martes, 5 de noviembre de 2013

Capítulo 9 - Lazos de Amor

_________________________________

La tarde  se hizo interminable. Pau no se molestó en acudir a la mesa a la hora de la comida. Luego continuaron pasando las horas, en las

que vagaba de una habitación a otra huyendo si alguien entraba, deseando estar sola. Necesitaba estar sola porque no había nadie con quien

pudiera compartir su tormento.

La cena aquella noche fue de nuevo silenciosa. Ninguno de los allí presentes estaba preparado para fingir que no ocurría nada, que todo era

normal. Pau se unió a Pedro y a Hernan en la mesa porque él mandó un mensaje con un sirviente ordenándole que asistiera y no tenía ganas

de discutir.

De modo que se sentó y probó ligeramente la exquisita sopa de pollo de la señora Carmen y luego jugó con la tortilla que le habían preparado

especialmente para tentar su apetito mientras Pedro y Hernan comían unos gruesos y tiernos bifes. Rechazó el postre y el café, y luego se

excusó y dejó a los dos hombres cenando sin apenas cruzar palabra más que lo que requería la buena educación.

-No podrá soportarlo durante mucho más tiempo -observó Hernan una vez que ella hubo salido cerrando la puerta.
-¿Es que crees que estoy ciego? -contestó Pedro.

Un par de horas más tarde, Pedro Alfonso abrió la puerta del dormitorio de Pau y vio que estaba vacío. Frunció el ceño y miró a su alrededor.

Volvió a bajar las escaleras a grandes pasos y comprobó si estaba en cada una de las habitaciones a su paso antes de volver al despacho,

donde Hernan veía la televisión.

-Lo están contando en las noticias -le informó-. Lo relacionan con la Mafia y Dios sabe con qué más. Creía que habías intentado por todos los

medios evitar los rumores.
-Lo hice -confirmó entrando en la habitación-, ¿Ha venido Pau a buscarme mientras estaba en la ducha?
-No. ¿Es que no está en su habitación?

Pedro acababa de ducharse y ponerse ropa limpia. No quiso contestar a esa pregunta. En lugar de ello hizo una mueca y ordenó:
-Entérate de quién está al mando de ese canal de noticias y consigue que no vuelvan a hablar del asunto nunca más.
-Eso es como cerrar la puerta cuando el animal ya se ha escapado, Pedro.
-Todo este asunto es un buen ejemplo de ese dicho. No es posible que ella haya salido de casa, ¿no crees?
-¿Te refieres a Pau? No, es imposible. La alarma habría sonado y la habrían perseguido al menos diez hombres y tres perros. De todas

maneras, ¿a dónde iba a haber ido?
-No lo sé -frunció el ceño Pedro-. Pero no está en su habitación ni en ninguna de las habitaciones de arriba.
Hernan se puso en pie con el teléfono móvil en el oído y contestó:
-Lo comprobaré con los hombres en la planta de abajo. Tú vuelve a mirar arriba.

Pedro subió las escaleras de nuevo de dos en dos y fue abriendo todas las puertas una por una. Por fin. Casi de milagro, la halló en la última

habitación. No la habría visto si no llega a ser porque la luz del pasillo se reflejaba sobre su pelo. Se quedó inmóvil. Le sorprendió el hecho

de que ella estuviera sentada en el suelo hecha un ovillo contra los barrotes de la cuna de la niña.

Se le cortó la respiración al darse cuenta de que era la habitación de Male y de que lo que tenía entre sus brazos era un osito rosa de peluche.
Pau tenía los ojos abiertos, tenía que saber que él estaba allí. Tuvo que tragar al sentir cómo una ola de emoción le inundaba en su

interior. Su aspecto era el de una persona por completo privada de su objeto más querido. Sintió rabia al ver que le preocupaba algo que no

debía de inquietarle.

-No enciendas la luz -dijo ella al fin al ver que él acercaba la mano al interruptor-. ¿Han vuelto a llamar?
-No -contestó Pedro apoyándose en el marco de la puerta-. ¿Qué estás haciendo aquí, Pau? -suspiró con fuerza-. Esto sólo puede causarte

más dolor.
-No, me reconforta. La echo de menos y ella me estará echando de menos a mí.
-Necesitas dormir -añadió él pensando que su aspecto no era en absoluto el de alguien que se sintiera reconfortado sino el de alguien

atormentado.
-Male no podrá dormir. Sin Dandy no -dijo enseñándole el osito rosa abrazado a su pecho-. Se lo lleva a la cama todas las noches. Primero

recito una poesía y luego le canto una canción de cuna. Entonces ella...
-¡Sal de aquí! -la interrumpió Pedro severo. Pau se quedó callada-, sólo vas a conseguir castigarte más estando aquí -pero ella no se movió,

no mostró siquiera el menor signo de que le hubiera oído-. ¡Pau!
-No. Vete tú si no te gusta. Aquí es donde me siento más unida a mi hija y aquí es donde voy a permanecer.
-¿Va todo bien? -preguntó Hernan que llegaba en ese momento.
-¡Desaparece, Hernan! -respondió Pedro.

