No debería haber ido.
Echó un vistazo al salón a través de la máscara y se encontró con toda aquella variedad de personajes ataviados con trajes extraños y bailando al ritmo de la música... Fue entonces cuando se dio cuenta de que debería haberse quedado en casa.
¿Qué estaba haciendo allí?
Se quedó allí, en el vestíbulo, decidiendo si entraba o no a la fiesta. Había estado bien arreglarse un poco, ponerse ropa bonita en lugar de uno de los recatados trajes que utilizaba para ir al trabajo. Dios sabía cuánto tiempo hacía que no prestaba algo de atención a su imagen. Pero, ¿qué esperaba conseguir con ello? ¿A quién creía que iba a impresionar? ¿A Pedro? Gran error. Él ni siquiera sabía que existía como mujer aparte de como empleada, y si lo sabía, seguro que no le importaba lo más mínimo. Se lo había dejado muy claro al hacerla sentirse tan irrelevante durante la presentación... Era una locura que podría causarle impresión esa noche.
Como si a él le importara.
No, no iba a entrar. No tenía ningún sentido. Al margen del deseo de vengarse del hombre que la había hecho sentirse tan insignificante como un mosquito, esas cosas no se le daban nada bien. Socializar con desconocidos no era su fuerte precisamente. Bien era cierto que había conocido gente muy agradable en los pocos meses que llevaba trabajando, pero nadie al que se atreviera a considerar su amigo. Aunque también debía admitir que eso no era culpa de nadie sino suya; ella había sido la que había rechazado todas las invitaciones para tomar algo los viernes después del trabajo, porque siempre estaba impaciente por llegar a casa y ver a su madre.
Y, por supuesto, después del desengaño de Facundo, le costaba mucho confiar en la gente. El hecho de que hubiese tomado la decisión adecuada al anular la boda no quería decir que ella hubiera olvidado el dolor que había sentido al tener que cancelar la fiesta y la ceremonia en la iglesia, o al tener que explicar lo sucedido a los invitados.
La puerta de la calle se abrió a sus espaldas para recibir a varios invitados y, al hacerlo, entró el aire de aquella noche veraniega y le provocó un escalofrío. Se pasó las manos por los brazos que el ajustado vestido dejaba al descubierto.
¡Debía de haberse vuelto loca!
En cuanto esa gente entrara en el salón del baile, se marcharía a casa sin llamar la atención.
— ¡Hola! ¿A quién tenemos aquí? No me lo digas... Cleopatra, ¿verdad?
Levantó la mirada hacia la brusca voz que provenía de una monja con bigote y con un puro en la boca que no le quitaba la vista de encima. Lo peor era que aquella monja guardaba un enorme parecido con Hernan Paz.
— ¡Estás estupenda! ¿No eres Silvia, de Contabilidad? —le preguntó agarrándole el brazo con aquellas manos rollizas.
Paula lo miró, completamente incapaz de hablar; lo acompañaban un koala gris, el conejo de la suerte y un hombre de hojalata.
—Silvia, ¿eres tú la que se esconde bajo ese disfraz tan sexy?
Se limitó a negar con la cabeza para no desvelar su identidad. Si se iba a ir a casa, lo último que deseaba era que el lunes Hernan la interrogara sobre su temprana marcha. Prefería que todo el mundo pensara que ni siquiera había asistido.
—Mmm... Maria, de la oficina de Cordoba —se decidió a responder por fin.
— ¡Bienvenida, Maria! —dijo la monja—. Por eso eres tan tímida. ¿Por qué no entras con nosotros? Nosotros cuidaremos de ti, ¿verdad hombre de hojalata?
Antes de que pudiera protestar y zafarse de la mano de Nan, el conejo de la suerte la condujo al interior del salón.
—No hagas caso al hombre de hojalata y al koala, son recién casados —le dijo agarrándola del brazo en un gesto de camaradería—. Se supone que no podemos quitamos las máscaras hasta las doce, pero te diré que me llamo Julia. Si te pierdes o necesitas ayuda, busca a Sor Nan –dijo señalando a la monja—, o a mí. Y ahora unámonos a la fiesta.
