martes, 20 de agosto de 2013

Capítulo 17- Aprendiendo a Amar

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—Eso es ridículo. Nosotros nunca nos hemos acostado.
—Es obvio que sí lo hemos hecho —corrigió ella con cuidado.
— ¿Cuándo? La única vez que nos acercamos mínimamente fue en Uruguay y tú me echaste de la habitación cuando apenas te había dado un beso. ¿Recuerdas? Así que si te quedaste embarazada ese día, debió de ser otra persona —hizo una pausa para mirarla como si acabara de descubrir algo—. ¿Qué hiciste? ¿Fuiste a buscar a Jor en cuanto te deshiciste de mí? Claro, por eso no estaba enfadado al día siguiente, porque tú ya te habías encargado de curar su ego herido. Bueno, pues no esperes que yo haga nada por ti, sólo porque era un viaje de negocios.

Pau descruzó los brazos y cerró los puños con fuerza.
— ¿Qué demonios te ocurre? Jorge no estaba enfadado porque no le importaba lo más mínimo. Sólo me invitó a ir a bailar. Aunque es cierto que tú fuiste exagerada e innecesariamente grosero aquella noche, pero él no me pidió que me casara con él precisamente. Además —continuó antes de que él pudiera decir nada—... debes de tener muy mala opinión de mí si me crees capaz de irme a la cama con el primero que se cruce en mi camino.
—Bueno, a juzgar por tu situación —comenzó a decir mirándole el vientre—, es evidente que sí que lo has hecho alguna vez.
—No estés tan seguro —dijo ella esbozando la primera sonrisa de la conversación—. ¿Quién ha dicho que este niño fuera concebido en una cama?
— ¿Qué demonios significa eso? Y si dices que no ocurrió en Uruguay, ¿qué otra vez hemos estado juntos tú y yo el tiempo suficiente para que tuviera lugar tan increíble embarazo?

Lo miró fijamente, deseando quitar esa expresión de prepotencia de su rostro.
—En la fiesta de Navidad de la empresa.
—Si tú ni siquiera fuiste. Dijiste que...
—Nan dijo que yo no había ido. Yo dije que mi madre estaba enferma.
Pedro la miró un segundo con la confusión reflejada en el rostro.
— ¿Es que no puedes inventar nada más original? ¿Tan desesperada estás por encontrar un padre a tu bebé? Quizá debería haberte dejado con Facundo, parece que estáis hechos el uno para el otro.
Aquellas palabras la hirieron enormemente, pero ni la mitad que el hecho de comprobar que sus temores se habían hecho realidad. Pedro Alfonso no podía ni concebir la idea de haberse rebajado hasta el punto de hacer el amor con ella.
¡Pues lo sentía mucho por él, pero así era!

—No pensé que fuera a resultarte tan difícil de recordar. ¿Podrías decirme con cuántas mujeres exactamente hiciste el amor aquella noche en la sala de juntas?
La expresión de su rostro cambió de pronto y se llenó de ¿asombro? ¿pánico?
—No —murmuró después de unos segundos de silencio—. No es posible.
—Claro que es posible —corrigió ella con una sonrisa en los labios.
—Entonces dime cómo ibas vestida.
Paula se permitió ampliar aún más su sonrisa. Le resultaba divertido que siguiera luchando contra la inevitable verdad.
—Yo iba vestida de Cleopatra y tú de Marco Antonio.
—Eso no demuestra nada. Mucha gente nos vio juntos. ¿Cómo sé que no estás mintiendo?
Suspiró al recordar las palabras con las que la había dejado hechizada aquella noche.
—Me dijiste que llevabas más de dos mil años esperando volver a encontrarme —repitió en un susurró.
—Eso pudiste oírlo.
—Cierto —sus buenas intenciones estaban a punto de desaparecer por culpa de su sequedad—. Entonces te recordaré el modo en el que cerraste el cerrojo de la puerta y después me sentaste en la enorme mesa de la sala de juntas, o cómo me quitaste la parte de arriba del vestido para poder acariciar y luego besarme los pechos. O quizá debería contarte cómo entraste en mí, completamente desnudo pero sin quitarte las sandalias de cuero...

Sin dejar de observar su rostro, Paula presenció el momento exacto en el que se dio cuenta de que no podía escapar; los ojos se le oscurecieron y se le dilataron las pupilas.
— ¿Eras tú?
Parecía horrorizado. Era lo que había esperado, pero al verlo se sintió como si estuviera a punto de romperse en dos.
—Es difícil de creer, lo sé.
¿Difícil de creer? Había pasado horas y horas intentando encontrar a la misteriosa mujer cuya presencia no lo había abandonado ni de noche ni de día desde el baile, y todo el tiempo la había tenido justo enfrente de las narices. Pero había algo que no encajaba.

—Pero tu perfume... no era el mismo.
Paula se quedó boquiabierta un segundo.
—No, esa noche me puse el perfume de mi madre. Me pareció que iba más con el disfraz.
Entonces era ella de verdad. La mujer de labios rojos y un cuerpo que cortaba la respiración no era otra que Paula, su Ratoncillo Marrón. Y estaba ahora mismo frente a él.
En su dormitorio.
Qué coincidencia.
Una coincidencia muy agradable, ahora que lo pensaba y se felicitaba por haberla llevado a la intimidad de su apartamento en lugar de dejarla en el sofá de su despacho. Parecía que después de todo, quedaba algo de justicia en el mundo.
Dio un paso hacia ella.

