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Nan seguía hablando, imaginando los motivos por los que podía haber desaparecido. Pedro no le hacía caso, estaba demasiado ocupando pensando en la oficina de Cordoba. No recodaba ninguna Maria, pero a la velocidad que estaba creciendo la empresa, no le extrañó que hubiera alguien a quien él no conociese.
Echó un vistazo al listín telefónico de la empresa y no encontró nada, otra vez algo más despacio.
Ni rastro. No había ninguna Maria.
Levantó el auricular del teléfono haciendo caso omiso al interminable monólogo de Nan.
—Sofi—espetó tan pronto como contestó su secretaría—, ¿hemos contratado últimamente a una tal Maria para la oficina de Cordoba? En el listín no aparece nadie con ese nombre.
Esperó en silencio hasta que Sofia le confirmó que efectivamente no había ninguna Maria entre sus empleados.
¿Estás seguro de que era Maria? —le preguntó a Nan sin ocultar su rabia.
¿Qué? Pues... Sí, estoy seguro. Suelo fijarme en mujeres como ésa, ya me entiende.
Pedro le lanzó una mirada que habría podido dejarlo petrificado. No le hacía ninguna gracia pensar que el resto de los hombres de la fiesta se hubieran sentido tan atraídos por esa misteriosa mujer como él mismo.
—No, no estoy seguro de entenderlo.
De lo que sí estaba seguro era que aquello le preocupaba. Aquella mujer había dado un nombre falso, por lo que ahora resultaría muy difícil encontrarla.
Tenía que ser alguien de la empresa, una de las trescientas empleadas que trabajaban allí. De entre ellas, la mitad eran demasiado mayores y buen porcentaje de las restantes no tenían ese increíble cuerpo capaz de atraer todas las miradas. Eso dejaba unas cien mujeres entre las que tendría que encontrarla. Y desde luego iba a hacerlo, costara lo que constara. Y cuando la encontrara...
Alguien llamó a la puerta en ese momento.
— ¿Quería verme?
La señorita Ratoncillo Marrón se quedó en el umbral de la puerta, con un aspecto aún más tímido y retraído que el del animal al que se parecía.
—Señorita Chaves —dijo Pedro volviendo a concentrarse en el trabajo—. Estaba esperándola. Pase.
Se sentó al lado de Nan sin apenas levantar la mirada del suelo. Llevaba la misma chaqueta marrón de la otra vez, pero en lugar de la falda, había elegido unos pantalones del mismo color que al menos dejaban claro que tenía piernas, y nada feas por lo que parecía.
Por un momento la observó con cierta desconfianza. No, ella no podía ser una de las cien mujeres entre las que buscar a la mujer misteriosa. Miró su rostro rosado, sus labios en tensión y sus ojos esquivos. No, era imposible. Pero quizá sí supiera quién era Cleopatra.
— ¿Estuvo usted en el baile del sábado?
Se sobresaltó como si le hubieran disparado, pero fue Nan el que respondió.
—No, Paula no asistió a la fiesta.
— ¿Y por qué? —le preguntó Pedro a ella.
—Bueno... —comenzó a decir después de pasarse la lengua por los labios, no quería añadir la mentira a la lista de pecados cometidos—. Mi madre está enferma...
Pedro pareció quedarse pensando la excusa unos segundos y después asintió. Pau se moría de ganas de salir de allí. No estaba segura de lo que acababa de pasar, pero tenía la sensación de que había sobrevivido, su secreto seguía a salvo.
—Pues… ¿si eso es todo? —tenía las manos apoyadas en los reposabrazos de la silla para levantarse.
—No, no lo es. Siéntese.
Obedeció, pero no porque quisiese hacerlo, sino más bien porque le temblaban las piernas y no habrían podido mantenerla en pie.
—Le he pedido que viniera porque necesito alguien que trabaje mano a mano conmigo en un nuevo proyecto. Después de la presentación que hizo la semana pasada, pensé que usted era la persona indicada, así que le pedí a Nan si podría prescindir de usted durante unos días.
Paula miró desesperada al hombre que se sentaba a su lado. Seguramente no permitiría que alguien disfrutara de una oportunidad tan estupenda.
— ¿Y él qué dijo?
—Que no podía prescindir de usted.
Respiró aliviada. Muy bien, el egoísta de Nan seguía fiel a su principio de no dejar que alguien aprovechara una oportunidad que él habría deseado para sí mismo.
—Pero yo le dije que no tenía otra opción.
Aquellas palabras fueron como un puñetazo en la boca del estómago.
—Así que está decidido —anunció dirigiéndose a Nan antes de hacerle un gesto con el que le dio a entender que ya no requerían su presencia—. Sofia se encargará de que suban todas sus cosas —le dijo una vez se hubo marchado su supervisor—. Hay un despacho vacío al final del pasillo. Tenemos tres días antes de tener que viajar a Uruguay para asistir a varias reuniones, así que tendremos que damos prisa. No podemos perder esta oportunidad. Palmcorp es una empresa que ha crecido mucho últimamente y cuyas necesidades no quedan satisfechas con su sistema actual. Si conseguimos hacer negocios con esta empresa, ganaremos millones.
