domingo, 3 de noviembre de 2013

Capítulo 7 - Lazos de Amor

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Aquella fue una larga noche. Durmió un sueño ligero y bajó a desayunar a la mañana siguiente con ojeras y mal aspecto. En el comedor se encontró con Pedro, solo frente a la mesa leyendo el periódico. En cuanto la vio llegar lo cerró y la observó. Ella hizo una mueca. Era consciente de su mal aspecto.
No llevaba maquillaje y el color habitual en sus mejillas había desaparecido. Se había cepillado el pelo y se lo había recogido en una coleta a la espalda. Llevaba una sencilla falda de muselina y un jersey azul claro que en otras circunstancias le hubiera sentado bien, pero que en aquella ocasión resaltaba su palidez. Pero no le importaba. Nada le importaba en ese momento excepto su hija.

Él tampoco tenía muy buen aspecto. Su rostro, por lo general terso, dejaba claro que no había dormido lo suficiente la última noche. Pero al menos no llevaba su típico traje de negocios de seda sino ropa de sport: pantalones beige y un polo de manga larga en verde claro que suavizaba los rasgos de su semblante y remarcaba sus músculos.

-¿Qué le ha ocurrido a la niñera? -preguntó Pau sentándose en una silla-. Me he acercado a su habitación esta mañana para ver cómo seguía y no estaba. La habitación estaba vacía.
-La llevaron a casa de sus padres ayer por la noche. Estaba demasiado nerviosa como para ser de utilidad aquí así que... -contestó encogiéndose de hombros.
No era ya de utilidad, se repitió Pau a sí misma, así que se la llevaron, así de sencillo.
-Yo nunca quise tener una niñera.
-Pero estabas enferma -dijo él levantándose para dirigirse al teléfono que comunicaba internamente toda la casa-. Té para mi mujer -ordenó-. Y lo que tenga por costumbre desayunar. Necesitabas ayuda con la niña -continuó volviendo a sentarse.
-¿He conseguido hacer algo durante estos tres años de lo que tú no hayas tenido noticia? -bromeó sin esperar respuesta alguna.

Sabía cómo pensaba Pedro. Su lema era «lo que es mío, es mío» Y de eso era exactamente de lo que se había ocupado en esos tres últimos años: Había procurado a su mujer y a su hija la vida lujosa que se esperaba que fuera capaz de ofrecer un hombre de su categoría. Por esa razón cuando Pau se puso enferma unos meses atrás apareció Julia, la niñera, sin que nadie en la casa la hubiera llamado. Y desde entonces, se había quedado allí, no porque ella quisiera sino simplemente porque él así lo había dispuesto.

Y luego la niñera desaparecía, ya no era de utilidad. Además se había puesto histérica en el parque en lugar de comportarse como se esperaba de ella cuando secuestraron a la niña delante de sus narices. Había vuelto corriendo a casa a informar a Lucas, el chofer, quien a su vez había informado de inmediato a Pedro, su jefe. Probablemente incluso antes de que la informaran a ella.
Porque Lucas, el chofer, no era simplemente un chofer. Era su guardián. Le pagaban para que vigilara y escoltara una de las posesiones de Pedro Alfonso, a su esposa. No a su hija, porque él no creía que fuera hija suya y por tanto no merecía vigilancia alguna. Esa, precisamente, había sido la causa por la cual la habían raptado.

De pronto la puerta del comedor se abrió y entró la señora Carmen con una bandeja de té y tostadas. Sonrió nerviosa hacia Pedro y con cariño hacia Pau.
-Cómase estas tostadas, señora -dijo suave y cariñosamente mientras dejaba las cosas sobre la mesa delante de ella-. Si no, tendré que perseguirla por toda la casa con ellas.
-Está bien -murmuró Pau mientras sus ojos se llenaban de lágrimas ante la muestra de afecto.
-¡OH! -exclamó el ama de llaves al ver sus ojos-. ¡Venga, ánimo, vamos! Lo que usted necesita es llorar de una vez por todas, ¿verdad? Pero no se preocupe, la princesita estará aquí de vuelta antes de que se dé cuenta. Sana y salva. Espere y lo verá.
-Sí, por supuesto -contestó Pau haciendo un esfuerzo inmenso por calmarse-. Lo siento, es que...
-No se preocupe, la comprendo perfectamente. No tiene usted que explicarme nada, señora, nada...

La señora Carmen le dio unas palmaditas a Pau en el brazo y salió del comedor. Pedro había observado toda la escena sin decir una palabra. Pau no lo miró, no podía. Intuía que estaría extrañado ante las muestras de afecto del ama de llaves.

