jueves, 21 de noviembre de 2013

Capítulo 18 - Lazos de Amor

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-¿Pues sabes qué, Pedro? -dijo levantando el mentón desafiante-. Me tiene sin cuidado que te importe o no. Voy a quedarme aquí, con mi hija. Si vuelve a ocurrirle lo mismo, quiero estar con ella. Soy su madre. No soy una simple sustituía a la que tú decides tener para que la niña se quede tranquila mientras obtienes lo que esperas de mí.
-Eso no es así -suspiró.
-Sí es así. Apenas puedes soportar mirarla. Y mucho menos tener en cuenta sus necesidades.
-¿Y crees de verdad que puedes culparme por eso?
-Sí, de hecho lo hago. No fue Male quien ofendió tu orgullo, Pedro, fui yo. Y sin embargo es a ella a quien castigas privándola de su madre cuando la necesita.
-¡No estaba intentando privarla de su madre! Sólo estaba...
-¿Compartiéndola con ella?
-Sí -afirmó él sorprendiéndola-. Ella te tiene durante todo el día. Yo te quería para mí por las noches.
-Compartiéndote con Zaira.
-Te estás volviendo muy respondona teniendo en cuenta que antes eras incapaz de protestar ni decir una sola palabra.

Pau no respondió. Había cambiado, y lo sabía. Pedro se acercó a ella y levantó una mano para apartarle un mechón de cabello.
-Deja a la niña en la cuna y ven conmigo a la cama. Te prometo que Fabia vendrá a buscarte si ocurre algo.
-No puedo -susurró ella-. No puedo volver a compartir la cama contigo.
- ¿Y por qué no? ¿Qué es lo que ha cambiado desde ayer y que no esté dispuesto a que sea como lo quieres tú? -todo había cambiado, recapacitó Pau. Porque al fin se había despertado y había comprendido lo que él le estaba haciendo. La estaba destrozando por segunda vez

-.¿Qué es lo que quieres que haga? -murmuró él al ver que ella no respondía-. ¿Quieres que niegue que existe otra mujer? ¿Es de eso de lo que se trata?
-¿Existe? -preguntó Pau.

En parte era de eso de lo que se trataba. Hubo un momento de silencio mientras él parecía sopesar la importancia de su respuesta.

Entonces se volvió apartándose de ella y contestó:
-Sí, existe.
-En ese caso, no tiene sentido negarlo, ¿no crees? -preguntó sintiéndose profundamente herida.
-¿Es que no me vas a pedir que deje de verla? -preguntó confuso ante su aparente serenidad.
-No tengo derecho a hacerlo. Estoy aquí porque no tengo otra opción, ¿recuerdas? -contestó levantando a Male para ponerla en la cuna.

Sabía que la miraba lleno de confusión y se alegró de que el pelo tapara su rostro y él no viera el esfuerzo que le costaba decir aquellas palabras-.

Pero sí tengo derecho a negarte el uso de mi cuerpo, y si eso te causa problemas de orgullo, estaré encantada de volver a Argentina. Nunca más volveré a dormir contigo, Pedro. Eso ya se acabó.

-Sería interesante saber si tu decisión es tan firme como tus palabras.
-¿Y por qué te preocupa? -preguntó Pau desafiante sabiendo que en realidad su actitud era mera apariencia-. A ti te basta con irte con tu amante. Después de todo, no es más que una cuestión de sexo, ¿no es así? Puedes conseguirlo en cualquier parte.

El semblante de Pedro se endureció. Él sabía de qué estaba hablando ella, sabía que le había pillado en un farol. Si se echaba atrás y admitía que la deseaba a ella y no a su amante mostraría demasiadas cosas de sí mismo, más cosas de las que su orgullo era capaz de admitir, y ella lo sabía.

-¿Sabes qué? Creo que eso es lo que voy a hacer.

Nada más decir eso se marchó. Pau no supo por qué su corazón se rompió otro poco más. Al fin y al cabo, sólo había conseguido lo que se había propuesto.

A la mañana siguiente, Fabia era un mar de lágrimas y disculpas, en cambio Male estaba tan radiante como siempre. No comprendía los trastornos que había causado la noche anterior.

Pau había tardado mucho en dormirse. Se debatió entre el desafío al que había arrojado a Pedro y los sentimientos de desesperación por su propia estupidez al mandarlo directamente en brazos de su amante.

