domingo, 25 de agosto de 2013

Capítulo 23- Aprendiendo a Amar

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El corazón le dio un vuelco al oír aquella palabra. Había pensado que le había contado lo del embarazo, pero aquello... No podía estar ocurriendo de verdad. No tenía ningún sentido. Abrió la boca con la intención de negarlo todo, de decirle a su madre que era un error; pero entonces miró a Pedro y no encontró en su rostro la expresión de desesperación y agobio que esperaba. En realidad los ojos le brillaban con una extraña expresión triunfal.
—La boda —repitió tratando de parecer normal—. Bueno, Pedro y yo tenemos que hablar de ello, pero antes tenemos que resolver otras cosas.
¿Verdad, Pedro?
Recibió una sonrisa como toda respuesta y el gesto de incomodidad seguía sin aparecer por ningún lado. ¿Qué estaba tramando?
—Bueno, es una noticia maravillosa —dijo su madre rompiendo el silencio—. Pero creo que ahora tengo que echarme un rato antes de la cena.
Todas estas emociones me han dejado muy cansada, pero estoy segura de que los dos tenéis mucho de qué hablar. Así que si me perdonáis...
—Claro —contestó Pau dándole un beso en la mejilla—. Te acompaño hasta la cama. Podemos cenar un poco más tarde hoy.
Ale se volvió a mirar a Pedro, que se acercó y le dio otro beso en la mejilla.
—Vaya, si tuviera veinte años menos, te propondría hacer alguna locura.
—Si tuvieras veinte años menos, aceptaría encantado.

Su madre se rió como no la había oído hacer en años y Pau sintió la tentación de disfrutar del inusual sonido; desgraciadamente, era demasiado consciente de lo frágil que estaba y del tremendo golpe que sería para ella si descubría que aquello no era más que una especie de juego de Pedro.
¿Por qué estaría haciendo algo así? ¿Qué trataba de demostrar? No iba a permitir que nada ni nadie hiciera daño a su madre. Y desde luego aquella locura de la boda no iba a ayudar a nadie. Ya había tenido oportunidad aquella mañana y había dejado bien claro que no le interesaba en absoluto. Por eso no comprendía qué estaba haciendo allí, hablando con su madre de bodas y de quién sabía qué más.
Dejó a su madre rendida en la cama y regresó al cuarto de estar, donde Pedro la esperaba de pie, con la expresión de un gato que acabara de cazar a un ratón. No sabía que el ratón iba a pelear con todas sus fuerzas.

—Bienvenida a casa —le dijo con una malévola sonrisa en los labios—. ¿Has tenido un día duro en la oficina?
—Tenemos que hablar —respondió Pau obviando la broma.
—Claro —se encogió de hombros como si no tuviera la menor idea del posible tema de la conversación—. Dispara.
—Aquí no. Vamos fuera —no quería que hubiera la menor posibilidad de que su madre escuchara lo que iban a hablar.
Lo llevó hasta el pequeño patio trasero sin mirar atrás ni una vez, pero sintiendo su presencia, que lo invadía todo. También podía sentir la expresión de arrogancia y deseó arrancársela fuera como fuera. Una vez en el patio, se dio media vuelta y cruzó los brazos sobre el pecho, pero lo único que consiguió fue notar aún con más fuerza los latidos de su corazón.
¿Cómo se atrevía a estar tan relajado y tan en paz con el mundo? ¿Cómo se atrevía a poner su vida patas arriba con sólo mover un dedo? ¿Y cómo se atrevía a jugar con las emociones de una mujer enferma y débil?

La furia creció y creció dentro de ella hasta que tuvo que explotar.
— ¿Qué estás haciendo aquí?
—No es así como esperaba que me saludara la mujer con la que acabo de comprometerme en matrimonio.
—Yo no he dicho que fuera a casarme contigo. ¿Qué demonios es todo esto, una especie de venganza por haberte rechazado antes?
—Vas a tener un hijo mío, ¿no es así?
— ¿Y qué tiene eso que ver con todo esto?
—Tiene mucho que ver.
—Creí que habías dicho que no tenías intención de formar una familia.
—Y no las tenía. Pero no puedes criar aquí a mi hijo y no quieres ser mi amante. No tengo otra opción, no me dejas otra opción.

