_________________________________
Las tres estuvieron una hora en la playa a última hora de la tarde jugando sin miedo a quemarse por el sol. Se bañaron y construyeron un castillo de arena y Pau sintió que su corazón se contraía al ver a su hija feliz. Había estado tan cerca de no volver a verla...
Subieron las escaleras de vuelta. Male saltaba de la mano entre Pau y Fabia hasta que, por fin, se fue cansando y terminó por subirse en brazos de su madre. Fabia subía tranquilamente a su lado.
Su presencia resultaba reconfortante. Aquello había sido hacía horas, sin embargo. El sol se estaba poniendo y Male estaba dormida en su cuna, al lado de la cama de Pau. A pesar de que le había dicho a Fabia que ya no la necesitaba se había sentado junto a la cuna y no quería moverse.
Al final le había dejado que se quedara retirándose ella hacia el pequeño saloncito de la habitación y sentándose en el sofá a ver la puesta de sol. Se sentía desfallecer de cansancio. La tensión de los últimos días comenzaba a vencerla. -
Tu aspecto es horrible -dijo Pedro acercándose a ella.
-Y a mí me hace sentirme mejor oírtelo decir.
Él suspiró ante su sarcasmo acercándose hacia la ventana para ver la puesta de sol. -¿Está más tranquila la niña?
-Sí, aunque no haya sido gracias a ti -suspiró cerrando los ojos y recordando.
-Lo siento si... la he asustado, pero debes entender que para mí también era... difícil la situación.
-Bueno, en ese caso te alegrará saber que nos sentiremos muy felices de volver a Argentina en cuanto quieras mandarnos.
-¿Tanta prisa tienes por marcharte?
-Cuando antes nos vayamos, antes se acabará esta situación.
-Desearía que fuera así de sencillo.
-Lo es. Sólo tienes que llamar a la limusina y mandar preparar el avión. Te prometo que nos iremos.
Pedro no dijo nada.
Su atención parecía fija en la sorprendente vista del cielo rojo y el mar azul.
Entonces se volvió y la miró.
-La cena estará lista en una hora. ¿Crees que podrías hacer un esfuerzo para lavarte y vestirte con otra ropa y bajar a cenar? Comprendo que tu aspecto sea de cansancio, pero podrías cambiarte de ropa.
Pau aún llevaba la ropa del viaje, él en cambio se había cambiado.
-La culpa de mi aspecto la tienes tú. Has sido muy amable haciendo mi maleta, pero sólo has metido ropa de alta costura. Supongo que es lo que un hombre como tú espera que lleve una mujer. No hay nada de ropa de diario ni para el clima de Uruguay. No tuviste en cuenta que voy a estar todo el tiempo con una niña. Y encima se te ha olvidado la ropa interior y los artículos de tocador.
-Así de mal lo he hecho, ¿eh? Es que no estoy acostumbrado a hacer maletas.
-Eso está claro -sonrió a su pesar-. La maleta de Male en cambio la hiciste mejor. Aunque supongo que ha sido simplemente porque debiste de vaciar los cajones. Bueno, y te acordaste de Dandy. Eso ha sido un detalle por tu parte. La expresión de su rostro cambió por completo cuando lo vio.
-¿Y qué, me pregunto, podría cambiar la expresión del tuyo?
Pau se ruborizó y luego se puso pálida para por fin echarse a temblar. Su tono de voz suave y provocativo le retumbaba en los oídos.
-Si no te importa, cenaré aquí en mi habitación.
-Cenarás en el comedor como se acostumbra en esta casa -ordenó olvidando el tono de voz anterior.
-No dejaré a Male aquí sola. Se puede despertar y asustar.
-Pero Fabia está con ella, ¿no es así?
-Sí. Pero Fabia no es su madre. Ya ha tenido bastante como para que encima ahora se despierte en una habitación extraña y se encuentre con una mujer extraña y sin su madre.
-La casa está equipada con un sistema interior de comunicación. Fabia te puede llamar y tú estar a su lado en cuestión de segundos.
-Pero esos segundos pueden ser horas de agonía para una niña.
-¡Basta ya! ¡Esto es una estupidez! La niña está a salvo, conoce a Fabia. Sabe que su madre acepta a Fabia y que puede confiar en ella. Te has pasado la tarde construyendo esa confianza en ella. Ahora debes confiar en que Fabia va a hacer bien su trabajo mientras tú...
-¿Su trabajo?
-Sí. He contratado a Fabia sólo para que cuide de la niña.
-¿Quieres decir como niñera? -preguntó Pau sintiendo un inmenso miedo en su pecho de pronto.
-Sí. Aquella respuesta acrecentó su miedo.
Pensaba en Horacio, se preguntaba hasta qué punto aquello era obra suya. ¿Habría sido él quien la había contratado? ¿Lo habría hecho para que Fabia consolara a la niña cuando hubiera conseguido echarla?
-No necesito que ninguna niñera me ayude -contestó comenzando a tartamudear-. Ya... ya viste lo... lo que pasó cuando... cuando contrataste a una ni... niñera la última vez. Secuestraron... a Male del... delante de sus narices.
-¿Por qué estás tartamudeando? «Porque estoy asustada», pensó Pau. -Pedro, por favor... ¡No me hagas esto! ¡No reduzcas mi importancia como madre! ¡No necesito a Fabia! ¡No... estaré aquí... tanto tiempo como para... necesitarla!
-¡Dios! -respiró él con los ojos de pronto oscurecidos de asombro-. ¡Estás aterrorizada! ¿No es eso?
-¡Déjame... que me quede aquí... tranquila en esta suite hasta... que nos... mandes de vuelta a Argentina... por... favor!