Aquella respuesta revelaba a las claras la lucha que libraba Pedro en su interior. Hernan se alejó haciendo una mueca y Pedro entró en la

habitación quitándose de delante de la luz. Entonces pudo apreciar que las paredes estaban pintadas de rosa, como la alfombra y las

cortinas, y que había cuadros y estanterías con juguetes. Su rostro se tensó. Se dirigió hacia la ventana y estuvo observando la noche, serena

y oscura, con las manos en los bolsillos de los pantalones.

Pau lo miró. Contempló al hombre cuyo cuerpo, delgado y esbelto, conoció en otra época casi mejor que el suyo. Un hombre al que,

entonces, adoraba mirar, sentir su calor con aquel sexto sentido oculto que residía en lo más profundo de su interior, sabiendo que él era

suyo. Un hombre... tan especial.

Suyo, se dijo. Tan inequívocamente como ella le había pertenecido a él. Tenía ocho años más que ella y eso por lo general resultaba

patente. A él le gustaba, recordó, igual que le gustaba lo opuestos que eran. Si él era moreno ella era rubia, si él se mostraba duro ella era

blanda, si él, con su experiencia mundana, resultaba un unico en algunas ocasiones, ella era tan inocente e ingenua como un bebé.

Eran los opuestos. Él alto, moreno, sofisticado y con una madurez fría reflejada en las líneas de su rostro. Ella pequeña, rubia y delicada, con

una juventud y una timidez natural que la hacían vulnerable y por tanto despertaban su instinto masculino de protección.

A él le gustaba que ella estuviese a su lado, sentir que lo tomaba de la mano o simplemente saber que necesitaba estar cerca de él para

apoyarse en su confianza y sentirse cómoda en la élite social que él frecuentaba. En cualquier otro aspecto de su vida en el que no estuviera

ella él se sentía como un depredador, pero en su compañía su actitud se suavizaba hasta el punto de que todas las mujeres, conscientes de

ello, sentían envidia y no comprendían qué podía poseer ella que fuera distinto ni qué debían de emular de ella.

Él lo llamaba feminidad interior, cierta fragilidad o delicadeza mental, corporal y espiritual, algo que la mayor parte de las mujeres habían desechado de su forma de ser en la más tierna infancia.
Sin embargo aquel rasgo valioso y unico había dejado de serlo de pronto, cuando la presión en el trabajo de él se incrementó y ella no

fue capaz de soportar sus largas ausencias. Entonces su timidez, al principio tan celebrada, se convirtió en un defecto irritante con el que al

final perdió la paciencia. Y lo peor de todo era el hecho de que a ella la atemorizara su padre. Se enfadó muy en serio cuando ella sugirió

que fueran a vivir a una casa sólo de ellos dos.

-Esta es nuestra casa -le había contestado-. ¿Es que no es suficiente conque ofendas a mi padre con tu actitud? ¿Pretendes insultarlo

mudándote a otra casa que no sea la suya?
-Pero yo no le gusto. No soy lo que él quería para ti, Pedro, y no pierde ocasión de demostrármelo.
-Sólo bromea contigo por tu timidez, eso es todo. Es tu paranoia la que te hace verlo tan maliciosamente.
Aquella respuesta era una muestra más de la ceguera de Pedro en todo lo referente a su padre. Horacio no sólo había sido malicioso con la

esposa de su hijo, había sido verdaderamente destructivo.

-Está bien -contestó Pedro-. Hablemos de ello.
Aquello era una orden más que sugerencia. Pau se despertó de nuevo a la realidad. Había estado pensando en él llegando incluso a olvidar

que estaba delante mientras lo contemplaba.
-¿Hablar de qué?
-De la niña, de lo que sientes. Puedes hablar.
-En realidad no quieres escucharlo -sonrió ella.
-Si es para ayudarte, estoy dispuesto a escuchar -respiró profundamente-. Cuéntame cómo es ella.