No se atrevió a entrar en la otra suite a ducharse y vestirse hasta bien entrada la mañana, cuando sabía que él ya no estaría. A esas horas por lo general él estaba ya en su despacho. Así que cuando la puerta se abrió al ir ella a salir ya vestida se llevó un buen susto. Sin embargo, no era Pedro, sino su padre, el que entraba.

 -¿Ya has vuelto a quemar tus propias naves? No necesitas ayuda para arruinarlo todo tú sola, ¿verdad?
-Supongo que intentas decirme algo.
-Mi hijo se ha ido a Chile esta misma mañana y me ha dicho que no lo espere -Pedro se había ido. Se habría hundido de desesperación en la silla más cercana que hubiera encontrado si no hubiera sido porque Horacio era testigo-. A ido a ver a Zaira y ha sugerido que quizá tú quieras cambiarte de habitación. Creo que ya se ha cansado de ti. Pronto no serás más que un estorbo en esta casa.

-Excepto por mi hija, que me necesita. A donde vaya ella iré yo. Recuérdalo, Horacio, ten cuidado con lo que tramas.
-¿Yo? -preguntó con un gesto de inocencia-. Yo sólo te traigo un mensaje. Estoy encantado de que estés aquí con la niña todo el tiempo que quieras.
-¿El tiempo que quiera para qué exactamente?
-Hasta que Male comience a desarrollar signos visibles de su origen uruguayo, por supuesto. Por el momento es exacta a ti, eso es cierto, pero no va a ser así siempre. Los niños cambian al crecer. Yo veo ya en ella signos de su abuela: su sonrisa, la forma encantadora en que consigue hacerse con la gente.

Horacio tenía razón. Ella había notado ya esos rasgos y su semejanza con Pedro.

-Pero Pedro tendría que estar con ella para poder verlos, y eso es poco probable teniendo en cuenta que no puede soportar ni siquiera estar en la misma habitación.
-A no ser que yo se los muestre. De hecho está asombrado por el afecto que siento por la niña. Le dije que era porque ella estaba muy asustada cuando vino, y por el momento me ha creído. Pero si yo comienzo a hacerle notar ciertos parecidos y dejo caer cosas aquí y allá acabará por sentir curiosidad y observar él a la niña por sí mismo.
-¿ Y vas a hacer eso? ¿Vas a dejar caer cosas aquí y allá?
-Estoy dispuesto. Pero si, según parece, se ha cansado ya de ti no me dejas otra alternativa más que prescindir de ti, ¿no crees? No voy a permitir que nadie me quite a mi nieta ahora que por fin la tengo. La pequeña se quedará aquí, no me importa qué medios tenga que utilizar para conseguirlo. Y si eso significa que tengo que convencer a mi hijo de que se quede con la niña y te eche a ti así será.

-También podrías contarle a Pedro la verdad. Sería una garantía de que Male se queda en esta casa.
-¿A expensas de mí mismo? Pedro nunca me perdonaría. Quiero a la pequeña pero también quiero a mi hijo. No puedo estar sin ninguno de los dos.
-Y lo que quieres lo consigues -observó Pau amargamente-. ¿Es que no te importan las vidas que destrozas con tus sucios trucos?
-Estoy enfermo -se defendió-. Necesito paz y tranquilidad en mis últimos años de vida, no problemas y enfrentamientos.
-No eres más que un viejo malévolo e intrigante.
-Lo sé -casi rió-. Pero estoy contento de que al menos mi enfermedad no haya deteriorado mi mente.

Los días fueron pasando sin Pedro. El tedio la invadía y él no estaba para llenar sus noches de pasión o para estar simplemente con ella. Lo echaba de menos.

Pau tuvo además que descubrir otra cosa más sobre sí misma. Había luchado contra Pedro y había ganado, pero no quería sacar su ropa del dormitorio. No dormía en su cama, era cierto, tenía su orgullo, pero no había cambiado sus cosas de sitio porque no podía humillarlo a él, dejando que todos supieran que no estaba dispuesta a la convivencia matrimonial, a pesar de que él la hubiera humillado públicamente marchándose con otra mujer.

Todo estaba relacionado con su vieja culpa por los supuestos amoríos con Facundo Pieres. El hecho de que en el fondo nunca hubieran tenido lugar no parecía tener importancia. Pedro sí lo creía y eso le hacía daño, por lo tanto se sentía culpable.

Era una locura, una estupidez, pero no podía hacer nada al respecto. Sentía que le debía algo, que le debía su orgullo, y de ese modo se lo devolvía. El momento de decidir qué haría después vendría cuando él regrese a casa.