-¿Pero de qué estás asustada? -preguntó ignorando su súplica-. ¿Es que crees que por el hecho de que los secuestradores sean uruguayos no voy a ser capaz de protegerte aquí? -preguntó alargando un brazo para darle confianza-. Pues te equivocas, ¿sabes? Este lugar está construido como una fortaleza. No se mueve nada ahí fuera sin que nuestras cámaras electrónicas lo capten.
-Pedro.. -susurró dando un paso hacia él y poniendo una mano sobre su pecho. No era un gesto para hacerlo claudicar, no estaba intentando utilizar sus poderes femeninos para conseguir que él hiciera lo que quería. Sencillamente estaba demasiado nerviosa como para darse cuenta de lo que hacía-. Escúchame... Ni yo quiero estar aquí ni tú quieres que ninguna de las dos estemos aquí. Si crees que te va a ser imposible protegernos en Argentina cambiaré de nombre... Me cambiaré de identidad si es necesario. Llévanos a Argentina y te juro que desapareceré de tu vida de inmediato. Nunca más volveremos a molestarte.
-Tú... quieres mucho a la niña, ¿verdad?
-¡Es mi vida!
-¿Y a su padre? ¿Lo amabas con la misma fuerza?
Aquello era ya demasiado, pensó Pau. Cerró los ojos intentando contener la angustia y deseando poder apoyar la cabeza contra aquel amplio pecho.
-Sí -respiró.
Él se alejó de ella un paso volviéndose hacia la ventana y dejándola a ella temblando con los brazos aún en alto.
-¿Y él te amaba a ti?
-Creo que sí.
-¿Y entonces por qué nunca hizo nada por estar con las dos?
-Porque él nunca pudo estar seguro de ser el padre de mi hija y su orgullo le impedía aceptar al bebé de otro hombre.
-¿Entonces podría ser mía?
«¡OH, no! No me hagas esa pregunta ahora. Ahora no me atrevo a contestarla con sinceridad», pensó Pau. En lugar de responder dijo casi en un murmullo:
-Pedro, necesito salir de aquí. No puedo soportar este lugar, nunca pude soportarlo. -¿Eras tan infeliz?
-Sí. ¿Cómo no iba a serlo, si él no estaba nunca con ella?
Se dejó caer sobre el sofá deseando que aquella conversación entre ellos dos nunca hubiera comenzado. Él no respondió. El silencio lo llenó todo.
-No puedes marcharte.
-¿Qué significa eso exactamente?
-Simplemente eso, que no puedes marcharte. El riesgo es demasiado grande. Puedo garantizar tu seguridad aquí, pero no en Argentina.
Tienen que quedarse aquí las dos. -No, no quiero quedarme.
-No tienes alternativa, no te estoy dando a elegir.
-¡El hecho de que no quieras divorciarte de mí no significa que seas mi dueño, Pedro! -gritó Pau poniéndose en pie-. ¡Yo decidiré qué hacer!
¡Prefiero aceptar el riesgo y marcharme a Argentina que volver a vivir otra vez bajo este techo!
-¡Hablas como si hubieras sido tú la que fuiste traicionada!
-¡No me volverás a hacer pasar por la misma situación una segunda vez!
-Quizá merezcas ser infeliz.
-Pero mi hija no. Ella es inocente. Si castigas a la madre, castigarás a la hija. ¿Es que vas a ser capaz de ser así de cruel? ¿Tan sediento de venganza estás?
-No busco la venganza. Es sólo un problema táctico, no soy yo el que decide. Esta casa es fácil de vigilar. Por eso de ahora en adelante vivirás aquí. ¿Comprendes?
Comprendía perfectamente. El amo y señor había hablado, y ése era el fin de la discusión.
-Pero no tengo por qué cenar contigo, antes prefiero morir de hambre -respondió desafiante sentándose en el sofá y dándole a entender que al menos en ese punto no se iba a rendir.
-Eso es infantil. Cierto, pensó Pau. Pero no estaba dispuesta de ningún modo a sentarse a la mesa con Horacio Alfonso.
-Estoy cansada. No tengo ganas de vestirme y fingir que soy feliz contigo y con tu padre en la mesa. ¿Es que no puedes concederme eso siquiera?
Él suspiró dejando escapar parte de su rabia. Y después, para su sorpresa, cedió.
-Necesito hablar con Fabia antes de marcharme. Luego mandaré que te traigan algo. Y diciendo eso, se alejó hacia el dormitorio.
Pau sintió una extraña y frustrante sensación de abandono, aunque no sabía por qué. Ni quería saberlo.
Hola volvi? que tengan una linda noche y comenten mucho :)
buenísimo el capítulo,me encanto!!!
ResponderEliminarojala pedro se de cuenta de que Male es su hija y deje de tratar tan mal a pau...
Muy buen capítulo!! Lástima que siempre queda la sensación de que queremos más!! Cuándo se va a dar cuenta Pedro que Paula no lo traicionó? Si ya se, en los últimos capítulos jaja @AmorPyPybb
ResponderEliminarque lindo cap!!!...que se entere de una vez que el es el papá de male...por favor....
ResponderEliminarme encanto el capitulo!!! ya quiero que pedro sepa que el es el papá de Male.
ResponderEliminarhola no sabia que abias vuelto a escribir yo lei aprendiendo amar , pero despues perdi el link ayer lo encontre en twitter y me ley amor en riesgo y tambien lazos de amor las tres muy buena. (lazos de amor) pero no logro entender porque pedro no se hace un ADN y comprueba que en verdad es su hija..
ResponderEliminar