—Uruguay —murmuró ella. Con Pedro. No, era lo último que necesitaba en aquel momento—. No puedo...
— ¿Que no puede qué? —preguntó clavando la mirada en ella.
—Que no puedo ir con usted.
— ¿Cómo que no puede?
« ¡No quiero ir contigo!»
—Por una parte, no puedo marcharme así como así y dejar sola a mi madre. Ya le he dicho que está enferma.
— ¿Y quién cuida de ella ahora que usted está en el trabajo?
—Nadie —se había dado cuenta de que le había hecho la pregunta como si acabara de anotar el gol que le daba la final a su equipo, y deseó derrotarlo, anular ese gol—. Pero no me gusta dejarla sola por las noches.
—La necesito para esa presentación, no quiero a nadie más.
—Pues me temo que va a tener que encontrar a otra persona porque yo no puedo. No voy a ir.
—Ya veo.
Aunque el modo en el que apretaba los dientes demostraba que no lo veía en absoluto.
— ¿Y cuál es la otra razón?
Levantó la mirada confundida.
— ¿Qué otra razón?
—Antes ha dicho, «por una parte», así que debe de haber otra parte. ¿Por qué otra razón no quiere venir a Uruguay conmigo?
—Ah —se encogió de hombros sin poder hacer nada por controlar el rubor que le cubría el rostro—. Es... sólo es una manera de hablar.
Aquella penetrante mirada no se apartaba de ella, parecía estar midiendo sus palabras, parecía haber percibido el engaño. Pero no podía haberlo adivinado. No lo sabía, no podía saberlo.
— ¿Qué otra razón podría haber? —preguntó con fingida inocencia.
— ¿Le preocupa que pueda intentar seducirla? ¿Es eso?
De pronto le faltó el aire como si estuviera a punto de ahogarse.
—Si es así, déjeme que le diga que es totalmente imposible. Totalmente. Estoy hablando de negocios, necesito su ayuda profesional. Así que olvide cualquier preocupación que pudiera tener al respecto.
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Paula trató de recuperar la estabilidad. Allí estaba él pidiéndole que no se preocupase. ¡Si él supiese! Prefería no pensar en que acababa de dar a entender que jamás desearía seducirla y así no tener que dar el verdadero motivo de no querer ir con él.
—Por supuesto eso es lo que espero, que se trate única y exclusivamente de negocios.
—Muy bien. Ahora que hemos aclarado ese punto, me encargaré de buscar una enfermera que se ocupe de su madre las veinticuatro horas, ¿supongo que así no tendrá ningún problema en acompañarme?
Pronunció aquellas palabras como una pregunta, pero realmente estaba claro que si no respondía lo que él esperaba, lo tomaría como un desafío. Pau abrió la boca, pero no consiguió emitir ni un sonido.
—Estupendo —dijo él—. Entonces queda decidido.
Descolgó el teléfono y comenzó a dar instrucciones a Sofia para que trasladara sus cosas, reservara los billetes de avión y contratara una enfermera a tiempo completo. Pau se quedó allí observando llena de ira cómo él prefería no respetar sus deseos. Todavía no había dicho que fuera a ir con él. ¿Cómo iba a reaccionar su madre ante la idea de tener una desconocida en casa, por mucho que fuera a cuidarla las veinticuatro horas? Pedro ni siquiera le había dado la oportunidad de preguntárselo.
— ¿Cómo se atreve? –dijo de pronto poniéndose en pie y dando rienda suelta a su rabia—. ¿Cómo se atreve a organizar mi vida y la de mi madre sólo para salirse con la suya? ¿Qué le parecería que yo me entrometiese de esa manera en su vida y en la de su familia para no tener que cambiar mis planes, fuesen los que fuesen?
Él levantó la mirada hacia ella, sus ojos parecían inquietantemente vacíos.
—Si quiere intentarlo, adelante. Pero le va a resultar difícil porque perdí a toda mi familia cuando tenía nueve años.
Hola aca les dejo el capitulo de hoy, disfrutenlo y comenten :) @patty_lovepyp
Wowwwwwwww!!!!!!! Qué cap!!!!!!!!!!! Irá al final o no con él a Uruguay??? Espero el próximo cap ya!!!!!!!!
ResponderEliminarwow buenísimo!!! seguí subiendo!!!
ResponderEliminarayyyyyy quiero masss!!!!
ResponderEliminarsufro de ansiedad jajajjaa
pobrecito,,,,!!!! me encanto el capitulo.... espero el proximo tan pronto puedas subirlo... muy linda historia.....
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