Él regresó una semana después. Era tarde y ella estaba en la playa con Male. Habían construido un castillo de arena con torres moldeadas con cubos de plástico rojo. De rodillas y con arena en todo el cuerpo, de pronto sintió, con aquel sexto sentido otra vez, que alguien la observaba. Pau miró hacia arriba y lo vio caminar hacia ellas despacio.

Su corazón comenzó a latir de júbilo contenido y ansiedad. Debía de haber vuelto en ese mismo momento porque aún llevaba puesta la ropa de trabajo. Se había quitado unicamente la chaqueta y la corbata. Parecía un hombre con una misión que cumplir, un hombre que  había tomado una decisión y que estaba dispuesto a llevarla a cabo.

-El hombre viene -dijo Male.
-Ya lo veo -aún le dolía ver cómo su hija ignoraba y hasta temía a su propio padre-. Mira, éste ya está listo. Puedes darle la vuelta. Venga, Male.

Por fin la niña dejó de mirar a su padre y siguió jugando. ¿Sería aquél el principio del fin?, Se preguntó Pau. ¿Qué significaba aquello? ¿Acaso iba a mandarla de nuevo a Argentina?

-Pau, necesito hablar contigo -dijo Pedro con calma.
-Por supuesto -contestó ella echándose a temblar.

Apenas podía mirarlo. Intentó sonreír pero fue inútil. De todos modos, él no la miraba tampoco. Parecía buscar algo a su alrededor.

Entonces, haciendo un gesto con la mano indicando unas mesas y sillas que había en la playa, dijo por fin:

-¿Podemos...?
-Claro -sonrió amable intentando ocultar sus emociones y aparentar normalidad ante Male.
-Yo voy -dijo Male agarrándose al pantalón corto de su madre.
-Muy bien -sonrió Pau. Si Pedro deseaba hablar a solas con ella, debería haber buscado otro momento más oportuno. Era de día, el tiempo que le dedicaba a su hija, según sus propias reglas. Pedro la esperaba de pie junto a la mesa

-. Pero sería mejor que siguieras haciendo el castillo -objetó por fin-. Yo voy a estar ahí sentada.

La niña pareció considerar el asunto por un momento y luego aceptó. Pau intentó calmarse y se dirigió con la cabeza bien alta hacia Pedro.

Él sacó una silla para ella, que murmuró un «gracias» mientras él se sentaba también.

-Quiero proponerte algo -la informó.
Pau se quedó con la vista fija en Male mientras sentía cómo temblaba su corazón.
-¿De qué se trata?
-Quiero que volvamos a intentarlo. Me refiero a nuestro matrimonio.

Holaaa vuelve la paz? Puede que si y puede que no, todo depende de Pau, disfruten del capitulo y si hay muchos comentarios mañana vuelvo a subir,  no se olviden de poner su nombre de tw si comentan como anonimo :)

12 comentarios:

  1. Me encantaron los caps!!! Ojala vuelva la paz!! Pedro tiene q canbiar :) me encanta tu novela!! @piyuelosdepyp

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  2. Decime que vuelven con todo el amor y que x fin Pedro descubre a su padre con todo lo que hizo

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  3. que vuelva la paz que pau acepte pero que pedro quiera a male, que se de cuenta que es la hija , besos me encantaron los cap

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  4. buenísimo,me encanto!!!
    ojala lo vuelvan a intentar y pepe se entere de la verdad!!!

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  5. buenisima la nove! subi mañana xfa!!!

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  6. me recopa tu novela quiero seguir y seguir leyendo.subi mas lo mas pronto que puedas noemi

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  7. Me encantaron los capítulos!! Es Hay que ver bajo que condiciones Pedro quiere la nueva oportunidad! Qué Pedro se entere de la verdad!! por qué Pau se siente culpable sobre el orgullo de Pedro? @AmorPyPybb

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  8. Aiiii me encantaron los capitulos!!! Espero que vuelvan pero tmb quiero que la quiera a male!!! :)
    @nadiaa2012

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  9. me encantaron por favor subi mas , que pedro se de cuenta que male es su hija , y que vuelva la paz :-)
    @pamsdv89

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  10. hay que diga si....por favor ...subi masssss....mery

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  11. Genial, buenísimo! Cada día me gusta mas!

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  12. quiero saber que le dice Pau!
    @ceci_pyp

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