viernes, 29 de noviembre de 2013

Capítulo 22 - Lazos de Amor

_________________________________


 Y pasaron más horas.
Otro día.
Pau ni siquiera sabía si habían pasado tres o cuatro días. Pedro había ido a un hotel a descansar y Horacio había estado el día anterior pero ese día, no lo había visto.

No le extrañaba.
Su aspecto el día anterior había sido casi tan horrible como el de la niña.

-Nunca me perdonaré a mí mismo -había dicho lleno de dolor.
-¿Tú? Pero tú no tienes la culpa de que Male esté enferma, Horacio -contestó Pau.
 -Sí la tengo -lloró-. ¿Recuerdas a ese amigo al que fui a ver con Male en las montañas la semana pasada? Pues en el pueblo hay otros dos niños más con la misma enfermedad. Fui yo quien la expuse a ella al llevarla allí. Nunca me lo perdonaré, ha sido culpa mía.
-Ni siquiera tú puedes cambiar el destino,Horacio -sonrió Pau cansada-. No ha sido culpa tuya, ha sido el destino. No te tortures más a ti mismo con esas estúpidas ideas.

Pero no había conseguido convencerlo.
Horacio había decidido cargar con todas las culpas y no había forma de remediarlo.
Las horas siguieron pasando y entonces volvió Pedro del hotel. Su aspecto era terrible.

Era extraño porque había ido a pasar la noche, a descansar por fin en una cama, pero en lugar de hacerle bien estaba aún más pálido y más tenso.
Apenas dijo hola ni la miró al entrar. Se sentó en una silla al lado de la cama de Male y la miró. Pero no la veía.
Su aspecto era de confusión. Cómo supo Pau lo que ocurría, lo que le pasaba, nunca lo habría podido decir.

-Lo sabes, ¿verdad? -preguntó Pau en voz baja.
Él no contestó.

Volvió a mirar a la niña tenso, como petrificado, y poco a poco se fue desmoronando sin control-. ¡Pedro... no! -murmuró acudiendo a su lado y tomándolo de la mano.

Él la agarró también, muy fuerte, y luego su cabeza cayó sobre la cama y comenzó a llorar. Nunca en la vida había visto o sentido algo parecido. Sus ojos se llenaron también de lágrimas.

Corrió hacia la puerta para cerrarla y salvar el orgullo de su marido ante la mirada de la gente. Luego, se quedó en pie sin saber qué hacer.
Acercarse y abrazarlo sería lo peor, le haría perder la dignidad. Decidió sentarse en su silla, al otro lado de la cama, y ofrecerle su mano consoladora. Él la aceptó y la agarró a su vez.

Aquello pareció procurarle la calma que necesitaba para recuperar el control. Dejó de llorar y de pronto se puso en pie, volviendo la cabeza hacia otro lado para que ella no pudiera verlo.

Se acercó a la ventana y estuvo mirando hacia fuera durante un rato muy largo.

-¿Qué tal está él? -preguntó Pau al cabo del tiempo-. Me refiero a tu padre.
Él no contestó de inmediato. Su mandíbula se apretaba como si intentara aún controlar sus emociones.
-Ha vuelto a la villa, está en la cama. La confesión lo ha... destrozado.

Pau asintió. Comprendió la razón por la que Horacio no había vuelto al hospital a ver a Male, y comprendió también por qué había confesado la verdad. Intentaba redimirse a los ojos de Dios.

No ante Pedro, él sabía perfectamente que su hijo nunca lo perdonaría. Pero confesándole a Pedro otro pecado esperaba redimir el pecado de haber expuesto a su nieta a una enfermedad mortal, aunque aquella confesión le costara el amor de su hijo.

Pau lo compadeció.
-Lo siento -murmuró Pau. Pedro se volvió. La rabia había sustituido a la pena en su rostro.
-¿Y tú me dices eso... a mí? ¡No, no! -sacudió la cabeza-. Mi pequela. No puedo... -tragó con fuerza intentando decir las palabras que quería pero incapaz de articular. Estaba desesperado, no podía soportar aquella emoción-. Mi pequeña, pero tengo que marcharme. Volveré tan pronto como...
-¡No... Pedro! -exclamó Pau abalanzándose hacia él. No podía dejar que se fuera en ese estado-. ¡No te vayas! Te necesito aquí, las dos te necesitamos.
-¡Dios, es cierto! -respiró Pedro-. Por supuesto. Una vez más me estaba portando como... -no tenía palabras para decirlo.
La abrazó sin estrecharla realmente en sus brazos, sin amoldarla a su cuerpo, tenso.
-Ven a sentarte otra vez -pidió Pau-. Hoy se ha estado moviendo un poco. Había conseguido que se sentara de nuevo en la silla, pero no sabía qué más hacer.

Estaba profundamente afectado. En ocasiones como aquella él le había obligado a beber algo, recordó.
Pero no tenía nada que ofrecerle. Pedro miraba a Male. La expresión de sus ojos era de tal amor y vulnerabilidad, que Pau pensó que aquello podía servirle de tónico tanto como el brandy.

-Ahora que estás aquí voy a salir un rato a refrescarme y a tomar café -murmuró Pau.

Una vez fuera, se apoyó en la pared.
Estaba temblando.
Estaba preocupada por Male, por Pedro, por Horacio... por sí misma. E incluso por Zaira. Sintió cómo el pinchazo de los celos le helaba el corazón. No sabía qué iba a ocurrir.

Cuando por fin volvió a la habitación Pedro parecía sentirse algo mejor. No volvió a mencionar la confesión de su padre, y ella no se lo recordó. Pero tampoco mencionó a Zaira.