Dejó a un lado su ofensivo comentario sobre las condiciones de vida que podía ella ofrecerle al niño y decidió discutir las cosas una por una.
— ¿Le has dicho algo del niño a mi madre?
Pedro la miró fijamente.
—No, pero no comprendo por qué no lo has hecho tú. Ahora ya no tienes por qué preocuparte por que vayas a tener un hijo ilegítimo porque va a tener un padre y un apellido. Al menos podrías darme las gracias por solucionarte el problema.
— ¿Las gracias? Dime, ¿cómo puedes ser tan arrogante?
Pau comprobó con satisfacción que había conseguido irritarlo.
— ¿De verdad crees que no le he dicho a mi madre que estoy embarazada porque me preocupa que piense que voy a ser madre soltera?
— ¿Por qué otra cosa si no? Parece que no te dieras cuenta de cuánto significaría un bebé para tu madre. ¿Cómo puedes no darle la noticia?
— ¿No crees que yo sé mejor que nadie lo que necesita mi madre? Eras la última persona en el mundo que debería decirme cuánto le gustaría a mi madre conocer a su nieto.
—Pues ya puedes decírselo. Ya no tienes nada de lo que avergonzarte.
—Nunca he tenido nada de lo que avergonzarme. Para tu información, no se lo he dicho porque sólo estoy de seis semanas. ¿Comprendes?
— ¿Quieres decir que podrías haberte equivocado?
—No. Ya me han confirmado que estoy embarazada, pero eso no quiere decir que no pueda ocurrir algo.
— ¿Es probable?
—Probable no, pero tampoco imposible. Es demasiado pronto. Lo último que querría sería que mi madre se hiciera ilusiones y luego las perdiera una vez más. Por eso no se lo he contado todavía, nada que ver con esa estupidez de que no vaya a alegrarse si no llevo el anillo de alguien en el dedo.

El silencio duró apenas un segundo.
—No importa —dijo Pedro encogiéndose de hombros—. Nos casaremos de todos modos, ya está decidido. Ahora no podemos decepcionar a tu madre.
— ¿Y si hubiera algún problema y perdiera el bebé?
—Tendremos otro.
Pau meneó la cabeza con frustración.
—Pedro, no me estás escuchando. No he dicho que vaya a casarme contigo.
— ¿No quieres casarte? Me sorprende porque parecía que eso era precisamente lo que querías esta mañana. No te bastaba con mi casa, mi dinero y mis sirvientes. Estaba claro que querías más.
—No puedes aparecer aquí de repente y pretender organizar mi vida y la de mi familia como si se tratara de uno de tus negocios. Quizá esa estrategia te funcione en la sala de juntas, pero no aquí.

En cuanto lo dijo deseó poder retirarlo porque no podía mencionar una sala de juntas sin acordarse de aquella noche en la que había comenzado todo, y con el recuerdo llegaba también el calor del deseo, que no había hecho más que aumentar después de haber hecho el amor con él esa misma mañana. No podía recordar esas cosas en ese momento, precisamente cuando estaba intentando poner distancia entre ellos y hacerle ver las cosas con un poco de sentido común.

Al mirarlo a los ojos, se dio cuenta. «Maldita sea». Él también había establecido la misma conexión. Con sólo dos pasos se quedó frente a ella y la rodeó entre sus brazos. Estaba atrapada.
—Te recuerdo que no soy el único que tiene estrategias infalibles en la sala de juntas. ¿Acaso lo has olvidado?


Buenas noches aca pasando a dejarles su capitulo, espero que lo disfruten, comenten mucho y gracias por leer @patty_lovepyp


6 comentarios:

  1. muy buena... me mata porque no de lice que si de todos modes esta embarazada de el..

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  2. Muy buen capítulo!!! Qué Pau no afloje tan rápido, es muy arrogante Pedro!! Qué le dé una lección!!

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  3. Excelente cap!!! Que Pau lo histeriquee bastante y lo haga sufrir un poquito a Pepe.

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  4. me encanto el capitulo!! y coincido con los comentarios de arriba que paula lo haga sufrir a pepe!! :D

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