lunes, 19 de agosto de 2013

Capítulo 16- Aprendiendo a Amar

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—Vaya, parece que está tenso por algo —comentó encogiéndose de hombros—. Pau, ¿por qué no agarras tu bolso y nos vamos de esta casa de locos? Podemos buscar ese restaurante romántico.
Ella se recostó sobre el respaldo de la silla. Ya estaba dándole órdenes y sólo hacía diez minutos que había reaparecido en su vida.

—Podemos hablar aquí. Lo que tengo que decirte no te resultará más agradable aunque vaya acompañado de comida y vino.
Facundo se acercó a ella y le tomó las manos.
—Vamos, Pau ¿Es que no podemos dejar atrás el pasado? Cometí un error, eso es todo. Pero te compensaré por ello.
—Facundo, sinceramente no creo que...
—Escucha, jamás te habría abandonado si Veronica no me hubiera dicho que estaba embarazada. Pero me mintió. ¡El niño no era mío! Me engañó para que me fuera a vivir con ella. Todo fue culpa suya.
—Me estuviste engañando con ella más de un año hasta que ocurrió todo eso. ¿Quieres que también me olvide de eso?
Facundo meneó la cabeza como si se sintiera herido.
—Pero esto era lo que tú querías. Cuando me llamaste y me dijiste que harías cualquier cosa con tal de recuperarme, no te importaba que hubiera tenido una aventura insignificante.

Eso era cierto. Los primeros días después de que la abandonara, no había deseado otra cosa excepto que regresara a su lado, aunque para ello tuviera que pasar por alto que la hubiera engañado con otra.
Lo curioso era que no recordaba oírlo decir que iba a ver qué tal le iba con Veronica y si no funcionaba, volvería con ella. Lo que recordaba era que le había dicho que lo dejara en paz.

—Eso fue hace mucho. No creo que ahora pudiera olvidarlo tan fácilmente.
—Es el pasado. ¿No podemos continuar y dejarlo atrás?
Pau se detuvo a mirarlo un segundo. Ahora que lo observaba detenidamente, veía los signos del cansancio y la tensión acumulada. Parecía que últimamente no lo había estado pasando bien y había acudido a ella en busca de comprensión. Pero no iba a encontrarla.
—Yo ya lo he dejado atrás, y no quiero volver.
— ¿Estás saliendo con alguien entonces?
Pau se echó a reír. De pronto parecía preocupado después de haber dado por hecho que seguiría disponible y dispuesta a recibirlo con los brazos abiertos.
—No exactamente...
— ¿Entonces por qué no puedes darme otra oportunidad?
— ¿Y quién me dice que no volverías a engañarme?
—He aprendido la lección, me quedaré con lo que conozco y sé que funciona.
— ¡Vaya! Gracias por el cumplido —dijo ella con ironía—. Eso me hace sentir muy especial.
—Es que eres especial, Pau. Eres dulce, inteligente y me quieres. ¿Qué más podría pedir?
—No funcionaría, ahora no.
— ¿Porque no puedes perdonarme?

Por un momento, tuvo la tentación de contarle que estaba embarazada. Después del tiempo que había estado con él, estaba acostumbrada a contarle sus secretos. Pero eso había cambiado. Ahora no era más que parte del pasado. No tenía por qué saber lo del bebé. Seguramente dejaría de interesarse por ella si lo sabía, pero quería convencerlo de que no lo quería, estuviese embarazada o no.

—No. Porque ya no te quiero y no estoy segura de haberlo hecho alguna vez. He tardado algún tiempo en darme cuenta, pero he conseguido reorganizar mi vida y no hay sitio para ti.
La miró silencioso unos segundos antes de sonreír.
—Estás bromeando, ¿verdad?
—No.
Facundo bajó la cabeza y dio algunos pasos por el despacho. De pronto se detuvo y la miró.
— ¿Y qué se supone que debo hacer? Perdí mi apartamento cuando me fui a vivir con Veronica. No tengo ningún lugar al que ir.
Pau estuvo a punto de echarse a reír, pero se dio cuenta de que estaba hablando en serio.
—No creo que eso sea problema mío.
Hizo una extraña mueca.
—Pues piénsalo bien, cariño, porque me mudo a tu casa esta misma noche.