-Parece que todos se preocupan mucho por ti. ¿No crees? -preguntó Pedro por fin-. Esta misma mañana ha venido Lucas para saber cómo seguías, y el señor Jose me ha parado antes en el jardín para preguntarme lo mismo.
¿Es que estaba acaso comparando la forma tan distinta en que la trataban sus sirvientes uruguayos? Se preguntó Dulce. Debería hacerlo, se dijo, porque la diferencia era palpable.
-¿Te sorprende que alguien se preocupe por mí?
-No -contestó él poniéndose en pie.
Entre ellos reinó el silencio. Pau se sirvió té y comenzó a beber mientras él permanecía de espaldas mirando por la ventana ensimismado en sus pensamientos.
-¿Lo es? -preguntó él de pronto-. ¿Es como una princesita?

Pau se quedó mirándolo y sintiendo cómo la cólera hacía que la sangre hirviera en su interior. Se atrevía a preguntarle algo así cuando la noche anterior le había negado el derecho a hablar sobre su hija e incluso había apartado la foto con una expresión de desagrado. Se puso en pie, dejó la taza de té con indiferencia, y dijo: -¡Pedro, vete al diablo!

La mañana se prolongaba larga e interminablemente, era difícil soportarla sin una sola llamada telefónica. El silencio era profundo en la casa, y su sentimiento de impotencia iba creciendo conforme pasaba el tiempo. La forma en que todo el mundo parecía ocupado en sus quehaceres diarios le destrozaba los nervios, y el hecho de que Pedro se hubiera encerrado de nuevo en el despacho sin dar muestras de querer salir de él también le ponía los nervios de punta. Debería estar con ella, reconfortándola, consolándola, pensó. Tan preocupado como ella.

¿Adoptaría la misma actitud si creyera sinceramente que Male era hija suya?, Se preguntó. ¿Se quedaría sentado en el despacho trabajando mientras los secuestradores les obligaban a soportar aquel cruel silencio?
No podía soportarlo. Subió corriendo las escaleras en un acto de desesperación, se puso unos vaqueros viejos ajustados y una camiseta y corrió de nuevo escaleras abajo poniéndose un delantal verde mientras abría la puerta de entrada de la casa.
-¿Puedo ayudarla, señora Alfonso? -le preguntó un guardaespaldas apostado en la entrada.
-No. Gracias -dijo pasando por delante de él. Pero entonces notó que la agarraba por el brazo-. Quíteme las manos de encima.
-Tengo instrucciones de no dejarla salir-contestó él sin soltar su brazo.
-¡Pedro! -gritó.

Todas las puertas de la casa se abrieron, incluyendo la del despacho. Pedro salió al vestíbulo con la mirada dura e inquisitiva mientras observaba la escena.
-Dile que me quite las manos de encima -casi ordenó Pau.
-¿Qué ocurre Pau? -preguntó Pedro frunciendo el ceño en lugar de obedecer-. Deberías saber que ninguno de mis hombres quiere hacerte daño alguno...
-Díselo -repitió ella-. ¡Díselo inmediatamente!
Su semblante se oscureció mientras caminaba a grandes pasos hacia ella. Su forma de caminar lo decía todo: no estaba acostumbrado a que le hablaran en ese tono, sobre todo delante de sus sirvientes. Y no le gustaba que ella se atreviera a hacerlo. Dirigió un gesto a su guardaespaldas, que soltó a Pau, y luego preguntó:
-Está bien. ¿Y ahora quieres explicarme qué es lo que ocurre?
-No -contestó ella tensa y colérica.

Él nunca podría comprender, por mucho que ella trattara de explicarle, que ningún hombre, ninguno, volvería a tocarla sin su permiso explícito. Había aprendido esa lección con dureza, en manos de Facundo. Si entonces hubiera gritado, si entonces hubiera tenido el suficiente sentido común como para protestar una y otra vez, Pedro habría comprendido que ella necesitaba su ayuda, no su ira. Y todo hubiera sido diferente.

-¿Entonces querrías contarme a dónde ibas? -suspiró impaciente.
-Fuera. ¿O es que estoy bajo algún tipo de arresto domiciliario?
-No. Es sólo que pensaba que estar al tanto de lo que le ocurre a tu hija era más importante para ti que ninguna cita.
Sarcasmo, se dijo Pau. A tal provocación sólo podía responder con otra provocación por su parte.
-No te atrevas a decirme qué debe ser importante para mí o qué no. Eres tú quien no tiene ni idea de qué cosas puedan serlo en esta vida.
-¿Adónde crees que vas, Pau? -volvió a preguntar con calma Pedro con una ceja levantada y con expresión amenazadora.
-No es que lo crea, es que lo sé -aseguró ella-. En este país aún existe la libertad, por si no lo sabías. Tengo derecho a ir a donde quiera sin consultarle a nadie, y eso te incluye a ti y a tus guardaespaldas.