Sin embargo, ambos espectros los esperaban en cada silencio, listos para saltar sobre ellos a la menor ocasión, en cuanto la enfermedad de Male dejara de tener prioridad.
Más horas.

Un día entero y una noche. Pau durmió en el hospital y Pedro fue al hotel. A la mañana siguiente, volvió con ropa limpia para ella. Se cambió y al volver a la habitación Pedro estaba sentado en la cabecera de la cama abrazando a Male.

-Acaba de despertarse hace un minuto -dijo él con los ojos llenos de lágrimas-. Me reconoció.

Pau se desmayó.
Pero no fue Pedro quien la agarró evitando que se cayera, sino el doctor, al que él había llamado al despertarse la niña. Y pasaron más horas. Le hicieron pruebas a Male y finalmente los médicos vieron que no había daños.

En una semana, volvería a casa. Volvieron a la villa una brillante y soleada mañana. Male aún estaba débil, aún seguía durmiendo la mayor parte del día, pero en cuanto se dio cuenta de dónde estaban levantó la cabeza del hombro de Pedro y preguntó por su abuelo.

-¿Dónde está el abuelo?
-Está en casa, deseando verte -contestó Pedro
El abuelo, al que hacía tiempo que no veían y cuya sola mención ponía tenso su semblante-. Si te llevo con Fabia ahora mismo, ella te llevará junto a él. ¿Quieres?
 Male asintió contenta.
Pau y Pedro se quedaron solos. La tensión, el espectro de la verdad los amenazaba.
-Pedro... tu padre... -comenzó a decir Pau.
-Ahora no. No tengo tiempo -añadió mirando el reloj sin querer mantener su mirada-. Tengo que marcharme a Chile. Por negocios.

Esa no era la verdadera razón por la que se marchaba, y Pau lo sabía.
-¿Cuándo volverás?
-No lo sé. En unos cuantos días -contestó impaciente-. Depende de cuánta atención requiera un asunto que...
-¡Yo también necesito tu atención! -respondió ella enfadada.
-¡No!
-Así que nosotras dos ya no contamos nada, ¿no es eso? -preguntó Pau amargamente-. ¡Cómo ya ha pasado la crisis, ya puedes ocuparte de otras cosas!
Cosas como por ejemplo Zaira, pensó Pau.
-No es eso -negó él con fuerza-. Es sólo que necesito tiempo, necesito tomarme un tiempo para hacerme a la idea de...
-¿De qué? -lo desafió-. ¿De lo que va a significar para ti la confesión de tu padre? ¿De lo que significa para tu vida? ¿Para tus mentiras?
-¿Mentiras? ¿A qué mentiras te refieres?
-Tu padre... -comenzó a decir Pau.
-¡Deja a mi padre fuera de este asunto!
-Todos hemos sido víctimas, por si no lo recuerdas -contestó tensa-. ¡Incluyendo a tu padre! Él era un hombre muy orgulloso, estaba orgulloso de su hijo y quería lo mejor para él. Y sin embargo tú apareciste conmigo. Eso lo destrozó. Así que me hizo la guerra.

Pero al final ha sido la víctima de su propia lucha, una lucha en la que no le importaron los medios. Ganó la batalla, Pedro, pero ha perdido la guerra. Porque al final comprendió que al separarnos a nosotros dos se estaba separando de su nieta.

-Y es por esa razón por la que nunca lo perdonaré. Yo creía en él. Creía en él como nunca había creído en nadie, y él se aprovechó. ¡Utilizó deliberada y cínicamente la confianza que yo tenía puesta en él para usarla como arma contra mí!

-Contra mí, Pedro, contra mí -lo corrigió Pau-. La usó contra mí, no contra ti.
-¿Y cuál es la diferencia? Tú eras mía. ¡Mía! -gritó enfurecido y posesivo-. ¡Me arrebató la única cosa del mundo que me importaba aparte de él! No puedo hablar de esto, me ofende. Te ofende a ti. Sólo sé que lo que él me hizo a mí yo te lo hice a ti. ¡Te arrebaté tu confianza en mí y la destrocé!

No era eso, pensó Pau, lo que más daño le había hecho, lo peor de todo era Zaira.
Sin embargo calló.

-¿Y qué es lo que vas a hacer? ¿Vas a castigar a un viejo moribundo ignorando su presencia como hiciste conmigo?
-Le permito que conserve el amor de su nieta, que es más de lo que él me concedió a mí. Por supuesto tú tienes la última palabra -añadió suavizando su tono de voz-. Te apoyaré en todo lo que decidas sobre su derecho a estar con la niña.
-En otras palabras -contestó Pau enfadada tomando buena nota de que Male volvía a ser de nuevo «la niña»-: nos abandonas.
-Te concedo el derecho a decidir a ti, yo no tengo derecho alguno. Los perdí todos el día en que confié en mi padre en lugar de confiar en ti.
-Entonces vete y haz lo que tengas que hacer, Pedro -respondió Pau pensando que en realidad lo que quería era volver con Zaira-. ¡A mí ya me da igual!


Solo quedan 2. Comenten :)

5 comentarios:

  1. buenísimo el capítulo,que pepe reaccione y no las deje solas de nuevo...

    ResponderEliminar
  2. q buen cap! super intenso! ojala se aclare todo pronto!

    ResponderEliminar
  3. Otra vez escapando Pedro, para irse con Zaira y dejar sola a Pau. Menos mal que Pau tiene a Male. Es un inmaduro. Muy buen capítulo!! @AmorPyPybb

    ResponderEliminar
  4. No me digas que Pedro no va a volver con Pau x favor!!!!!!!!!!! Tiene q madurar ese chico

    ResponderEliminar
  5. pedro tiene que reaccionar va a perder al amor de su vida...

    ResponderEliminar