Tenía que salir de allí inmediatamente. Con lo orgullosa que estaba de no conocer las famosas náuseas matutinas, aquel día parecía que iba a compensar por las seis semanas que llevaba sin sufrirlas.
—Perdona —se disculpó antes de salir del despacho. Al salir, se encontró cara a cara con Pedro y casi olvidó la urgencia; pero no tardó en tener que huir corriendo al cuarto de baño.
— ¿Qué demonios ocurre? —preguntó Facundo—. Paula, ¿dónde estás? —añadió saliendo del despacho.
—Iré a ver qué tal está —se ofreció Sofia.
— ¡De eso nada! Yo iré —afirmó Facundo echándola a un lado.
Regresó casi de inmediato, después de oírla vomitar y ver la palidez de su rostro.
—Parece que no se encuentra bien.
—Pues no parece que le importe mucho —le reprendió Sofia.

Pedro se unió a ellos en la puerta del servicio.
—Seguramente ya se encontraba lo bastante mal con el embarazo y has tenido que aparecer tú a molestarla.
— ¿Qué?
Pedro no se molestó en contestar, se quedó en silencio hasta que apareció Pau, que casi no podía sostenerse en pie.
—Parece que se acabó la crisis.
—Apóyate en mí —dijo Pedro tendiéndole un brazo. Pau se agarró a él y se dejó llevar hasta la sala de espera, donde se sentó en un cómodo sillón.
—Te vendría bien una buena taza de té —sugirió Sofia antes de marcharse hacia la pequeña cocina que había al lado de la sala de espera.

Facundo no podía dejar de mirar a Pau y a Pedro.
— ¿Se puede saber qué está pasando?
Pau levantó la mirada hacia él.
—Facundo, no hay sitio para ti en mi vida. No pensaba decírtelo porque no es asunto tuyo, pero estoy embarazada.
Miró hacia todos lados con el pánico reflejado en el rostro.
—Pero… no es posible. No hemos... yo siempre me puse... ¡Hace meses!
—No te preocupes —dijo ella—. No he dicho que fuera tuyo.
— ¿Y entonces con quién te has acostado?
Pedro no aguantaba más. No tenía la menor idea de quién era el padre de aquel bebé, pero desde luego se alegraba de que no fuera aquel cretino.
— ¡No esperarás que Paula te responda a esa pregunta!
—Quiero saberlo. Me doy la vuelta y al minuto siguiente se queda embarazada. ¿De quién es?
—Ya te ha dicho que no es asunto tuyo —le recordó Pedro a punto de perder la paciencia—. Puede que debas empezar a pensar en marcharte, pero esta vez para siempre.
— ¿Por qué no nos dejas en paz? —le pidió Facundo con los ojos llenos de odio antes de caer en la cuenta de algo: Espera un momento...
Miró a Pau y después de nuevo a Pedro.
—Pedro tiene razón —intervino ella—. Deberías marcharte.
— Él es el padre, ¿verdad? —dijo de pronto Facundo—. Seguro que estabas deseando que yo desapareciera de tu vida; de hecho, seguro que empezó antes de que yo te abandonara. Por eso te han ascendido tan rápido, te has ganado el ascenso a pulso. Vamos, niégalo.
Pau cerró los ojos deseando poder hacer lo mismo con los oídos. Aquello no podía estar pasándole realmente.
— ¿Por qué negarlo? —preguntó Pedro enfurecido—. Es hijo mío.
El corazón le dio un vuelco dentro del pecho al oír aquello.
—Pedro...
—Así que, hazme caso cuanto te digo —continuó Pedro empujando a Facundo hacia el ascensor sin rozarlo siquiera— que te alejes de Paula. No quiero volver a verte cerca de ella. ¿Entendido?
Las puertas del ascensor se abrieron detrás de Facundo y, con un solo movimiento, Pedro lo obligó a entrar. Un segundo después, la puerta se cerró y Facundo había desaparecido.

Pau miró a Pedro y vio la ternura en sus ojos, una ternura que le estremeció el alma. Era fantástico. ¿Tendría idea de lo que acababa de hacer? Ella jamás habría podido enfrentarse a Facundo, no habría podido negarle la entrada en su casa y su madre no habría podido soportar la tensión. Pero gracias a Pedro, eso no iba a ocurrir; a Facundo ya no se le ocurriría acercarse a su casa. Las había salvado a las dos.
Y entonces descubrió algo increíble. Lo que sentía por Pedro era algo más que agradecimiento...

