue... :D
ResponderEliminar@nadiaa2012