—Necesitaré algo que lo demuestre.
Lo miró confundida.
— ¿Qué? ¿Te refieres a una prueba de paternidad?
—Sí, eso también tendremos que hacerlo en su momento —otro paso más asegurándose de interponerse entre ella y la puerta para que no volviera a escapársele. Ella se apoyó en la cristalera—. Pero estaba pensando en algo más sencillo que podemos hacer ahora mismo.
— ¿A qué te refieres?
Se detuvo a sólo unos centímetros de ella.
—Aquella noche llevabas un antifaz. Es cierto que pareces conocer todos los detalles, pero alguien podría habértelos contado.
La protesta que estuvo a punto de salir de su boca se quedó encerrada cuando él le puso un dedo sobre los labios.

—Sólo necesito estar seguro de que realmente eres quien dices. Si tengo que creer lo del niño, tengo que saber a ciencia cierta que eras tú con la que hice el amor aquella noche.
Pedro disfrutaba viendo cómo las diferentes emociones iban reflejándose en el rostro y en los ojos de Pau; de la perplejidad al miedo y después al...
¿Deseo?

Sí, no había duda, la marca de los pezones que apareció de pronto en su vestido demostraba que estaban sintiendo lo mismo.
— ¿Qué tenías en mente? —preguntó ella en un tono muy diferente.
Al ver que él levantaba la mano, Paula se sobresaltó.
—Tranquila —le susurró dulcemente—. Sólo quería verte con los ojos tapados como aquella noche... para asegurarme.
Parpadeó varias veces y se relajó un poco, aunque seguía muy rígida; pero no era sólo ella. Pedro levantó la mano ligeramente y sintió el cosquilleo de sus pestañas en la palma.
—Así —dijo con un hilo de voz—. Levanta la cara para que pueda verte mejor.
Su respiración era cada vez más agitada, su aliento cálido y seductor. No podría resistirse por mucho tiempo.
— ¿Te he convencido ya?
—Casi. Sólo una cosa más.

Inclinó la cabeza hasta que sus bocas se juntaron. Ella se sorprendió al principio, pero enseguida adoptó el ritmo y la intensidad de los labios de él... abriendo la boca para dejar paso a su lengua. Se separó de la ventana y esa vez fue ella la que tiró de él para estar más cerca.
Era ella. No había ninguna duda. Podría parar y quedar satisfecho de haberse asegurado de que decía la verdad. ¿Pero por qué parar? No merecía la pena ni tratar de contestar, pensó mientras cubría su cuello con multitud de besos. No podía parar después de haber estado buscándola desde la noche del baile, ahora no podía dejarla marchar.

Tenía la respiración acelerada y los pechos se le movían volviéndolo loco y haciéndole imposible resistirse a la tentación de acariciarlos. Tardó sólo unos segundos en deshacerse del impedimento que suponía el vestido. Ella echó la cabeza hacia atrás, como si acabara de darse cuenta de lo que estaban haciendo, pero Pedro la volvió a besar y la hizo olvidar cualquier intención de protestar. Por fin dejó que el vestido cayera al suelo, pero parecía que tenía que luchar consigo misma para dejarse llevar.

Ya no había nada que le impidiera acariciar su piel, excepto el finísimo sostén de encaje y el tanga a juego que le dejaba las nalgas a la vista. Las agarró para pegarla a su cuerpo tanto como pudiera. Y, antes de que ella pudiera decir nada, la levantó en brazos y la llevó hasta la cama.
Definitivamente se había vuelto loca. De qué otra forma podría explicar que estuviera permitiéndole a Pedro hacer lo que quisiera con ella. Hacía sólo cinco minutos, la había acusado de acostarse con otro; debería estar ofendida y dispuesta a no volver a dirigirle la palabra.

Y sin embargo estaba tumbada en la cama junto a él, mientras sus labios ardientes dejaban un rastro de pasión por todo su cuerpo. En aquel momento era imposible pensar de una manera lógica, sólo podía dejarse llevar por las sensaciones que él la hacía sentir, sensaciones tan intensas que borraban cualquier pensamiento.
Excepto uno. Él también la deseaba. Se había preparado para recibir su rechazo, pero jamás habría pensado que reaccionaría así.


Holaa aca el capitulo de esta noche, disfrutenlo y comenten, muchas gracias a por leer, que tengan una linda noche y que nazca Oli ,kmjhngbfhjk @patty_lovepyp. Dedicado a mi fiel lectora Luna @EpiInspirados te quiero !!  

5 comentarios:

  1. wow buenísimo el capítulo!!! me encanto!!! subí más!!!

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  2. Genial este cap!!!!!!!!!!!! Espero los de mañana!!!!!!!!!!!!!!!!

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  3. me encanto mdcskkmd espero el siguiente

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  4. Me encantoooooooooo el capitulo!!!!...... hermosa historia!!!! espero puedas subir otro mañana !!!

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  5. ME ENCANTO EL CAPITULO, SUBI MAS , GRACIAS

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