Lo que sentía era amor.
Amaba al padre de su hijo.
Y él lo sabía. De algún modo, Pedro sabía la verdad y quizá eso allanara el camino de su futuro juntos. Lo miró sonriendo. Se sentía muy débil, pero no podía evitar sonreír con la emoción recién descubierta.
— ¿Desde cuándo lo sabes? —le preguntó.
Él frunció el ceño.
— ¿El qué?
—Ya sabes. Lo del b...
Entonces cayó en la cuenta de lo que había hecho realmente. Sólo había dicho que el bebé era suyo para librarse de Facundo. Y había funcionado, tan bien que ella también se lo había creído.
—Dios mío.
Pedro la agarró de los brazos, obligándola a ponerse en pie y mirarlo a los ojos.
— ¿Desde cuándo sé qué? —le preguntó buscando una respuesta.
—Me haces daño.
La soltó tan de repente, que las piernas no le respondieron y perdió el equilibrio. Afortunadamente, él estaba allí para agarrarla antes de caer. Apoyó la cabeza en su pecho. Su olor masculino y natural fue lo último que percibió antes de que todo se volviera negro.

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— ¿DÓNDE estoy? —al volver en sí, se encontró en una cama que no reconocía y en una habitación que tampoco le resultaba familiar. Sólo reconoció el paisaje que se veía al otro lado de una enorme cristalera.
—Tranquila —le dijo Pedro ahuecando los almohadones sobre los que tenía apoyada la cabeza—. Estás en mi apartamento. Pensé que estarías más cómoda que en el sillón de la sala de espera. ¿Por qué no tomas algo? —le sugirió señalándole una bandeja que había en la mesilla de noche—. Te he traído zumo de naranja y agua, tú eliges.
La mirada de Pau pasó de largo la bandeja. ¿Estaba en su apartamento? Eso quería decir que... echó un vistazo a sus cosas, a su apartamento y tragó saliva.

Aquélla era su cama.
Hizo un torpe movimiento con la intención de levantarse.
—Lo siento. Debería volver al trabajo.
—No —le dijo poniéndole la mano en el hombro—. Hasta que no me digas qué está pasando.
Lo miró y vio en sus ojos que realmente no la dejaría marchar.
—Quiero saber a qué te referías antes —explicó con suavidad—. Parecía que creyeras que tu embarazo tiene algo que ver conmigo.
Pau había creído que lo sabía. Habría resultado tan sencillo.
—Pedro —dijo cerrando los ojos— déjame que me levante. No puedo explicar nada contigo ahí de pie.
Él se apartó con un gesto de impaciencia dejándole espacio para poder levantarse. Pau se movió con lentitud, asegurándose de que sus piernas habían recuperado la fuerza y no le fallarían al ponerse en pie. Una vez levantada, fue hasta la cristalera que había a un lado de la cama.
— ¿Y bien? —preguntó él ansioso.

Ella se cruzó los brazos sobre el pecho y perdió la mirada en el paisaje, intentando dar con las palabras que hicieran la noticia más asimilable. Ya iba a ser un golpe para él descubrir que se había acostado con él y además, automáticamente, iba a darse cuenta de que iba a ser padre.
No había manera de suavizar el impacto de las palabras.
—Es cierto –dijo por fin—. El niño que llevo dentro es tuyo.


Bueno como no tengo sueño, estoy desvelada despues de la "falsa alarma" y en vista de la cantidad de comentarios les dejo otro capitulo y ultimo de la noche, comenten mucho si quieren el de mañana. Gracias a todos por leer @patty_lovepyp

9 comentarios:

  1. lo detestooooo a Facundo, por lo que le hizo, por sinverguenza y porque se comio la mitad o mas del capitulo! jjajjajaja
    quiero saber como reacciona Pedro!!!!!!
    Gracias por atender mi pedido Patty! :))))))

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  2. Genial este cap!!!! Y gracias x subir otro!!!! Espero el de mañana

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  3. Q buenoooo!! Espero ansiosa el prox!

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  4. quiero saber ya que pasara jajja me encanta esta nove

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  5. Amoo esta novela es mi favorita ! Por favor subí mass quiero saber que pasa

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  6. Que nervios!!!!!! ¿como se lo va a tomar cuando se entere que tiene enfrente a su Cleopatra misteriorsa? seguro mete la pata y no le cree.... La nove esta BUENISIMA!!!! subi mas porfis!!!!

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  7. mmmmm....¿que va a decir Pedro? cuando se de cuenta que tuvo enfrente todo este tiempo a la chica misteriosa del baile, se muere jajaja ....
    Ansiedad para leer el proximo y para que Olivia llegue pronto a los brazos de sus papis... el domingo en el programa de la Legrand, cuando hablo Paulita se la notaba asustada.... espero esa gorda llegue pronto ♥ ♥ ♥ ‏

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