¿En qué estaría pensando Pedro?, Se preguntó Pau con curiosidad. ¿Qué cruzaría en realidad por su mente, tras esa falsa fachada

repentinamente interesada? ¿Estaba simplemente burlándose de ella o era algo más profundo? ¿Acaso estaba buscando una excusa que le

permitiera tener derecho a ocuparse de la niña de verdad?
-Ya viste la foto. Se parece a mí. Tiene mis rasgos, mi pelo, mis ojos... -habría deseado decirle que se parecía a él, que tenía la sonrisa de

su padre, su testarudez, su habilidad para engatusar a los demás. Pero no serviría de nada-. Tardó mucho en hablar pero muy poco en

andar. Y le gusta que le sonrían. Si frunces el ceño, se pone a llorar. Lo ha adquirido de... -de pronto se calló-. OH, Dios mío, Pedro, tengo

mucho miedo.
-Lo sé -contestó él con calma dándose la vuelta y mostrando unos ojos oscuros.
-Si le hacen daño a mi niña... ¿Crees que le harán daño? -preguntó atormentada.
-Cálmate -suspiró él con la voz temblorosa por primera vez y encogiéndose de hombros impotente como si no pudiera soportar la tensión

que lo invadía-. No le harán daño, no les serviría de nada hacerlo.
-¿Y entonces por qué este largo silencio? ¿A qué están esperando?
-Están jugando con nosotros, quieren hacérnoslo pasar mal. Quieren ponerme entre la espada y la pared para que cuando llamen acceda a

todo lo que me pidan.
-¿Y accederás... a todo?
-¡OH, Dios! ¿Cuántas veces tengo que decirte que haré todo lo que esté en mi mano para recuperar a tu hija? -contestó enfadado.
-Lo siento -murmuró ella con lágrimas en los ojos-. Es que...
-Vamos, estás agotada, necesitas descansar. Ven -añadió inclinándose para ayudarla a levantarse.

Pedro tenía razón. Estaba tan cansada que apenas podía tenerse en pie, y sin embargo, no quería abandonar esa habitación.
-¡No, por favor!, No me mandes a mi habitación. ¡Me siento muy sola allí!
-No estarás sola. Yo me quedaré contigo.
-¿Tu? -frunció el ceño sorprendida-. Pero...
-Ni una protesta más, Pau. Necesitas descansar. Te ofrezco el consuelo de mi presencia. La otra alternativa son dos pastillas para dormir

que ha dejado el médico. La elección es tuya, pero hazla deprisa o si no la haré yo por ti.

Sus ojos luminosos se elevaron buscando los de él. Intentaba encontrar en ellos la explicación de su actitud repentinamente amable. Pero él

bajó la vista, ocultando lo que cruzaba por su mente. Entonces, algo ocurrió en su interior, cierto anhelo, cierta necesidad, el recuerdo de una

época en la que aquel hombre se mostraba tan tierno y preocupado por ella como en ese momento, como cualquier mujer pudiera desear.

-¿Es que quieres que tome yo la decisión? -preguntó él al fin ante su persistente silencio.
-No vocalizas bien -contestó ella.
-Es que yo también estoy cansado -suspiró y en un acto de infinita paciencia se inclinó y la tomó en sus brazos-. Se te acabó el tiempo. He

tomado la decisión por ti -murmuró sacándola de la habitación y llevándola a su dormitorio.

Caminó hasta la cama y la dejó por fin en el suelo con los pies descalzos. Luego comenzó a desatarle la bata dejando al descubierto un

camisón a juego de satén color café y abriéndole las sábanas.
-Vamos, adentro -ordenó.
Sumisa, Pau hizo lo que le mandaban mientras él sacaba el teléfono móvil del bolsillo del pantalón.
-¿Hernan? Estoy con Pau. No me molestes si no es absolutamente preciso -dijo colgando de inmediato.
-¿Qué has querido decir con eso? -preguntó Pau observando cada uno de sus movimientos con los ojos muy abiertos.
-Nada. Es sólo que estoy esperando una llamada de Chile.

Pedro comenzó a apagar todas las luces dejando encendida sólo la de la mesilla. Luego, sin mirar a Pau, se quitó los zapatos para tumbarse

a su lado en la cama
- Pedro...
-Shsh -la interrumpió él-. A dormir.
-Sólo iba a... darte las gracias -susurró.

Hola sera que se viene EL CAPITULO? comenten mucho asi subo mas rapido ah? jajaja que tengan una linda noche. Besos

10 comentarios:

  1. Sera q se esta ablandando ese corazon de piedra?? Ojala todo le siga demostrando lo equivocado q esta...

    ResponderEliminar
  2. aaa no vale dejarnos en suspenso asiiiiiii

    ResponderEliminar
  3. X favor subí el siguiente!!!!!!!! Está buenísima

    ResponderEliminar
  4. me encanta!!! subi mas por fa!!!

    ResponderEliminar
  5. awwww no voy a aguantar!!! subi otro porfa!

    ResponderEliminar
  6. no lo podes dejar ahí!!!!! seguí subiendo genia que esta buenísima la nove!!!

    ResponderEliminar
  7. Muy buen capítulo!! Me encantaría leer el siguiente y que aparezca Male y le hablande ese corazón tan duro!

    ResponderEliminar
  8. Quiero massss!! Muy buena y atrapante la historia!

    @06_Laury

    ResponderEliminar
  9. Me encanta la novela!!! Ya quiero saber como sigue... :)

    ResponderEliminar
  10. subiiii masss por faaaaa1!!!!!!

    ResponderEliminar