Y en un abrir y cerrar de ojos se encontró en mitad de la multitud y tuvo que cambiar de plan. Se escabulliría tan pronto como pudiese, mientras todos estaban distraídos bailando; darían por hecho que se había puesto a hablar con otro grupo de invitados y no volverían a preguntarse por ella. Mientras planeaba la huida pensó en la mala suerte que había tenido al toparse con Nan precisamente. Al menos no la había reconocido.
Entonces vio a alguien disfrazado con un enorme reloj al cuello, acababan de dar las nueve. Esperaría unos minutos y se marcharía a casa.
¡Era una diosa!
Estaba caminando entre la gente, disfrutando del anonimato que le proporcionaba el disfraz, cuando la vio. Resplandecía incluso entre el maremágnum de colores de los trajes. ¿Cómo no iba a resplandecer, si era una reina egipcia?
No era muy alta, pero debía de tener unas piernas sensacionales que se adivinaban debajo de la tela ajustada y ligera. El vestido realzaba sus curvas, tanto las de las caderas como las de los pechos; tenía un escote sin mangas pero con un complicado diseño que le hizo preguntarse cuánto tiempo tardaría en desabrochar. Tenía los labios rojos, de un rojo intenso y seductor que contrastaban con el negro azabache de la melena que caía sobre los hombros desnudos. Llevaba varios brazaletes en los brazos y unas sandalias doradas en los pies.
El disfraz era inconfundible, era Cleopatra, la Reina del Nilo. No era de extrañar que los emperadores hubieran caído rendidos a sus pies. Observó hasta el más mínimo detalle hasta confirmar lo que había sabido nada más verla.
La deseaba.
¿Quién era? Con la máscara que le tapaba los ojos, no había manera de adivinar su identidad. ¿Trabajaba para él o sería la acompañante de alguien? Miró detenidamente al grupo de personas con las que estaba, pero nadie parecía tenerla agarrada, ni comportarse como un novio o marido. Tenía que estar sola. Nadie en su sano juicio la dejaría marchar sola con tal atuendo. Si estuviera con él, jamás la perdería de vista.
¿A quién quería engañar? Si estuviese con él, no la dejaría salir de la cama.
Tenía que conocerla.
__
Dos minutos más. Sólo dos minutos y se marcharía poniendo como excusa un terrible dolor de cabeza, aunque estaba segura de que nadie se daría cuenta de que se había ido.
Dejó sobre la bandeja de un camarero que pasaba la copa de champagne que apenas había tocado y se sumergió entre la multitud, camino de la puerta. Pero la mano que la agarró de pronto le dio a entender que su plan no era tan bueno como había creído.
— ¿No irás a marcharte?
Se quedó paralizada al notar un intenso estremecimiento. ¡Era él!
Habría reconocido la autoritaria voz de Pedro Alfonso en cualquier sitio. Aunque esa vez había algo más en sus palabras... ¿interés? ¿deseo? Se dio media vuelta y se quedó petrificada. Afortunadamente, la máscara impedía que él viera la expresión de sus ojos... lo miró de arriba abajo con verdadero deleite. Estaba increíble con aquella túnica que le llegaba por encima de las rodillas y la pechera de metal que le dejaba los brazos al aire. ¿Un gladiador romano o un emperador dirigiendo sus tropas hacia la guerra? Desde luego el disfraz le iba a la perfección, con el color de su piel y los marcados rasgos de su rostro sólo parcialmente cubierto por un antifaz.
Si al verlo con traje le había parecido que desprendía masculinidad y atractivo, así era pura testosterona.
Respiró hondo y miró hacia la puerta, pero seguía teniendo su mano en el brazo.
—Quédate, Cleopatra —le susurró de un modo casi reverencial—. Llevo más de dos mil años esperando volver a encontrarte.
Ahí estaba otra vez aquel estremecimiento, era como si sus palabras propagaran el calor por su cuerpo, un calor que despertaba cada centímetro de su piel.
— ¿No me reconoces? Soy Marco Antonio.