Dichas esas palabras, Pau se dio la vuelta en un movimiento airado. Pero él la tomó de la muñeca y la hizo volverse para mirarlo.

-Espera -ordenó lleno de ira al ver que ella intentaba soltarse-. Ahora prueba otra vez, y te sugiero que en esta ocasión me contestes con una respuesta más satisfactoria. ¿Adónde crees que vas?
Pau lo miró, bajó la vista luego hasta su muñeca fuertemente apretada y sintió que las lágrimas llenaban sus ojos llena de frustración y desesperación. Se sintió: atemorizada, impotente, sola...

-Voy a ayudar al señor Jose en el jardín -murmuró-. ¿Adónde querías que fuera así vestida?

Debería haber caído en la cuenta de que llevaba la ropa de trabajo para el jardín. Era posible que hubiera llegado a odiar el solo hecho de verla, era posible que hubiera lamentado miles de veces su falta de sofisticación y de buen gusto al vestir, pero nunca debería haber llegado a creer que iba a salir a la calle con ese atuendo. Debería haber reconocido el delantal. Siempre utilizaba uno de ese estilo cuando iba a trabajar en el jardín. Y le dolía que no lo hubiera hecho. Él murmuró algo, aunque no comprendió qué. Estaba ocupada intentando evitar que las lágrimas resbalaran por sus mejillas. De pronto la fuerza con la que le agarraba la muñeca se fue debilitando hasta que pudo soltarse.

-¿Dónde están tus guantes?
De modo que al menos recordaba que siempre llevaba guantes para trabajar en el jardín. Un punto a su favor, pensó Pau con sarcasmo mientras contestaba y hacía un gesto con la cabeza indicando hacia un lado de la casa.
-En el cobertizo.
-Bien, entonces vamos -dijo poniendo un brazo sobre sus hombros y sintiendo que se ponía tensa-. Ven a buscarlos.
Pau fue con él sencillamente porque no tenía alternativa. Caminaron juntos y él mantuvo el brazo sobre sus hombros dirigiéndose hacia uno de los laterales de la casa en el que, escondido tras un seto, estaba el cobertizo donde se guardaban los útiles de jardinería. Nada más llegar Pau quiso soltarse, pero él la detuvo con el brazo firme tomando su muñeca con suavidad para ver el efecto que su fuerza le había causado en la piel.


Hola hola domingo novelero ah? bueno no se pero sean felices, que tengan un lindo finde del que queda, disfruten el capitulo, si comentan mucho subo otro a la noche :)

10 comentarios:

  1. Es Hermosa tu Novela me encanta por favor subi otro capitulo a la noche!!!

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  2. Buenísimo este cap, pero ya quiero + acción please. Que aparezca Male y que Pedro sepa que fue el padre el que planeó todo lo de Male y lo de ellos. Soy muy ansiosa x si no te diste cuenta jaja. Espero otro caphoy, aunque sea tarde a la noche please

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  3. Falta mucho para que alguien le cuente la maldad del papito a Pedro? Perdónnnnnn... soy muy ansiosa... Me gusta.....

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  4. Me encanta la novela!! Pero veo que avanza muy lento!! Es triste el desprecio con que trata Pedro a Pau y el hecho de que no reconozca a Male duele!! Espero que pronto se descubra algo o que Pedro reconozca que la sigue amando!! Duele en el alma lo que le pasa a Pau. Subí otro cap porfis, gracias

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  5. espero q la necesidad de contencion de pau ablande le corazon de hielo de ese hombre x dios!!! y q ella pueda demostrar q male es su hija y refregarselo en la cara... xq mas alla de la maldad de los demas el eligio como primera opcion no creer en ella y ni siquiera escucharla!

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  6. me encanto el cap!!! ojala que pepe no sea tan malo con ella!!

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  7. muy lindo cap, subi mas porfa.

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  8. me encanta, que pedro se entere pronto que es la hija. subi mas

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  9. POR FA subi otro a la noche!! por lo que mas quierassss!! me enacanta esta nove!!! = )

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  10. Muy Linda Tu Novela♥ POR FAVOR SUBI OTRO CAPITULO QUE HAY MUCHA ANSIEDAD!!!

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