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— ¿Y TÚ QUIÉN eres?
La mujer ataviada con un traje marrón oscuro pareció erguirse, tenía la boca abierta como si algo la hubiera sorprendido mientras lo miraba a la cara. Agarraba la carpeta como si de un escudo de defensa se tratara y, a juzgar por el pequeño tamaño de su cuerpo, no estaba de más un poco de protección.
—Tú no eres Nan—dijo él en tono acusador.
Cerró la boca de golpe y levantó la barbilla. Tenía los ojos chispeantes, unas chispas que aumentaron en el momento en el que sus labios esbozaron una sonrisa.
Pedro se relajó momentáneamente. Ya no parecía tan poquita cosa con aquella sonrisa. De hecho, era bastante guapa; de un modo nada sofisticado, pero guapa. Desde luego las gafas de carey y el traje marrón sin forma alguna no la favorecían en absoluto.
—Señor Alfonso —dijo ladeando la cabeza y tendiéndole la mano—. Me habían dicho que era un genio. Es obvio que es cierto.
El brillo de sus ojos le hizo suponer que aquello no había sido un cumplido.
Pedro respiró hondo para recuperar el aire que parecían acabar de arrebatarle, mientras ella seguía sonriendo y tendiéndole la mano como si no hubiera un mensaje oculto en lo que acababa de decir.
—Soy Paula Chaves, de Marketing. Encantada de conocerlo.
Miró aquella mano que lo esperaba y después volvió a observar la sonrisa fingida de su rostro y supo que estaba mintiendo. Estaba tan encantada de conocerlo como él de ver a la señorita Ratoncillo Marrón en su despacho. ¿Quién demonios se creía Hernan Paz para enviarla a ella? Le estrechó la mano rápidamente y sintió rabia al comprobar que alguien tan diminuto podía tener una mano tan firme.
— ¿Dónde está Hernan? —le preguntó dándose media vuelta para volver a su cómoda butaca de cuero.
Ella se quedó unos segundos titubeando, como si no estuviera segura de si la habían invitado a entrar, pero por fin dio unos pasos hacia el escritorio.
—Supongo que ahora ya estará en casa. Tiene gripe. Hace media hora casi se cae en su despacho, así que se ha ido a casa en un taxi.
— ¿Y a nadie se le ocurrió informarme?
Volvió a ladear la cabeza y frunció el ceño como si pensara que era una grosería preguntarle algo así.
—Pensé que lo habían hecho.
—Pues no es así.
Lo miró unos segundos, parecía a punto de discutir con él, pero después debió de pensárselo mejor.
—En cualquier caso, supongo que lo que importa es que la presentación se desarrolle como estaba previsto. Imagino que tendrá una agenda muy ocupada y quién sabe cuándo volverá al trabajo Hernan. Además, necesitamos su aprobación al proyecto hoy mismo si queremos cumplir con los plazos para el lanzamiento del producto.
Y creía que tomando la iniciativa iba a impresionarlo?
Pues no se había equivocado, estaba impresionado. Todo lo que decía parecía lógico, ¿entonces por qué se sentía tan ofendido?
¡Porque deberían habérselo dicho!
Muy a su pesar asintió con la cabeza y emitió una especie de gruñido.
—Pero siempre y cuando tenga algo de idea de en qué consiste el proyecto. No quiero perder el tiempo.
Los músculos de su rostro se pusieron en tensión, pero no se movió de donde estaba.
—Haré todo lo que esté en mi mano para no hacerle perder el tiempo. Pero necesitaría utilizar su ordenador, si no le importa. He preparado una presentación en PowerPoint. Está la copia en papel —dijo señalando la carpeta que tenía en la mano—... es sólo para que conste en sus archivos.
Pedro se encogió de hombros y le hizo un gesto dándole acceso al ordenador portátil que tenía sobre la mesa.
—Adelante -dijo sin apartarse un milímetro.
Ella se limitó a parpadear. Bien. ¿De verdad esperaría que le facilitara las cosas después de la insolencia con la que había empezado aquella reunión? Si quería utilizar su ordenador, tendría que ir por él.
—Soy todo oídos —la invitó a hablar sonriendo por vez primera. Parecía que había conseguido volverle las tomas a la señorita Ratoncillo. No le extrañaría verla correr a escabullirse en su agujero en cualquier momento.
La vio respirar hondo y siguió el movimiento de su garganta y de su pecho, que se levantó más de lo que habría esperado. Claro que con la chaqueta abotonada hasta arriba, resultaba imposible imaginar qué se escondía bajo aquel traje informe.
—Muy bien —dijo ella rodeando el escritorio hasta colocarse a su lado. Le miró las piernas, que eran una especie de barrera que le dificultaba el acceso al ordenador; pero como si de un objeto inamovible se tratara, se inclinó sobre ellas hasta poder alcanzar el teclado. Algo dulce y afrutado despertó los sentidos de Pedro cuando ella se acercó.
Pedro se enorgullecía de conocer los nombres de todos los perfumes importantes y sabía catalogar la personalidad de una mujer dependiendo de su aroma. Carmel era una mujer elegante y pulcra que utilizaba un clásico como Chanel N° 5. Alguien cálido y exuberante como Kandy prefería el aroma embriagador de Opium; mientras que Belinda, bella y delicada había elegido Romance.
Pero aquel perfume era nuevo, no se parecía a ningún otro que él conociera. Resultaba tentador y nada sofisticado. Desde luego le iba a aquella mujer como anillo al dedo.
Parecía inocente, pero por lo que había podido ver cuando se había inclinado sobre él, aquella falda escondía formas de mujer. Al volver a ponerse recta, Pedro recibió otra oleada de la fragancia. ¿Albaricoque? Olía a albaricoque. Vaya, eso sí era diferente.
¿Qué pretendía ese tipo? ¿No se daba cuenta de que le estaba haciendo un favor? La próxima vez tendría que esperar a que Nan se recuperara de la gripe. Desde luego ella no estaba dispuesta a soportar ese comportamiento precisamente en aquel momento.
Agarró el ordenador y lo colocó en su lado del escritorio para no tener que seguir inclinándose sobre las piernas del jefe. Prácticamente podía sentir sus ojos taladrándole la espalda, inspeccionando su piel hasta hacerla arder; la ponía nerviosa saber que estaba allí, a menos de un metro de ella, observándola detenidamente.
El hecho de que fuera su jefe no hacía disminuir las sensaciones que estaba experimentando en ese instante. Era pura sexualidad que emanaba de él a oleadas. Ni siquiera el modo en el que se movía tranquilamente en su butaca podía ocultar el poder que contenía aquel cuerpo. Paula estaba acostumbrada a tratar a sus jefes de igual a igual... pero ninguno le había transmitido tanta sexualidad.
Ninguno la había hecho tan consciente de que estaba con un hombre o de que ella era una mujer.
Cambió de postura, incómoda por el camino que habían seguido sus pensamientos y por el hormigueo que le recorría el cuerpo. Desde luego aquel tipo no estaba poniéndole fácil las cosas; quizá por eso nadie había descrito nunca a Pedro Alfonso como una persona fácil.
Y aqui les traigo el capitulo dos, disfrutenlo y comenten :) @patty_lovepyp
Qué buen cap!!!!! Me encantó!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarmuy bueno,seguí subiendo!!!
ResponderEliminarme encanto subi mas , creo que pau va poder cambiar a ese hombre tan severo con amor jajaja
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