martes, 13 de agosto de 2013

Capítulo 8- Aprendiendo a Amar

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ESTABA hecha un manojo de nervios.
El lunes por la mañana, Paula estaba sentada a su mesa respondiendo e-mails y organizando la jornada y la semana de trabajo. Entrar a la oficina había sido una dura prueba; todo el mundo estaba hablando del baile, recordando los disfraces y todas las anécdotas de la fiesta.

Ella había tratado de evitar hablar sobre el baile, se había limitado a decir que había pasado una noche tranquila en casa, con su madre... y había esperado con el alma en vilo a que alguien la descubriera. Sin embargo nadie parecía haberla reconocido porque todos habían sentido que se hubiera perdido la diversión. Incluso Nan la había saludado con algo parecido a un gruñido y se había metido en su despacho.

Agradecía enormemente su pronta recuperación de la gripe porque eso significaba que ella no tendría que ver a Pedro Alfonso por el momento, lo cual era un alivio pues no tenía la menor idea de cómo iba a reaccionar al volver a verlo.

Estaba escribiendo un larguísimo e-mail cuando sonó el teléfono; contestó sin dejar de teclear ni retirar la atención del todo de lo que estaba redactando.
— ¿Señorita Chaves? —la voz de Pedro sonó incluso antes de que ella pudiera saludar. El corazón le dio un vuelco y se le escurrió el auricular del hombro, aterrizando sobre la mesa con un golpe. El ruido la sacó del momento de shock. ¿Por qué la llamaba Pedro?
¿Lo habría descubierto? ¿Acaso Nan la había descubierto y se lo había contado al jefe?
— ¿Qué demonios ocurre? ¿Señorita Chaves, es usted?
—Pe... perdone —dijo por fin sin poder evitar tartamudear—. Se me ha escurrido el teléfono.
Oyó un resoplido de exasperación y lo imaginó cerrando los ojos ante su torpeza.
—Señorita Chaves, necesito que venga a mi despacho ahora mismo.
Paula apretó el auricular. No podía, no estaba preparada para verlo. ¿Cómo iba a explicarle lo sucedido? ¿Cómo iba a mirarlo a los ojos después de lo que habían hecho, de la intimidad que habían compartido?
Perdería el empleo, estaba claro. Era lo mínimo que merecía. ¿Cómo explicaría un despido así en una entrevista de trabajo?
— ¿Sigue ahí?
—Ahora mismo subo —consiguió decir después de tragar saliva.

Pedro colgó el teléfono con cierta desconfianza. ¿Qué le pasaba a esa mujer? Sólo esperaba no estar cometiendo un error.
Se volvió a mirar a Nan, que esperaba sentado frente a él ostensiblemente nervioso e inseguro. Y en aquel momento, Pedro comprendía la sensación pues era la misma que había tenido él desde el momento en el que aquella mujer vestida de Cleopatra lo había abandonado en la sala de juntas. Nadie se había atrevido jamás a huir de Pedro Alfonso, lo cual ya era lo bastante malo; aquella mujer además había escapado de él sin darle la menor oportunidad para averiguar quién era.
Había tardado sólo unos segundos en volver a ponerse el disfraz y correr tras ella, pero había desaparecido, se la había tragado la noche.

¿A qué estaría jugando aquella mujer? ¿Por qué habría huido de ese modo? Había tenido todas las oportunidades del mundo para cambiar de opinión y no lo había hecho, de eso estaba seguro; sabía que ella había hecho lo que había hecho porque lo había deseado tanto como él.
Y había sido increíble.

Le había hecho desear seguir explorando sus cuerpos un poco más, ver hasta dónde podían llegar... y ver sus ojos.
Quizá le había reconocido. ¿Sería eso lo que la había asustado? ¿Acaso le había dado miedo descubrir que se había acostado con el fundador y director general de la empresa? Pero le resultaba extraño creer que no se hubiera dado cuenta antes de con quién estaba, sobre todo después de que Enid fuera a buscarlo para atender aquella llamada. Si no había sido eso, no comprendía qué la había hecho entonces sentir tanto pánico como para salir corriendo.

No le gustaba nada la idea de que ella supiera quién era mientras que él no tenía ninguna pista para averiguar su identidad. Observó al hombre que tenía enfrente.
Quizá Nan supiera algo. Recordaba a Nan quitándose la máscara de su disfraz de monja y recordaba que en el grupo de gente con el que la había visto, había una monja. Y si Nan no sabía nada, alguien tendría que haber que pudiera darle algún dato. Al fin y al cabo, ella había pasado horas en la fiesta; había tenido que hablar con alguien.

—Nan —dijo añadiendo una sonrisa—. ¿Qué tal lo pasaste el sábado?
Nan se echó a reír, satisfecho de entablar conversación con el jefe.
—Muy bien. Fue una fiesta estupenda. Todo el mundo le está muy agradecido...
—Me alegro —lo interrumpió Pedro—. En realidad me preguntaba si tú podrías ayudarme.
—Por supuesto. Usted dirá.
—Verás, había una mujer con la que querría haber hablado, pero la perdí al final de la fiesta. Iba vestida de Cleopatra; pelo negro, vestido blanco. ¿Te suena?
—Claro que me suena —respondió entusiasmado, pero luego frunció el ceño—. Aunque no sé qué pasó con ella, de pronto desapareció.
Pedro sintió cómo se le aceleraba el pulso. Iba por el buen camino, mi tardaría en encontrarla.
— ¿Te acuerdas de cómo se llamaba?
Nan se quedó pensando unos segundos.
—Me lo dijo... —recordó tocándose la barbilla mientras Pedro hacía un esfuerzo por no dar un golpe en la mesa para hacerlo reaccionar con más rapidez—. ¡Ah! Ya lo recuerdo —anunció triunfante.
— ¿Y bien?
—Maria, de la oficina de Cordoba, eso es. Creo que no dijo el apellido. Al principio no parecía muy convencida de entrar al salón... supongo que debe de ser difícil ir a un baile así sin conocer a nadie. Entró con nosotros, pero luego le perdimos la pista —se quedó con la mirada perdida en el suelo—. ¿Dónde se metería?

Pedro sabía perfectamente dónde se había metido. Le había pedido bailar y al principio había estado reticente pero luego algo había cambiado y había comenzado a moverse como chocolate caliente en sus brazos..., dulce, cálida y dispuesta a dejarse saborear. Tan dispuesta que lo había esperado mucho más tiempo del que él había dicho que tardaría, lo había esperado con la misma necesidad que él había sentido de volver a su lado.

Después había caído en sus brazos y había sido como un sueño. Lo había invitado a entrar en su cuerpo y él lo había hecho encantado. El sexo con ella había sido lo que él había esperado impacientemente y mucho más, tanto que había deseado repetirlo una y otra vez..., pero ella se había marchado y la noche se había convertido en una pesadilla.


Hola aca les traigo un capitulo mas,espero que les guste, que tengan una linda noche, comenten pliis @patty_lovepyp :)

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