Aquella pregunta y el modo en que inclinó la cabeza al hacerla, impulsaron a Paula a permitirse una sonrisa. Era Pedro, de verdad era él... y se había fijado en ella entre tanta gente. Y no sólo se había fijado en ella, sino que, si mucho no se equivocaba, estaba flirteando con ella.
También ella inclinó la cabeza porque no podía hablar; su cerebro tenía demasiada información que procesar como para además intentar mantener una conversación. Además, ¿por qué romper la magia? Él pensaba que acababa de encontrar a Cleopatra, ¿por qué decirle que no era más que Paula, de Marketing? Si lo hacía, no tardaría más de un minuto en irse. Así que esa noche, sería Cleopatra
—Ven —le dijo él agarrándola de la mano y acercándola a su cuerpo, a la fuente que provocaba tanto calor—. Baila conmigo.
No tuvo que pararse a pensar si debía o no hacerlo, porque sus pies comenzaron a moverse por decisión propia, haciéndola olvidar automáticamente sus planes de huida. La llevó hasta la pista de baile y la estrechó contra él.
—Eres preciosa.
Aquellas palabras susurrantes le llegaron al corazón. Preciosa. Hacía tanto tiempo que nadie le decía algo así. Tenía que recordarse respirar y, cuando lo hacía, lo único que percibía era aquel aroma masculino que le embriagaba los sentidos, y no sólo el olfato porque tenía la sensación de poder percibir el sabor de su piel.
Comenzaron a moverse al ritmo de la música, sus cuerpos se balanceaban al unísono como si lo hubieran ensayado millones de veces.
Era como estar en el cielo. Algo así debía de ser el paraíso. Cerró los ojos y disfrutó de la bendición que era sentir sus brazos rodeándola con fuerza y ternura al mismo tiempo.
Pero de pronto se detuvo haciéndola abrir los ojos. Seguía sonando la música, pero él estaba hablando con alguien; parecía una geisha, pero la voz era indudablemente la de Sofia. Paula oyó algo de una crisis en Cordoba, Pedro respondió algo y la geisha desapareció.
—Tengo que atender una llamada —le dijo con evidente tensión; sin embargo no la soltaba, parecía estar debatiéndose entre la llamada y la mujer—. Volveré en diez minutos… quizá veinte no te vayas ..
Hola buenas noches aca les dejo el capitulo 5 espero que lo disfruten :) Una cosita quiero aclarar hay veces que por alguna razon si digo que voy a subir otro capitulo mas tarde y no subo es simplemente porque no puedo, trato de hacer todo lo posible y no dejarlas sin capitulo ni un solo dia y si el otro dia no subi doble fue porque me sentia demasiado mal y como no habian demasiados comentarios supuse que no todas habian leido el capitulo al medio dia, estuve tres dias con un terrible dolor de cabeza pero igual me sente frente a la compu para subirles capitulos, no es que no subo doble de mala o porque no hayan 10 o 15 comentarios. Esta nove no tiene demasiados capitulos es corta pero hermosa por eso quise compartirla con ustedes. Comenten y desde ya Gracias !! que tengan una linda noche @patty_lovepyp
buenísimo,seguí subiendo!!!
ResponderEliminarGenial este cap!!!!!
ResponderEliminarmuy bueno!!! y gracias por subir seguido, aun cuando no estas bien ;)
ResponderEliminarMuy buen capítulo!!!
ResponderEliminarMe gusta muchoooooooooo
ResponderEliminarMe encanto el capitulo!!!! y un GRACIAS gigante Patty por subir continuamente. Somos ansiosas y por eso te pedimos mas todo el tiempo, pero de verdad gracias por subir aunque no te sintias bien. Yo te dije en tw que nos avisaras si querias un minimo de comentarios a condicion de subir capitulos, porque de verdad pense que por eso no subiste 2 el otro dia... Interprete mal lo que me dijiste y me alegro mucho estar equivocada, sorry si te cayo mal, de verdad te pido disculpas. Gracias tambien por la buena onda y por estas adaptaciones que estan barbaras!!!
ResponderEliminarTe sigo, y te leo cuando puedas subir el proximo...... Besos tocaya y espero te sientas mejor ;)